Friedrich Engels

["Neue Oder-Zeitung" Nr. 179 vom 18. April 1855]

Londres, 15 de abril. El sitio de Sebastopol se arrastra penosamente, lento, aburrido, vacío de acontecimientos y decisiones, apenas animado aquí y allá por algunas escaramuzas sin resultado o ataques desultorios, en los que el último es siempre copia del penúltimo y original del siguiente. Con excepción de la superioridad que la defensa desarrolla en el ramo de ingenieros, pocas campañas de igual duración ofrecen ciertamente el espectáculo de igual mediocridad en los oficiales al mando de uno y otro bando.

Tenemos a la vista los partes oficiales franceses e ingleses sobre el asunto del 23 de marzo; aún no hemos visto un parte ruso detallado. Como de costumbre, los partes de los generales aliados están envueltos en una tan artística penumbra, que nada determinado podemos sacar en claro de ellos. Con ayuda de cartas privadas inglesas y de corresponsales de prensa pueden, no obstante, reconstruirse las líneas generales del suceso.

El ataque derecho de los aliados, dirigido contra el frente sudeste de Sebastopol, ha sido empujado hacia adelante hasta 600 yardas de la primera línea rusa por medio de 3 líneas de aproches o zigzags que en sus extremos están unidos entre sí por la llamada segunda paralela. Más allá de ésta, los 3 zigzags se prolongan, aunque lenta e irregularmente; se trata de unirlos por medio de una tercera paralela y de formar en el aproche central una plaza de armas, o un espacio cubierto lo bastante amplio para albergar una reserva. De los 3 aproches, el central está en manos de los ingleses, mientras que el derecho y el izquierdo están ocupados por los franceses. Estos dos aproches de flanco han sido empujados más lejos que el central, de modo que aquí las trincheras francesas se hallan unas 50 yardas más próximas a la plaza que la posición de los ingleses.

El 23 de marzo, antes del amanecer, considerables fuerzas rusas, unos 12 batallones, avanzaron desde la ciudad hacia las obras de asedio. Sabiendo bien que las trincheras habían sido construidas con total negligencia de las precauciones habituales y reglamentarias, que sus flancos no están ni suficientemente replegados ni defendidos por reductos, y que, por consiguiente, un golpe audaz sobre los flancos extremos de la paralela tenía que conducir al interior de las trincheras, los rusos iniciaron su ataque con un movimiento súbito y rápido, mediante el cual los extremos oriental y occidental de la paralela fueron desbordados. Un ataque frontal ocupaba a la guardia de trinchera y a sus reservas, mientras que las columnas envolventes, pese a la valerosa resistencia de los franceses, descendían a las obras y barrían la trinchera hasta llegar a la posición central defendida por los británicos. Las líneas británicas, aseguradas contra serias molestias en su frente, no fueron inquietadas hasta que la fusilería que tenía lugar a derecha e izquierda hizo acudir a una parte de sus reservas, y aun entonces el ataque frontal no fue de gran violencia, dado que la fuerza de la salida estaba concentrada en las columnas envolventes. Pero también éstas, a causa de la gran extensión de trinchera que ya habían arrollado, habían perdido su primer ímpetu, y cuando llegaron a los británicos, sus oficiales tenían que mantener constantemente a la vista la posibilidad de una retirada final. El combate alcanzó, por tanto, muy pronto el punto en que ambas partes se mantienen en sus posiciones, y ése es el momento en que un destacamento que ha efectuado una salida tiene que pensar en una retirada segura. Eso hicieron los rusos. Sin intentar seriamente desalojar a los británicos de su posición, mantuvieron el combate hasta que la mayoría de sus tropas se hubo aproximado considerablemente a Sebastopol, y entonces su retaguardia emprendió la huida, rudamente acosada por las reservas francesas y británicas.

Los rusos debían de esperar encontrar muchos cañones, considerable munición y otro material de guerra en la segunda paralela. Destruir esto no puede haber sido otro que el único propósito de su salida. Pero no hallaron casi nada de todo aquello, y no obtuvieron, por tanto, nada mediante la salida, excepto la certeza de que aún son capaces de presentar el frente más fuerte a esta distancia de sus propias líneas, en la primera o segunda hora de una salida y antes de que las reservas enemigas puedan reunirse. Esto vale algo, pero apenas las pérdidas de una salida semejante. El daño material que causaron a las obras de asedio fue reparado en uno o dos días, y el efecto moral producido por esta salida ha de considerarse nulo. Puesto que toda salida termina en una retirada, los sitiadores se tienen siempre por vencedores. Si las pérdidas de los sitiados no son desproporcionadamente pequeñas en comparación con las de los sitiadores, el efecto moral es, por término medio, más alentador para éstos que para aquéllos.

