Friedrich Engels

Desde Crimea

Escrito alrededor del 8 de junio de 1855.
Del inglés.

["New-York Daily Tribune" n.º 4424 del 23 de junio de 1855, artículo de fondo]

El correo llegado el jueves a altas horas de la noche con el “Asia” nos permitió publicar ayer el parte del general Pélissier sobre el combate librado en la tarde del 22 de mayo ante Sebastopol, así como un informe auténtico sobre el avance de los aliados hacia la localidad de Tschorgun, alcanzada el día 25. Unos 25.000 hombres al mando de Canrobert cruzaron el Tschornaja y, tras expulsar a los puestos avanzados rusos de sus posiciones en las alturas que se alzan inmediatamente sobre la orilla derecha, ocuparon la línea que discurre a lo largo de este riachuelo. Como los rusos no se proponían librar allí una batalla, replegaron naturalmente para concentrar todas sus fuerzas en la fuerte línea entre Inkerman y la cadena de peñascos situada al este de aquel punto. Con este avance, los aliados pudieron casi duplicar el perímetro del territorio ocupado —con lo que ganaron el espacio que urgentemente necesitaban sus reforzadas tropas— y se abrieron paso al valle de Baidar, lo que puede resultar muy útil. El primer paso hacia la reanudación de las operaciones de campaña fue exitoso, y a él deberían seguir acciones de mayor importancia.

En lo que respecta al combate del 22 de mayo, el escenario de la lucha fue el sector comprendido entre la bahía de la Cuarentena y el bastión Central, el bastión n.º 5 de los rusos. La lucha fue muy encarnizada y sangrienta. Según sabemos ahora por el parte de Pélissier, los rusos habían sembrado todo el espacio desde la punta de la bahía de la Cuarentena hasta el cementerio, y de allí hasta el bastión Central, de obras destacadas y trincheras, a pesar de que, según el plano oficial de las fortificaciones editado por el Almirantazgo británico, este importante terreno está completamente surcado de trincheras. Pero ahora resulta que, apenas el bastión de la Asta de Bandera y el bastión Central se vieron seriamente amenazados y las obras exteriores que los defendían fueron conquistadas por los franceses, los rusos transformaron este pedazo de terreno en una sola gran obra de fortificación. En pocas noches levantaron largas líneas de parapetos unidos entre sí que encerraban toda la zona, creando así una gran plaza de armas o espacio defensivo, donde las tropas podían concentrarse sin peligro para caer sobre el flanco de cualquier ataque francés o incluso aventurar fuertes salidas contra los flancos de las avanzadas obras francesas. Pélissier conocía por experiencia la rapidez con que los rusos ejecutan tales obras y la tenacidad con que defienden sus fortificaciones una vez terminadas. Los atacó de inmediato. En la tarde del 22 de mayo se lanzó un ataque en dos columnas. La columna izquierda se afianzó en las trincheras rusas de la punta de la bahía de la Cuarentena y fortificó el punto conquistado; la columna derecha también se adueñó de las trincheras avanzadas, pero bajo el violento fuego enemigo no pudo consolidarse y tuvo que replegarse al amanecer. En la noche siguiente se repitió el intento con columnas más fuertes y se obtuvo un éxito total. Todo el sector fortificado fue conquistado y asegurado contra los rusos volviendo los cestos de trinchera del lado de acá de la trinchera de ataque hacia el lado de allá. Al parecer, en esta acción los franceses combatieron con la mayor bravura y mostraron algo así como un despertar de la antigua furia francese <ímpetu guerrero de los franceses> que en tiempos pasados los hizo tan famosos, aunque hay que reconocer que la afirmación del general Pélissier de que hubieron de batirse contra fuerzas superiores tiene un cierto aire de bravata.

