De la Bolsa de París –

Sobre la masacre de Hangö en la Cámara de los Lores

["Neue Oder-Zeitung" núms. 289 y 290, 25 y 26 de junio de 1855]

Londres, 22 de junio. Acababa de terminar el segundo acto de la “Sonámbula”; el telón del teatro de Drury-Lane caía, cuando de pronto un inmenso redoble de tambor hizo volver sobre sus pasos al público que se apresuraba hacia los refrescos. El telón volvió a alzarse, apareció el director del teatro y pronunció con exaltación melodramática el siguiente discurso:

“Ladies y Gentlemen! Tengo la dicha de poder anunciarles un gran acontecimiento. Los aliados han tomado Sebastopol.”

Grito de triunfo entusiástico, hurras, vivas, lluvia de ramilletes. La orquesta tocó y el público cantó: “God save the Queen”, “Rule Britannia” y “Partant pour la Syrie”. Una voz desde las regiones superiores gritó: “¡La Marsellesa!”, pero se perdió sin eco. La improvisación del director del teatro se basaba en un despacho telegráfico que no anuncia, ciertamente, la toma de Sebastopol, sino que los franceses, en su asalto a Malachov, y los ingleses, en su asalto al Redan, fueron rechazados el 18 de junio con pérdidas considerables. El cómico copió anoche sobre las tablas de Drury-Lane a otro director de teatro que, hace casi un año, en medio de una gran pieza de espectáculo militar, improvisó las inesperadas e inolvidables palabras: “Messieurs, Sevastopol est pris!” <“¡Señores, Sebastopol ha sido tomado!”>.

La inconcebible obstinación con que Pélissier continúa desgastando las fuerzas del ejército aliado en ataques unilaterales contra la parte sur debe encontrar su razón explicativa no en motivos militares, sino financieros. Bonaparte ha girado ya, como es sabido, miles de millones sobre la toma de Sebastopol y los ha hecho descontar por la nación francesa. Está a punto de girar otra vez 800 millones, o poco más o menos. Un pago a cuenta de las letras ya en circulación parecía, pues, indispensable, y si el paso del Tchórnaya trae resultados reales, el ataque a la parte sur de Sebastopol promete un brillante éxito aparente. ¡La “caída de Sebastopol” sentaría bien en el prospecto del nuevo empréstito, y si un empréstito se hace para la guerra, por qué no se habría de hacer una guerra para el empréstito! Ante este punto de vista tiene que enmudecer toda crítica según la ciencia de la guerra. Existe, en general, una conexión misteriosa entre la guerra de Crimea y la Bolsa de París. Así como todos los caminos conducen a Roma, así, como es sabido, todos los hilos telegráficos concurren en las Tullerías, donde desembocan en un “secreto de gabinete”. Ahora bien, se ha observado que los despachos telegráficos más importantes se publican horas más tarde en París que en Londres. Durante esas horas se dice que un tal corso, de nombre Orsi, despliega una infinita actividad en la Bolsa de París. Este Orsi, como es generalmente sabido en Londres, fue en tiempos pasados el agente “providencial” del entonces exiliado <Louis Bonaparte> en el Stock-Exchange de Londres.

Si ya los despachos del almirante Dundas publicados por el gabinete inglés no hubieran probado que la masacre rusa de Hangö no encontró pretexto en abuso alguno de la bandera parlamentaria por parte de los oficiales o de la tripulación del bote destacado del “Cossack”, el relato del “Invalide Russe” desvanecería toda duda sobre este punto. Los rusos, evidentemente, no sospechaban que un marinero, John Brown, hubiera escapado con vida y pudiera prestar testimonio contra ellos. El “Invalide” creyó, pues, superfluo acusar al bote inglés de espionaje, de sondear, etc., y fabricó su historia de improviso, convencido, con el abate Sieyès, de que “los muertos no hablan”. El asunto fue tratado ayer en la Cámara de los Lores. No podemos coincidir con el “Times” en que “este Senado, por lo demás tan fríamente distinguido por hábito y por principio”, se haya estremecido esta vez con los acentos sin adulterar de la verdadera pasión. Encontramos indignación afectada en la frase, y en la cosa misma, tierna solicitud por el “honor ruso” y angustiosa prevención de la venganza nacional. El ministro de Asuntos Exteriores de los tories, conde de Malmesbury, se levantó, expuso concisamente el estado de hecho y exclamó luego:

“He escudriñado la historia inglesa y no puedo encontrar ejemplo de un acto abominable semejante. ¿Qué medida piensa tomar el gobierno en estas circunstancias? Es asunto de la mayor importancia para todo oficial y todo ejército de Europa que este suceso sea investigado hasta el fondo y que un castigo adecuado recaiga sobre los perpetradores del hecho infame.”

