Friedrich Engels

["Neue Oder-Zeitung" Nr. 429 del 14 de septiembre de 1855]

Londres, 11 de septiembre. Los cañones del St. James's Park y de la Torre anunciaron ayer por la tarde, a las 9, a Londres la caída de la parte sur de Sebastopol. En los teatros Lyceum, Haymarket y Adelphi, los directores tuvieron por fin la satisfacción de provocar los hurras, el «God save the Queen» y el «Partant pour la Syrie» basándose en despachos oficiales en lugar de, como hasta entonces, en falsos pretextos.

La campaña de Crimea ha alcanzado por fin su punto de inflexión. Desde hace aproximadamente una semana, los telégrafos rusos reconocían que el fuego aliado había causado daños considerables a las líneas de Sebastopol y que los daños habían sido reparados «en la medida de lo posible», es decir, no completamente. Ayer supimos que el sábado 8 de septiembre por la tarde, los aliados habían asaltado 4 bastiones, siendo rechazados ante uno de ellos, tomando dos, teniendo que desalojar de nuevo uno de éstos, pero manteniendo finalmente el cuarto y más importante, la torre de Malajov (el bastión Kornilov), cuya pérdida obligó a los rusos a destruir y evacuar la parte sur.

La llegada de considerables refuerzos después de la batalla del Chernaya puso a los generales aliados a salvo de cualquier posible empresa del ejército ruso en Inkerman; pues, incluso en el caso de que el resto de las 4.ª y 6.ª divisiones rusas, junto con las dos divisiones de granaderos, se unieran a aquel ejército, los aliados se encontraban ahora en posición de resistir con éxito a cualquier número de tropas que los rusos pudieran lanzar al otro lado del Chernaya, y al mismo tiempo conservaban fuerzas suficientemente numerosas para proseguir el asedio e incluso intentar un asalto.

Hay que reconocer que el gobierno francés se mostró esta vez extraordinariamente rápido en el envío de tropas destinadas a contrarrestar los refuerzos que ya estaban en marcha desde Polonia y Volinia. El número de las tropas francesas embarcadas hacia Oriente desde principios de julio tiene que calcularse por lo menos en 50.000. En estas circunstancias, y merced al correspondiente efecto de las baterías avanzadas de morteros inglesas y francesas, las trincheras se adelantaron hasta el foso, bajo la protección de un vigoroso fuego. Hasta dónde avanzaron y si la glacis fue coronada secundum artem <según todas las reglas del arte>, es cosa que aún ignoramos. El fuego adquirió cada vez más el carácter de un bombardeo regular; se empleó con éxito el fuego vertical para hacer que la plaza fuera insostenible para grandes concentraciones de tropas, y por fin se ordenó el asalto.

En el Mamelón, los rusos habían construido la pasada primavera una serie de compartimentos a prueba de fuego y de bombas, con ayuda de traverses y blindes <traversas y blindajes>. Estos dispositivos les proporcionaban una protección excelente contra el fuego enemigo, pero al producirse el asalto se puso de manifiesto que no había quedado espacio para concentrar un número suficiente de tropas para la defensa de la obra. Uno tras otro, los compartimentos, defendidos sólo por unos pocos hombres, cayeron en manos de los franceses y se convirtieron de inmediato para éstos en alojamiento. Parece que se cometió el mismo error en la ejecución de las obras defensivas de Malajov. Se había recargado el asunto, y en cuanto los franceses se apoderaron del punto dominante de la colina, las propias obras rusas les ofrecieron protección contra el fuego ruso.

Como el Redan (bastión núm. 3) y el Redan de la bahía de la Quilla (bastión núm. 1 de los rusos) están situados en terreno más llano, no permitían las obras defensivas en forma de terrazas y complicadas que podían aplicarse en el Malajov. Por consiguiente, parece que aquí se había practicado un simple coupure <corte> en el bastión, que cortaba el ángulo saliente y exponía su interior a un fuego abrumador. Las tropas para su defensa pudieron, por tanto, concentrarse más al fondo, y el interior de la obra podía defenderse mediante salidas desde el coupure. Como consecuencia de esta disposición, generalmente adoptada en tales casos, las líneas inglesas y las columnas francesas destinadas al asalto de estas posiciones pudieron avanzar con facilidad sobre el parapeto exterior, casi completamente abandonado, pero, una vez frente al coupure, fueron aplastadas por la lluvia de balas y obligadas a renunciar al asalto.

Inmediatamente después de la toma del Malajov, el general de Sallas, en el ataque izquierdo francés, intentó establecerse en el bastión Central (núm. 5, entre los bastiones de la Asta de Bandera y de la Cuarentena). Fue rechazado. No sabemos si este asalto se emprendió bajo su responsabilidad personal o si formaba parte del plan original. Tampoco sabemos si las trincheras francesas se habían adelantado lo bastante hacia el bastión para justificar este temerario intento.

La conquista de la colina de Malajov constituyó de inmediato el punto de inflexión del asedio.

