[Debates sobre Prusia en la Cámara de los Lores]

["Neue Oder-Zeitung" Nr. 141 del 24 de marzo de 1855]

Londres, 21 de marzo. En la sesión de ayer de la Cámara de los Lores, Lord Lyndhurst, el viejo colega de Liverpool y Castlereagh, presentó su moción, anunciada desde hace tiempo, "sobre la relación de Prusia con la Conferencia de Viena". Dos circunstancias, observó, habían conferido en los últimos tiempos nuevo interés a esta cuestión: El mensaje del moribundo emperador de Rusia a la corte prusiana, el manifiesto de Alejandro II, en el que promete completar la política de Pedro, Catalina, Alejandro y su padre. Cómo concibe la propia Rusia la política prusiana, puede verse por los siguientes extractos de un despacho secreto que Pozzo di Borgo dirigió a Nesselrode poco antes del estallido de la guerra de 1828/29. Dice entre otras cosas:

"Si Rusia recurre a medidas coercitivas contra Turquía, hay sobradas razones para creer que Prusia no se le opondrá en modo alguno, sino que, al contrario, la actitud de Prusia, a la vez libre y amistosa, actuará como un poderoso obstáculo sobre los demás Estados y los llevará a aceptar resultados conformes a la dignidad y los intereses de Rusia. Será necesario hacer partícipe de esta confianza, en cierta medida, al gabinete de Berlín y persuadirlo de que el papel que asignamos a Prusia contribuirá a acrecentar la feliz confianza entre los dos soberanos y las dos cortes."

¿Era posible, exclama Lyndhurst, anticipar con más espíritu profético la dirección que la corte prusiana ha seguido en los últimos 6 o 12 meses? Prusia, ciertamente, ha firmado los protocolos del 5 de diciembre, 13 de enero y 9 de abril. El objeto de estos protocolos era conseguir la evacuación de los principados del Danubio y obtener garantías para la protección de la independencia del Sultán y la integridad de Turquía. ¿Ha obrado la corte prusiana conforme a este objeto? Con ocasión del empréstito de 30 millones de táleros para operaciones militares, el barón Manteuffel declaró: Prusia ha expresado su opinión sobre la política rusa en los protocolos arriba mencionados, en el sentido de que se ha cometido una gran injusticia; pero no se considera obligada a ir más allá y participar activamente. ¿Es éste el lenguaje de una gran nación? ¿Y no está Prusia expresamente obligada a la protección de Turquía por los tratados de 1840 y 1841? El barón Manteuffel añadió que la independencia de Alemania o los intereses alemanes no estaban involucrados en la disputa y, por tanto, Prusia no estaba obligada a hacer sacrificio alguno. Pero el propio barón Manteuffel, en otro documento, ha constatado lo contrario. Por lo demás, una vez que el zar se apodere de Constantinopla, será superfluo seguir hablando de independencia alemana e intereses alemanes. Entonces tendrían que sucumbir ante una potencia preponderante. Tras haber aludido luego Lord Lyndhurst a la destitución del ministro de la Guerra Bonin, a la retirada de Londres del enviado Bunsen y al rechazo de una respuesta de las cámaras prusianas al discurso de la Corona, llega "al segundo acto de este drama político". Transcurrido un tiempo considerable, Austria consideró oportuno exigir a Rusia la evacuación de los principados del Danubio. Esta demanda fue redactada y enviada a Berlín para su firma. De Berlín se enviaron contrapropuestas a Viena, del todo insuficientes, pero que causaron pérdida de tiempo, en la medida en que tuvieron que ser comunicadas a los aliados para su examen. Entre tanto, Rusia evacuó los principados, aunque mantuvo ocupada una parte por razones militares, y declaró que quería mantenerse por completo a la defensiva. Prusia se retiró entonces de la confederación, porque Rusia había satisfecho todas las reclamaciones razonables. Desde ese momento, Prusia ha hecho todo lo posible por frustrar los planes de Austria. A tal efecto, ha hecho propuestas a la Dieta federal y a cada uno de los Estados alemanes, en gran parte con éxito. Al mismo tiempo, Rusia dio las gracias públicamente a dos Estados alemanes por su negativa a sumarse a los aliados. Él (Lyndhurst) pasa ahora al tercer y último acto del drama. Los aliados habían fijado una reunión para el 8 de agosto en Viena, a fin de decidir qué se debía exigir a Rusia como base de toda negociación preliminar. Se hizo entonces la correspondiente notificación a Prusia, y ésta se repitió más de una vez. Prusia no se negó expresamente a asistir, pero de hecho no se presentó en la conferencia. Como consecuencia de su ausencia, los aliados, en lugar de levantar un protocolo, firmaron una nota que establecía los cuatro puntos como base de negociaciones futuras. Estos cuatro puntos fueron presentados después a Rusia para su aceptación, la cual se negó a aceptarlos. Prusia, por su parte, publicó y distribuyó un documento en el que formulaba objeciones contra los cuatro puntos. Asimismo, continuó impidiendo en la Dieta federal y ante las distintas cortes alemanas la adhesión de los pequeños Estados alemanes a los aliados. Después de la conclusión del tratado del 2 de diciembre, se comunicó a Prusia que se había dejado espacio para su adhesión. Prusia rehusó sumarse, pero se declaró dispuesta a celebrar por separado tratados similares con Francia e Inglaterra. Desde el momento en que estas últimas aceptaron esta propuesta, ha exigido, en diversas negociaciones y con diversas propuestas, innumerables modificaciones, de las que era seguro que Francia e Inglaterra tendrían que rechazar. Cuando él (Lyndhurst) habla de Prusia, se refiere a la Prusia oficial. Sabe que la nación prusiana, en su gran mayoría, es de sentimientos antirrusos. Es incomprensible cómo Prusia, después de haberse negado a adherirse al tratado del 2 de diciembre, pueda pretender ser admitida en las negociaciones de Viena. Espera que las potencias aliadas no admitan bajo ningún pretexto a un encargado de negocios prusiano. Si ocurriera lo contrario, Rusia poseería dos votos en el Congreso de Viena en lugar de uno. La diplomacia prusiana ha permanecido invariable desde Federico el Grande. Recuerda 1794, la época inmediatamente anterior y posterior a la batalla de Austerlitz, etc.

