Karl Marx

Sobre la historia de la alianza francesa

["Neue Oder-Zeitung" Nº 145 del 27 de marzo de 1855]

Londres, 24 de marzo. La "Press", órgano de Disraeli, provocó la semana pasada una tormenta en un vaso de agua al afirmar que "el emperador Louis" sería el único obstáculo para la conclusión de la paz y que habría encadenado a sí a Austria mediante un "acuerdo" secreto del que ésta se esforzaría por desprenderse. Hasta ahora los tories habían reivindicado la alianza anglo-francesa como obra suya. ¿No había sellado su lord Malmesbury el pacto con Bonaparte? ¿No derramó Disraeli en el Parlamento sus sarcasmos contra Graham y Wood, quienes, sacrílegamente, habrían calumniado ante sus electores el golpe de Estado del 2 de diciembre? ¿No fueron los tories, desde la tribuna y en la prensa, durante dos años, los heraldos más vocingleros de la guerra? ¿Y ahora, de repente, sin transición alguna, sin circunstancia atenuante, insinuaciones contra la alianza francesa, alusiones sarcásticas contra el "emperador Louis" y homilías pacifistas? El decrépito órgano de los viejos tories, el "Morning Herald", no iniciado en el secreto de los jefes del partido, sacudía la cabeza con preocupación y murmuraba vehementes protestas contra las alucinaciones incomprensibles de la "Press". Ésta, sin embargo, vuelve hoy sobre el ominoso tema. En su cabecera está adherido el siguiente anuncio en grandes letras:

"Importantes circunstancias han transpirado. Cuando escribimos recientemente, existía la perspectiva de que el Congreso se disolviera re infecta <sin haber hecho nada> y de que lord John Russell regresara súbitamente a Inglaterra. El tono modificado de Austria frente a Rusia desde la muerte del emperador Nicolás –y en particular la declaración del emperador austríaco a Alejandro II– han contribuido, sin duda, a este resultado. Tenemos razones para creer que el emperador de los franceses ha eliminado los obstáculos que se oponían

a una pacificación general y que Francia consentirá en la evacuación total de Crimea sin ninguna condición sobre la destrucción o reducción de las fortificaciones de esa provincia."

Para esclarecer este oráculo, la "Press" remite a "los detalles auténticos de su artículo de fondo". Curiosamente, esos detalles refutan exactamente la conclusión que sobre ellos se basa y que se les ha antepuesto.

"Los asuntos en Viena", se dice en el artículo de fondo, "se vuelven por hora menos racionales y satisfactorios; y es importante que la opinión ilustrada a ambos lados del Canal ejerza su influencia para evitar resultados que podrían resultar igualmente enojosos y lamentables. [...] Si la alianza anglo-francesa hubiera sido sincera por parte de nuestros ministros en 1853, probablemente habría faltado la ocasión para la guerra; pero, de haber sido necesaria, su conducción habría sido con toda probabilidad victoriosa y exitosa. En lugar de tan cordial alianza con Francia, un año fue desperdiciado por el gobierno británico con lo que ellos llamaban
la adhesión de los grandes Estados alemanes
. Nada podía justificar una guerra con Rusia por parte de las potencias occidentales, salvo la firme decisión de reducir materialmente su imperio en el sur. Ésa es la única solución de la cuestión de Oriente. En 1853 la ocasión era favorable; se ha perdido. Tiempo, tesoros, ejércitos, reputación han sido dilapidados por igual. Si en 1853 hubiéramos actuado cordialmente con Francia, las potencias alemanas habrían tenido que seguir nuestras huellas. ¿Qué ha sucedido ahora? El emperador de Austria ha asegurado al emperador Alejandro de Rusia 'que Austria no busca ni disminuir las fronteras de su imperio, ni infligir humillación alguna sobre su territorio'. Estas palabras no admiten más que una interpretación. En cuanto al acuerdo secreto entre Francia y Austria al que antes aludimos, estamos asegurados por alta autoridad de que, si bien apunta a una vinculación probablemente permanente entre ambos imperios, nada contiene que debiera conducir necesariamente a una invasión de Rusia por parte de Austria. – El emperador de Rusia está dispuesto a aceptar condiciones de paz que, ciertamente, no ofrecen una solución de la cuestión de Oriente, pero son, sin duda, una concesión de la agresión frustrada y, en cierta medida, una reparación por el acto de violencia. Creemos que la oportunidad para una política más grandiosa se ha perdido y que la combinación de circunstancias que habría podido asegurar la independencia de Europa no retornará tan pronto; pero aún puede obtenerse una paz, en conjunto ventajosa para Europa, útil para Turquía y no deshonrosa para las potencias occidentales. Tenemos razones para temer que semejante paz no será negociada. ¿Cuál es el obstáculo?... El emperador de los franceses. Si él fuera todavía de la opinión, no obstante las ahora desfavorables circunstancias, de que debiera emprenderse la solución de la cuestión de Oriente, no diríamos que Inglaterra debiera retirarse; pero sabemos que las opiniones del emperador son de índole completamente distinta [...] Entre la reducción de las fronteras rusas y la negociación de la paz proyectada, el emperador de los franceses ha