El Malajov domina por completo la Karabelnaya y la pendiente oriental de la colina sobre la que está construida la ciudad de Sebastopol. Toma por la espalda los fuertes marítimos del lado sur del puerto y hace insostenible para los buques de guerra rusos todo el puerto interior y la mayor parte del puerto exterior. Con la caída del Malajov, la continuidad de las líneas de defensa de Sebastopol quedó interrumpida precisamente en el punto del que dependía la seguridad del conjunto. La posesión del Malajov significaba, por tanto, la posesión de la Karabelnaya, la destrucción de la ciudad por el bombardeo, el flanqueo y envolvimiento del bastión de la Asta de Bandera, y la desaparición de las últimas posibilidades de mantener Sebastopol. Hasta entonces, Sebastopol había sido un campamento fortificado para un gran ejército, como lo son todas las plazas fuertes modernas de importancia. Con la toma del Malajov quedó reducida al rango de una mera cabeza de puente para la guarnición rusa de la parte norte, y además una cabeza de puente sin puente.

Algunos buques rusos en el puerto ya habían sido incendiados por las bombas de las baterías aliadas. El Malajov, una vez armado con cañones franceses, habría hecho imposible que los buques rusos restantes encontraran un fondeadero seguro, salvo al pie mismo de los fuertes Nicolás y Alejandro, donde apenas hay espacio para muy pocos. De ahí que los rusos echaran a pique e incendiaran navíos de línea y vapores de guerra.

La posesión completa de la parte de la Karabelnaya impondrá a los aliados el inicio de operaciones de campaña. Aunque no estarán en condiciones de establecer muchas baterías y numerosas tropas en este sector de la ciudad, a causa del fuego procedente de la parte norte, han logrado en todo caso reducir la porción rusa de Sebastopol a menos de la mitad de su extensión antes del 8 de septiembre, y a una fortaleza que sólo puede albergar un número limitado de defensores. No sólo se ha quebrantado por completo la fuerza ofensiva de la guarnición, sino que también su fuerza defensiva se ha debilitado considerablemente. Un número mucho menor de hombres será suficiente para continuar el asedio, y las tropas así liberadas, junto con las fuerzas que ahora se encuentran en camino o en el campamento de Maslak, podrán ser empleadas para una expedición a Eupatoria.

Cuanto más se estudia la posición recíproca de aliados y rusos en el Chernaya, más se convence uno de que ahora ninguna de las partes puede desalojar a la otra sin una gran superioridad numérica y sacrificios extraordinarios. Por eso, en el campamento aliado gana cada vez más terreno la opinión de que es preciso embarcar de 60.000 a 70.000 hombres hacia Eupatoria, para marchar desde allí contra las líneas de comunicación rusas en Simferópol. Ello obligaría a los rusos a librar una batalla en campo abierto, cuyo éxito parece asegurado a los aliados en las circunstancias actuales. Pero todo depende de que aprovechen el momento presente con rapidez y energía.

Variantes del texto

En lugar de esta frase, la "New-York Daily Tribune" núm. 4506 del 28 de septiembre de 1855 dice: «La pérdida de este punto obligó a los rusos a trasladar, el día 9, sus tropas de la parte sur a la parte norte, abandonando así la ciudad de Sebastopol, después de volar sus almacenes, hacer saltar por los aires los edificios, destruir las obras de defensa mediante explosiones de minas y convertir toda la plaza, para emplear las palabras del general Pélissier, en un gigantesco horno en llamas. Incendiaron también sus vapores, echaron a pique sus últimos buques de guerra y destruyeron finalmente el puente cerca del Fuerte Paul.»

En la "New-York Daily Tribune" sigue aquí la frase: «Después de todos los acontecimientos precedentes de este notable asedio, era de esperar que los franceses no corrieran el menor peligro de ser desalojados de sus nuevas posiciones, si eran plenamente conscientes de su tarea.»

En la "New-York Daily Tribune" sigue aquí el texto: «Fue, pues, prudente abandonar la ciudad. Ciertamente, se ha hablado mucho de nuevas obras erigidas en la parte posterior de la pendiente del Malajov con el objetivo de sostener la defensa de la Karabelnaya tras la pérdida de esta fortificación. Pero no parecen haber tenido el valor suficiente para inducir al príncipe Gortschakow a continuar la defensa. Sin embargo, muy pronto sabremos lo que realmente representan.»

En lugar de las dos últimas frases, la "New-York Daily Tribune" trae el texto siguiente: «Suponiendo que los rusos tuvieran 200.000 hombres en Crimea (lo que, naturalmente, no tienen), se necesitarían 80.000 hombres para defender los fuertes de la parte norte, 60.000 para la posición del Chernaya y 60.000 para poder hacer frente al ejército aliado en Eupatoria. Con la moral actual de las tropas aliadas, es seguro que, con igual número y en posiciones igualmente favorables, derrotarán a los rusos. Puesto que, además, al ocupar una posición en la línea de comunicación rusa pueden obligar a éstos a presentar batalla, no parece que exista riesgo alguno en tal empresa. Por el contrario, es probable que los rusos no pudieran oponer a este ejército expedicionario más de 60.000 hombres como máximo. Pero cuanto antes se emprenda una maniobra así, tanto mejor para los aliados, y si actúan con energía pueden esperar grandes resultados. Poseen ahora tanto superioridad moral como numérica, y no dudamos de que sacarán provecho de ello antes de que un nuevo invierno en la meseta reduzca su número y debilite su moral.

En efecto, las últimas noticias dicen que ya el día 13 zarparon para Eupatoria 25.000 hombres, y sin duda oiremos que les seguirá una fuerza aún mayor.

De estos importantes acontecimientos sólo tenemos hasta ahora las escuetas informaciones del telégrafo. Cuando nos lleguen detalles más completos, volveremos sobre el tema.» (Los dos últimos párrafos fueron añadidos por la redacción de la "Tribune".)