Neue Oder-Zeitung.
Nr. 143, 26. März 1855.
Mittagblatt

X. Londres, 23 de marzo. (Sobre los últimos acontecimientos en Crimea.)

Mientras en Viena se llevan a cabo las negociaciones de paz, en Francia avanzan los preparativos para la guerra. A las 10 divisiones que se encuentran ahora en Crimea se enviarán otras 4, de las cuales 2 deberán formar al comienzo de la campaña un ejército de reserva en Constantinopla; una de estas divisiones estará compuesta por la guardia imperial, la otra por las compañías de élite unificadas (granaderos y voltígeros del ejército de París). Las otras dos divisiones (11.ª y 12.ª) están siendo embarcadas o se concentran en este momento en Tolón y Argel. Estos refuerzos frescos elevarán la fuerza de las tropas francesas en Crimea a 100-110.000 hombres, mientras que hacia finales de abril llegarán los 15.000 piamonteses y numerosos refuerzos británicos. Prescindiendo de todas las dificultades de carácter puramente local, sigue siendo la principal objeción contra esta forma de hacer la guerra en Crimea el que arroje una cuarta parte de la fuerza disponible de Francia a un teatro de guerra secundario, donde incluso el mayor de los éxitos no decide nada. El valor ficticio que se ha atribuido a los éxitos y las derrotas en Crimea recae con redoblada fuerza sobre el autor del esquema. Sebastopol dista mucho de ser para Alejandro II lo que Rusia fue para Bonaparte, pero para Bonaparte se ha convertido en Francia.

En lo que atañe a las dificultades locales, es evidente que el Quersoneso, en este momento sepultura de miles de hombres y animales, se transformará al primer rayo de sol en un invernadero de enfermedades pestilentes. Suponiendo que los aliados eleven su ejército a 150.000 hombres, la cuestión de los víveres en Crimea, ya despojada de pasto por los rusos y pobre en granos, será tanto más difícil de resolver cuanto que los rusos no dejarán de hacer que el ganado emprenda la retirada a tiempo, antes de que ellos mismos la emprendan.