Clarendon, el ministro de Asuntos Exteriores de los whigs, declaró compartir la “indignación” de su colega. Es un acto de violencia tan horrible e incomparable, tan en contradicción con los usos y costumbres de las naciones civilizadas, que hay que suponer que sus perpetradores no pueden haber obrado por encargo o con la autorización de sus superiores. Es posible que el comandante de los 500 rusos no fuera un commissioned officer <oficial con despacho real; todo oficial inglés hasta el rango de teniente posee una commission <despacho>, pero no los sargentos ni suboficiales>. Cabe creer, por tanto, que el gobierno ruso desapruebe este acto. Por eso ha encargado al enviado inglés en Copenhague que, a través del enviado danés en San Petersburgo, haga presente al gobierno ruso que el gabinete inglés espera con la mayor tensión qué pasos ha dado o se propone dar el gobierno ruso para poner de manifiesto su manera de pensar sobre un acto que quizá no hubiera causado sorpresa si hubiera ocurrido en una isla salvaje de los mares del Sur, pero que no se espera en la Europa civilizada y que, si no es severa y adecuadamente castigado por el gobierno ruso, merecería la más dura represalia. El gabinete inglés –concluyó Clarendon– espera la declaración rusa para dar, de conformidad, los pasos ulteriores.

Lord Colchester cree

“que en todo caso tal era el deber del comandante de ponerse inmediatamente en comunicación, por medio de un parlamentario bajo bandera de paz, con la autoridad rusa más alta que pudiera alcanzar, exponer las circunstancias y exigir que se desautorice el crimen”.

Lord Malmesbury se levanta de nuevo, se declara, en conjunto, de acuerdo con el procedimiento del gobierno, pero se estremece de haber oído de labios de Clarendon la palabra “represalia”. Inglaterra no debe descender a su vez al punto de vista ruso. Moralmente debe vengarse del zar, mover a todas las cortes de Europa a una protesta ante la corte de San Petersburgo y dictar así un veredicto internacional sobre Rusia. Todo en el género de la “venganza” no haría sino aumentar el “asco” público. El nominal

presidente del gabinete inglés, conde de Granville, recoge ávidamente las palabras del tory y predica cristianamente: “¡No retaliation!” <“¡Nada de represalias!”>.

¿Qué nos muestra, pues, este estallido de pasión en la Cámara de los Lores, según pretende el “Times”? El tory, lleno de indignación moral, interpela. El whig lo sobrepuja en indignación, pero al mismo tiempo suministra a la mano al gobierno ruso razones de disculpa y le muestra la salida de desautorizar y sacrificar a un subalterno. Cubre su retirada mascullando “eventualiter” algo acerca de represalias. Lord Colchester quiere castigar a los rusos por el atentado asesino contra parlamentarios bajo bandera de paz, enviándoles un nuevo parlamentario bajo bandera de paz. El tory se levanta de nuevo y apela de las represalias a la moral. El whig, contento de haberse librado de la represalia, aun eventualiter, corea: “¡No retaliation!” <“¡Nada de represalias!”>. Todo pura comedia. La Cámara de los Lores se interpone entre la pasión popular y Rusia, para cubrir a Rusia. El único par que se salió del papel fue Brougham. “Si alguna vez –dijo– el país ha clamado por sangre, es ahora.” En lo que toca a la sensibilidad inglesa contra las “represalias”, contra el “Jus talionis” <“derecho de retorsión”>, Lord Malmesbury ha escudriñado las hojas de la historia inglesa, ¡sin encontrar una hoja irlandesa, una hindú, una norteamericana! ¿Cuándo fue sentimental la oligarquía inglesa, salvo frente a Rusia?

En el informe de la comisión Roebuck, que fue leído a la Cámara, se ha suprimido curiosamente el párrafo final, un párrafo que Roebuck había propuesto y que, tras una votación, fue adoptado por la comisión. Reza como sigue:

“Lo que fue concebido y emprendido con información insuficiente, se ejecutó sin suficiente previsión ni precaución. Este comportamiento del gobierno fue la causa primera y principal de las calamidades que se abatieron sobre nuestro ejército en Crimea.”