Friedrich Engels

El poderío militar de Rusia

Escrito el 16 de octubre de 1854.

Del inglés.

["New-York Daily Tribune" núm. 4223 del 31 de octubre de 1854, artículo de fondo]

Podemos dejar que John Bull y Jacques Bonhomme disfruten por un momento de su alegría por la «gloriosa victoria» del Alma y de su anticipado regocijo por la caída de Sebastopol. La guerra en el Danubio y en Crimea, por mucha importancia que pueda tener para los aliados y para el liberalismo burgués unido de Europa, apenas pesa, en lo que a Rusia concierne, en la balanza. El equilibrio interno de este país no se verá afectado en modo alguno por el posible desenlace de esta guerra, mientras que una derrota en Crimea y una retirada forzosa de los aliados paralizaría sus operaciones terrestres durante un tiempo considerable y les infligiría un choque moral del que solo podrían reponerse con el mayor de los esfuerzos.

En los últimos tiempos nos han llegado algunos informes auténticos sobre la distribución y los últimos movimientos de las fuerzas rusas, y su compilación será útil para mostrar qué parte relativamente pequeña de las fuerzas rusas ha sido empeñada hasta ahora en combate y qué cabe esperar de la parte restante. Como es sabido, el ejército ruso, en la medida en que aquí se puede exponer, se compone de las siguientes unidades:

I. El gran ejército activo:

2 cuerpos de élite, Guardias y Granaderos, compuestos de 76 batallones, 92 escuadrones, 228 cañones.

6 cuerpos de línea — 300 batallones, 192 escuadrones, 672 cañones.

3 cuerpos de caballería — 176 escuadrones, 96 cañones.

Total: 376 batallones, 460 escuadrones, 996 cañones.

II. Cuerpos especiales:

Cuerpo finlandés — 12 batallones.

Cuerpo de Orenburgo — 10 batallones.

Cuerpo siberiano — 15 batallones.

Cuerpo caucásico — 55 batallones, 10 escuadrones, 180 cañones.

Cuerpo de reserva caucásico — 36 batallones, 2 escuadrones, -- cañones.

Línea caucásica — 47 batallones, -- escuadrones, -- cañones.

Total: 175 batallones, 12 escuadrones, 180 cañones.

III. Cosacos y otros irregulares:

Aproximadamente 700 escuadrones, 32 batallones, 224 cañones.

IV. Reservas:

1. Aproximadamente 50 batallones de guardia interior, además de inválidos, compañías de castigo — 77.

2. Reserva del gran ejército, o sea, los batallones 4.º, 5.º y 6.º de la Guardia y de los Granaderos, los batallones 5.º y 6.º de línea, a saber: tres batallones en 24 regimientos y dos batallones en cada uno de 72 regimientos, o sea, un total de 216 batallones.

Puesto que todas estas reservas han sido llamadas a filas y constituidas por completo, habiéndose iniciado ya la formación de los batallones 7.º y 8.º de cada regimiento a partir de la última leva de 300.000 hombres, los mencionados 216 batallones pueden incluirse en la fuerza total, la cual asciende a 726 batallones, 472 escuadrones de caballería regular, 700 escuadrones de caballería irregular y mucho más de mil cañones. Dado que fuera de Rusia se sabe poco sobre la organización de las reservas de la caballería y la artillería, no se las ha incluido en las cifras antes mencionadas.

Afortunadamente, este balance presenta un aspecto mucho más temible de lo que es en realidad. Para obtener el número de tropas efectivamente disponibles para una guerra europea, tenemos que descontar el cuerpo siberiano, la guardia interior y, por lo menos, la mitad de los cosacos; de este modo quedan disponibles unos 650 batallones, 472 escuadrones de caballería regular y 350 escuadrones de caballería irregular, con aproximadamente 1.200 cañones. Estas tropas, calculando por lo bajo, pueden estimarse en 520.000 hombres de infantería, 62.000 de caballería y 30.000 cosacos, o en conjunto algo más de 600.000 hombres, desplegados a lo largo de la dilatada frontera que va del mar Caspio, a lo largo del mar Negro y del Báltico, hasta el mar Blanco.

Desde el comienzo de la guerra con Turquía, han sido empeñadas sucesivamente en la frontera meridional del imperio zarista contra los aliados las siguientes tropas:

1. Los cuerpos de línea 3.º, 4.º y 5.º, con una parte de sus reservas, las cuales, sin embargo, en su mayor parte se hallan todavía en marcha.

2. Los tres cuerpos caucásicos, completos.

3. Las dos divisiones (dos tercios) del primer cuerpo de línea, sin reservas.

4. Una parte del tercer cuerpo de caballería (dragones) en Crimea,

Esto da una fuerza total de unos 240.000 hombres antes del comienzo de la campaña, la cual, no obstante, se ha reducido ahora a 184.000 hombres como máximo, de los cuales pueden contarse 84.000 para el ejército de Besarabia, 54.000 para el de Crimea o en marcha hacia allí, y 46.000 para el del Cáucaso.

