["Neue Oder-Zeitung" Nr. 35 del 22 de enero de 1855]

Londres, 19 de enero. En este momento se debate con gran vivacidad en el "Morning Advertiser" la cuestión de si se acusa con razón de "estupidez" al ministerio de coalición. Desde su punto de vista, que presupone un entendimiento secreto del ministerio con Rusia, Urquhart defiende felizmente al ministerio contra el reproche de incapacidad. El "Morning Advertiser" es un fenómeno singular en la prensa londinense. Propiedad de la "Sociedad Protectora de los Taberneros Patentados", fundada con fines benéficos, a saber, para auxiliar a los huérfanos, veteranos y arruinados del gremio, goza indiscutiblemente de la mayor circulación entre los diarios londinenses después del "Times". Seguro que no a consecuencia de su redacción, que dirige un tal Grant, antiguo taquígrafo. Este Grant se casó con la hija del hombre más grande de la "Sociedad Protectora", es decir, de Homer, el gran Homer, como lo llaman los taberneros unidos, y el gran Homer nombró a su pequeño yerno redactor jefe del "Morning Advertiser". Como la Sociedad tenía en su mano la posibilidad de impulsar el "Advertiser" en todo cuarto de taberna y hasta en la mayoría de los "parlours" <salones>, quedó sentada la base material de su grandeza. Pero su influencia se la debe a la circunstancia de que no es redactado, sino que más bien forma una tribuna en la que todo el público mismo toma la palabra. Al no ser admitido, por no ser de igual rango, en los comicios del periodismo londinense "respetable", se venga de la cofradía abriendo sus columnas de vez en cuando, además del público, también a escritores más notables que no se han vendido a ningún partido.

Del "Morning Advertiser" a la cerveza y a las últimas leyes sobre la cerveza del señor Wilson-Patten no hay ni siquiera un salto. Mucho humor ha suscitado este último golpe de Estado de los eclesiásticos y ha probado que los modelos shakespearianos, etc., siguen floreciendo aún en la segunda mitad del siglo XIX. Pero el lado serio es el asombro de la masa ante la arrogancia de la Iglesia de intervenir de manera perturbadora y reguladora en la vida civil. Tan enajenada se halla ya frente a esta Iglesia que sus intentos de extralimitación no se entienden más que como "practical jokes" <"bromas pesadas">, que, con todo, se rechazan cuando se vuelven molestos. El partido eclesiástico, que no comprende su situación, tuvo la osadía de celebrar anoche en Nottingham un meeting público en el que presentó la moción de dirigir al Parlamento una petición para el cierre de todas las tabernas no sólo durante el horario diurno recientemente fijado por Wilson-Patten, sino durante todo el domingo. Asistió una enorme audiencia obrera y, tras una sesión tormentosa, fue aprobada por gran mayoría la siguiente enmienda, presentada por un obrero fabril llamado Halton:

"Pedir al Parlamento que se cierren todas las iglesias y capillas los domingos."

Se asegura que Lord Lyndhurst, poco después de la reapertura del Parlamento, resumirá en la Cámara de los Lores todos los puntos de acusación contra el ministerio. En la sesión de 1853/54, como es sabido, el marqués de Clanricarde era el "would-be" <"aspirante a"> jefe de la oposición antirrusa entre los pares. Las cartas que él y su hijo, Lord Dunkellin —con ocasión de la liberación de este último del cautiverio ruso— dirigieron al emperador Nicolás no permiten, naturalmente, seguir representando ese papel por más tiempo. Douglas Jerrold, el conocido humorista, señala en "Lloyd's Paper" en relación con la carta de Dunkellin:

"Nicolás es un hombre realmente grande, según Lord Dunkellin, por esta asombrosa razón: ¡ha puesto en libertad a Lord Dunkellin! Grande lo llamo yo, porque a mí mismo me ha conquistado —dice la giganta a Tom Thumb <Pulgarcito>, pero aquí es el enano quien convirtió al zar en gran hombre."

Quien se haya familiarizado con los Blue Books <Libros Azules>, publicados en 1841 sobre los asuntos turco-egipcios, y haya visto en ellos el papel que le correspondió al marqués de Clanricarde como enviado en la corte de Petersburgo, sabía también que sus tiradas antirrusas en la Cámara de los Lores pertenecían exclusivamente a la categoría de oposición que todo whig genuino practica por principio, siempre que Dios no le concede un cargo.