Neue Oder-Zeitung.
Nr. 301, 2. Juli 1855.
Mittagblatt

X. Londres, 29 de junio. (Sobre los acontecimientos en Crimea.) Hace apenas unos días que estamos en posesión de los informes detallados y oficiales sobre los acontecimientos del 6, 7 y 8 de junio. Los días 6 y 7 de junio estuvieron consagrados a un cañoneo en toda la línea de las baterías aliadas. Pero mientras en el ataque izquierdo (desde el bastión Flagstaff hasta el bastión de la Cuarentena) este cañoneo fue mera demostración, en el ataque derecho (desde el Redan hasta el monte Sapoun) fue en serio. Aquí las obras rusas fueron sometidas a un fuego particularmente violento. Cuando su fuego pareció suficientemente acallado y sus defensores suficientemente debilitados, en la tarde del 7 se ordenó el asalto. Los franceses tenían que tomar dos posiciones, formando dos mesetas, separadas entre sí por un camino hondo; los ingleses, una meseta, con un camino hondo a cada lado. La manera como los dos ejércitos se prepararon para el asalto fue característica de sus aptitudes y tradiciones peculiares. Los franceses pusieron en la empresa 4 divisiones, 2 para cada ataque particular. Así, dos divisiones fueron concentradas contra el Mamelón Verde (reducto de Kamchatka), y otras dos contra el monte Sapoun, y en cada ataque con dos brigadas, en columnas separadas, en el frente para el ataque, y dos brigadas en reserva. Así pues, 18 batallones tenían que cargar y 18 apoyar, en total 36 batallones con 30 000 hombres. Esta disposición concuerda plenamente con los reglamentos y tradiciones del ejército francés, que en las grandes cargas ataca siempre en columnas, a veces en columnas demasiado torpes. Los ingleses, de haberse formado del mismo modo, habrían necesitado dos divisiones para la parte de la labor que les correspondía, con dos brigadas para el ataque y dos para la reserva. Pero fieles a su propio sistema, destacaron para la carga alrededor de 1000 hombres, o sea unos 2 batallones, apenas la mitad de una brigada francesa. Tenían sin duda fuertes reservas, pero a pesar de ello emplearon sólo un hombre allí donde los franceses habrían gastado tres. Esto es consecuencia, en parte, del sistema británico de atacar en líneas en vez de en columnas, y en parte, de la gran tenacidad del soldado británico en posiciones defensivas. Los 1000 soldados británicos no fueron siquiera lanzados todos a la vez; primero cargaron 200 y tomaron las obras rusas; el resto siguió de la misma manera, y estos soldados británicos, una vez establecidos en la posición rusa, la mantuvieron contra ataques sucesivos y bajo el continuo fuego frontal y de enfilada de las obras rusas. Al amanecer, más de la mitad de su número había muerto o estaba herido; pero el lugar les pertenecía, y algunos habían perseguido aquí y allá a los rusos hasta el interior del Redan. Esta fue una hazaña de armas a la que 1000 franceses no habrían estado a la altura. Pero la resistencia pasiva del soldado británico bajo el fuego apenas conoce límites, y cuando, como en aquella noche, la refriega cuerpo a cuerpo adopta la forma de su combate predilecto, la pelea callejera, entonces está en su propio elemento y se lanza a golpes contra 6 con fanatismo.

En lo que respecta al ataque francés, el general Pélissier nos ofrece largas enumeraciones de las brigadas y regimientos empeñados en él y un cumplido para todos; pero su exposición acerca de las posiciones y líneas respectivas del ataque de cada columna es del todo confusa, mientras que su informe sobre el curso de la acción es casi incomprensible, y su indicación de las pérdidas brilla por su ausencia. Comparando este boletín oficial con otros informes, podemos deducir que los franceses tomaron el Mamelón en la primera arremetida, siguieron a los rusos en retirada hasta el bastión Malakoff, penetraron en él, fueron rechazados por los rusos, volvieron a perder el Mamelón, se formaron tras él en un semicírculo y, tras un nuevo ataque, finalmente se apoderaron de él. Al otro lado del camino hondo de la bahía de Kielholbucht, el reducto de Wolynsk fue tomado con pocas pérdidas; la lucha por el reducto de Selinginsk, situado detrás de él, fue más seria, pero no comparable con la librada por el Mamelón. A consecuencia del exagerado número de tropas que Pélissier lanzó sobre los puntos atacados, y de las torpes columnas que los franceses se vieron así obligados a formar, sus pérdidas debieron de ser muy considerables, como lo confirma el silencio oficial sobre el número de caídos y heridos.

