Karl Marx

La moción de Disraeli

["Neue Oder-Zeitung" Nº 247 del 31 de mayo de 1855]

Londres, 28 de mayo. Un "rico menú", como dice el elegante Gladstone, ofrecía la Cámara de los Comunes, con la elección entre la moción de Disraeli y la enmienda de Baring a la moción de Disraeli, entre la subenmienda de sir W[illiam] Heathcote a la enmienda de Baring y la contra-subenmienda del señor Lowe contra Disraeli, Baring y sir W. Heathcote. La moción de Disraeli contiene una censura a los ministros y una proclama de guerra a la Corona, aquella precisa, ésta elástica, ambas unidas por una cópula accesible al proceso mental parlamentario. La raquítica forma en que estaba envuelta la proclama de guerra pronto quedó aclarada. Disraeli tenía que temer un motín en su propio campo. Un tory, el marqués de Granby, habló en contra; otro, lord Stanley, habló a su favor, pero ambos en pro de la paz. La enmienda de Baring era ministerial. Suprime el voto de censura contra el gabinete y adopta la parte bélica de la moción con la propia terminología de Disraeli, anteponiendo únicamente que la Cámara "ha visto con pesar que las conferencias de Viena no han llevado al cese de las hostilidades". Sopla frío y caliente de un mismo aliento. El "pesar" para el partido de la paz, la "continuación de la guerra" para el partido de la guerra, obligación precisa del gabinete para con ningún partido: una trampa [shell-trap] para votos, negros y blancos, texto para la flauta y texto para el trombón. La subenmienda de Heathcote remata la enmienda bifronte de Baring con un giro puramente idílico, añadiendo las palabras: "que la Cámara mantiene aún el deseo" (cherishing es una expresión enteramente cordial) "de que las comunicaciones en curso conduzcan a un desenlace afortunado". La enmienda de Lowe declara, a la inversa, que las negociaciones de paz han quedado despachadas con el rechazo del tercer punto por Rusia, y motiva así la proclama de guerra a la Corona. Se ve: la enmienda ecléctica del ministerio ha hecho que ambos lados, que intentaba encubrir y neutralizar, se encuentren enfrentados de forma autónoma y pacífica. ¡Continuación de las conferencias de Viena!, exclama Heathcote. ¡Ninguna conferencia de Viena!, responde León. ¡Conferencia de Viena y guerra!, susurra Baring. Oiremos desarrollar los temas de este terceto dentro de ocho días, y volvemos ahora al debate sobre la moción de Disraeli, en cuya primera noche sólo desfilaron tres personajes principales y de estado: Disraeli, Gladstone y Russell; el primero, agudo y drástico; el segundo, liso y casuístico; el tercero, chato y vociferante.

No compartimos la objeción de que Disraeli, en su ataque personal contra Russell, perdiera de vista la "cosa misma". Los secretos de la guerra ruso-inglesa no han de buscarse en el teatro de la guerra, sino en Downing Street. Russell, ministro de Asuntos Exteriores en tiempos de las comunicaciones secretas del gabinete de Petersburgo, Russell, enviado extraordinario durante la última conferencia de Viena, Russell, a la vez leader <jefe> de la Cámara de los Comunes: él es la Downing Street andante, él es su secreto revelado. No porque sea el alma del ministerio, sino porque es su birimbao.

Hacia finales de 1854, relata Disraeli, Russell sopló la trompeta de guerra y declaró ante el pleno del Parlamento y entre los fuertes cheers <vítores> de la Cámara:

"Inglaterra no podrá deponer las armas hasta que se hayan obtenido garantías materiales que reduzcan el poder de Rusia a proporciones inocuas para Europa y garanticen así plena seguridad para el futuro."

Ese mismo hombre era miembro de un gabinete que aprobó el protocolo de Viena del 5 de diciembre de 1853, en el que los plenipotenciarios franceses e ingleses estipulaban que la guerra no debía conducir a una disminución o alteración de las "condiciones materiales" del Imperio ruso. Clarendon, interpelado por Lyndhurst sobre este protocolo, declaró en nombre del ministerio:

"Tal vez sea el deseo de Prusia y Austria, pero no es deseo ni de Francia ni de Inglaterra que se provoque una disminución del poder ruso en Europa."