Lord Clarendon: Quiere limitarse a llenar algunas lagunas en lo que respecta a las comunicaciones que han tenido lugar entre Inglaterra y Prusia. Después de que el gabinete ruso rechazara las condiciones de los aliados, se convocó una conferencia de los respectivos plenipotenciarios, la cual, sin embargo, no pudo celebrarse porque el representante del gobierno prusiano no quiso asistir. Posteriormente, el enviado prusiano en Londres le declaró que su gobierno quería conceder a su plenipotenciario en Viena la autorización solicitada. Él (Clarendon) declaró sin embargo: "Es demasiado tarde." La correspondencia entre Prusia y Austria ha servido a Rusia. Antes de la firma del tratado del 2 de diciembre, Prusia ya había sido invitada a sumarse, pero en vano. Prusia ha exigido ser admitida incondicionalmente a la nueva conferencia, porque era una continuación de la conferencia anterior, que aún no había terminado y de la que en modo alguno se había retirado. En relación con esto último, el gobierno inglés remitió al hecho de que en una ocasión anterior no pudo celebrarse conferencia alguna porque Prusia no quiso asistir, aunque se le rogó repetidamente. La nueva conferencia no es tampoco en absoluto una continuación de la antigua, ya que, cuando Austria pidió a Francia e Inglaterra en octubre y noviembre que la reanudaran, se le respondió que la época de los protocolos y las conferencias había pasado, pero que, si Austria contraía con ellos un compromiso de guerra, ellos verían si la paz era factible. Esto condujo al tratado del 2 de diciembre. Posteriormente se estuvo dispuesto a celebrar tratados especiales con Prusia.

"Pero permitir a Prusia reclamar todos los privilegios sin compartir ningún peligro, admitirla incondicionalmente a una conferencia que puede terminar en paz, pero también conducir a una guerra en mayor escala, sin una declaración suya sobre cuáles son sus intenciones o su política, sin que contraiga con nosotros un vínculo inmediato o eventual, sin saber si acude a la conferencia como neutral, como enemigo o como amigo, eso es absolutamente imposible."

Las misiones especiales enviadas posteriormente por Prusia han sido acogidas de manera igualmente amistosa en Londres y París, pero hasta ahora no han conducido a nada. Sin embargo, no considera rotas las negociaciones. Apenas hace tres días se han hecho nuevas propuestas. Por desgracia, no obstante, las conferencias de Viena han sido inauguradas mientras Prusia permanecía excluida por su propio acto. Una gran potencia como Prusia no debe mantenerse en la más cerrada reserva alemana. Reiteradamente se ha protestado contra esta actitud. La respuesta constante es que la paz es la política de Prusia. Pero su política no es de hecho "ni europea, ni alemana, ni rusa", más adecuada para contrariar a Austria que para mantener a raya a Rusia. A pesar de todo, Prusia no puede persistir mucho tiempo en el aislamiento tan pronto como estén en juego grandes intereses europeos. No puede ponerse del lado de Rusia en contradicción con el sentimiento nacional de Prusia y Alemania. Del lado de Rusia contra Austria, bien sabe que caerá en dependencia de la primera. No quiere ponerse del lado de Austria. Por el contrario, ha adoptado una actitud poco amistosa hacia Austria.

"Digo, por tanto, que Prusia se encuentra en una posición solitaria y falsa. Esto puede ser satisfactorio para sus enemigos, pero es profundamente lamentado por sus aliados y por los patriotas de su propia población."

Aseguró finalmente que no se ahorrarían esfuerzos para ganar la cooperación de Prusia.

En la Cámara de los Comunes interpeló Lord W[illiam] Graham al primer ministro:

"si el enviado austriaco ha pedido a Lord Clarendon una aclaración a causa de las palabras pronunciadas por Sir Robert Peel en su reelección, de que ningún arreglo de la cuestión oriental sería satisfactorio sin el restablecimiento de Polonia y Hungría?"

Lord Palmerston, en lugar de dar respuesta alguna a esta pregunta, se felicitó en primer lugar de que Sir Robert Peel hubiera aceptado un puesto en su gobierno. En lo que respecta a Hungría, Austria sabe desde hace tiempo que Inglaterra consideraría su separación del Estado imperial como una gran desgracia europea, pues el Estado imperial como cuerpo entero en el centro de Europa es un elemento esencial del equilibrio de las potencias. En lo que concierne a Polonia —(considerable risa se suscitó aquí por una pequeña pausa en la respuesta de Palmerston y la extraña manera en que reanudó su discurso)—, es su opinión que el Reino de Polonia, tal como está constituido y como está poseído actualmente, es una amenaza constante para Alemania. Sin embargo, estipulaciones concernientes a una reorganización de Polonia no forman parte de los puntos sobre los que se negocia actualmente en Viena. Sin embargo, Inglaterra y Francia se han reservado, según las circunstancias o los acontecimientos de la guerra, añadir a los cuatro puntos, sobre cuya base se negocia ahora, otras estipulaciones que les parezcan esenciales para la seguridad futura de Europa.