[Noticias de Francia]

["Neue Oder-Zeitung" nº 457 del 1 de octubre de 1855]

Londres, 27 de septiembre. Los informes de los generales Simpson, Pélissier y Niel, y muy en particular las cartas de los corresponsales de la prensa inglesa en Crimea, constituyen un material de gran amplitud cuyo examen crítico requiere tiempo. Por ello, sólo en nuestra próxima correspondencia podremos entrar en detalle acerca de los acontecimientos del 7 y el 8 de septiembre. Quede señalado, sin embargo, que la prensa inglesa —y con razón— es casi unánime en su veredicto condenatorio sobre el general Simpson y los oficiales superiores ingleses que mandaban bajo su dirección. El dicho chistoso que circulaba en el ejército ruso: «L’armée anglaise est une armée de lions, commandée par des ânes» (El ejército inglés es un ejército de leones, mandado por asnos) se confirmó plenamente en el asalto al Redán. Un periódico londinense reclama un nuevo comité para Sebastopol, olvidando que la dirección miserable del ejército inglés es el producto inevitable del dominio de una oligarquía caduca. De antemano, todas las disposiciones estaban equivocadas. Las trincheras inglesas se hallaban aún a tal distancia (250 yardas) del foso del Redán, que las tropas tenían que recorrer más de un cuarto de hora a cuerpo descubierto bajo el fuego enemigo y llegaban sin aliento. Ingenieros franceses habían llamado la atención de antemano sobre este inconveniente; pero se les respondió de parte inglesa:

«Si avanzamos un par de yardas más, llegamos a un ángulo que nos expondrá al fuego de enfilada del Baluarte de Flagstaff y a grandes pérdidas.»

Es incontestable, en primer lugar, que ese riesgo de pérdidas era menor que el de exponer a las tropas durante el asalto. En segundo lugar, el fuego de enfilada podía contrarrestarse en parte mediante traveses y zigzagueos de las trincheras, en parte mediante el establecimiento de contrabaterías. Todas las protestas

francesas, sin embargo, fracasaron ante la obstinación insensible de Simpson. Mientras las trincheras de los franceses eran amplias, espaciosas y capaces no solo de acoger una enorme fuerza combativa sino también de enmascararla, las trincheras inglesas eran estrechas y estaban construidas de tal modo que cualquier británico algo corpulento atraía de inmediato la atención del estado mayor ruso. La gran distancia que las tropas inglesas debían recorrer trajo luego consigo que, llegadas al objetivo del ataque, en lugar de lanzarse directamente sobre el enemigo, buscaran primero cubrirse y se enzarzaran en un fuego de mosquetería que dio tiempo a los rusos para reagruparse. Cuán miserablemente se habían tomado todas las disposiciones lo muestra también el hecho de que, después de que las tropas inglesas se apoderaran del parapeto, no se pensara en clavar los cañones rusos que sobre él se encontraban. No se les había asignado para ello trabajadores con los instrumentos necesarios, ni tampoco artilleros que habrían despachado el asunto sin más instrumentos. Pero la corona se la merecen las disposiciones tácticas del general Simpson antes y durante el asalto. (Durante el asalto, según leemos en el informe de un corresponsal del «Daily News», Simpson, aquejado de un resfriado, estaba sentado, envuelto en una amplia capucha, en un sillón de la batería de Greenhill.) Había destacado contra el temible Redán, contra el que se habían estrellado los ataques de los ingleses durante 6 meses, una fuerza de asalto de 200 hombres, una fuerza de cobertura de 320 hombres y una fuerza operativa total de no más de 1.000 hombres. Después de que los ingleses hubieran roto el ángulo saliente del Redán, quedaron expuestos al fuego asesino del reducto convertido en un reduit y de las casamatas situadas en los flancos detrás de él. Si hubieran estado presentes en número suficiente, habrían podido rebasar el reducto, lo que habría puesto fin rápidamente al combate. Pero no llegaron refuerzos, aunque el coronel Windham los pidió tres veces con urgencia y, por último, tuvo que ir a buscarlos en persona. Así, las tropas permanecieron durante 3 horas mortales sobre el parapeto, penetraron dos veces en el interior para ser inútilmente masacradas en detalle, y finalmente tuvieron que retirarse en gran desorden. La debilidad de las tropas con la que Simpson, que disponía de masas más de veinte veces suficientes, emprendió originalmente el asalto, la retención de las reservas necesarias durante la acción, el sacrificio inútil y caprichoso de los valientes asaltantes: todo esto constituye uno de los mayores escándalos que se conocen en la historia moderna de la guerra. Bajo el primer Napoleón, Simpson habría sido llevado infaliblemente ante un consejo de guerra.