En cuanto a los obstáculos que los ingenieros rusos (en parte franceses) ponen al asedio de Sebastopol, el asunto de Malakoff proporciona una instructiva contribución al respecto. Desde hace aproximadamente un mes el asedio había llegado, como es sabido, a un punto muerto, pero la llegada de 3 brigadas francesas (una de la 8.ª y dos de la 9.ª división) permitió relevar a una parte de la infantería inglesa y ocupar con mayor densidad las trincheras. Al mismo tiempo, la llegada de los generales Niel y Jones —el primero del cuerpo de ingenieros francés, el segundo del inglés— dio nuevo impulso a las operaciones de asedio, y trataron de reparar los errores a que habían dado lugar la obstinación del general francés Bizot y la debilidad numérica de la infantería británica. Se realizaron nuevos aproches, sobre todo en el lado inglés, donde se abrió una paralela a unas 300 yardas de las obras rusas en la colina de Malakoff. Algunas de las baterías recién erigidas avanzaban tanto por el lado de Inkerman, que habrían tomado por la espalda a una parte de las baterías rusas o las habrían enfilado, tan pronto como hubieran podido abrir fuego. Las líneas rusas, como muestra todo mapa, se extienden en un arco semicircular desde la bahía de la Cuarentena hasta el puerto de guerra interior y de allí a la bahía de la Quilla. En el lado occidental de esta última se extiende una serie de alturas ocupadas por los rusos; la más considerable de estas alturas es la colina de Malakoff, que por su posición dominante constituye la llave de toda el ala derecha rusa. En el lado oriental de la mencionada bahía se encuentra otra altura, la cual, completamente bajo el fuego de las baterías rusas y de sus buques de guerra, permaneció fuera del alcance de los aliados mientras estos no pudieran cortar por completo la comunicación entre Sebastopol e Inkerman, comunicación protegida a su vez por el fuego de los fuertes y baterías de la parte norte del puerto. Pero desde que los aliados, al este y sudeste de Malakoff, habían encontrado posiciones para baterías que amenazaban las líneas rusas por la retaguardia y los flancos, aquella colina neutral adquirió gran importancia. Por eso los rusos enviaron en la noche del 21 de febrero una partida de trabajadores para erigir en ella un reducto. A la mañana siguiente, el largo foso y un comienzo de parapeto eran visibles para los aliados. Éstos parecen no haber comprendido el significado de los trabajos rusos. Al menos no impidieron su continuación. Al día siguiente, sin embargo, el reducto estaba acabado en sus contornos, aunque muy imperfecto en cuanto a la profundidad del foso y la solidez del parapeto. Entonces los aliados descubrieron que aquella obra, admirablemente situada, enfilaba sus propias baterías enfiladoras (que tomaban de flanco y retaguardia) y las volvía casi inútiles. Los ingenieros declararon que la obra debía ser tomada a cualquier precio. Canrobert organizó, pues, bajo el mayor secreto una columna de asalto compuesta por unos 1.000 zuavos y 3.000 soldados de marina. Como las órdenes no pudieron darse hasta una hora tardía y resultaron inesperadas, transcurrió algún tiempo hasta que las tropas se reunieron en su punto de cita, y eran las 2 de la madrugada (24 de febrero) cuando pudieron ponerse en marcha para el asalto, con los zuavos a la cabeza. Una breve caminata los llevó a 20 yardas del foso. Como de costumbre en esta clase de ataques, no debía dispararse un solo tiro; los soldados tenían que quitar las cápsulas de percusión de sus fusiles para impedir un fuego inútil y pérdida de tiempo. De repente se oyeron algunas voces de mando rusas; un fuerte cuerpo de rusos, en el interior del reducto, se levantó del suelo, apoyó sus fusiles en la cresta del parapeto y lanzó una descarga contra la columna de ataque. Los zuavos, apenas detenidos por los escarpados costados del foso y del terraplén inacabados, se arrojaron en un instante dentro del reducto y cargaron a la bayoneta sobre sus adversarios. Se produjo un terrible combate cuerpo a cuerpo; al cabo de un rato, los zuavos se apoderaron de la mitad del reducto, y luego los rusos se lo dejaron por completo. Mientras tanto, los soldados de marina, que seguían a los zuavos a poca distancia, o bien habían perdido el rumbo o se detuvieron por alguna otra razón al borde de la colina. Allí fueron atacados por ambos flancos por una columna rusa que, tras una resistencia desesperada, los hizo bajar la colina a empujones. Entretanto clareó el día; los rusos se retiraron apresuradamente de la colina, dejando el reducto en manos de los zuavos, sobre los que abrió entonces fuego toda la artillería rusa que podía apuntar a este punto. Los zuavos se echaron al suelo por un instante, mientras algunos tiradores que los habían acompañado se arrastraban hacia las obras de Malakoff para apuntar a los artilleros rusos a través de las troneras. Pero el fuego era demasiado intenso y pronto los zuavos tuvieron que retirarse por el lado de Inkerman, donde estaban mayormente a cubierto de las baterías. Afirman haber llevado consigo a todos sus heridos. Las disposiciones rusas habían sido tan bien tomadas que los franceses declaran que todo su plan de ataque debió de haberles sido revelado. El ataque ruso a los soldados de marina fue completo y casi instantáneamente exitoso, mientras que su retirada del reducto inacabado expuso a los zuavos, no apoyados, a un fuego abrumador que tuvo que callar mientras duró la lucha dentro del reducto. El general Forey fue acusado en voz alta en el campamento francés de haber comunicado al enemigo las decisiones secretas del consejo de guerra. Pero los rusos conservaron su reducto y desde entonces se han ocupado celosamente de su terminación. Esta posición es de gran importancia. Asegura la comunicación con Inkerman y la llegada de suministros por ese lado. Amenaza toda la línea derecha de las obras de asedio de los aliados. Por último, con la toma de este reducto los rusos han pasado a la ofensiva.