Neue Oder-Zeitung.
Nr. 41, 25 de enero de 1855.
Edición del mediodía

X. Londres, 22 de enero. (Sobre la crisis comercial.) Es sabido que el
canciller del Exchequer Robinson abrió el Parlamento de 1825 con un ditirambo
sobre el inaudito auge del comercio y la industria. Pocas semanas más tarde, el Banco de Inglaterra estaba a punto de suspender sus pagos al contado. Desde aquel momento, Robinson conservó el apodo que le colgara Cobbett: el de «Prosperity-Robinson». Dado el amor que se profesa en Inglaterra a los precedentes históricos, Prosperity-Robinson no pudo evitar encontrar sucesores. El discurso del trono con que se abrió el último período extraordinario de sesiones parlamentarias felicitaba al país por el estado extraordinario de prosperidad en la agricultura, las manufacturas y el comercio. Y, sin embargo, incluso la apariencia que hubiera podido deslumbrar a un Robinson había desaparecido ya. Las felicitaciones ministeriales parecen formar parte del ceremonial con que en Inglaterra se anuncian, conforme a su rango, las sacudidas del mercado mundial. Pero aún más extraño que el lenguaje de los ministros es, en este momento, el silencio de la prensa. ¿Cree ésta poder «burke»ar la crisis comercial, como en las camarillas literarias de París se «burkean» los libros mal vistos, mediante la conspiración del silencio? Sin embargo, hablan las listas de precios, hablan las listas de quiebras en la «Gazette» y hablan las cartas de los «amigos de negocios». Pronto hablarán también los periódicos. La semana pasada tuvieron lugar suspensiones de pagos muy importantes en la City, entre ellas las más importantes, las de los señores Lonergan y Comp., que operan en el comercio con España y las Indias Occidentales; las de los señores Rogers, Lowrey y Comp., que comerciaban con Manchester y los distritos fabriles circundantes; las de los señores Kotherington y Comp., pertenecientes al comercio americano; y, por último, la de los hermanos Aubertius, vieja y respetable firma. Se dice que los pasivos de estas distintas casas ascienden como promedio a 100-150.000 libras esterlinas. Para esta semana se esperan nuevas suspensiones de pagos de por lo

menos 7 casas importantes de la City.

De una carta comercial de Birmingham, fechada el 20 de enero, tomamos los siguientes pormenores sobre la situación de la industria de South Staffordshire:
«Con excepción de las casas de la industria del hierro que producen material de guerra por encargo del gobierno, son poquísimas las que poseen algún pedido, y los que poseen, a precios sumamente reducidos. Ocho libras esterlinas y 10 chelines compran ahora una tonelada de hierro en barras que a mediados del verano se cotizaba a 12 libras esterlinas; pero, incluso a estos precios rebajados, apenas pueden efectuarse ventas, de modo que la producción ha de restringirse. Pocos de los grandes intereses de los Estados Unidos de Norteamérica han sufrido más por la crisis comercial allí reinante que el negocio del hierro. Casi todas las grandes ferrerías de los Estados Unidos, en las que se han invertido sumas enormes, han arrojado a sus obreros al arroyo, y ello sin perspectiva de una pronta reanudación del trabajo. El consumo de hierro de América debe considerarse, por tanto, como casi enteramente suspendido, y no cabe esperar de allí nuevos pedidos.

El sábado pasado fueron despedidos muchos obreros de las fábricas de estaño (de Birmingham), y esta noche (20 de enero) les seguirán aún más. Los obreros del cobre y del latón no se hallan en mejor situación, pues aquí, en la mayoría de las grandes fábricas, se trabaja solo tiempo reducido.

En los artículos de moda, los pedidos que aún se tienen son muy escasos, y los viajantes de comercio que buscan pedidos para la primavera en este ramo envían a casa informes muy desalentadores.

El estado del mercado monetario continúa perturbando todas las ramas del comercio. Los bancos restringen el crédito de la manera más perjudicial, y en este momento sólo un negocio marcha bien, el del prestamista. A las pequeñas casas de préstamos afluyen los solicitantes, y los descontadores de letras de cambio recogen una buena cosecha.»