Karl Marx

[Las operaciones de guerra en Oriente –

Las finanzas austríacas y francesas –

La fortificación de Constantinopla]

[“New-York Daily Tribune” Nº 3997 del 8 de febrero de 1854]

Londres, viernes, 20 de enero de 1854.

El último correo nos ha traído algunas noticias complementarias sobre los recientes acontecimientos militares en Asia. Al parecer, los turcos se han visto obligados a evacuar por completo la parte rusa de Armenia, aunque se desconoce el resultado exacto de los combates que han motivado su retirada. Los turcos habían avanzado por la ruta directa de Ardagan a Ajaltsije, mientras que otro destacamento había tomado la vía más meridional, de Kars, pasando por Alexandropol (en georgiano, Gumry), hacia Tiflis. Ambos grupos parecen haberse topado con los rusos. Según los informes rusos, los turcos fueron batidos en ambas líneas de avance y perdieron alrededor de 40 cañones. No disponemos de informes oficiales turcos; pero, en la correspondencia privada, la retirada se justifica por la necesidad de ocupar cuarteles de invierno.

Lo único cierto es, en cualquier caso, que los turcos han evacuado el territorio ruso a excepción del fuerte de San Nicolás, que los rusos los persiguieron y que su vanguardia se aventuró incluso hasta una milla delante de Kars, donde fue rechazada.

Sabemos, además, que el ejército turco de Anatolia – que se recluta en las provincias asiáticas, el baluarte de la barbarie musulmana tradicional, y cuenta en sus filas con un gran número de tropas irregulares, soldados de ocasión poco fiables, aunque en general valerosos, aventureros y saqueadores –, que este ejército de Anatolia no puede compararse con el sólido, disciplinado e instruido ejército de Rumelia, cuyo comandante sabe cuántos y qué hombres tiene día a día bajo su mando, y donde el afán de aventuras por cuenta propia y el saqueo arbitrario se ven frenados por los artículos de guerra y los consejos de guerra. Sabemos que los rusos, muy faltos de tropas al comienzo de la campaña asiática, fueron reforzados con 16.000 hombres al mando del teniente general Obrutschew II y un destacamento de cosacos del Don; sabemos que lograron mantener a raya a los montañeses y conservar sus comunicaciones tanto a través del Cáucaso por Vladikavkaz como por la vía marítima hacia Odessa y Sebastopol.

Si consideramos estas circunstancias y tenemos en cuenta que el comandante turco Abdi Pachá era o un traidor o un estúpido (entre tanto ha sido destituido y puesto bajo arresto en Kars; en su lugar ha sido nombrado Achmed Pachá), no tenemos por qué asombrarnos en absoluto de que los turcos hayan sido batidos, aunque no cabe duda de que los partes diarios rusos suelen exagerar. Leemos en la “Augsburger Zeitung” que:

“Schamyl emprendió, hacia finales de noviembre, un intento desesperado de abrirse paso hacia el sur para establecer una conexión directa con los turcos. La fuerza de sus tropas se estimó entre 10.000 y 16.000 hombres, y se confirma que los murid, la flor de sus tropas, fueron hechos pedazos.”

Pero esto requiere todavía confirmación.

¡Ahora ha salido por fin la verdad sobre el asunto de Sinope! Uno de los mejores navíos de tres puentes de la flota rusa, el “Rostislaw”, un barco de 120 cañones, fue echado a pique allí por los turcos. Esta pérdida, que hasta ahora se había silenciado bajo el pretexto conveniente de que el “Rostislaw” no se hundió durante el combate, sino inmediatamente después, es admitida ahora por los rusos y constituye un buen contrapeso a las pérdidas de la flota turca. Si realmente fue echado a pique un navío de tres puentes, podemos suponer que también los otros buques rusos sufrieron daños realmente muy graves durante el combate, de modo que, en el fondo, la victoria de Sinope debió de debilitar más a la flota rusa que a la turca. En conjunto, los turcos parecen luchar también en el agua como turcos. La fragata de vapor egipcia “Pervas-Bahri”, puesta fuera de combate por la fragata de vapor rusa, mucho mayor, “Wladimir”, y capturada tras casi cinco horas de lucha, estaba tan agujereada por los impactos que a duras penas pudo ser llevada a Sebastopol, donde se hundió inmediatamente. Hasta ahora, por tanto, el botín de los rusos es igual a cero, y en realidad, el hecho de que los rusos no lograran apresar ni un solo trofeo da testimonio tanto de la tenaz resistencia de los turcos como del lamentable estado de la flota rusa después del combate. Según un informe, las flotas combinadas francesa e inglesa, junto con la primera división de la flota turca, transportan a 17.000 turcos a Batum. Si esto es cierto, se trata de un acto de guerra tanto como si emprendieran un ataque directo contra Sebastopol, y el zar no puede por menos que declarar inmediatamente la guerra. Se dice que, inmediatamente antes de que las flotas combinadas entraran en el mar Negro, el zar dio la orden de retirar todos sus buques de guerra de las aguas del mar Negro a Sebastopol. Una carta de Odessa del 24 de diciembre informa que

