Neue Oder-Zeitung.
Núm. 463, 4 de octubre de 1855.
Hoja del mediodía

X. Londres, 29 de septiembre. (Para el asalto de Sebastopol.) El 8 de septiembre estaban empeñadas 5 francesas y destacamentos de 2 divisiones inglesas. De unos 45 000 hombres, los aliados perdieron, según su propia confesión, 10 000, es decir, casi uno de cada cuatro. Las bajas rusas son incalculables. Según el informe del general Niel, los franceses habían aproximado sus trincheras a las obras rusas en todos los puntos. Frente al pequeño Redan (bastión nº 1) y al Malakoff (bastión nº 2), la punta de la zapa se hallaba solo a 25 yardas del foso ruso. En el bastión Flagstaff (bastión nº 4) la distancia era de 30, y en el bastión Central (nº 5), de 40 yardas. En todos estos puntos, por consiguiente, las columnas de asalto se hallaban apretadas junto a los objetivos del ataque. Los ingleses, a pesar de las reconvenciones de los ingenieros franceses, habían abandonado la zapa a 240 yardas del gran Redan (bastión nº 3). Ya se ha puesto de relieve la insensatez de este proceder. El general francés distribuyó sus fuerzas como sigue: contra la clave de toda la posición, el Malakoff, la división de Mac Mahon; a la derecha del Malakoff, contra la cortina que lo une con el bastión nº 1, la división de La Motterouge; en el extremo derecho, contra el bastión nº 1 mismo, la división de Dulac. Mac Mahon tenía como reserva una división de la Guardia a las órdenes del general Mellinet. Hasta aquí el ataque francés al lado de Karabelnaja.

En el lado de la ciudad, el bastión Flagstaff, que constituye una especie de ciudadela avanzada sobre un terreno muy fuerte y posee obras interiores de considerable potencia, no debía ser atacado directamente de frente. En cambio, el bastión Central debía ser asaltado por la división de Levaillant, a la cual, en caso de éxito, seguiría la división de d’Autemarre para envolver la gola del bastión Flagstaff. Al mismo tiempo, este bastión sería asaltado de frente por la brigada piamontesa de Cialdini, concentrada en las trincheras. La posición entre el Malakoff y el bastión Flagstaff estaba ocupada por los ingleses. Debían atacar el Redan. El Malakoff debía ser asaltado en primer lugar y, una vez tomado, las demás columnas avanzarían hacia sus respectivos objetos de ataque.

