Friedrich Engels

La situación de los ejércitos en Turquía

Escrito el 13 de abril de 1854.

Del inglés.

[«New-York Daily Tribune» n.º 4065 del 28 de abril de 1854, artículo de fondo]

Cuando se conocieron las primeras noticias de la ocupación rusa de la Dobrudja, y mucho antes de que pudiera interpretarse el sentido real del cruce del Danubio por los rusos a partir de su proceder, declaramos que esta operación no podía tener otra finalidad que la consolidación de la posición defensiva rusa. Que éste era efectivamente el caso lo demuestran todos los pasos emprendidos por ellos desde entonces, así como los de sus adversarios. Los rusos destacaron de 40.000 a 50.000 hombres a la Dobrudja, los cuales, según fidedignas noticias, no han rebasado la línea de Cernavoda a Kustendje. Otros tantos, si no más, parecen haber enviado a Kalarasch, frente a Silistria, con la intención de amenazar esta fortaleza o, en circunstancias favorables, atacarla también. Han retirado todas sus tropas situadas al oeste de Bucarest, a excepción de una retaguardia que, incapaz de mantenerse por más tiempo ante Kalafat, al parecer ha realizado una incursión en la orilla serbia opuesta del Danubio, evidentemente para demostrar el menosprecio de los rusos hacia la neutralidad serbia y poner a prueba el efecto de algunos uniformes rusos sobre los campesinos serbios —o tal vez incluso para proporcionar a Austria un pretexto para ocupar ese país.

Sin duda muy pronto oiremos decir que toda la Pequeña Valaquia ha sido evacuada por los rusos. ¿Cuál será entonces su posición? Su línea discurrirá desde Tirgovischte, pasando por Oltenitza y Kalarasch, hasta Cernavoda, a través del Danubio, hasta el mar Negro, a la altura de Kustendje. Esta posición les cuesta, ciertamente, más terreno del que ganan con ella. Tampoco cambia nada el hecho de que este acortamiento del frente resulte en sí ventajoso para los rusos. Al mismo tiempo, significa un desplazamiento hacia su izquierda, por el cual su línea de retirada, que antes seguía la dirección de una prolongación de este frente, se sitúa ahora detrás del frente y perpendicular a él. Dos meses antes, Omer Pachá habría podido cortar su vía de retirada simplemente cruzando el Danubio en algún punto entre Silistria y Hirsowa; pero ahora esto ya no es posible, a menos que desembarque tropas cerca de la desembocadura del Dniéster. Y ahí radica precisamente la gran ventaja de esta operación: una ventaja que ni siquiera compensa el riesgo que conlleva el despliegue del cuerpo en la Dobrudja, dentro de un rectángulo alargado cuyo un lado está limitado por la fuerte posición del enemigo y otro por el mar, mientras que los dos restantes quedan cerrados por dos recodos del Danubio, con no más de tres puentes para las comunicaciones, los refuerzos o la retirada.