En el continente se ha polemizado, y con razón, contra el abuso de la
jurisdicción patrimonial.
La
magistratura inglesa no retribuida
no es, sin embargo, otra cosa que una jurisdicción patrimonial modernizada, barnizada de constitucionalidad. Léase el siguiente extracto literal de un periódico provincial inglés:

«El martes pasado, Nathaniel Williams, un trabajador agrícola entrado en años, fue llevado ante un banco de magistrados de Worcester y condenado a una multa de 5 chelines más 13 chelines de costas, por haber segado el domingo 26 de agosto una pequeña cantidad de trigo de su propiedad. Alegó que el trabajo había sido necesario, que el trigo se habría echado a perder si lo dejaba más tiempo en pie, y que durante la semana estuvo ocupado con su arrendatario desde la madrugada hasta altas horas de la noche. De nada sirvió. Los magistrados, atiborrados de reverendos (reverendos), permanecieron inexorables.»

Del mismo modo que aquí el párroco juzga en causa propia, lo hacen el fabricante, el squire y los demás estamentos privilegiados que componen la magistratura no retribuida.

De la carta privada de un inglés (un whig) que se encuentra en París entresacamos lo siguiente:

«El artículo belicoso de hoy (fechado el 24 de septiembre) del “Constitutionnel” parece desanimar mucho a la burguesía parisina; y en 3 barrios distintos, todos ellos de gran importancia comercial, oí las mismas observaciones, casi con las mismas palabras. ¡Ahí lo tenéis! Durante casi un año se nos estuvo diciendo que, una vez tomada Sebastopol, sería posible abrir las negociaciones de paz. Ahora que Sebastopol ha sido tomada, se nos dice que esto es un factor puramente militar y que, antes de la caída de toda Crimea, no cabe pensar en la paz. Así seguirá la cosa, y Dios sabe cuándo llegará la paz. Todo esto se expresaba con el mayor abatimiento. Para ser justos, hay que reconocer que, prescindiendo de la cuestión de la gloria nacional, la guerra actual es inoportuna para Francia por muchas razones. Los informes sobre la cosecha de otoño resultan cada semana peores de lo que se había supuesto la semana anterior. El pan, por ejemplo, cuesta en este momento en Ruán 26 sueldos la hogaza de cuatro libras, lo que equivale a 3 francos o 60 sueldos para París. En Burdeos, el consejo municipal se ha visto ya obligado a conceder una gran suma en subsidios para el caso de que la hogaza de cuatro libras suba a 1 franco, lo que en la Gironda se considera precio de hambre. Este estado de cosas se manifiesta poco a poco sobre toda la superficie del país. La situación interior de Francia es, por tanto, extremadamente preocupante; los partidarios de la revolución están esparcidos por el país en número aterrador, y cuando la penuria se vuelva demasiado insoportable, podrán reunir a miles en torno a sus banderas. La nueva organización de los consejos departamentales y municipales fue un desacierto enorme: el sistema produce efectos fatales. En muchos departamentos no existe en este momento

ningún consejo departamental, y los alcaldes nombrados por el gobierno se ven constantemente obligados ahora a disolver sus consejos municipales. Casi todos los días puede leerse el anuncio oficial de que el alcalde de tal ciudad ha disuelto el consejo municipal, o el prefecto R. R. el consejo general. Las razones no se publican; pero el hecho, aunque no se permiten comentarios públicos al respecto, no deja de agitar el departamento donde tiene lugar. Esto haría deseable en muchos puntos la presencia de soldados más veteranos y experimentados.»