Karl Marx

La destitución de Russell

["Neue Oder-Zeitung" Nr. 333 del 20 de julio de 1855]

Londres
, 17 de julio. La destitución de Russell, voluntaria o forzada, conjura la moción de Bulwer, del mismo modo que Bulwer conjuró la moción de Roebuck. Esta opinión, que expresamos en nuestra correspondencia del 11 de julio <véase el presente volumen, pp. 352/353>, ha sido plenamente confirmada por la sesión de ayer de la Cámara de los Comunes. Es un viejo axioma whig que "los partidos son como los caracoles, en los que la cola mueve la cabeza". Pero el actual gabinete whig es más bien un gabinete pólipo; parece prosperar por amputación. Sobrevive a la pérdida de sus miembros, de su cabeza, de cualquier cosa, salvo a la de su cola. Russell no era, ciertamente, la cabeza del gabinete, pero era la cabeza del partido que forma el gabinete y es representado por éste. Bouverie, el vicepresidente del Board of Trade [Ministerio de Comercio y Transportes], representa la cola del pólipo whig. Él descubrió que el cuerpo whig debía ser decapitado para mantener con vida el tronco whig, y comunicó este descubrimiento a Palmerston en nombre y por encargo de la cola whig. Russell aseguró ayer a esta cola su "desprecio". Disraeli atormentó a Bouverie con una "fisiología de la amistad" y una descripción natural de los diversos modos en que el ser genérico, conocido bajo el nombre de
"amigo"
, se segrega. El intento de justificación de Bouverie, finalmente, según el cual él y la cola habían rechazado a Russell para salvar a Russell, completa el cuadro de género de este partido de cazadores de puestos.

Si de este modo la cabeza natural del partido whig ha sido amputada, su cabeza usurpada, Lord Palmerston, ha crecido con tanta mayor firmeza sobre el tronco. Tras la caída de Aberdeen y Newcastle, se sirvió de Gladstone, Graham y Herbert para hacerse con la herencia del gabinete de coalición. Tras la sa-

lida de Gladstone, Graham y Herbert, se sirvió de Lord John Russell para formar un gabinete puramente whig. Finalmente, se sirve de la cola whig para escamotear a Russell y convertirse así en soberano único en el gabinete. Todas estas metamorfosis fueron otras tantas etapas hacia la formación de un gabinete puramente Palmerston. De las declaraciones de Russell se desprende que éste ofreció a Palmerston repetidas veces su dimisión, pero que cada vez fue persuadido por él para retirarla. Exactamente del mismo modo persuadió Palmerston al gabinete Aberdeen para que resistiera hasta el extremo al comité de investigación de Roebuck. Ambas veces con el mismo éxito y para el mismo fin.

La moción de Bulwer la vinculó tan directamente a Russell, que cayó por sí sola al agua tan pronto como el corpus delicti, Russell, desapareció del gabinete. Bulwer se vio, pues, obligado a declarar que retiraba su moción. No pudo, sin embargo, resistir la tentación de pronunciar el discurso que debía fundamentar su moción. Olvidó que faltaba la moción que fundamentaba su discurso. Palmerston se aprovechó de esta desdichada situación. Se lanzó de inmediato a la postura de gladiador, después de que el combate hubiera sido cancelado. Se mostró insolente, gritó destempladamente, fanfarroneó, pero con ello se atrajo un castigo de la mano de Disraeli que, como mostraba su juego de gestos, hizo que incluso a él, el perfecto comediante, se le fuera la habitual impasibilidad cínica. Sin embargo, lo más importante en la réplica de Disraeli fue la siguiente declaración:

"Sé que las opiniones que Lord Russell trajo de Viena fueron acogidas favorablemente, no sólo por una mayoría, sino por la
totalidad de sus colegas
, y que sólo
circunstancias,
que ellos no habían previsto
, impidieron la cordial y unánime aceptación del plan del noble lord. Hago esta declaración no sin la suficiente autoridad. La hago con la misma convicción con que hablé 6 semanas antes del lenguaje equívoco y de la conducta incierta del gobierno, cuya exactitud han probado acontecimientos posteriores. La hago con la convicción de que, incluso antes del cierre de esta sesión, la prueba de esta afirmación se encontrará en manos de la Cámara."

Las "circunstancias" a las que Disraeli alude ahora eran, como explicó en el curso de su discurso, "las dificultades que fueron presentadas por parte francesa". Disraeli sugiere que la correspondencia de Clarendon destinada al uso parlamentario está en contradicción con las instrucciones secretas del ministerio. Concluyó su discurso con las siguientes palabras:

"Existe una creencia en el país de que la culpa predomina en la dirección de nuestros asuntos. Aparece un documento extranjero" (la circular de Buol), "la

excitación en el pueblo crece, piensa, habla, sus representantes en la Cámara hacen preguntas. ¿Qué sucede? El más prominente de vuestros estadistas no se atreve a hacer frente a la controversia que tales preguntas suscitan. Desaparece de manera misteriosa. Pero ¿quién osáis vosotros hacerle frente? El primer ministro de la Corona, que se ha dirigido hoy mismo a la Cámara en acentos y en un lenguaje completamente indignos de su posición y de la ocasión, que me han convencido de que, si el honor y los intereses del país permanecen confiados por más tiempo a su dirección, ello sólo sucede para degradar los primeros y
traicionar
los segundos."

Roebuck superó a Disraeli en la vehemencia del lenguaje.
"Exijo saber, ¿quiénes son ahora los traidores en el gabinete?"
Primero Aberdeen y Newcastle. Luego Graham y Gladstone y Herbert. Luego Russell. ¿Quién es el
sequens
<
siguiente
>?

Entretanto, la posición del hombre que ha dominado en secreto la coalición, tal como ahora domina oficialmente el ministerio, está bastante asegurada. Si antes del cierre de la sesión se llegara a aprobar algún voto de censura, lo que no es probable, disolverá el Parlamento. En cualquier caso, tiene seis meses por delante para dirigir sin restricciones la política exterior de Inglaterra, sin ser siquiera molestado por el ruido y las escaramuzas fingidas de la Cámara de los Comunes.