Nr. 93, 24 de febrero de 1855.
Mittagblatt

X. Londres, 21 de febrero. (Estado de los ejércitos.) Hemos visto que Inglaterra, en los próximos 12 meses, no puede oponer al enemigo más de 50.000 hombres de tropas propias, una fuerza combatiente que, sin embargo, pese a su debilidad numérica, con una buena dirección y una administración adecuada no es de despreciar. Recuérdese la batalla de Inkerman.

Francia, con un ejército mucho mayor y una organización de guerra incomparablemente más completa, no ha empeñado ni con mucho sus fuerzas en la misma medida. Francia posee 341 batallones de infantería, a saber: 100 regimientos de línea, 3 regimientos de zuavos, 2 regimientos de la Legión Extranjera, cada uno de 3 batallones, además 20 batallones de cazadores de fusil y 6 batallones africanos. De estos 341 batallones, 100 —uno por cada regimiento de línea— son batallones de depósito, destinados a recibir y formar a los reclutas. Únicamente los 2 primeros batallones se emplean para el servicio fuera del país, mientras los depósitos preparan los refuerzos, encargados de mantener a aquéllos al completo. Por consiguiente, hay que descontar 100 batallones del número total del ejército de operaciones. Si, como sucedió a menudo bajo Napoleón, los batallones de depósito se utilizaran como base para un tercer batallón de campaña, ello se haría mediante el envío a los mismos de un número extraordinario de reclutas. En tal caso, se requiere siempre algún tiempo para habilitarlos para el servicio de campaña. Así pues, son utilizables de momento 241 batallones. De ellos, Argelia necesita al menos 25; 4 se hallan en Roma; nueve divisiones de infantería, aproximadamente 80 batallones, han sido enviadas a Crimea, Constantinopla y Atenas: en total, por tanto, están empeñados 109 batallones, casi la mitad de la infantería francesa utilizable sobre el pie de paz, descontados los depósitos. La reorganización del ejército francés y la especial aptitud militar de los franceses permiten duplicar el número de la infantería en unos 12 meses. Habida cuenta de los ininterrumpidos armamentos desde mediados de 1853, de la creación de 12 batallones de guardias imperiales y de la fuerza que las tropas francesas contaban el pasado otoño en sus diversos campamentos, podemos suponer que su infantería en el interior es tan numerosa como antes del embarque de las 9 divisiones, e incluso mayor si se incluyen los terceros batallones de campaña, susceptibles de ser formados a partir de los batallones de depósito sin menoscabar sustancialmente su eficacia como tales. Francia, por lo tanto, puede disponer hasta el 1 de marzo de más de 350.000 hombres. Con caballería, artillería, etc., esta fuerza de infantería representaría, conforme a la organización del ejército francés, un ejército de aproximadamente 500.000 hombres. De ellos, al menos 200.000 han de contarse en el interior, como cuadros para el depósito, para el mantenimiento del orden establecido, para los talleres militares, para los hospitales. Francia podría, pues, entrar en campaña con 300.000 hombres hacia el 1 de abril, entre ellos unos 200 batallones de infantería. Pero éstos no están, ni en organización, ni en disciplina, ni en firmeza bajo el fuego, al mismo nivel que las tropas embarcadas para Crimea. Entre ellos hay muchos reclutas, muchos batallones de nueva formación para la ocasión, en los que oficiales y tropa son extraños entre sí; en todos los sentidos, por tanto, calidad inferior a la de los antiguos cuerpos con su esprit de corps. Los 80 batallones en Crimea representan una parte incomparablemente más importante del ejército francés de lo que muestra la mera relación numérica. Mientras Inglaterra tiene allí casi la totalidad, Francia mantiene en Crimea casi la mitad de sus mejores tropas.

