["New-York Daily Tribune", núm. 4072 del 6 de mayo de 1854]

Londres, viernes 21 de abril de 1854.

Por la "Preußische Correspondenz" nos enteramos de que el célebre caballero Bunsen no ha sido destituido, sino que, a petición propia, ha obtenido una licencia prolongada. Se ha nombrado al conde Alvensleben su locum tenens provisional. La comisión constitucional de la Dieta sueca ha decidido por una mayoría de 12 votos contra 11 que los ministros sean acusados ante el Tribunal Supremo del reino por su actitud en la simplificación del sistema tributario recientemente debatida.

Según un informe del Sr. Meroni, cónsul en Belgrado, los austríacos deben estar preparados para toparse con la resistencia armada de los serbios si hacen entrar sus ejércitos en Serbia.

El día 3 del corriente, el Sr. Metaxas abandonó Constantinopla; en menos de 14 días le siguieron entre 40.000 y 50.000 de sus compatriotas. Ninguna embajada se mostró dispuesta a representarlo temporalmente para la continuación de los asuntos corrientes. El embajador austríaco se negó con el argumento de que, siendo Inglaterra y Francia las potencias protectoras de Grecia, sus cancillerías tenían el deber de representar a Grecia en el ínterin. Prusia no quiso aceptar porque Austria se había negado. Los embajadores de Inglaterra y Francia consideraron el momento demasiado inoportuno para presentarse ellos mismos como representantes del Sr. Metaxas. Los encargados de negocios de las potencias menores consideraron lo mejor evitar cuidadosamente toda manifestación de simpatía o antipatía. Por lo tanto, el Sr. Metaxas se vio obligado a dejar atrás a un agregado propio. Pero pronto se descubrió que éste abusaba de los derechos que le había concedido la Puerta y distribuía con diligencia pasaportes entre los rayas griegos para darles la posibilidad de unirse a los insurgentes en Albania. En consecuencia, la actividad de la cancillería griega se ha suspendido por completo; la expedición de pasaportes se ha encomendado ahora a una comisión compuesta de dos turcos y dos rayas.

Al mismo tiempo se anunció que a todo súbdito del reino de Grecia que desee convertirse en súbdito del sultán se le podrá conceder si encuentra dos personas de confianza que respondan de su fiabilidad. Como los habitantes helenos de Constantinopla habían amenazado a grandes voces con incendiar y saquear la ciudad antes de su partida, el gobierno ha tomado medidas extraordinarias. Los turcos patrullan día y noche, y en el paseo de Pera se han emplazado cincuenta cañones. Desde la puesta del sol hasta la medianoche, toda persona que camine o cabalgue por la calle o el campo debe llevar un farol consigo; después de la medianoche está prohibido todo tráfico. Otra disposición prohíbe la exportación de cereales. A los griegos de fe católica romana se les permitió permanecer bajo la responsabilidad de los obispos católicos de Pera. Estos griegos, originarios de Tinos, Andros y Siros, pertenecen en su mayor parte a la categoría de los sirvientes. Los habitantes de la isla de Citera han dirigido una petición a la Puerta, en la que condenan duramente la insurrección griega y suplican al gobierno que los exceptúe de las medidas generales. También ha llegado una delegación de súbditos griegos de la Puerta, procedentes de Tríkala en Tesalia, pidiendo enérgica protección contra los bandidos helenos, que han incendiado aldeas enteras y han empujado a sus habitantes, sin distinción de sexo ni edad, hacia la frontera, donde han sido atormentados de la manera más cruel.

La duda, la desconfianza y la hostilidad hacia los aliados occidentales se apoderan de los turcos. Ven ahora paulatinamente en Francia e Inglaterra enemigos más peligrosos que el propio zar, y la opinión general reza: «¡Quieren destronar al sultán y repartirse el imperio; quieren convertirnos en esclavos de la población cristiana!» Al haber desembarcado al sur de Constantinopla en lugar de al norte de Varna, los aliados fortifican Galípoli contra los propios turcos. La comarca donde se halla la aldea es una larga península, unida al continente por un estrecho istmo y excelentemente adecuada como base para invasores. Desde aquí desafiaron antaño los genoveses a los emperadores griegos de Constantinopla. Además, el nombramiento del nuevo şeyhülislam indigna a los musulmanes ortodoxos, ya que a sus ojos no es sino un instrumento del clero griego; y los turcos van forjándose poco a poco la firme opinión de que habría sido mejor atender la única exigencia de Nicolás que convertirse en juguete de una banda de potencias ávidas.