En el Báltico se hallaban hasta finales de agosto:

En Finlandia, la reserva del 6.º cuerpo: 16.800 hombres

El cuerpo finlandés: 12.000 hombres

La Guardia y sus reservas: 66.800 hombres

Del cuerpo de granaderos en Reval: 10.000 hombres

Total: 105.600 hombres

En Polonia, o en marcha hacia allí, se hallaban:

El resto de los granaderos y sus reservas: 55.000 hombres

Los cuerpos 1.º y 2.º y sus reservas: 120.000 hombres

Cosacos y caballería de varios cuerpos: 30.000 hombres

Diversas reservas: 25.000 hombres

Total: 230.000 hombres

Sumándolo todo, resulta un total de aproximadamente 575.000 hombres, los cuales, con el cuerpo de Orenburgo (en Astracán), el cuerpo de caballería de reserva y los destacamentos del mar Blanco y otros lugares, se acercan a la fuerza total arriba mencionada. De las tropas en Polonia, unos 30.000 hombres se hallaban en marcha, unos 20.000 formaban la guarnición de Varsovia, unos 100.000 ocupaban la orilla derecha del Vístula en el antiguo Reino de Polonia, y unos 80.000 permanecían como reserva en Volinia y Podolia, a orillas del Bug y del Dniéster.

Así, el grueso del ejército ruso, incluidos los regimientos de élite de la Guardia y los granaderos, se concentraba en una línea que va de San Petersburgo a Jotín, o a lo largo de la frontera occidental del imperio zarista. Pero aquellas posiciones no resultaron ser lo bastante importantes. Los granaderos abandonaron Reval para ser relevados por una división de la Guardia, y marcharon hacia Polonia con las otras dos divisiones de la Guardia; estas últimas, fuertes en cuatro batallones o regimientos, solo dejaron en San Petersburgo los batallones 5.º y 6.º. De este modo, el ejército occidental fue reforzado hasta más de 270.000 hombres, y la mayor parte de los tres cuerpos de caballería de reserva, que hasta ahora no han sido empeñados en combate en absoluto, fue puesta en marcha para unirse a él; con ello, el ejército occidental alcanzará una fuerza de alrededor de 300.000 hombres.

Ahora las posiciones han cambiado. Los 100.000 hombres que ocupaban la parte sudoriental del Reino de Polonia han cruzado el Vístula y han tomado posiciones a lo largo de la frontera austríaca. Los 80.000 hombres han avanzado desde Volinia hacia el interior de Polonia y continúan la línea a lo largo de esa frontera. Los guardias, los granaderos —posiblemente los cuerpos de caballería, cuando lleguen— ocupan una posición central en la retaguardia. Durante el invierno, podrán retirarse más tropas del helado Báltico. Para mayo, los nuevos reclutas que forman los batallones 7.º y 8.º, o nuevos batallones de los distintos regimientos, en total 192 batallones (130.000 a 140.000 hombres), estarán lo bastante instruidos para poder relevarlos.

Por consiguiente, no cabe duda de que Nicolás se preocupa relativamente poco de lo que le suceda al sur de su imperio, mientras pueda concentrar a más de 300.000 hombres en la grandiosa posición estratégica de Polonia. Y grandiosa posición es. Como una cuña clavada entre Prusia y Austria, envuelve a ambas por el flanco y, al mismo tiempo, está cubierta por las mejores posibilidades de resistencia que el arte y la naturaleza pueden crear en común. Napoleón conocía la importancia militar del país encerrado por el Vístula y sus afluentes. En la campaña de 1807 lo convirtió en su base de operaciones, hasta que tomó Danzig. Pero descuidó constantemente fortificarlo, y eso hubo de pagarlo caro después de la retirada de 1812. Los rusos, sobre todo desde 1831, han hecho lo que sus predecesores habían omitido. Modlin (Novo-Guérguievsk), Varsovia, Ivángorod, Brest-Litovsk forman un sistema de fortificaciones que, por la fuerza de su combinación estratégica, es único en el mundo. Este sistema ofrece a un ejército derrotado una posición desde la cual puede desafiar a un enemigo doblemente superior, mientras tenga suficiente que comer; y aislar a todo un país de todas sus comunicaciones es algo que aún no se ha intentado.

Todo este complicado sistema de fortalezas, dice un escritor militar alemán que conoce el país, apunta más a un espíritu ofensivo que defensivo. No está pensado tanto para conservar el territorio en que se encuentra, como para servir de base a operaciones ofensivas contra Occidente.

¡Y hay gente que cree que Nicolás pedirá la paz cuando se haya tomado Sebastopol! Pero Rusia no ha jugado aún ni un tercio de sus triunfos, y la pérdida momentánea de Sebastopol y de la flota apenas la siente el gigante para quien Sebastopol y la flota no son más que un juguete. Rusia sabe muy bien que su mayor eficacia no reside en las costas marítimas ni en el alcance de las tropas de desembarco, sino, por el contrario, en el vasto interior del continente, donde se pueden hacer actuar ejércitos masivos concentrados en un punto, sin que dispersen sus fuerzas en una infructuosa defensa costera contra un enemigo que elude cada golpe. Rusia puede perder Crimea, el Cáucaso, Finlandia, San Petersburgo y todos esos apéndices; mientras su cuerpo permanezca incólume, cuyo corazón es Moscú y cuyo brazo derecho es la Polonia fortificada, no necesita ceder un ápice.

Las grandes acciones de 1854 son, podemos afirmarlo, solo los insignificantes preludios de las batallas de pueblos que los anales de 1855 registrarán. Solo cuando el gran ejército occidental ruso y el ejército austríaco entren en escena, ya sea uno contra otro o uno junto al otro, solo entonces viviremos la verdadera guerra en gran estilo, como las grandes guerras napoleónicas. Y tal vez estas batallas no sean más que los preludios de otras aún mucho más ardientes, mucho más decisivas: las batallas de los pueblos europeos contra los déspotas europeos, ahora victoriosos y seguros de sí mismos.