En este caso, dado que Canrobert y Raglan necesitaban más que nunca un éxito aparente, esta salida con sus frutos diminutos y su apresurada retirada final les vino sumamente a propósito. Las tropas francesas se atribuyen muy especialmente el haber perseguido al enemigo hasta muy cerca de las líneas de Sebastopol. Esto, no obstante, no es tan difícil en circunstancias similares, pues los cañones de la plaza no pueden disparar por temor a alcanzar a las propias tropas. Los británicos, por su parte, a la vez que pasan en silencio sobre su posición excepcionalmente retrasada, que les confiere más el carácter de una reserva que el de un cuerpo de tropas en primera línea de batalla, presumen de nuevo —esta vez, empero, con menos fundamento que nunca— de su propia invencibilidad y del valor inflexible que prohíbe al soldado británico ceder ni una pulgada. Los oficiales británicos en manos de los rusos, apresados en medio de esos soldados inflexibles y conducidos a Sebastopol bajo buena custodia, el coronel Kelly y otros, saben lo que hay detrás de todo ese *Cant* <hipocresía>.

Entretanto, los grandes estrategas de la prensa británica continúan declarando con notable énfasis que, antes de pensar en un asalto a Sebastopol, las obras exteriores recién erigidas por los rusos deben ser tomadas a toda costa; y esperan que esto acontezca pronto. Su afirmación es ciertamente tan verdadera como trivial, pero la cuestión es *cómo* tomarlas, si los aliados ni siquiera pudieron impedir su terminación bajo los ojos de sus propias baterías. El ataque a Selenginsk (en el monte Sapún) mostró con suficiente claridad que una obra así puede ser tomada por un momento a costa de grandes sacrificios de vidas, pero es difícil decir con qué provecho, si ni siquiera puede mantenerse durante el tiempo necesario para su destrucción. El hecho es que estas nuevas obras, que forman parte integrante del sistema defensivo ruso, dominadas en los flancos y por la retaguardia por la línea principal rusa, no pueden ser tomadas si no se emplean contra ellas los mismos medios que contra la línea principal. Hay que adelantar aproches hasta una distancia conveniente, completar paralelas cubiertas con plazas de armas, construir y armar baterías para empeñar a la línea principal rusa, antes de que se pueda pensar seriamente en un ataque contra estas obras exteriores y en apoderarse de ellas. El «Times», el que más clamaba por la toma de estas obras exteriores, se olvidó tan sólo de comunicar el nuevo método mediante el cual, según anunciaba confiadamente, se resolvería esta difícil tarea en un par de horas. Apenas había revelado sus esperanzas sanguíneas, llegó una carta de su corresponsal de Crimea que no sólo declaraba inexpugnables las nuevas obras exteriores rusas, sino que, a la vez, las consideraba como simple primer jalón de un proyectado avance ulterior de contraaproches rusos. Las trincheras de tiradores al frente del reducto del Mamelón (llamado Kamchatka por los rusos) han sido unidas entre sí mediante una trinchera regular y forman así una nueva línea de defensa. Entre el reducto del Mamelón y el reducto de Selenginsk (en el monte Sapún) se ha excavado otra trinchera que forma tres lados de un cuadrado y enfila una parte de los aproches franceses. Hasta aquí está claro que los rusos se proponen un sistema completo de puestos avanzados para cubrir el Malachow por ambos lados en el frente y quizás, al final, establecerse en las trincheras de los aliados. Si tal intento tuviera éxito, las líneas de asedio quedarían rotas por este lado del ataque. Mientras los aliados, en los últimos seis meses, no han hecho más que mantenerse en sus posiciones y reforzar sus baterías más que avanzarlas, los rusos, en un solo mes, han avanzado considerablemente sobre ellos y siguen avanzando. ¡Cierto! Muchas defensas han sido más gloriosas que la de Sebastopol, pero es imposible, desde el sitio de Troya, encontrar en los anales de la guerra un sitio tan inconexo, tan falto de ideas y tan sin gloria como el sitio de Sebastopol.