Los rusos se hallan en circunstancias peculiares. No podían guarnecer estas obras exteriores con numerosa tropa, ya que ello los habría expuesto a una segura aniquilación por el fuego enemigo, incluso antes de comenzar el asalto. Así pues, solo podían mantener un mínimo de defensores en estos reductos y debían confiar en el fuego dominante de su artillería desde el Malakoff y el Redan, así como en la acción de las reservas. Tenían 2 batallones, alrededor de 800 hombres*, en el Mamelón. El reducto del Mamelón era además tan complicado en su construcción —cortado por una especie de casamatas improvisadas— que, aunque bien cubierto contra la artillería, su guarnición se hallaba casi indefensa ante un asalto, ya que cada compartimento apenas bastaba para albergar un cañón y un hombre para servirlo. Por consiguiente, una vez desmontada la pieza, la infantería, destinada a la defensa de la obra contra un asalto, no tenía espacio para una posición desde la cual actuar sobre las columnas de asalto mediante un fuego masivo simultáneo. Fraccionada en pequeños destacamentos, sucumbió ante el ímpetu de los atacantes, demostrando una vez más que, allí donde no puede combatir en grandes masas, no iguala ni a los franceses en inteligencia, fuego y pronta visión, ni a los ingleses en su desesperado valor de bulldog.

Al encuentro del día 7 siguieron diez días de calma, durante los cuales se adelantaron y enlazaron trincheras, se trazaron baterías y se trajeron cañones y municiones. Al mismo tiempo se emprendieron reconocimientos hacia el interior del país. El primero, en el valle de Baidar, a 12 millas de Balaclava, camino de la costa meridional. El segundo, hacia Aitodor, a 6 millas más allá de Tschorguna, sobre el río Tschernaja, se realizó en la dirección correcta. Aitodor se halla en la elevada franja de terreno que conduce al valle del alto Belbek, único lugar por donde, como hace tiempo hemos constatado, puede ser flanqueada la posición rusa de Inkerman. Pero enviar una columna de reconocimiento hasta allí y no seguir este paso inmediatamente con la ocupación de la franja de terreno y el comienzo de las operaciones, ¿qué significa sino advertir al enemigo de qué lado está amenazado? La intención de una marcha de flanco para envolver al enemigo quedaba demasiado claramente indicada por esta maniobra como para que los rusos la malinterpretaran. En lugar de dar mayor alcance a esta débil demostración en campaña, Pélissier emprendió, por orden de aquel hombre que ha declarado ante la Cámara de los Pares “ser su especial vocación vengar Waterloo”, el desdichado ataque del 18 de junio. Tan sólo es responsable de la manera como ejecuta el encargo. Faltan aún todos los informes pormenorizados para juzgar la parte táctica de este asunto. En cuanto a lo estratégico, ahora hasta un niño comprende que el camino más corto a Sebastopol pasa por Inkerman y por el ejército defensivo ruso allí apostado.

La necesidad de reforzar el ejército de Crimea es sentida desde hace tiempo por Rusia. La completación de los batallones de reserva del ejército regular y el reclutamiento y organización de la milicia (opolchenie) en 200 batallones, así como, en particular, la reducción del ejército de observación austríaco, ofrecen ahora la ocasión para ello. Se ha formado en Odessa un ejército de reserva, del cual se dice que alrededor de 25 000 hombres están estacionados en Nikolayev, a 12-15 jornadas de marcha de Sebastopol. Se dice que dos divisiones de granaderos se hallan en marcha desde Volhynia. Por consiguiente, hacia mediados de julio, y quizás antes, los rusos pueden haber recobrado su superioridad numérica, a menos que las tropas que ahora tienen frente al enemigo sufran derrotas decisivas en el tiempo intermedio. Cierto es que oímos que 50 000 franceses marchan hacia Toulon y Marsella para ser embarcados, pero éstos llegarán seguramente demasiado tarde y poco más podrán hacer que llenar los claros que el combate y la enfermedad (que ahora reaparece) abren en las filas.