Pero aquí se agotan las ventajas obtenidas por los rusos. Han alcanzado una posición desde la cual pueden retirarse, pero no avanzar. Frente a su frente, el Danubio, de Oltenitza a Cernavoda, sólo es vadeable en unos pocos puntos, y éstos están defendidos o bien por fuertes baterías en una orilla dominante o, como en Silistria, por una fortaleza regular. Además, entre Cernavoda y el mar se encuentran el lago y los pantanos del Karasu, la muralla de Trajano (cuyos puntos de paso han sido nuevamente acondicionados para la defensa), la fortaleza de Kustendje y, en su flanco, en el mar Negro, las flotas aliadas. Tras el Danubio, como tras la muralla de Trajano, se extiende una región relativamente estéril, predominantemente elevada, cortada en todas direcciones por profundos barrancos formados por numerosos ríos sobre los cuales no hay puentes. Ciertamente, esta región no es infranqueable para un ejército, pero sólo puede ser atravesada por una fuerza que tenga la seguridad de encontrar al otro lado una buena posición, un enemigo débil y abundantes provisiones y forraje. Mas aquí ocurre exactamente lo contrario. Si los rusos avanzan desde la muralla de Trajano y desde Oltenitza o Turtukai hacia Basardschik y Rasgrad, deberán dejar tropas atrás para cercar Silistria y observar Rustschuk. Así debilitados, atravesarían el difícil terreno hacia Rasgrad y Basardschik, ¿y dónde se encontrarían entonces? Pues ante la primera cadena montañosa de los Balcanes, que cruza transversalmente su línea de operaciones y que debe ser atravesada por caminos distintos y divergentes mediante cuerpos destacados. Supongamos que lo intentaran; entonces sus cuerpos separados correrían el riesgo de ser batidos uno tras otro por una fuerza concentrada que surgiera de repente desde Schumla y a la cual en ningún caso podrían cortar las vías de retirada. Pero aun suponiendo que superaran todas estas dificultades y se presentaran con unos 100.000 hombres en las proximidades de Schumla y Varna, ¿qué sucedería entonces? Schumla es una posición que puede ser defendida no solo por 40.000 hombres contra 100.000; la fuerza mayor ni siquiera se halla aquí en condiciones de mantener en jaque a la menor. Al mismo tiempo, cubre Varna, que por el otro flanco está cubierta por las flotas aliadas. Varna y Schumla juntas constituyen, empero, una posición muchísimo más fuerte que la que formaban Verona y Legnago, en el Adigio, para el mariscal de campo Radetzky en 1848, cuando se veía acosado por todas partes por las tropas piamontesas e italianas sublevadas. Además, Schumla y Varna tienen como complemento Rustschuk y Silistria, ambas situadas en el flanco enemigo y que, por débiles que puedan parecer consideradas aisladamente, no pueden ser atacadas con éxito mientras el grueso del ejército turco esté en condiciones de emprender una salida desde Schumla en cualquier dirección. Ambas fortalezas están situadas a orillas del Danubio: Silistria, frente al centro derecha de la actual posición rusa; Rustschuk, en su flanco derecho. Deben ser cercadas en la margen derecha del río; esto significa que las tropas sitiadoras han de ocupar una posición directamente entre las fortalezas y Schumla, donde, según todas las apariencias, Omer Pachá concentra el grueso de sus tropas. Por consiguiente, una fuerza que bloquee Rustschuk y Silistria tiene que ser lo bastante fuerte para mantenerse no solo frente a las guarniciones de estas fortalezas, sino también frente a por lo menos dos tercios del ejército turco concentrado en Schumla. Por otra parte, si los rusos avanzan por Basardschik, también han de ser lo bastante fuertes para sostenerse en batalla campal contra dos tercios del ejército procedente de Schumla. Además, deben destacarse tropas para cercar Varna al menos por el lado norte y, si es posible, también por el lado sur; pues si Varna no está cercada, no puede ser tomada, y si no es tomada, los rusos no pueden cruzar los Balcanes. Si tomamos en consideración, además de todo esto, los destacamentos necesarios para mantener las comunicaciones entre los diversos cuerpos a lo largo del extenso trecho de Rustschuk a Varna y para asegurar los suministros, no cabe duda de que los rusos, para un avance victorioso sobre Schumla y Varna, los dos puntos decisivos de la defensa en los Balcanes orientales, necesitan una fuerza más que doble de la que los turcos puedan concentrar en Schumla.

Estos hechos muestran que los turcos han obrado con gran prudencia. El abandono de la Dobrudja es la primera prueba firme e incontestable del alto arte militar de Omer Pachá. No vale la pena mantener esa región y sus fortalezas. En lugar de arriesgar derrotas y pérdidas de hombres y material, el general turco ordenó inmediatamente a sus tropas abandonar todos los puntos en cuanto esto pudiera hacerse sin peligro para la retirada, y replegarse a la muralla de Trajano. De este modo, los rusos obtuvieron sin esfuerzo una victoria aparente, mientras los turcos les infligían entretanto considerables daños y ocupaban su verdadera posición defensiva antes de que el adversario pudiera reaccionar en consecuencia. Los turcos sólo han dejado guarniciones en los lugares importantes y allí donde el ejército principal o las flotas del mar Negro puedan apoyarlas. De esta manera podrán reunir, si es necesario, al menos 80.000 u 90.000 hombres entre Schumla y Varna, una fuerza que podría ser fácilmente reforzada con la rápida retirada de algunas de las tropas que un pánico político, sin verdadero fundamento, envió a Kalafat. Pero que los rusos hayan de traer al otro lado del Danubio el doble o incluso más tropas es imposible, al menos durante esta campaña. Al afirmar esto, presuponemos que realmente tienen la intención de llevar a cabo una ofensiva enérgica y dejamos de lado la llegada de las tropas auxiliares anglo-francesas, cuya presencia convertiría en locura cualquier cruce de los Balcanes. Hemos examinado la cuestión bajo esta luz precisamente porque resulta adecuada para mostrar la situación real de los bandos actualmente contendientes. Sin duda, Constantinopla estaría suficientemente a salvo, por lo menos para este año, de una invasión rusa, si rusos y turcos hubieran de dirimir la cosa por sí solos, incluso después de que los turcos hayan perdido, por dilaciones diplomáticas, la superioridad requerida para una acción ofensiva.