_Neue Oder-Zeitung._
Núm. 23, 15 de enero de 1855.
Hoja del mediodía

X. Londres, 12 de enero. (La aceptación incondicional de los «cuatro puntos») —y precisamente de los «cuatro» puntos en el sentido de las «tres» potencias— por parte de Rusia ha resultado ser un «hoax» del _Morning Post_ y del _Times_. Tanto más inclinados estábamos a creer en el «hoax» cuanto que sabemos, por los despachos secretos de Pozzo di Borgo, que han llegado a ser conocidos a raíz de la insurrección de Varsovia, que este maestro de la diplomacia sienta el principio: «Rusia debe dejar que las grandes potencias europeas le impongan sus propias condiciones en todos los casos de colisión». Y nosotros no podemos ver en los «cuatro» puntos más que «cuatro» agudezas rusas. Si Rusia no los acepta por el momento, también para esto encontramos la explicación en el maestro Pozzo di Borgo. Rusia, explica, solo debe hacer tales concesiones aparentes a Occidente desde un campamento victorioso. Ello es necesario para conservar el «prestigio» en que se basa su poder. Y hasta ahora, Rusia ciertamente ha llegado a un «campamento», pero no a una «victoria». Si Silistria hubiera caído, los «cuatro puntos» estarían formulados desde hace mucho. Según el _Times_ y el _Morning Post_, los «cuatro puntos» en el sentido de las «tres potencias» habían sido aceptados como base de las negociaciones, para avanzar a partir de ellos como mínimo. Ahora resulta que el príncipe Gortschakoff los entiende como un máximo problemático, del cual, por el contrario, se ha de regatear a la baja, o bien que no tienen más finalidad que suministrar el pretexto para una segunda «Conferencia de Viena». El _Morning Post_ nos confía hoy, en un editorial importante y diplomático-oracular, que las reuniones provisionales de los diplomáticos en Viena no constituyen sino la antesala de la verdadera conferencia, que no se reunirá hasta el 1 de febrero y que, con seguridad, no dejará de sorprender más o menos al mundo.

Ayer apareció fijado el siguiente anuncio del Almirantazgo en la casa de Lloyd’s: «Con referencia al último párrafo de mi carta del 8 de noviembre (1854), que contenía la comunicación de que los almirantes franceses e ingleses en el mar Negro han recibido órdenes de sus respectivos gobiernos para extender el bloqueo de las bocas del Danubio a todos los puertos del mar Negro y del mar de Azov que se hallan todavía en posesión del enemigo, he recibido orden de los lores del Almirantazgo de hacer saber a usted, a fin de que llegue a conocimiento del público comercial, que los gobiernos de Inglaterra y Francia han decidido, además, que el bloqueo en cuestión entrará en vigor el 1 de febrero (1855) y después de esa fecha, y que en la _Gaceta de Londres_ se dará la debida noticia del bloqueo de los puertos particulares en cuanto se ponga en vigor. Firmado: W. A. B. Hamilton.» Aquí se confiesa, pues, abiertamente que las flotas aliadas hasta ahora solo han bloqueado a sus propios aliados en la desembocadura del Danubio, pero no los puertos rusos del mar Negro ni del mar de Azov. No obstante, el ministerio había declarado repetidamente en el Parlamento —en abril, en agosto y en octubre— que había dado las «órdenes más estrictas» para el bloqueo de los puertos y costas de Rusia. Todavía el 21 de diciembre, lord Granville declaró ante la Cámara de los Lores en nombre del ministerio: «que Odesa estaba bloqueada por cinco buques de guerra que cruzaban constantemente ante el puerto, y de los cuales el gobierno recibía informes continuamente». En una carta dirigida a un diario, un conocido panfletista inglés resume así las consecuencias de las medidas de bloqueo adoptadas, o más bien no adoptadas, por la coalición: «1) El gobierno inglés suministra desde Inglaterra al enemigo de Inglaterra los medios pecuniarios para continuar la guerra contra ella. 2) El Danubio es bloqueado para empobrecer a los principados y cortarnos a nosotros mismos los suministros de trigo. 3) Odesa, Taganrog, Kerch, etc., permanecen sin ser molestadas, para suministrar refuerzos, municiones y provisiones a las tropas rusas en Crimea. 4) El bloqueo simulado arruina a nuestros comerciantes, mientras enriquece a los griegos, rusos y austríacos.» El _Times_ toma también ocasión del anuncio del señor Hamilton para lanzar violentos ataques contra la «diplomacia del bloqueo» del ministerio. Característica del tronador de Printinghouse Square es que sus truenos siempre se lanzan _post festum_. Desde el 26 de marzo de 1854 hasta hoy, el _Times_ defendió la «diplomacia del bloqueo». Hoy, cuando sus estruendos no frustran ninguna medida ministerial, sino que le ganan popularidad, de repente se convierte en clarividente.

El ministro de Marina o, como aquí se le llama, el primer lord del Almirantazgo, Sir James Graham, es suficientemente conocido en el Continente por aquella hazaña en el gabinete negro que llevó a los hermanos Bandiera al cadalso. Menos difundido será el hecho de que Sir James Graham, en 1844, cuando el emperador Nicolás desembarcó en la costa inglesa, no se atrevió a estrechar la mano imperial que se le tendía, sino tan solo a besarla. (Véase _Portfolio_, 2ª serie, año 1844.)