Neue Oder-Zeitung.
Nr. 475, 11 de octubre de 1855.
Mittagblatt

X. Londres, 6 de octubre. (El comité de Newcastle upon Tyne,) que se
constituyó con el objeto de indagar la «acción de la diplomacia», acaba de
publicar un informe sumamente notable. Damos lo más importante de él
en extractos, y solo observamos por ahora que el señor Porter, que es una
figura principal en los documentos siguientes, fue vicepresidente de la
británica Board of Trade y ocupa un puesto en la literatura inglesa como
autor de la obra: «The progress of the Nation».

Núm. 1. Informe del comité de Newcastle upon Tyne. El comité encuentra:

1) que el señor Porter, durante su empleo en la Board of Trade, en la
época en que Lord Melbourne era primer ministro y Lord Palmerston
ministro de Asuntos Exteriores, como resultado de su propia observación
y como conclusión de hechos que le eran conocidos, se formó y expresó la
convicción de que Lord Palmerston sacrificaba sistemáticamente los intereses
de Inglaterra a los de Rusia en materias relativas a tratados comerciales;
2) que el señor Porter no guardó secreta esta convicción ante su jefe, el
presidente de la Board of Trade, colega de Lord Palmerston; que, por el
contrario, en 1840, cuando se le ofreció una misión a París para concluir
un tratado comercial con Francia, la rechazó, a menos que se estipulara
expresamente que no tendría que hacer informes al Ministerio de Asuntos
Exteriores. El fundamento de esta exigencia era su convicción de que sus
intentos de concluir tal tratado serían traicioneramente frustrados por el
jefe de aquel departamento; 3) que esta condición fue aceptada y Porter
emprendió, por tanto, su misión a París; 4) que durante su empleo bajo
Gladstone, en tiempo de la Administración de Sir R. Peel, Porter
continuó aferrado a sus convicciones anteriores y, además, acusó a Lord
Palmerston de haber recibido dinero ruso. Constató que el agente en esta
transacción era un judío, llamado Jakob Hart, que anteriormente regentó
una casa de juego en St. James's Street y más tarde fue nombrado por
Lord Palmerston cónsul británico en Leipzig. Él se había asegurado de
estos hechos a raíz de investigaciones practicadas por el gobierno para
deshacerse de Hart; 5) que, independientemente del testimonio del señor
Porter, el hecho es incontestable, y cualquiera que se tome la molestia de
comprobarlo puede cerciorarse de que Jakob Hart regentó una casa de
juego y fue nombrado por Lord Palmerston cónsul británico en Leipzig,
donde era generalmente temido como un carácter sumamente equívoco. El
comité reproduce a continuación los testimonios de los testigos que ha
recibido.
Newcastle, 20 de septiembre de 1855. G. Crawshay, etc.

De estos testimonios transcribimos los siguientes extractos:

Núm. 2. La transacción con la casa de juego fue conocida por el señor
Porter más tarde, bajo la Administración de Sir R. Peel. Las
circunstancias, según me las refirió Porter, son las siguientes: Un
cierto judío, cónsul británico en Leipzig, fue declarado tanto por
comerciantes nativos como por comerciantes británicos como un
representante de Inglaterra sumamente vergonzoso, sobre todo porque
había resultado que anteriormente había regentado una casa de juego en
St. James's Street. Se hizo un intento de apartarlo y se sometió el asunto
al gobierno de Sir R. Peel. Pero su gobierno experimentó una oposición
tan decidida y violenta de parte de Palmerston, que había otorgado
originariamente el puesto, que cedió. El secreto de la adhesión de
Palmerston a un carácter tan despreciable se hizo entonces objeto de
indagación, y resultó que Lord Palmerston, en una época en que se
encontraba en grandes apuros de dinero, creo que fue en 1825, recibió de
la princesa Lieven el consejo de acudir a la casa de juego que regentaba
este judío, donde un extranjero le perdió en dos noches consecutivas
20.000 libras esterlinas. El señor Porter habló de esto abiertamente a
muchas personas, entre otros al señor Bright.
7 de abril de 1855. D. Ross, de Bladensburg.

Núm. 3. El nombramiento de Hart tuvo lugar cuando Palmerston estaba a
punto de abandonar el gabinete, en 1841. Hart se paseaba ante diversas
personas en Leipzig con una carta de Palmerston, que expresaba el pesar
de no poder disponer en ese momento en su favor de un puesto más
ventajoso.
Worthing, 28 de abril de 1855. D. Urquhart.

Núm. 4. Sería tan inútil como imposible para mí recapitular todas las
conversaciones privadas con Porter. Me limito a un incidente. Se había
concluido un importante tratado con un Estado europeo (con Nápoles)
mediante el cual, de ser ratificado, se habrían obtenido para este país por
vía amistosa importantes ventajas comerciales. Personas del mundo
oficial que conocían la acción rusa en el gabinete y se le resistían temían
que el tratado fuese estrangulado si se dejaba cualquier pretexto para
discusiones, formalidades, preliminares. Para escapar a este peligro, se
llevó el tratado a su completa maduración y no se presentó al ministerio
hasta después de haber recibido el consentimiento y la firma de Nápoles.
Fue recibido en Inglaterra con silencio. Ningún órgano gubernamental
obtuvo permiso para congratularse por este acontecimiento. El Ministerio
de Asuntos Exteriores lo ignoró por completo. Los que habían llevado a
cabo el tratado instaron entonces a un miembro del Parlamento a
interpelar si un tratado semejante no había obtenido el consentimiento de
Nápoles. Palmerston respondió que se trataba de un completo
malentendido, que no existía ningún tratado semejante, sólo unas pocas
notas preliminares para un tratado. Recuerdo que Porter, refiriéndose a
esta respuesta del ministro, abrió ante mis ojos un repositorio de
documentos públicos, sacó uno de ellos, me lo entregó y exclamó: «Aquí
está el tratado». Probablemente se encuentra todavía en el mismo lugar.
Este tratado con Nápoles fue negociado por M.C. Gregor, actual miembro
del Parlamento por Glasgow. Aún más asombrosa fue la declaración de
Porter sobre el sacrificio de un tratado comercial que él mismo había
negociado con Francia y cuya realización frustró Palmerston.
4 de mayo de 1855. R. Monteith.

Núm. 5. Recuerdo haber oído del nombramiento de un judío o exjudío,
Mitchely (o un nombre parecido), que era copropietario y asimismo
co-redactor del Morning Post. Palmerston le procuró el consulado en
San Petersburgo, un puesto que conservó hasta el estallido de la guerra y
que producía de 4 a 5.000 libras anuales. Precisamente después de las
elecciones generales, en 1847, el Morning Post, entonces rigurosamente
derbyista y conservador, publicó un artículo sobre el ministerio en el que,
con referencia a Palmerston, se decía que Urquhart tenía que presentar
acusaciones contra él que hacían erizarse el pelo. Mitchely obtuvo el
nombramiento poco después. La dirección del periódico pasó entonces,
ciertamente, a otras manos, pero desde aquel momento, incluso mientras
continuaba confesándose derbyista y partidario de las leyes de cereales,
exceptuaba a Palmerston de sus ataques generales al ministerio, y más
bien lo ensalzaba y apoyaba constantemente. En los últimos 12 meses
desertó abiertamente del campo conservador y se volvió no solo
palmerstoniano, sino también ministerial.
Charles Attwood.