Karl Marx

Una carta de Napier

["Neue Oder-Zeitung" nº 397 del 27 de agosto de 1855]

Londres, 24 de agosto. Sir Charles Napier publica en los periódicos de hoy una carta en la que queda confirmado en lo esencial nuestro punto de vista sobre el asunto de Sweaborg. De ella reproducimos el siguiente extracto:

"Tanto de lo que yo mismo he escrito como del despacho del almirante Dundas se desprende que, de haberse seguido mi plan al pie de la letra, Sweaborg estaría ya destruido. Resulta que los aliados solo disponían de 43 cañoneras y bombarderas, y que muchas de estas últimas quedaron fuera de combate. Deberían haber tenido al menos 100. Sir James Graham, en 1854, en una carta que me dirigió, estimaba que se necesitarían 200. De haber existido este número, se podría haber proseguido el bombardeo mediante el relevo de los hombres, de modo análogo a como se los releva en las trincheras. Los morteros habrían tenido tiempo de enfriarse, y el bombardeo podría haber continuado hasta no quedar piedra sobre piedra y hasta que se hubiera practicado una brecha para que los navíos de línea penetrasen y rematasen la obra. En lugar de ello, parece que el Almirantazgo no previó que los morteros no pueden permanecer eternamente en su puesto, aunque los informes de Sebastopol deberían habérselo enseñado. De este modo, una operación que parece haber sido dirigida con gran criterio solo tuvo un éxito muy parcial, pues el almirante Dundas reconoce en su informe que las defensas marítimas rusas apenas han sufrido daños. Si los medios del almirante Dundas hubieran sido mayores, habría podido proseguir su bombardeo mientras durase el buen tiempo, y las flotas, en lugar de regresar a Nargen, podrían haber echado anclas en Sweaborg.

En el primer año, al Almirantazgo quizás se le podía excusar por la falta de medios, pero en el segundo año ciertamente no. En lugar de construir cañoneras y bombarderas, construyó baterías flotantes acorazadas que apenas podían flotar y que, incluso de haber podido hacerlo, habrían sido inútiles, porque dentro de un radio de 400 yardas de Sweaborg su destrucción era segura y más allá de las 400 yardas no podían causar daño alguno.

El primer experimento con hierro le costó al país un millón, ¿y dónde ha ido a parar? El segundo experimento, no mucho menos de medio millón, y estas baterías acorazadas todavía no han salido de nuestros puertos y probablemente no los abandonarán jamás. Esto es lo que sucede cuando hay personas incapaces al frente. A los ministros se les ha obligado a reformar el departamento de Guerra. ¿Cuándo pensarán en reformas en el Almirantazgo? Mientras no lo hagan, el dinero del pueblo se tira por la borda. El Almirantazgo parece no haber comprendido el efecto de un bombardeo, aunque yo le predije durante más de un año lo que ocurriría; y si hubieran leído historia, sabrían que Martinica fue tomada por bombarderas, donde había tan pocas casamatas para toda la guarnición como en Sweaborg. El almirante Dundas dice que no entraba en parte alguna de su plan intentar un ataque general de los navíos de línea contra las defensas, y que sus operaciones se limitaron por tanto a destruir la fortaleza y los arsenales hasta donde fue posible mediante los morteros.

Si el almirante Dundas hubiera tenido medios suficientes a su disposición, habría incluido en su plan un ataque a las defensas y concentrado toda su flota, dispuesta a aprovechar el terror y la confusión que las cañoneras y bombarderas necesariamente provocarían. El calor del incendio provocado bastaría por sí solo para mantener a la guarnición apartada de los cañones, la flota se hallaría dentro de Sweaborg y habría volado las fortificaciones, islas, etc., a todos los diablos, en lugar de destruir meros edificios de madera y arsenales y posponer el verdadero trabajo para el año próximo."

Napier termina su carta del siguiente modo:

"Sir James Graham fue uno de los ministros que enviaron al ejército británico a mediados de septiembre a Sebastopol, sin medios de locomoción, sin alimentos, tiendas, vestimenta ni hospitales, para pasar un yermo invierno y sucumbir..., y fue el ministro que pretendió determinarme a tomar una flota británica a finales de octubre y a estrellarla bajo los acantilados de Sweaborg, y para su vergüenza encontró a dos oficiales de marina que firmaron su insultante carta dirigida a mí, y estas personas aún permanecen en el Almirantazgo. Esta es la manera en que se dirige la marina de este país. Los dos veranos en el Báltico servirán de lección al Almirantazgo. Este se halla en posesión de mis planes de ataque contra Kronstadt y, probablemente, también de los planes del almirante Dundas. Sir James Graham y sus dos cómplices, por tanto, se pondrán en marcha el próximo verano y ejecutarán ellos mismos esos planes."