En cuanto al tercer bombardeo de la ciudad, que según un comunicado que hemos recibido de Halifax debió de comenzar el día 6 y al que el día 7 siguió el asalto y conquista del Mamelón y de la Ciudadela Blanca <los reductos de Selenginsk y Wolhynsk>, el correo traído por el “Asia” no contiene noticias nuevas y no podemos añadir nada a nuestras observaciones del pasado miércoles. Sin embargo, hemos sabido que 25.000 hombres del ejército de Omer Pachá fueron transportados de Eupatoria al Quersoneso; es evidente que los aliados se proponen operaciones de campaña, pues si se hubiera planeado un nuevo bombardeo y un asalto, mejor habría sido dejar a estos turcos en sus posiciones anteriores. Pero también parece que el ejército aliado está muy insuficientemente dotado de medios de transporte y víveres para una campaña en el interior de la península. Es posible que Pélissier, previendo estos obstáculos, haya decidido mantener ocupadas a las tropas renovando las operaciones activas del sitio de la ciudad no para tomar ahora efectivamente Sebastopol al asalto, sino para sostener la moral de los soldados.

Por la conducta de Pélissier desde que asumió el mando, parece seguro que está decidido a guiarse exclusivamente por su propio juicio y a no hacer el menor caso de todos los planes y proyectos que pueda incubar la fantasía de Luis Bonaparte. En París parece ser ahora una ocupación de moda el urdir planes para las campañas de Crimea. Incluso el viejo mariscal Vaillant ha enviado uno o dos planes, pero Pélissier telegrafió de inmediato que, si Vaillant tenía en tanto sus planes, más le valdría venir a Crimea y ejecutarlos él mismo. Muy pronto veremos cómo procederá este enérgico, pero testarudo y brutal comandante. En todo caso, muy pronto provocará un bonito altercado en el campo aliado, si es verdad —como parece insinuarse— que ha enviado “órdenes” a los jefes de estado mayor británico, turco y sardo sin tomarse siquiera la molestia de informar a los respectivos comandantes de su contenido. Pues hasta ahora no se consideraba como autoridad suprema a un general aislado, sino al consejo de guerra compuesto por todos los mandos. ¡Imagínese al viejo mariscal de campo Lord Raglan bajo el mando de un simple teniente general francés!

Entretanto, los rusos no están ociosos. La posición “expectante” en que ha recaído Austria y la llegada de reservas y de nuevas levas del interior del país han dado a Rusia la posibilidad de enviar nuevas tropas a Crimea. Además de varias divisiones de caballería, se encuentran ya allí los cuerpos de infantería 3.º, 4.º, 5.º y 6.º. Ahora, el 2.º cuerpo de infantería, que se decía que ya estaba en Crimea hace seis semanas, ha partido realmente de Volinia hacia el teatro de la guerra, seguido de la 7.ª división ligera de caballería, agregada al cuerpo de granaderos. Es una señal bastante segura de que la infantería y artillería del cuerpo de granaderos serán las próximas en marchar hacia Crimea; y, en efecto, ya se hallan en camino hacia Volinia y Podolia para relevar allí al 2.º cuerpo. Con este 2.º cuerpo, que está al mando del general Panjutin —el mismo que mandó en Hungría la división rusa agregada al ejército de Haynau—, serán llevados a Crimea, además de artillería e infantería ligera, 49 batallones de infantería —en total, unos 50.000 o 60.000 hombres—, pues sin duda este cuerpo, que aún no había entrado en acción, ha sido puesto en pie de guerra completo. Los destacamentos del 2.º cuerpo irán llegando escalonadamente al teatro de la guerra entre el 15 de junio y el 15 de julio, en un período en que muy probablemente se lleven a cabo operaciones decisivas, por lo que pueden desempeñar un papel muy importante en la próxima campaña de Crimea.

El mes de junio ha de traer alguna decisión en esta guerra de Crimea. Antes de que termine junio, o a lo sumo julio, o bien el ejército de campaña ruso habrá abandonado Crimea, o los aliados se verán obligados a preparar su propia retirada.