Karl Marx

Mitin sobre Polonia

["Neue Oder-Zeitung", núm. 379, del 16 de agosto de 1855]

Londres, 13 de agosto. Los repetidos e irritantes exabruptos de los periódicos gubernamentales contra el gran mitin sobre Polonia celebrado el pasado miércoles en el St. Martins Hall hacen necesarias algunas apostillas. La iniciativa del mitin partió manifiestamente del propio ministerio. Se había puesto por delante a la "Sociedad Literaria de los Amigos de Polonia", sociedad formada, de un lado, por partidarios de Czartoryski y, de otro, por la aristocracia inglesa filopolaca. Desde su nacimiento, esta sociedad fue un instrumento ciego en manos de Palmerston, quien la manejaba y controlaba por medio del recientemente fallecido Lord Dudley Stuart. Los mensajes sobre Polonia y las diputaciones que anualmente enviaba a Palmerston eran uno de los grandes recursos para mantener viva su fama de "antirruso". Los partidarios de Czartoryski, a su vez, sacaban importantes ventajas de esta vinculación: figurar como los únicos representantes respetables, por así decir "oficiales", de la emigración polaca, mantener sojuzgado al partido democrático de la emigración y disponer de los cuantiosos medios materiales de la sociedad como fondos de captación para su propio partido. Amarga y prolongada es la discordia entre la Sociedad Literaria y la "Centralización" de la Sociedad Democrática Polaca. En 1839, esta última celebró en Londres un gran mitin público, en el que puso al descubierto las intrigas de la Sociedad "Literaria", desplegó el pasado histórico de los Czartoryski (lo hizo Ostrowski, autor de una Historia de Polonia escrita en inglés) y proclamó en voz alta su oposición a los "restauradores" diplomático-aristocráticos de Polonia. A partir de ese momento, la posición usurpada de la Sociedad "Literaria" quedó conmocionada. De paso, obsérvese aún que los acontecimientos de los años 1846 y 1848/1849 añadieron un tercer elemento a la emigración polaca, una fracción socialista que, no obstante, actúa en contra del partido de Czartoryski en común con la fracción democrática.

El propósito del mitin instigado por el Gobierno era triple: formar una legión polaca para deshacerse en Crimea de una parte de la "Polonia exterior"; reavivar la popularidad de Palmerston; y, por último, entregar en manos de este y de Bonaparte cualquier posible movimiento polaco. Los periódicos del Gobierno afirman que una conspiración profundamente urdida, procedente de agentes rusos, habría frustrado el objetivo del mitin. Nada más ridículo que semejante aserto. La mayoría del auditorio en el St. Martins Hall estaba compuesta por cartistas londinenses. La enmienda contraria al Gobierno(1) fue presentada por un urquhartista y apoyada por otro urquhartista —por Collett y Hart—. Las hojas impresas distribuidas en la sala con el contenido:

"El mitin ha sido convocado por aristócratas ingleses que solo pretendían mantener el viejo sistema del Gobierno británico, etc.", "Polonia condena toda alianza con los actuales detentadores del poder en Europa, no quiere ser restaurada por ninguno de los gobiernos existentes, no desea rebajarse a ser instrumento de intrigas diplomáticas, etc.".

Estas hojas estaban firmadas por el presidente y el secretario del "Comité Democrático Polaco". Si se considera ahora que en Londres los cartistas, los urquhartistas y la emigración propiamente "democrático"-polaca, los tres, mantienen entre sí relaciones todo menos amistosas, toda sospecha de "conspiración" se desvanece. Las ruidosas interrupciones del mitin fueron provocadas exclusivamente por la negativa antiparlamentaria del presidente, Lord Harrington, a leer la enmienda de Collett y someterla a votación. Se vieron incrementadas por la ocurrencia del coronel Szulszewski, secretario de la "Sociedad Literaria de los Amigos de Polonia", de llamar a un agente de policía para hacer detener a Collett. El tumulto alcanzó naturalmente su punto álgido cuando Lord Harrington, Sir Robert Peel y sus amigos huyeron de la plataforma y despejaron el lugar. En cuanto George Thompson fue nombrado presidente en sustitución de Harrington, la calma se restableció al instante.

