Karl Marx

El ministerio derrocado

["Neue Oder-Zeitung" Nº 63 del 7 de febrero de 1855]

Londres, 3 de febrero. El 16 de diciembre de 1852, el primer punto del presupuesto de Disraeli —extensión del impuesto directo, en primer lugar del impuesto sobre las casas— fue rechazado por una mayoría de 19 votos. El ministerio tory dimitió. Tras diez días de intrigas, se había formado el ministerio de coalición. Estaba compuesto por una parte de la oligarquía whig —el clan Grey quedó excluido esta vez—, la burocracia de los peelitas, un aditamento de los así llamados radicales de Mayfair, como Molesworth y Osborne, y, finalmente, los mediadores de la Brigada Irlandesa que el 16 de diciembre habían inclinado la balanza —Sadleir, Keogh, Monsell— y que fueron alojados en puestos ministeriales subordinados. El ministerio se designó a sí mismo como el «gabinete de todos los talentos». Abarcaba, en efecto, casi todos los talentos que se habían alternado en el gobierno desde hacía treinta años y más. El "Times" anunció el «gabinete de todos los talentos» con estas palabras: «Hemos llegado ahora al comienzo del milenio político». El «milenio político» había irrumpido, en efecto, para las clases gobernantes desde el momento en que descubrieron que sus formaciones partidistas estaban disueltas, que sus antagonismos internos descansaban ya sólo en caprichos y vanidades personales y que sus fricciones recíprocas ya no eran capaces de tensar el interés nacional. El ministerio de coalición no representaba a ninguna fracción en particular. Representaba «todos los talentos» de la clase que hasta ahora ha gobernado a Inglaterra. De ahí que sea importante echar una mirada retrospectiva a sus realizaciones.

Tras la caída del ministerio Derby, el parlamento fue aplazado para las vacaciones de Navidad. Luego fue aplazado de nuevo para las vacaciones de Pascua. Sólo entonces comenzó la verdadera sesión de 1853, absorbida casi por entero por los debates sobre el presupuesto de Gladstone, sobre el proyecto de ley de Sir Charles Wood acerca de la India y sobre el proyecto de Young para la regulación de las relaciones entre terratenientes y arrendatarios en Irlanda.

Antes de presentar su presupuesto, Gladstone anunció grandes operaciones para la reducción de la deuda pública —tanto de la flotante como de la consolidada—. La operación sobre la primera consistió en que rebajó el interés de los bonos del Tesoro de 1 1/2 peniques por día a 1 penique, y precisamente en un momento en que la tasa de interés del mercado subía. El resultado fue que tuvo primero que rescatar 3 millones de bonos del Tesoro y luego emitirlos de nuevo a un interés más alto. Aun más significativo fue su experimento con el monstruo de la deuda pública consolidada. El propósito ostensible era su reducción. Operó con tanta habilidad que al final del ejercicio financiero tuvo que recomprar a la par 8 millones de títulos del Mar del Sur, que según el curso bursátil de entonces valían sólo el 85 por ciento. Al mismo tiempo, arrojaba a la bolsa un papel de nueva invención suya: los bonos del Tesoro. Se hizo autorizar por el parlamento para la emisión de 30 millones de libras esterlinas de tales papeles. Con dificultad logra deshacerse de 400.000 libras esterlinas. En una palabra: sus operaciones para la reducción de la deuda pública terminan con el aumento del capital de la deuda consolidada y del tipo de interés de la deuda flotante.

Su presupuesto, el orgullo de la coalición, consta de diversos momentos heterogéneos. Partes del mismo, como la rebaja del impuesto sobre el té, del impuesto de consumos (sólo que él lo rebajó sobre el jabón, Disraeli sobre la malta) y el aumento del impuesto directo, están tomadas del presupuesto de su predecesor. Otras disposiciones, y las más importantes, como la imposición del impuesto sobre sucesiones a la tierra y el suelo, la supresión del impuesto sobre los anuncios de periódicos, etc., le fueron impuestas a la fuerza, al fracasar de su lado en dos ocasiones en la Cámara con sus contrapropuestas. Otros componentes de su plan, como, por ejemplo, la nueva regulación del sistema de patentes, tiene que retirarlos por completo. Lo que llevó a la Cámara como un sistema enciclopédico, sale de ella como una mescolanza de partidas heterogéneas y contradictorias. Original le queda todavía sólo un lugar en el presupuesto, aquel en el que se le condonan al "Times" 30.000-40.000 libras esterlinas anuales mediante la supresión del timbre para los suplementos, que de todos los periódicos sólo el "Times" publica. Tanto más firmemente se mantuvo —y en tal medida se ganó con ello el favor del "Times", que éste no quiere echarlo de menos ni siquiera en un nuevo ministerio— en el mantenimiento del timbre para la hoja principal. Éstas fueron las obras maestras de Gladstone de las que vivió la coalición durante toda la sesión de 1853.

