Karl Marx

El banco francés – Refuerzos para Crimea – Los nuevos mariscales de campo

["Neue Oder-Zeitung", nº 469, del 8 de octubre de 1855]

Londres, 4 de octubre. El Banco de Inglaterra ha vuelto a elevar el tipo de interés, del 5 p.c. al 5 1/2 p.c. Esta medida va dirigida en primer término contra el *Banque de France*, que en el transcurso de las últimas 6 semanas —mediante letras de cambio giradas sobre Londres y descontadas allí— ha embarcado para Francia oro por valor de 4.600.000 libras esterlinas. Los más inquietantes rumores sobre la situación financiera del *Banque de France* circulan en la bolsa de aquí. Según unos, se avecina una suspensión de los pagos en efectivo; según otros, los billetes del *Banque de France* recibirán, «para mayor seguridad», la garantía del aumento del encaje. Esto último desembocaría infaliblemente en un «run» contra el banco y en la inmediata depreciación de su papel. Por último, se afirma que el *Banque de France* intentará aumentar su capital mediante una suscripción por el doble de su importe. Por muy fluctuantes que parezcan estos rumores en sus detalles, todos apuntan a que el *Banque de France* se encamina hacia una crisis, y a que ese instituto, considerado siempre como inquebrantablemente sólido desde su creación bajo Napoleón I, bajo Napoleón III ya no es más que una de las tantas pirámides de crédito volcadas, que deben considerarse como los monumentos más característicos de su era de gobierno. La parte de la sociedad francesa que exige sobre todo la apariencia de un crédito desbordante y de una «prospérité toujours croissante» <«prosperidad siempre creciente»>, no puede quejarse, tan pronto como haya que pagar el precio de esta grata ilusión. En todo caso, las operaciones financieras, las maniobras bursátiles y las especulaciones bancarias que en los últimos tiempos de Luis Felipe causaron tamaña sensación y provocaron toda una literatura polémica, del género de «Juifs rois de l’epoque», «La dynastie Rothschild», etc., parecen auténticas niñerías comparadas con lo que, bajo este aspecto, se ha logrado de 1852 a este momento.

En este momento se hallan bajo orden de embarque para Crimea unos 6.000 hombres, entre ellos 800 artilleros, 900 soldados de caballería, el resto infantería. Además, se enviarán al teatro de guerra unos 4.000 infantes desde Gibraltar, Malta, las islas Jónicas y el Pireo. Estos refuerzos —incluso contando la Legión Extranjera— no bastan ni con mucho para hacer que el ejército activo inglés recupere siquiera su fuerza original.
Bright observó ayer, por eso, en un mitin en Rochdale:

«Si yo fuera un abogado de la guerra, adoptaría una política completamente distinta con respecto a nuestros establecimientos militares interiores. Introduciría una conscripción en toda regla, como la que existe en Rusia, Austria y Francia, y obligaría así a hombres de todas las clases a tomar la parte que les corresponde en lo que se llama la obra de la nación.»

El nombramiento de los decrépitos lores y condes Combermere, Strafford y Hardinge como mariscales de campo, en recompensa por la derrota del general Simpson (quien, dicho sea de paso, se dice que ha sido llamado de vuelta) ante el Redan, es una de las muchas bromas pesadas y chanzas frívolas con que Palmerston acostumbra alegrar el atardecer de su vida. Los dos primeros generales bien pueden considerarse como fallecidos, de modo que su ascenso posee más el carácter de una canonización póstuma. Han sido elevados al santoral militar después de que su carrera terrenal se hubo cerrado hace mucho. Lord Hardinge ostenta la dignidad antediluviana de comandante en chef <comandante en jefe> del ejército inglés, y ha ganado sobradamente el bastón de mariscal de campo mediante su resuelto y pertinaz servilismo y adulación ante el mariscal de campo príncipe Alberto. Lo que hace la cosa más picante aún es la circunstancia de que una victoria conseguida con los franceses sobre los rusos se celebra ascendiendo a oficiales olvidados que combatieron junto con los rusos contra los franceses. Así, por ejemplo, el mérito de lord Strafford consiste en que en Waterloo mandó una brigada de los guardias, en la marcha sobre París comandó el primer cuerpo de ejército y tomó posesión de París ocupando las alturas de Belleville y Montmartre.