El descontento con el ministerio de coalición y la indignación que su modo de llevar la guerra provoca en el pueblo han crecido tanto que incluso el "Times" se ve ante la alternativa de arriesgar su tirada o dejar de rendir pleitesía al gabinete de todos los talentos, y consideró oportuno caer furiosamente sobre él en su edición del miércoles.

El corresponsal en Quebec del "Morning Post" escribe:

«Nuestra flota en el Pacífico es lo bastante fuerte para tomar todos los fuertes y puestos rusos a lo largo de la costa de la América rusa (en el interior del país no los hay), así como aquellos que posee aquí y allá en las islas Fox, Aleutianas y Kuriles, y que forman juntos una cadena desde la costa americana hasta el Japón. Con la toma de estas islas —muy valiosas por sus pieles, su cobre, la suavidad de su clima y por los excelentes puertos que existen en algunas de ellas cercanas al continente asiático, donde no hay buenos puertos— y con la conquista de la América rusa, nuestra influencia en el Pacífico aumentaría considerablemente, y esto en un momento en que los países de este océano empiezan a alcanzar la importancia que les corresponde desde hace tiempo. La mayor resistencia la ofrecería a nuestra flota Nuevo Arcángel, en la isla de Sitka, que no solo es fuerte por su posición natural, sino que además está completamente fortificada y ahora equipada con 60 o 70 cañones. Allí viven unas 1.500 personas, incluida la guarnición de unos 500 hombres, y existe también un astillero donde ya se han construido muchos buques de guerra. En la mayoría de los demás puestos no hay más de 50 a 300 personas, y solo unos pocos de estos puestos poseen obras de fortificación de alguna importancia. Si emprendiéramos esta conquista y Francia deseara obtener a cambio territorios, se le podría permitir apoderarse de Kamchatka y de la costa adyacente.»

Los informes de la "Gazette" sobre la venta de trigo en las ciudades de mercado de Inglaterra y Gales muestran un descenso considerable en comparación con el período correspondiente de 1853, lo cual puede considerarse un indicio de la cantidad recogida en las cosechas anteriores. Se vendieron:

Enero ............... 1853: 582.282 quarters — 1854: 266.477 quarters  
Febrero ............ 1853: 345.329 quarters — 1854: 256.061 quarters  
Marzo ............... 1853: 358.886 quarters — 1854: 227.556 quarters  

La venta de la última semana ascendió a 36.628 quarters, frente a 88.343 quarters en la semana correspondiente de 1853. Estas cifras muestran, pues, para los tres meses un descenso de alrededor de medio millón de quarters en comparación con los meses correspondientes de 1853, y constituyen la prueba más contundente de la escasez de la última cosecha.

El "Mark Lane Express" escribe:

«Los abundantes envíos del extranjero han impedido hasta ahora que se haya sentido seriamente la falta de suministros nacionales, y todavía se encuentran en camino hacia Inglaterra cantidades considerables de trigo y harina de diversos países; pero ¿podemos esperar que la importación continúe en la misma gran escala durante el tiempo que forzosamente ha de transcurrir hasta la próxima cosecha? América ya nos ha enviado todo lo que se hallaba en sus puertos de mar; y aunque no dudamos de que en el lejano Oeste aún posee reservas considerables, tendrá que exigir precios altos para cubrir los gastos de su transporte a la costa oriental y de allí a Inglaterra. Los puertos del norte de Europa han agotado casi sus viejas existencias, y la guerra con Rusia corta nuevos suministros del mar Negro y de Azof. Sometemos lo anterior a la consideración de nuestros lectores sin más comentario.»

Karl Marx