["Neue Oder-Zeitung" nº 219 del 12 de mayo de 1855]

Londres, 9 de mayo. El "Morning Chronicle", el "Advertiser", el "Daily News", etc., terminan todos sus filípicas contra el asesino alevoso Pianori con giros más o menos temerosos contra el número del "Moniteur" que publicó el acta de acusación contra Pianori al mismo tiempo que el decreto que ordena pagar al ex suboficial francés y hoy fracasado tendero de Bruselas, Cantillon, el legado napoleónico de 10.000 francos, recompensa de su asesinato alevoso intentado contra Wellington. Del modo más jocoso se retuerce y se contorsiona el "Chronicle", profesionalmente solemne. Napoleón III, opina, no debe de saber nada de este singular homenaje de Napoleón I, y en este momento tan falto de tacto. El nombre de "Cantillon" ha de haberse extraviado en las columnas de pureza moral del "Moniteur" por un lapsus pennae (error de pluma). O un subalterno demasiado celoso habría dotado por su cuenta a Cantillon con los 10.000 francos, etc. El digno "Chronicle" parece figurarse que la burocracia francesa está organizada a imagen y semejanza de la inglesa, donde en efecto, como vemos en el último interrogatorio ante la comisión parlamentaria de investigación, un subalterno de la Board of Ordnance (Intendencia de Artillería) puede encargar por su cuenta, a espaldas de sus superiores y por un importe de miles de libras, una determinada clase de cohetes, o donde, como Palmerston explica a la Cámara de los Comunes, hay que retener documentos diplomáticos durante semanas al Parlamento porque la "persona" encargada en el Ministerio de Asuntos Exteriores de la traducción de tales documentos sufre de resfriado o de reumatismo.

Desde hace algunos días, la prensa londinense intenta volver sobre sus pasos en su admiración por Austria y preparar a su público para una transición abrupta a una tonalidad opuesta. Como de costumbre, "nuestros propios corresponsales" han de romper el hielo. Así, el "Morning Chronicle" escribe desde Berlín:

"Ningún acto positivo de engaño o ruptura formal de la palabra puede ser imputado al gabinete prusiano. Si los gabinetes occidentales han sido engañados, fue por su propio error o por el de aquellos que tienen la tarea de abrirles los ojos. Pero ¿puede decirse lo mismo de Austria? ¿Ha sido su conducta tan al descubierto como la de Prusia? Esta última ha causado a las potencias occidentales todo el daño que estaba en su poder, de manera abierta y al descubierto. Nos desafía y se burla de nosotros sin máscara ni reservas. La primera ha coqueteado con Inglaterra y Francia durante 20 meses, se ha reído de nosotros en secreto, ha hecho surgir esperanzas, oficial y privadamente, nos ha ido atrayendo de comisión en comisión, ha dado seguridades del carácter más formal, y, como predijeron hace tiempo quienes no estaban cegados por una confianza exagerada, está ahora a punto de dejarnos en la estacada, si no aceptamos condiciones de paz lo más ventajosas posible para Rusia y completamente perjudiciales para Francia e Inglaterra. ¡En efecto! Después de que Austria haya servido de escudo a Rusia en el Pruth y haya permitido a Gortschakow destacar casi toda su fuerza de combate desde Besarabia a Crimea, se adelanta ahora e insiste en una paz que deje las cosas como están. Si eso es todo lo que tenemos que esperar de la amistad austríaca, entonces, cuanto antes se arroje la máscara, tanto mejor."

De otro lado, el "Times" escribe desde Viena:

"El barón Heß, comandante en jefe del tercer y cuarto cuerpos de ejército, ha redactado recientemente un memorándum y lo ha presentado a su señor imperial, en el que se prueba que, en las actuales circunstancias, no es aconsejable para Austria declarar la guerra a Rusia. Probablemente se clamarán contra mí por tocar un asunto tan delicado de manera tan pública, pero, en mi opinión, es un servicio a Inglaterra y a Francia decirles que han de contar con sus propios recursos y que apenas cabe esperar la asistencia de Austria. Si hubiera podido persuadir a Prusia y a la Confederación para cubrir su flanco izquierdo con un ejército de 100.000 hombres, probablemente se habría obligado desde hace tiempo, pese a los muchos obstáculos que se le oponían, a tomar la ofensiva contra Rusia. Los argumentos que el barón Heß desarrolla en su memorándum no son positivamente conocidos, pero los austríacos de simpatías rusas, siempre los mejor informados en tales materias, aseguran que se reducen aproximadamente a lo siguiente: Las potencias occidentales han probado hasta la evidencia que necesitan tanto sus propios recursos totales como los de Turquía para hacer frente a los rusos en Crimea.

Por lo tanto, sería altamente imprudente de parte de Austria, si no puede asegurarse la ayuda de la Confederación Germánica, embarcarse en una guerra con Rusia. Por todos lados se reconoce que esta última tiene un ejército de 250.000 hombres, incluyendo las guardias y los cuerpos de granaderos, apostado en Polonia, y estando allí en el radio de siete de las más fuertes fortalezas del Imperio ruso, ninguna fuerza de combate por lo menos el doble de numerosa puede esperar obtener ventajas sobre ella. Asimismo, se dice haberse tomado en consideración el estado de desorden de las finanzas; la incapacidad de Francia para poner a disposición de Austria 100.000 hombres; la impotencia puesta al desnudo del gobierno británico, la poca confianza que merece Prusia, etc. La semana pasada se añadió aún una nueva razón: la caducidad de las cosas en general, la incertidumbre de una vida humana en particular y el dilema en que se vería Austria si algo le sucediera a Louis-Napoleón mientras se hallase en guerra con Rusia."