El Malakoff era un gran reducto, cerrado por todos sus lados, en la cima de la colina dominante de la cual toma el nombre, pero con aberturas en la parte trasera para el ingreso de refuerzos. Estaba unido por una cortina, a su derecha e izquierda, con el gran Redan y el pequeño Redan. También estos eran reductos cerrados que contenían obras menores destinadas a reductos, mientras que sus caras posteriores, cuyas troneras miraban al interior de los reductos, formaban cortaduras (coupures) regulares. Las golas de estas cortaduras estaban a su vez unidas al Malakoff por una segunda cortina interior, que constituía una segunda línea de defensa. El interior del gran Redan y del pequeño Redan estaba bastante libre de obstáculos y, por ello, completamente dominado por el fuego de las cortaduras y de los reductos. Otra cosa sucedía con el Malakoff, sobre el cual se había concentrado el fuego enemigo desde la toma del Mamelón. A lo largo de sus murallas estaba atiborrado de traveses huecos que ofrecían abrigo a prueba de bomba a los artilleros y a las tropas de servicio, mientras que su interior se hallaba repleto de blocaus, cubiertos a prueba de bomba, que servían de cuarteles y que eran del todo inadecuados para la defensa contra columnas de asalto. Cuando llegaron las primeras noticias de la toma del Malakoff, expresamos la opinión de que los rusos habían cometido indudablemente el mismo error que en la construcción del reducto de Kamtschatka en el Mamelón —a saber, que, para ponerse a salvo del fuego enemigo, habían tornado el interior inútil para la defensa contra el asalto, al desmenuzarlo en una serie de pequeñas cámaras. Esta apreciación ha quedado plenamente confirmada por el informe del general Niel. El laberinto del Malakoff, al igual que el del Mamelón, resultó indefendible. En 10 minutos fue tomado, para no ser reconquistado jamás. Las disposiciones francesas para el asalto del Malakoff son admirables. Todo se había previsto y todo estaba dispuesto. Se empleó un nuevo tipo de puentes, no descritos, para cruzar el foso. En menos de un minuto estuvieron colocados. Apenas había comenzado el asalto cuando los zapadores construían una zapa volante desde las trincheras al foso, abrieron amplios pasadizos a través de los parapetos rusos, rellenaron el foso del lado opuesto y formaron un camino transitable hacia el interior del reducto del Malakoff, por el cual podían moverse refuerzos, reservas e incluso piezas de artillería de campaña. Tan pronto como se tomó todo el reducto, las pasadizos en la gola se cerraron rápidamente, se practicaron troneras, se subieron cañones de campaña, y en un par de horas, antes de que los rusos pudieran pensar en un intento serio de reconquistar la obra, esta estaba completamente vuelta contra ellos, y llegaron demasiado tarde. Los artilleros estaban listos para clavar los cañones en caso de necesidad, y los destacamentos de infantería llevaban en sus cinturones herramientas de mango corto. Este ataque tuvo lugar bajo la dirección inmediata de Pélissier y Niel. Los demás ataques no tuvieron éxito en su conjunto, y especialmente errado fue el del bastión Central. Este asalto, al mando del general de Salles, se emprendió evidentemente con fuerzas por completo insuficientes, pues tan pronto como los franceses llegaron al parapeto ruso, se vieron obligados a buscar protección detrás de él. El asalto degeneró en un fuego de escaramuza y, en consecuencia, fue rechazado necesariamente. El ataque al pequeño Redan fue sumamente sangriento, y sus posiciones fueron defendidas con destacada bravura por los rusos, quienes por sí solos rechazaron allí a 5 brigadas francesas. Ya en ocasiones anteriores hemos señalado la insensatez del sistema imperante en el ejército británico de formar columnas de asalto tan débiles que deben considerarse como puestos perdidos en cuanto tropiezan con una resistencia medianamente seria. Esta rutina se basa en que las fortalezas con las cuales los ingleses tuvieron que habérselas principalmente, en particular también Wellington en España, estaban construidas según el viejo sistema italo-español y rara vez podían albergar más de 500 hombres. Como todo se vuelve tradicional entre los ingleses, así también su modo de asaltar —aunque los presupuestos del mismo hayan desaparecido hace mucho. Así, Lord Raglan imitó —ya se sabe con qué resultado— el 18 de junio la vieja usanza de Wellington. En lugar de dejarse instruir por su desgracia, Simpson consideró un deber no solo imitar a Raglan, sino incluso superarlo. Simpson tenía el 8 de septiembre 25 000 hombres sobre el terreno. De ellos, confió el asalto efectivo a un número de 1 800.

Los ataques al Redan, al bastión Central y al pequeño Redan no eran, hasta cierto punto, más que demostraciones. Pero el asalto al gran Redan, asignado a los ingleses, revestía una importancia particular. Era la posición que hacía inmediatamente decisiva la conquista del Malakoff, porque, mientras el Malakoff dominaba con su altura el Redan, el Redan dominaba a su vez los accesos al Malakoff y, una vez tomado, habría tomado por el flanco a todas las columnas rusas que marcharan hacia aquella colina. La caída del Malakoff determinó a los rusos a abandonar toda la parte sur; la caída del Redan los habría obligado a evacuar al menos Karabelnaja a toda prisa, antes de que hubieran podido organizar el bien dispuesto sistema de destrucción por fuego y explosión bajo cuya protección efectuaron ahora una retirada segura. El ejército inglés, por las torpezas de su general, impidió así la culminación de la victoria.

La corona del día corresponde a los generales Bosquet y Mac Mahon. Bosquet comandó todo el asalto francés sobre la derecha, y Mac Mahon estuvo al mando de la división que tomó el Malakoff.

Los rusos combatieron con su acostumbrada bravura pasiva. El Malakoff fue evidentemente sorprendido. La guarnición se hallaba comiendo, y solo la artillería estaba junto a sus cañones, dispuesta para el ataque.