Friedrich Engels

Asuntos de Crimea

[*Neue Oder-Zeitung* núm. 131 del 19 de marzo de 1855]

Londres, 16 de marzo. Las ilusiones con que la incapacidad oficial, las intrigas del gabinete inglés y el bonapartismo interesado rodean las operaciones de guerra en Crimea empiezan a desvanecerse al mismo tiempo que el manto de nieve que ha cubierto el escenario de la acción durante los últimos meses. El panfleto de Jérôme Bonaparte (hijo) declara expresamente que, mientras en Crimea todo marchaba mal,

«los generales en jefe estaban en posesión de órdenes gubernamentales para ocultar y callar las dificultades con que tropezaba la toma de Sebastopol».

Esto queda plenamente confirmado por los informes de esos generales y, sobre todo, por los rumores que difundieron repetidamente, de que el asalto tendría lugar en tal o cual día. Desde el 5 de noviembre hasta principios de marzo, el público de uno y otro lado del Canal se mantuvo en constante expectativa de esa escena espectacular final.

Mientras tanto, la duración del asedio ha engendrado una especie de opinión pública en el propio campamento, basada en la opinión expresada abiertamente por oficiales competentes, y los señores del estado mayor ya no pueden andar susurrando que en un día determinado tendrá lugar el asalto y caerá la ciudad. Todo soldado raso lo sabe ahora mejor. La naturaleza de las obras de defensa, la superioridad del fuego enemigo, la desproporción entre la fuerza sitiadora y su tarea y, sobre todo, la importancia decisiva del fuerte del Norte, son ahora demasiado bien comprendidos en el campamento para que se repitan los viejos cuentos. Hemos recibido cartas de oficiales ingleses que no dejan lugar a dudas sobre este punto.

Hacia finales de febrero, se dice que los aliados contaban ante Sebastopol con 58.000 franceses, 10.000 ingleses y 10.000 turcos, en total unos 80.000 hombres. Pero aun con 90.000 hombres serían incapaces de mantener el asedio con una parte y destacar la otra para operaciones ofensivas contra los rusos en Bajchisarái; pues el ejército de campaña aliado sólo podría presentarse ante Bajchisarái con 40.000 hombres, mientras que los rusos podrían oponerles al menos 60.000 hombres en campo abierto, sin contar los flancos inexpugnables de la posición entre Inkerman y Balaclava.

Así, los aliados permanecen sitiados en su Quersoneso, hasta que sean capaces de avanzar a través del Chernaya con unos 100.000 hombres; pero precisamente ése es el círculo vicioso en que se mueven: cuantas más tropas arrojan a esa apestada ratonera, más pierden por enfermedad; y, sin embargo, la única manera de salir con bien de ella es enviar más tropas.

El otro recurso que han descubierto, la expedición turca a Eupatoria, resulta ser ahora una repetición completa del desatino original. Los turcos, una vez desembarcados en Eupatoria, son demasiado débiles para avanzar hacia el interior del país. Las fortificaciones en torno a la plaza parecen tan extensas que se necesita un ejército de unos 20.000 hombres para defenderlas.

La extensión de un campamento fortificado destinado a albergar 40.000 hombres ha de ser, además, tan grande que aproximadamente la mitad de la tropa será necesaria para el servicio activo en caso de ataque. Así, la ciudad requerirá unos 20.000 hombres para su defensa, y sólo 20.000 estarán disponibles para operaciones de campaña. Pero 20.000 hombres no pueden aventurarse a alejarse más de unas pocas millas de Eupatoria sin exponerse a toda clase de ataques en los flancos y en la retaguardia, y al peligro mismo de que los rusos les corten las comunicaciones con la ciudad. Los rusos, dueños de una doble línea de retirada, ya sea a Perekop o a Simferópol —y, además, en su propio terreno—, pueden siempre evitar cualquier acción decisiva con los 20.000 turcos que pudieran avanzar desde Eupatoria. 10.000 rusos estacionados a una jornada de marcha de la ciudad bastan, por tanto, para tener en jaque a 40.000 turcos concentrados en ella. Cada 10 o 12 millas de retirada por parte de los rusos reduce el número de turcos que puede alejarse a mayor distancia de su base de operaciones. Dicho de otro modo: Eupatoria es un segundo Kalafat, pero con la diferencia de que Kalafat tenía el Danubio a su espalda y no el mar Negro, y de que Kalafat era una posición defensiva, mientras que Eupatoria es una posición ofensiva. Si 30.000 hombres en Kalafat podían sostener una defensiva exitosa, combinada con salidas ofensivas eventuales e igualmente exitosas hasta una distancia determinada, 40.000 hombres en Eupatoria son demasiados para defender una plaza que mantuvieron unos 1.000 ingleses y franceses durante 5 meses, mientras que son con mucho insuficientes para cualquier operación ofensiva. La consecuencia es que una brigada rusa, y ciertamente una división rusa, basta para tener en jaque a toda la fuerza turca en Eupatoria.