Russell denunció ante la Cámara de los Comunes la conducta del emperador Nicolás como "falsa y fraudulenta". En julio de 1854 anunció con impertinencia la invasión de Crimea y declaró que la destrucción de Sebastopol era una necesidad europea. Finalmente hizo caer a Aberdeen, porque éste, a su parecer, llevaba la guerra con demasiada debilidad. Hasta aquí la piel de león, ahora el león. Russell fue ministro de Asuntos Exteriores durante dos o tres meses en 1853, en el momento en que Inglaterra recibió la "correspondencia secreta y confidencial" de Petersburgo, en la que Nicolás pedía abiertamente el reparto de Turquía, que habría de lograrse principalmente mediante su pretendido protectorado sobre los súbditos cristianos de Turquía, un protectorado del que Nesselrode confiesa en su último despacho que jamás ha existido. ¿Qué hizo Russell? Dirigió al enviado inglés en Petersburgo un despacho en el que dice textualmente:

"Cuanto más adopte el gobierno turco las normas de una ley imparcial y de una administración equitativa, tanto menos necesario encontrará el emperador de Rusia ejercer esa protección excepcional que tan difícil y perturbadora ha encontrado, aunque sin duda le ha sido prescrita por el deber y santificada por el tratado."

Así, Russell concede de antemano el punto en litigio. Declara el protectorado no sólo legal, sino obligatorio. Lo deriva del tratado de Kainardji. ¿Y qué declara el "4° punto" del congreso de Viena? "Que la interpretación errónea del tratado de Kütschük-Kainardschi es la causa principal de la presente guerra." Si vemos así a Russell antes del estallido de la guerra como el abogado del derecho de Rusia —abandonado ahora hasta por el propio Nesselrode—, lo divisamos al final del primer período de la guerra, en el congreso de Viena, como el representante del honor de Rusia. Tan pronto como comenzó el verdadero asunto, el 26 de marzo, la discusión sobre el 3er punto, se levanta el rusófobo Russell y declara con la mayor solemnidad:

"A los ojos de Inglaterra y de sus aliados, las mejores y únicas condiciones de paz admisibles son aquellas que, estando más en armonía con el honor y la dignidad de Rusia, aseguren al mismo tiempo a Europa, etc."

El 17 de abril, los plenipotenciarios rusos rehusaron, por tanto, tomar la iniciativa de las propuestas sobre el 3er punto, convencidos, tras la declaración de Russell, de que las condiciones que los plenipotenciarios aliados ofrecieran estarían concebidas más en el espíritu ruso que las que la propia Rusia pudiera urdir. Pero ¿estaba la limitación del poder naval ruso "más en armonía con el honor de Rusia"? Nesselrode, en su más reciente circular, se atiene, por tanto, a la concesión de Russell del 26 de marzo. Cita a Russell. Lo interpela, preguntándole si las propuestas del 19 de abril son "las mejores y las únicas admisibles". Russell aparece como el patrono de Rusia en el umbral de la guerra. Aparece como su patrono al final del primer período de la guerra, en la mesa verde del palacio del conde Buol.

Hasta aquí Disraeli contra Russell. Luego derivó tanto los infortunios en el teatro de la guerra como el descontento en el propio país de la acción contradictoria del ministerio, que en Crimea trabajaba para la guerra y en Viena para la paz, combinando una diplomacia guerrera con una guerra diplomática.

"Niego", exclamó, "que para hacer la guerra baste con recaudar impuestos y equipar expediciones. Tenéis que mantener el espíritu del pueblo. No podéis hacerlo si constantemente inculcáis al país que se busca la paz, que el punto entero en torno al cual gira la controversia es, en definitiva, de un carácter comparativamente mezquino. Uno se somete a grandes sacrificios cuando cree que tiene que enfrentarse a un enemigo colosal. Uno se somete a grandes sacrificios cuando cree estar envuelto en una lucha en la que están en juego la fama del país, su existencia y su poder. Pero si duplicáis o triplicáis el impuesto sobre la renta, si arrastráis a los hombres desde sus hogares al servicio de guerra, si ensombrecéis los corazones de Inglaterra con sangrientos infortunios, si hacéis todo eso, el pueblo no debe oír que la cuestión es si Rusia ha de mantener 3 u 8 fragatas en el Mar Negro ... Para llevar la guerra eficazmente, es necesario mantener no sólo el espíritu del país, sino también el espíritu de las potencias extranjeras. Estad seguros de que, mientras apeléis a una potencia extranjera para que actúe como mediadora, esa potencia jamás actuará como vuestra aliada ... Lord Palmerston asegura que no concertará una paz vergonzosa. El noble lord da testimonio de sí mismo; pero ¿quién da testimonio del noble lord? ... No podéis desenredaros de vuestras dificultades mediante las Conferencias de Viena; no haréis sino aumentar las dificultades y los peligros mediante la diplomacia. Vuestra posición es completamente falsa; y jamás podréis llevar con éxito una guerra ofensiva sin estar apoyados por un pueblo entusiasta y por aliados convencidos de vuestra decisión. Deseo que la Cámara, esta noche, con su voto, ponga fin a este defectuoso sistema doble, a un sistema simultáneo de guerra y diplomacia, que declare en lenguaje abierto e inequívoco que ha pasado el tiempo de las negociaciones. Creo que nadie que haya leído la circular de Nesselrode puede dudarlo."