*Neue Oder-Zeitung.*
N.° 217, 11 de mayo de 1855.
Diario del mediodía

X. Londres, 8 de mayo. (El sitio de Sebastopol.) La apertura de la comunicación telegráfica de Balaklava a Londres y París, por lo que al público atañe, ha servido hasta ahora tan sólo para sembrar mayor confusión en el material que se le comunica. El gobierno inglés no publica nada, o a lo sumo algunas vagas seguridades sobre éxitos alcanzados; el gobierno francés publica despachos bajo el nombre de Canrobert, pero tan recortados y falseados que resulta casi imposible extraer de ellos nada en limpio. Por ejemplo: el bastión contra el cual se dirige el ataque principal francés se ha llamado hasta ahora invariablemente el bastión del Asta de Bandera o bastión du Mât. Ahora nos enteramos de que se han obtenido grandes ventajas contra el bastión Central, luego contra el bastión N.° 4. Después de largas comparaciones con informes anteriores, en especial los rusos, resulta que se sigue hablando de nuestro viejo conocido, el bastión du Mât, aunque bajo diversos títulos y nomenclaturas nuevos. Esta clase de mixtificación es plenamente tendenciosa y, en cierto modo, también «providencial».

Pero si el telégrafo no redunda en provecho del público, sin duda ha infundido alguna vida al campamento aliado. No cabe poner en duda que los primeros despachos que recibió Canrobert impartían órdenes terminantes de actuar con mayor decisión y de obtener a toda costa algunas ventajas. Un informe no oficial afirma que todas las obras avanzadas, Selenguinsk, Volynsk y Kamchatka, lo mismo que las trincheras frente a toda la línea, han sido evacuadas por los rusos. Se dice que los rusos han sido rechazados a su línea de defensa original, aunque entonces sigue siendo muy chocante que aún falten informes sobre la toma del monte Sapun y del Mamelon por los aliados. Mas aun suponiendo que los reductos de esas colinas ya no se hallasen en manos de los rusos, nadie puede negar que éstos han sacado de ellos grandes ventajas. Ocuparon el Sapun desde el 20 de febrero y el Mamelon desde el 12 de marzo hasta fines de abril, período durante el cual las trincheras de aproximación de los aliados fueron enfiladas desde allí o expuestas a fuego incesante de frente, mientras la llave de toda la posición —Malakoff— quedó plenamente protegida por ellos durante el cañoneo de quince días.

Con los últimos éxitos de los aliados, la distancia entre los ejércitos enemigos aquí y allá se ha reducido al alcance de granadas de mano, es decir, a 20-30 yardas del camino cubierto ruso o a 40-60 yardas de la muralla principal. Tal parece ser el caso, en particular, frente al bastión del Asta de Bandera y al Redán. Sin embargo, mientras las baterías aliadas se hallen a unas 400-500 yardas detrás de las trincheras de aproximación avanzadas, no se entiende cómo esperan los anglo-franceses mantener posiciones tan expuestas frente a salidas súbitas y emprendidas con fuerza suficiente; y tras el reconocido fracaso del «gran» bombardeo, costará tiempo hasta que puedan entrar en juego baterías nuevas y más adelantadas. Incluso este avance repentino de los aliados no constituye más que un eslabón en la cadena de ocurrencias sin plan que distinguen este sitio, donde se entreveran confusamente el bloqueo regular, el ataque violento y los sueños de golpes de mano. Al primer bombardeo, del 17 de octubre al 5 de noviembre, lo había precedido ya la decisión de los aliados de no tomar en consideración el lado norte de la ciudad y de emprender un ataque por separado sobre el lado sur, es decir, de correr el peligro de aventurarse en una plaza que seguía dominada por una fortificación inexpugnable para ellos. Luego, ya el primer bombardeo se distinguió por la dispersión del fuego a lo largo de una línea enorme, en vez de concentrarlo en uno o dos puntos. Los cinco meses transcurridos entre el primer y el segundo bombardeo no se aprovecharon para encontrar puntos principales de ataque, sino tan sólo para desarrollar en detalle y del modo más soñoliento posible el error inicial: el ataque uniforme desde todos los puntos de un enorme semicírculo. Todo se esperaba de la reanudación del fuego. Ésa era la excusa general para toda vacilación e inacción. ¡Esperad tan sólo a que se abra el fuego de las baterías! Aunque, en realidad, es difícil decir qué se esperaba de ese gran acontecimiento... ¡de baterías a 600-1.000 yardas de su objetivo de ataque! Finalmente, se abrió el fuego. Aproximadamente 150 disparos por cañón los dos o tres primeros días, luego 120 disparos, luego 80, luego 50, por último 30, tras lo cual se suspendió el cañoneo. El efecto apenas resultó visible, salvo en los cañones inutilizados y los almacenes vaciados de los aliados. Un cañoneo de 5 a 6 días con toda intensidad habría causado más daño a los rusos y abierto a los aliados más posibilidades de éxito que quince días de un fuego que comenzó con gran fuerza para volver a decaer de inmediato. Esta prolongación del cañoneo mediante el debilitamiento de su fuerza intensiva constituye una desviación tan grande e inexplicable de todas las reglas de la guerra, que sólo puede explicarse por razones políticas. La necesidad de mantener la apariencia de un cañoneo durante las Conferencias de Viena tiene que estar detrás de ello. El cañoneo termina, las Conferencias de Viena quedan suspendidas, el telégrafo está terminado. Cambio de escena. Llegan órdenes de París de actuar rápida y decisivamente. Se abandona el viejo sistema de ataque; asaltos en pequeño, alojamientos mediante explosiones de minas, lucha con fusiles y bayonetas suceden al rugido sin resultado de la artillería. Se ganan puntos avanzados e incluso se mantienen frente a las salidas de los sitiados. Pero si no se levantan baterías a corta distancia de las líneas rusas y no se las hace demasiado candentes para los sitiados, con todo eso no se ha ganado nada. Estos puntos avanzados no pueden mantenerse sin grandes pérdidas, renovadas a diario, y sin combates que retornan regularmente y cuyo desenlace es dudoso y vacilante. Y aun suponiendo que esas baterías de la segunda y tercera paralela hayan de construirse, que para abrir su fuego fuese necesario desalojar primero a los rusos de sus trincheras, ¿cuánto tiempo pasará hasta que estas nuevas baterías hayan recibido bastantes cañones como para reducir con éxito el fuego de los rusos, fuego que durante los dos bombardeos mantuvo en jaque al de los aliados? Cuanto más se acercan las baterías a las obras enemigas, más destructivo es el fuego cruzado que puede concentrarse sobre ellas y más restringido se vuelve el espacio para el emplazamiento de cañones; en otras palabras, tanto más se iguala el fuego del ataque al fuego de la defensa, a no ser que este último haya sido reducido previamente al silencio por las baterías más distantes, de lo cual aquí no se trata.