La llamada
batalla de Eupatoria
no fue más que un mero reconocimiento por parte de los rusos. Avanzaron, con 25.000 a 30.000 hombres, contra Eupatoria desde el noroeste, única dirección atacable, ya que el sur está cubierto por el mar y el este por el lago cenagoso de Sasyk. El terreno al noroeste de la ciudad está formado por un bajo terreno ondulado que, a juzgar por los mapas y por la experiencia de esta última acción, no domina la ciudad dentro del alcance de la artillería de campaña. Los rusos, con una fuerza de unos 10.000 hombres menos que la guarnición y, además, expuestos en ambos flancos, sobre todo el derecho, al fuego de los buques de guerra en la bahía, nunca pudieron tener la intención seria de tomar la plaza al asalto. Se limitaron, pues, a un reconocimiento enérgico. Empezaron por abrir un cañoneo en toda su línea a una distancia que excluía la posibilidad de causar daños graves; luego empujaron sus baterías cada vez más cerca, manteniendo sus columnas lo más lejos posible del alcance; más tarde adelantaron sus columnas como para atacar, a fin de obligar a los turcos a mostrar su fuerza, y realizaron un ataque real en un punto donde la protección ofrecida por los monumentos y las arboledas de un cementerio les permitía aproximarse estrechamente a las obras de defensa. Una vez que se hubieron asegurado de la situación y la fuerza de las fortificaciones, así como de la cuantía numérica aproximada de la guarnición, se retiraron, como lo habría hecho cualquier otro ejército razonablemente dirigido. Habían cumplido su objetivo; que sus pérdidas fueran mayores que las de los turcos se sobreentendía de antemano. Esta sencillísima acción ha sido hinchada por los comandantes aliados hasta convertirla en una gloriosa victoria. ¿Qué demuestra esto sino la gran demanda y la escasa oferta de victorias reales? Fue ciertamente un gran desacierto de los rusos haber permitido a los aliados mantenerse cinco meses en Eupatoria hasta la llegada de los turcos. Una brigada rusa con un número suficiente de piezas de a doce habría bastado para arrojarlos al mar, y unas ligeras obras de tierra levantadas en la playa podrían incluso haber mantenido a los buques de guerra a una distancia respetable. Si las flotas aliadas hubieran destacado buques de guerra abrumadores a Eupatoria, la plaza podría haber sido incendiada y convertida así en inservible como futura base de operaciones para tropas de desembarco. Pero tal como están ahora las cosas, los rusos pueden estar plenamente satisfechos de haber dejado Eupatoria en posesión de los aliados. 40.000 turcos, el último resto del único ejército respetable que posee Turquía, bloqueados en un campamento donde 10.000 rusos pueden tenerlos en jaque y donde están expuestos a todas las enfermedades y penalidades propias de una masa humana densamente hacinada: estos 40.000 turcos paralizados no constituyen una sustracción insignificante de la fuerza ofensiva de los aliados.

Franceses e ingleses
sitiados en el Quersoneso Heracleótico, los turcos sitiados en Eupatoria, los rusos en libre comunicación con los sectores norte y sur de Sebastopol: ése es el glorioso resultado de cinco meses de experimentos en Crimea. A esto se añaden puntos de vista militares y políticos que reservamos para la próxima carta.

Variantes textuales

En la "New-York Daily Tribune", n.º 4353, del 2 de abril de 1855 sigue la frase: «Aunque constantemente pospuesto, cada retraso se suponía de corta duración, y la curiosidad del público no hacía sino aumentar. Pero ahora las cosas empiezan a tomar otro giro y...»

En la "New-York Daily Tribune" siguen las palabras: «y donde, por tanto, la superioridad moral del ejército aliado debía verse considerablemente afectada por maniobras que los rusos, superiores en número, no pudieron aplicar eficazmente ni en Balaclava ni en Inkerman.»

En la "New-York Daily Tribune" sigue la frase: «Los informes de la 'batalla' del 17 de febrero ante Eupatoria llevan a la conclusión de que por lo menos la mitad de los 40.000 hombres allí reunidos entraron en servicio activo en la defensa.»

En la "New-York Daily Tribune" se han insertado aquí las palabras: «después de haber perdido 50.000 - 60.000 hombres»