En una ocasión anterior hemos dado un resumen de las tropas rusas activas, utilizables frente a Europa. Basta aquí con repetir que Rusia dispone, contra el Occidente, de más de 750 batallones, de los cuales 250, aún no formados del todo, permanecerán siempre débiles, y otros 200 han sufrido mucho en las dos últimas campañas. Los batallones 5.º y 6.º de la reserva han de consistir principalmente en soldados licenciados, si se ha seguido el plan de organización original; el 7.º y el 8.º, por el contrario, en reclutas poco útiles, pues el ruso, pese a su docilidad y su instinto de imitación, sólo aprende el oficio militar con extrema lentitud. Además, toda la reserva está mal dirigida. Por tanto, Rusia ha empeñado ya la mitad de su ejército activo organizado de manera regular. La otra mitad, sin embargo, como se ha mostrado antes, constituye la flor de sus fuerzas. Sólo la influencia de la diplomacia sobre la conducción occidental de la guerra explica los resultados que Rusia ha alcanzado ya: la fuerza ofensiva de Turquía aniquilada, un ejército británico de 50.000 hombres sacrificado e Inglaterra eliminada como potencia terrestre durante al menos 12 meses, Francia obligada a empeñar, en proporción, tantas tropas como la propia Rusia, y a poner ante el enemigo sus mejores regimientos africanos, mientras la élite del ejército ruso aún no ha disparado un solo tiro; y todo esto a pesar de que el ejército ruso en Europa no puede jactarse de un solo éxito, sino que, por el contrario, ha tenido que ceder en cada acción de cierta importancia y abandonar cada una de sus propias empresas.

Austria, sin embargo, hace inclinar decididamente la balanza contra Rusia. Ella es la que da el golpe decisivo. Dispone de unos 500.000 hombres listos para el servicio de campaña, además de 100.000 en los depósitos y 120.000 en la reserva. Su fuerza total puede ser elevada a 850.000 hombres mediante un reclutamiento no excesivo. Nosotros la estimamos, sin embargo, en sólo 600.000, incluidos los depósitos y sin contar la reserva que, por lo que sabemos, aún no ha sido convocada. De estos 600.000 hombres hay que descontar 100.000 en los depósitos y unos 70.000 en Italia y otras partes del interior no amenazadas por Rusia. Quedan 430.000, desplegados en distintos ejércitos desde Bohemia hasta Galitzia y el bajo Danubio. De ellos, 150.000 hombres pueden ser concentrados en muy poco tiempo en cualquier punto dado. Ya antes vimos que, desde que todo el ejército ruso del Danubio fue desplazado a Crimea, los austriacos son superiores a los rusos en todos los puntos y pueden llevar su reserva a la frontera con igual rapidez, pese a la ventaja de antelación que Rusia ha ganado. Sólo ha de señalarse que la reserva austriaca es numéricamente mucho más limitada que la rusa y que, una vez convocados los 120.000 hombres de reserva, todo nuevo incremento habrá de provenir de reclutamientos frescos, por lo que sólo muy lentamente podrá ser puesto en campaña. Por tanto, cuanto más demore Austria su declaración de guerra, mayor ventaja concede al ruso. Un ejército auxiliar francés debería compensarlo, pero de Dijon y Lyon a Cracovia hay un largo trecho. Cuanto más se prolongue la dilación diplomática, tanto más improbable será también su llegada oportuna. Aun si la llegada a tiempo de las reservas rusas privase a Austria, por un momento, de su superioridad, unas cuantas maniobras hábiles, un repliegue totalmente insignificante, obligarían a su adversario a destacamentos que restablecerían inmediatamente sus posibilidades. A partir del instante en que Austria ponga en movimiento sus ejércitos, Rusia quedará reducida a la defensiva, desde el punto de vista puramente militar. Ni siquiera una ofensiva momentánea exitosa podría cambiar en nada este resultado.

Finalmente, hay que considerar que, si Francia eleva su ejército en el interior a 500.000 hombres y Austria su ejército total a 800.000, cada uno de estos países es capaz de llamar bajo las armas en 12 meses al menos 250.000 hombres más, mientras que el contingente de Inglaterra crecería constantemente a partir del segundo año. El zar, por el contrario, si completa los batallones 7.º y 8.º de sus regimientos de infantería y hace ascender todo su ejército activo a 900.000 hombres, ha agotado prácticamente cuanto le está disponible para la ofensiva. Sus últimos reclutamientos tropezaron ya con grandes dificultades: la talla tuvo que ser rebajada y se recurrió a otros medios extraordinarios para obtener los efectivos necesarios. Su decreto que emplaza a toda la población masculina bajo las armas sólo revela la incapacidad de proseguir un reclutamiento regular. El mismo recurso fue empleado en la época de la invasión francesa de 1812, y entonces sólo en 17 provincias. Moscú presentó 80.000 voluntarios, o sea el 10 % de la provincia, Smolensk 25.000, etc. Pero durante la guerra no se les encontró por ninguna parte, y estos cientos de miles de voluntarios no impidieron que los rusos llegasen al Vístula en un estado tan lamentable y en tan completa disolución como los propios franceses.