Karl Marx

["Neue Oder-Zeitung" Nr. 139 vom 23. März 1855]

Londres, 20 de marzo. El duque de Newcastle dispuso el relevo de lord Lucan; lord Panmure publicó la carta de Raglan contra él, y lord Hardinge, el fabuloso connétable (Konnetabel, mariscal de campo de la corona) del ejército inglés, le negó la investigación y el consejo de guerra. A pesar de la oposición de dos ministerios, del jefe supremo en Crimea y del jefe de las Guardias Reales a caballo en Londres, lord Lucan demostró ayer, mediante su detallada exposición en la Cámara de los Lores, que no él, sino Raglan y solo Raglan, es el responsable del sacrificio de la caballería ligera en Balaklava y que los ministerios Aberdeen y Palmerston, para salvar al dócil, estúpido y manejable jefe militar en Crimea, arrojaron a lord Lucan como presa al descontento del público. Había que aplacar al monstruo público. Decisivo en esta cuestión es un borrador de carta, encontrado sobre el cadáver del general Cathcart, dirigido a su esposa y fechado el 2 de noviembre, 3 días antes de la batalla de Inkerman y 8 días después de la carga de caballería de Balaklava. En esta carta se dice literalmente:

«Ni lord Lucan ni lord Cardigan fueron censurables, sino más bien lo contrario, pues obedecieron órdenes».

El _Times_ en un artículo sobre las conferencias de Viena deja caer hoy la característica glosa marginal de que, si el congreso se volviera serio, las principales dificultades habrían de esperarse del lado turco. Al sultán, no al zar, habría que arrancarle las principales concesiones dentro de los límites de los cuatro puntos.

Anteayer el _Times_ volvió a mistificar a su público con el anuncio «auténtico» de que antes del 19 de marzo habían tenido lugar sin duda el gran cañoneo y el asalto final a Sebastopol. ¿A qué se debe este súbito giro de la desesperante desesperanza a la credulidad sanguínea? El _Times_ comenzó su campaña crimeana contra la coalición caída y su «Ceterum censeo» de que era necesario un comité de investigación, en el mismo momento en que Gladstone amenazaba su monopolio con la propuesta de abolir el impuesto del timbre y limitar el peso de los periódicos que habían de ser enviados por correo por un penique a 4 onzas —menos de lo que pesa un ejemplar del _Times_. Tan pronto como Gladstone fue derribado, su sucesor, sir G. C. Lewis, retiró el proyecto de ley, y el _Times_, con la esperanza de que él dejase todo como estaba, transformó de repente su negra visión de Crimea en un panorama en movimiento, radiante de esperanza en éxitos, y en el cual incluso vuelve a actuar el ejército, al que hace tres meses dedicó una oración fúnebre. Hoy su opinión vuelve a estar ensombrecida, porque ayer sir G. C. Lewis, contra toda expectativa, ha presentado también un proyecto de ley para la abolición del impuesto del timbre sobre los periódicos. ¡Odio del redactor retrospectivo de revistas contra las noticias frescas! exclama el _Times_. Lewis, como es sabido, fue editor de la _Edinburgh Review_.

Volveremos sobre el proyecto de ley en cuanto se presente en detalle a la Cámara de los Comunes, pero observemos por ahora que es una concesión a la
Escuela de Manchester
, a la que corresponde el mérito de haber agitado incansablemente por la implantación de la libre concurrencia en el terreno de la prensa. La concesión del ministerio Palmerston a la
Escuela de Manchester
es una _captatio benevolentiae_ para el caso de disolución de la Cámara de los Comunes y de nuevas elecciones parlamentarias.