["Neue Oder-Zeitung" Nr. 47 del 29 de enero de 1855]

Londres, 26 de enero. Cuando un enviado del sultán Melikschah llegó a Alamut y conminó a Hasan ibn Sabbah a rendirse, el «Viejo de la Montaña», en lugar de toda respuesta, señaló a uno de sus fidawis y le ordenó que se diera muerte. Al instante, el joven hundió el puñal en su pecho y se desplomó sobre el pavimento, un cuerpo sin vida. Del mismo modo, el «viejo» <Aberdeen> de la coalición había instado a su lord John Russell a inmolarse por él en la Cámara de los Comunes. Russell, viejo filántropo parlamentario, que siempre interpretó el mandamiento «Amarás a tu prójimo como a ti mismo» en el sentido de que cada cual es su propio prójimo, ha preferido matar al «viejo». No nos equivocábamos acerca de Roebuck. Su moción había sido acordada con Russell para salvar del naufragio a la «mejor parte»: los whigs.

¡En efecto! Esta moción no va dirigida contra el ministerio, sino contra los «departamentos» directamente encargados de la conducción de la guerra, es decir, contra los peelitas. Por lo demás, estaba claro que no en vano había abierto el parlamento con la declaración de que la base de las negociaciones no constituía base alguna, en la medida en que Rusia se reservaba el derecho de impugnar cada uno de los cuatro puntos —y que las negociaciones eran tan poco negociaciones, en la medida en que el gabinete inglés aún no había facultado a nadie para negociar. Apenas Roebuck hubo presentado, pues, su moción —el martes—, aquella misma noche escribe Russell al «viejo» que dicha moción persigue un voto de censura contra el departamento de Guerra (los peelitas) y que, por tanto, él debe presentar su dimisión. Aberdeen se dirige a la reina al castillo de Windsor y le aconseja aceptar la dimisión, lo cual sucede. El valor del «Viejo» es explicable al saberse que Palmerston no ha presentado su dimisión.

En la sesión del jueves, la Cámara de los Comunes se entera de estos importantes acontecimientos. Aplaza su sesión y Roebuck su moción hasta esta noche. Entonces toda la Cámara de los Comunes se precipita a la de los Lores, donde se espera una explicación de Aberdeen, pero Aberdeen es tan hábil que se halla ausente —según se dice, de nuevo en Windsor—, y el duque de Newcastle cuenta en la Cámara de los Lores la misma historia que Palmerston había contado en la de los Comunes. Entretanto, los whigs de la Cámara de los Comunes descubren con horror en la de los Lores que su plan ha sido descubierto y su retirada cortada. Los tories, en modo alguno deseosos de reinstalar a los whigs a costa de los peelitas en su antiguo privilegio de «arrendatarios del imperio británico por designio celestial», han inducido a lord Lyndhurst a presentar una moción que, a diferencia de la de Roebuck, no censura a departamentos aislados del ministerio, sino a todo el ministerio, y no —a la Roebuck— se limita a censurarlo, sino que lo coloca formalmente en estado de acusación. La moción de lord Lyndhurst reza textualmente:

«Propondré el viernes, 2 de febrero, que, en opinión de esta Cámara, la expedición de Crimea fue emprendida por los ministros de Su Majestad con medios muy insuficientes y sin la debida precaución ni suficiente investigación sobre el carácter y el alcance de la resistencia que cabía esperar del enemigo, y que la negligencia y mala administración del gobierno en la dirección de la empresa han conducido al más infausto resultado.»

No cabe engañarse al respecto: la moción de Lyndhurst va dirigida contra los whigs del mismo modo que la de Roebuck contra los aberdeenitas. Dicho sea de paso: lord John Russell ha hecho saber a la Cámara de los Comunes, por medio de Hayter, que en la primera ocasión, es decir, esta noche, expondría las razones de su dimisión. «Quien nada espera, no será defraudado.»