Neue Oder-Zeitung.
Nr. 116, 10 de marzo de 1855.
Morgenblatt

X. Londres, 6 de marzo. La muerte del zar Nicolás está dando lugar a extraños
anuncios en la prensa local. El Dr. Granville es superado por
el Sr. James Lee, quien no ha realizado observación médica alguna.
«El 6 de febrero —escribe en el Morning Advertiser de hoy—, le
envié a usted una carta en la que decía que el zar de Rusia sería
un cadáver en el plazo de tres semanas, a contar desde la fecha de mi
carta.» La redacción del Morning Advertiser, en una posdata, declara
que, en efecto, recibió la carta de Lee, pero que la condenó al cesto de
los papeles por considerarla engendro de un cerebro enfermo. Lee va
aún más lejos. Se ofrece al Advertiser a profetizar la muerte inminente
de otro potentado, bajo la única condición de que su comunicación
sea publicada. Las profecías de Lee parecen ser más baratas que los
libros de la Sibila. La muerte del emperador ha movido también a
Urquhart, como montañés escocés dotado del don de la segunda vista,
a algunos oráculos píticos, de los cuales el siguiente es el más característico
y el más comprensible: «La sangre se interponía entre Nicolás y
los polacos, a los que no se podía dejar atrás para vigilarlos, y cuyos
500 000 guerreros se requerían. Y se comprendía plenamente que la
restauración del águila blanca bicéfala —símbolo de aquella unión de las
razas eslavas, proclamada en la catedral de Moscú por Alejandro, su
antepasado— no podía tener lugar en vida de éste.» Urquhart opina,
pues, que ha llegado el momento en que Rusia se disolverá en Slavonia,
como el imperio moscovita se disolvió antes en Rusia.