Los ejemplares de la clase gobernante de Inglaterra que descollaron en este mitin sobre Polonia no eran en modo alguno los adecuados para infundir especial respeto por el patriciado. El conde de Harrington es quizá un hombre excelente, pero es, sin duda, un pésimo orador. Era imposible presenciar una exhibición más penosa. Su señoría apenas logró, con la mayor de las dificultades, balbucir dos palabras seguidas. Hasta ese momento no ha terminado una sola frase de su discurso. Eso lo han hecho, entretanto, los taquígrafos por él. Su señoría es militar e indudablemente valiente, pero, a juzgar por la dirección que dio al mitin sobre Polonia, más apto para cualquier cosa que para dirigir. Como orador, Lord Ebrington, el partero de la ley dominical, aventaja en muy poco al conde de Harrington. Su fisonomía delata testarudez; la forma de su cráneo es la de un ariete. Tiene un mérito indiscutible: no se le puede derrotar con argumentos. Napoleón declaró en cierta ocasión que los ingleses no saben cuándo están derrotados. A este respecto, Ebrington es un inglés modelo.

Después de los lores vinieron los baronetos. Lord Ebrington presentó la moción gubernamental para la restauración de Polonia; Sir Robert Peel lo siguió y habló como su padrino. En muchos aspectos no es imaginable un contraste mayor que el que existe entre el "miembro por Tamworth" (Peel) y el "miembro por Marylebone" (Ebrington). El primero es un farsante suelto y natural, el segundo un gaznápiro puritano y artificioso. El uno divierte, el otro repugna. Sir Robert Peel causa la impresión de un viajante de comercio de vinos elevado a la nobleza; Lord Ebrington, la de un inquisidor convertido al protestantismo. Tony Lumpkin y Beau Brummell (el dandi) fundidos en una sola persona darían aproximadamente un absurdo como el que se exhibe en la persona, el atavío y los modales de Peel. Es una mezcla extraordinaria de payaso y dandi. Palmerston siente gran predilección por la singularidad de Tamworth. La encuentra útil. Cuando quiere saber hacia dónde sopla el viento popular, iza a Sir Robert Peel como veleta. Cuando deseó saber si la opinión pública de Inglaterra sancionaría la expulsión de Victor Hugo y otros, hizo hablar a Sir Robert Peel denunciando a los refugiados y haciendo apología de Bonaparte. Lo mismo en relación con Polonia. Lo utiliza como "cuerno de tanteo". Para este papel, no precisamente sobrecargado de dignidad, Peel es extraordinariamente apto. Es lo que los ingleses llaman "a chartered libertine", un libertino patentado, un excéntrico privilegiado por cuyas ocurrencias y desmanes, idas y venidas, palabras y actos ningún ministerio ni partido se hace responsable. Sir Robert acudió al mitin sobre Polonia acolchado y, según se dice, maquillado a la manera artística. Parecía estar embutido en un corsé, llevaba una rosa de color rojo intenso en el ojal, iba perfumado como una modista y blandía en su diestra un paraguas descomunal con el que marcaba el compás de su discurso. Por una ironía sumamente casual, a los lores y baronetos siguió inmediatamente, pisándoles los talones, el señor Tite, ex vicepresidente de la Asociación para la Reforma Administrativa. Desde que, por influencia de esta asociación, fue nombrado Solón de Bath, es sabido que inauguró su carrera parlamentaria votando en contra de la propuesta de Scully en favor de una parte de la reforma administrativa y a favor de los empréstitos turcos de Palmerston, mientras que en la votación sobre la moción de Roebuck, con gran moderación, se abstuvo. Los lores y los baronetos parecían señalarlo entre risitas ahogadas: ¡He ahí a nuestro sustituto! No hace falta caracterizar más de cerca al señor Tite. Lo hizo Shakespeare al inventar al inmortal Shallow, a quien Falstaff compara con uno de esos hombrecillos que se tallan en la corteza del queso durante los postres.

En contraste con todos estos señores, Hart, un joven plebeyo desconocido, causó ya desde las primeras palabras la impresión de ser un hombre llamado a arrebatar y dominar a las masas. Ahora se comprende el disgusto del Gobierno por el mitin sobre Polonia. Fue una derrota no solo para Palmerston, sino aún más para la clase que él representa.

Notas a pie de página

(1) La enmienda de Collett adoptada por el mitin decía literalmente: "Que este mitin, deseando cordialmente la restauración de la nacionalidad polaca, no puede olvidar que la destrucción de esa nacionalidad se debe principalmente a la conducta pérfida de Palmerston entre 1830 y 1846; que, mientras Palmerston siga siendo servidor de la Corona, toda propuesta para la restauración de Polonia no puede ser sino trampa y engaño. Que la verdad de esta afirmación queda demostrada también por el hecho de que conduce la guerra de modo que perjudique a Rusia lo menos posible, al tiempo que las condiciones de paz por él propuestas arruinarían por completo la integridad e independencia de Turquía."