Karl Marx

Desde el Parlamento -

[Las mociones de Roebuck y Bulwer]

["Neue Oder-Zeitung" Nr. 323 vom 14. Juli 1855]

Londres, 11 de julio. La moción de censura de Roebuck contra todos los miembros del antiguo gabinete de coalición está anunciada, como se sabe, para el próximo martes. Mientras en Birmingham, Sheffield, Newcastle, etc., se celebran numerosos meetings en apoyo de su moción y al mismo tiempo se recogen públicamente firmas para peticiones en todos los rincones de Londres, los miembros del Parlamento huyen a París, Nápoles, a sus casas de campo, para esquivar la votación. Roebuck, a fin de poner coto a esta desbandada, apoyada por todos los medios por Palmerston, pidió ayer autorización para lanzar un “Call” a la Cámara de los Comunes el próximo martes. El “Call” es una antigua fórmula parlamentaria, caída en desuso desde los tiempos del debate sobre la emancipación de los católicos. Al abrirse la sesión, se pasa lista con los nombres de todos los miembros del Parlamento. Los ausentes incurren en detención por el sargento de armas parlamentario <(propiamente: acompañante armado, originalmente del rey; el macero del Parlamento)>, pública retractación ante la Cámara reunida y el pago de ciertas multas. Sin embargo, la Cámara de los Comunes denegó a Roebuck el medio coercitivo del “Call”, por una mayoría de 133 votos contra 108.

Nada hay más característico del Parlamento británico y de sus órganos en la prensa que el comportamiento ante la moción de Roebuck. La moción no parte de ningún miembro de la oposición “oficial”. Ésa es su primera tacha. No se dirige únicamente contra miembros del gabinete existente, sino también contra miembros del gabinete disuelto. No constituye, por tanto, una mera maniobra de partido. Declara que los pecados de un viejo ministerio no quedan expiados por la formación de un ministerio nuevo. Constituye el puente hacia una moción de puesta en estado de acusación. Esa es la otra gran tacha de esta moción. La oposición oficial quiere, naturalmente, librar la guerra parlamentaria sólo

“dentro de los límites del cambio de ministerio”.

Está muy lejos de hacer la guerra contra la responsabilidad ministerial. La camarilla de los *Outs* <oposición> no está menos angustiada por la preservación de la omnipotencia ministerial que la camarilla de los *Ins* <gobierno>. La esencia de la lucha parlamentaria consiste, justamente, en que en el cuerpo a cuerpo nunca se ataca al cargo, sino siempre únicamente a su poseedor momentáneo, y aun a éste sólo hasta el punto de que siga siendo capaz de levantarse como *candidato al ministerio* en el mismo instante en que ha caído como *ministro*. La oligarquía no se perpetúa por la posesión constante del poder en *la misma* mano, sino haciendo que el poder caiga alternativamente de una de sus manos para recogerlo con la otra. De ahí que los tories estén tan descontentos con la moción de Roebuck como los whigs.

En lo que toca a la *prensa*, el “Times” es aquí decisivo. ¿Qué periódico clamó con más fuerza por el establecimiento de la comisión Roebuck mientras ésta debía servir, por un lado, para provocar un cambio de ministerio, y, por otro, para excavar un canal de desagüe a la pasión pública? Pero desde el momento en que Roebuck se presenta y, apoyándose en los resultados de su comisión, amenaza con exponer a *todos* los miembros de la coalición a la censura expresa del Parlamento, ¿qué periódico observa un silencio de muerte más obstinado que el “Times”? La moción de Roebuck no existe para él; el incidente de ayer en el Parlamento a propósito del “Call” no existe para él; los meetings de Birmingham, Sheffield, etc., no existen en sus columnas.

El propio Roebuck no es, desde luego, ningún Bruto. Por una parte, veía miserablemente recompensados por los whigs sus largos años de servicios. Por otra, sus comitentes están detrás de él. Es el representante de un numeroso cuerpo electoral, al que ha de pagar en popularidad, ya que no puede pagarle en dinero contante. Finalmente, el papel de moderno Warwick, de hacedor de reyes parlamentario, no puede desagradar a un abogado ambicioso, aunque hasta ahora apenas exitoso.

Los tories, como oposición, no pueden combatir la moción de Roebuck del mismo modo que los whigs. Por eso tratan de adelantársele. Tal es el secreto de la moción de un *voto de censura* presentada por *Bulwer* contra el ministerio, apoyándose en las extrañas revelaciones de lord John Russell sobre las conferencias de Viena. La moción de Bulwer se mueve puramente “dentro” de los límites del cambio de ministerio. Quita el destino del ministerio de las manos de Roebuck. Si prospera, serán los tories quienes hayan derribado a los whigs; y, una vez revestidos con el ministerio, la “magnanimidad” convencional les vedaría proseguir su victoria y seguir apoyando a Roebuck. Pero al mismo tiempo, la astucia de los tories permite a Palmerston echar mano de los viejos trucos parlamentarios.

La dimisión de *Russell* —voluntaria o forzada— para el golpe de la moción de Bulwer, del mismo modo que Bulwer paró la moción de Roebuck. La salida de Russell derribaría infaliblemente al gabinete Palmerston, si no ocurriese poco antes de la clausura de la sesión. Mas ahora, por el contrario, bien podría prolongar la vida de su gabinete. Si así es, ningún ministro inglés antes de Palmerston ha sabido utilizar con igual habilidad y fortuna la gritería popular para imponerse a los partidos parlamentarios, y los pequeños intereses parlamentarios, facciones, formalidades, para imponerse al pueblo. Se asemeja al maldito viejo a quien Simbad, el marino, no pudo sacudirse, una vez que le permitió subirse sobre sus hombros.