“el comandante de la flotilla rusa en el mar de Azov había enviado a uno de sus ayudantes a Sebastopol con el parte de cuán crítica era su situación. Dos cuerpos de 12.000 hombres cada uno estaban a punto de ser embarcados rumbo a Sebastopol, cuando, de repente, esta operación de guerra quedó sin efecto por la noticia de la inminente entrada de las flotas combinadas en el mar Negro.”

De las últimas noticias telegráficas se desprende que los rusos se proponían emprender un ataque general contra las líneas turcas en Kalafat el día 13 del corriente, el día de Año Nuevo ruso. Habían avanzado ya con unos 10.000 hombres, que se atrincheraron en Cetate, una aldea situada nueve millas inglesas al norte de Kalafat, pero el general turco les impidió concentrar todas sus fuerzas disponibles, adelantándose a ellos y asaltando las trincheras enemigas con 15.000 a 18.000 hombres; se mantuvo victorioso en una serie de choques sumamente mortíferos los días 6, 7, 8, 9 y 10 del corriente, y finalmente obligó a los rusos a retirarse en dirección a Krajowa. Los propios rusos reconocen una pérdida de 1.000 muertos y 4.000 heridos. Según se comunica por telégrafo, el general Anrep, “que mandaba a los rusos, resultó gravemente herido, al igual que el general Tuinant”. El día 10, según se informa, los turcos, bajo el mando de Selim Pachá (el polaco Zedlinsky), se retiraron de nuevo a Kalafat.

Hasta aquí las noticias telegráficas, hasta ahora la única fuente de información sobre estos acontecimientos sumamente importantes. El parte, que concluye con la retirada de los rusos hacia Krajowa, por un lado, y de los turcos hacia Kalafat, por otro, suscita la sospecha de que ambas partes han vuelto a cometer graves errores estratégicos. Circula la noticia de que, por orden de Omer Pachá, un cuerpo entero atravesó el Danubio entre el Aluta y el Schyl, amenazando así las comunicaciones del cuerpo ruso en Krajowa. Pero ¿cómo pudieron los turcos cruzar el Danubio, lleno de masas de hielo flotante, por otro punto que no fuera Kalafat, el único punto donde habían hecho preparativos para tal caso?

Las derrotas sufridas por los rusos en Kalafat tienen, desde el punto de vista político, quizá aún más peso que desde el militar. Junto con la entrada de las flotas combinadas en el mar Negro, eliminaron también el último resto de probabilidad de que el zar cediera a la humilde súplica de paz que un correo de la Conferencia de Viena había llevado a San Petersburgo. Por otra parte, estas derrotas no pueden menos de fortalecer inmediatamente al partido nacional en la vecina Serbia y amedrentar al partido ruso, que últimamente ha levantado la cabeza en Belgrado con asombrosa desvergüenza. Sin embargo, no se ha podido mover al príncipe Alejandro ni a la masa del pueblo serbio a romper los vínculos entre su país y el sultán, aunque al mismo tiempo Serbia está inundada de una multitud de agentes rusos que tejen sus intrigas en diversas direcciones; exploran localidades y rastrean a personas de las que antes se sabía que eran adictas a la dinastía desterrada de los Obrenovic; hablan a unos del joven príncipe Miguel, a otros de su viejo padre Milos; ora alimentan en ellos la esperanza de extender las fronteras de Serbia bajo la protección de Rusia, de formar un nuevo reino de Iliria que reuniría a todos los hombres de lengua serbia que actualmente se hallan bajo el dominio de Turquía y Austria; ora los amenazan con innumerables ejércitos y la sumisión total si se opusieran. Saben que el príncipe Milos, que reside en Viena, es un antiguo protegido de Metternich, mientras que Miguel, su hijo, es una mera criatura de Rusia, por cuya fuga de Serbia en 1842 quedó vacante el principado. La derrota rusa en Kalafat liberará, además, a Austria del temor de que un ejército ruso aparezca ante Belgrado y despierte entre los súbditos austríacos, que son iguales a él en estirpe y fe, la conciencia de su propia fuerza y de la humillación que sufren bajo el dominio de los alemanes.