ideado un mezzo termine <un término medio> que es peligroso y puede volverse funesto. Se propone una campaña llena de brillantes hazañas, que restablezca el
prestigio
y que concluya luego con una paz que no cambiaría la constitución territorial de Europa o de Asia ni un ardite más que las propuestas austro-rusas, a las que el plenipotenciario extraordinario inglés en Viena estaba dispuesto a adherirse. Prescindiendo de la parte del plan que quiere sacrificar muchos miles de vidas humanas por la mera restauración del
prestigio
..., consideramos lo impolítico de este proyecto tan clamoroso como su inmoralidad. ¿Y si la campaña del prestigio no tiene éxito?... Aparte de los obstáculos que el ejército ruso opone en Crimea, la peste amenaza tanto como las armas. Si la campaña del
prestigio
fracasa, ¿qué será de Inglaterra y de Francia? ¿De qué lado se situarán entonces las grandes potencias alemanas? La perspectiva no es otra que la decadencia y la caída de Europa. Aun cuando las probabilidades no estuvieran en nuestra contra, ¿estamos justificados para correr tales peligros, no ya en favor de una política determinada, sino de una mera demostración? Puede ser atormentador para el soberano de Francia que se haya perdido una gran oportunidad; no lo es menos para el pueblo inglés. Pero los estadistas deben tomar las circunstancias tal como son. Ni Francia, ni Inglaterra, ni Rusia se encuentran en 1855 en las mismas posiciones que en 1853. Ay de los hombres que han traicionado los intereses supremos de Europa. Que les alcance el destino que merecen. El soberano de Francia y la reina de Inglaterra no tienen culpa; pero no deben, como jugadores enfurecidos, empeñarse en forzar su desgracia en un frenesí de decepción y un paroxismo de desesperación."

En el mismo periódico se remite al panfleto de Girardin "La Paix", en el que el desarme simultáneo de Sebastopol y Gibraltar es celebrado como la verdadera solución de paz.

"¡Considerad", exclama la "Press", "que este panfleto, o más bien su venta, está autorizado por el gobierno francés, y que su autor es el caro e íntimo amigo, consejero y compañero del presunto heredero al trono!"

Aquí se indica solamente que los derbyitas, cuyo órgano es la "Press", trabajan en una coalición con la (pacifista) Escuela de Manchester y que el ministerio, por su parte, busca ganarse a la Escuela de Manchester mediante la ley del timbre periodístico (sobre la cual volveremos). La idea de una mera campaña de demostración, de una guerra europea no para poner en peligro al poder enemigo, sino para salvar el propio
prestigio
, de una guerra como pieza de espectáculo, tiene que sacar de sus casillas a todo inglés sensato. Pregunta: ¿No es ésta una de las "idées napoleoniennes" <"ideas napoleónicas"> tal como el restaurado imperio las entiende y tiene que entenderlas?