La cédula de la Compañía de las Indias Orientales expiraba el 30 de abril de 1854. La relación de Inglaterra con la India debía, pues, ser regulada de nuevo. La coalición perseguía el propósito de renovar la cédula de la Compañía de las Indias Orientales por otros 20 años. Fracasó. La India no ha vuelto a ser «arrendada» por decenios a la Compañía. Ésta subsiste sólo por «aviso» que el parlamento puede enviarle cualquier día. Esto, el único momento significativo del proyecto de ley sobre la India, se impuso contra el ministerio. Con excepción de algunas reformas de rincón en el servicio judicial indio y de la apertura de los puestos civiles y de los puestos científicos militares para todos los capacitados, el meollo propiamente dicho del proyecto de reforma de la India puede resumirse así: el sueldo del ministro que gobierna para la India en Londres se eleva de 1.200 a 5.000 libras esterlinas anuales. De entre 18 directores, en el futuro el gobierno elegirá 6, y la asamblea de los accionistas de la Compañía de las Indias Orientales ya sólo 12. El sueldo de estos directores se eleva de 300 a 900 libras esterlinas, y el de sus 2 presidentes de 400 a 1.000 libras esterlinas. Además, en el futuro el cargo de gobernador de Bengala será separado del de gobernador general de la India; no menos se creará un nuevo presidente con su colegio para el distrito propio del Indo. A esta elevación de sueldos y creación de nuevas sinecuras se limita la reforma india del gabinete de todos los talentos.

Los proyectos de ley relativos a la relación entre terratenientes y arrendatarios en Irlanda los había heredado el ministerio de coalición de sus predecesores tories. No podía dejarse superar por ellos. Los acogió y los hizo aprobar, o más bien permitió que pasaran, en la Cámara de los Comunes poco antes del cierre de la sesión, tras diez meses de debate. En la Cámara de los Lores Aberdeen aprobó, por el contrario, que esos mismos proyectos fueran rechazados —bajo el pretexto de examinarlos más de cerca y retomarlos en la siguiente sesión—.

Los proyectos de ley ministeriales para la reforma parlamentaria, la educación nacional, la reforma legislativa y judicial, etc., fueron aplazados, a petición del gabinete, para la sesión siguiente. La gran obra de «todos los talentos» —el proyecto de ley para la regulación de los cocheros de alquiler de Londres— se convirtió realmente en ley, pero apenas había franqueado el umbral del parlamento cuando tuvo que volverse atrás para ser rehecha. Había resultado irrealizable.

Por fin, el 20 de agosto se aplazó el parlamento. La política exterior del ministerio durante esta sesión la resumió Palmerston, al despedir el parlamento con estas palabras: que podía entrar en receso tranquilo. «Él tenía plena confianza en el honor y el carácter del emperador ruso», quien evacuaría voluntariamente los principados danubianos.

La injerencia pública de Palmerston en la política exterior se limitó durante la sesión de 1853 a esta declaración, a un discurso parlamentario pocos días antes del aplazamiento de la Cámara de los Comunes, en el que trató la obstrucción de la desembocadura del Sulina en el Danubio por los rusos como una broma de mal gusto, y, finalmente, a la confesión que le fue arrancada en la sesión del 15 de abril de 1853 —con ocasión de la así llamada conspiración de la pólvora de Kossuth <Véase el tomo 9, págs. 83-85> —, de que él utilizaba a la policía inglesa por encargo de cortes continentales para la vigilancia de los refugiados políticos.