Acerca de Austria puedo informar, de paso, que por fin ha abandonado la esperanza largamente acariciada de obtener un nuevo empréstito. Del estado de su tesorería puede deducirse por el expediente al que su gobierno ha recurrido recientemente, a saber: ordenar una devaluación de su propio papel moneda en un 15 por ciento, una maniobra financiera sólo comparable con las tretas bribonescas de los reyes franceses acuñadores de moneda falsa, que elevaban el curso de la moneda cuando tenían que pagar y lo bajaban cuando habían de recibir dinero. Según los periódicos alemanes, el presupuesto austríaco para 1854 presentará un déficit de 45.000.000 de florines en el presupuesto ordinario y de 50.000.000 de florines en el extraordinario. Cada vez que en Viena llegan noticias que huelen a guerra, la gente se precipita a los bancos para cambiar papel moneda por monedas de plata.

También Francia, como es sabido, viene dando pasos desde hace tiempo para un empréstito de 200.000.000 de francos (8.000.000 de libras esterlinas), pero la carestía de los víveres, el insuficiente rendimiento de la vendimia y de la producción de seda, el estancamiento general del comercio y la industria, los grandes temores que se abrigan con motivo de los pagos que han de efectuarse a finales de febrero, la tendencia descendente de los títulos del Estado y de las acciones ferroviarias —todo ello no ha sido en modo alguno adecuado para facilitar semejante empresa. Bonaparte no pudo encontrar tomadores para el nuevo empréstito en la Bolsa. No quedó más que el recurso al que se había apelado en vísperas del coup d'état: enviar a Persigny al Banco de Francia para arrancarle 50.000.000 de francos (10.000.000 de dólares) y depositar a cambio, como "garantías", bonos del Tesoro por el mismo importe. Eso se llevó a efecto precisamente el día de Año Nuevo. La respuesta a este coup d'état financiero fue el desplome de los títulos del Estado al 69 por ciento. Según se informa ahora oficialmente, el gobierno recibirá del Banco de Francia un empréstito de 200 o 300 millones de francos contra bonos del Tesoro. Quien no esté al tanto de lo ocurrido el día de Año Nuevo en la sala de recepción del Banco de Francia no podrá comprender qué ha movido al Banco a conceder un empréstito que fue rechazado por la Bolsa.

Las noticias sobre Persia siguen siendo contradictorias. Según un informe, el ejército persa marcha sobre Erzerum y Bagdad; otro comunica que la intriga rusa ha sido desbaratada por el encargado de negocios británico, el señor Thompson, quien amenazó con partir de Teherán, así como por el peligro de un súbito estallido del descontento del pueblo persa contra Rusia y por la llegada de una legación afgana que amenazó con una invasión afgana en territorio persa si Persia concertaba una alianza con Rusia.

Según comunica una correspondencia privada publicada en la "Patrie" desde Constantinopla, el Diván ha decidido fortificar Constantinopla por el lado de tierra. Una comisión mixta, compuesta por oficiales europeos y otomanos, habría comenzado ya el reconocimiento preparatorio de los emplazamientos. La fortificación de Constantinopla cambiaría por completo el carácter de la guerra ruso-turca y sería el golpe más duro que jamás se haya asestado a los eternos sueños del presunto heredero de los emperadores bizantinos.

El rumor de que Austria concentra un corps d'armée <cuerpo de ejército> en el Banato, que habrá de ponerse bajo el mando del general conde Schlick, es desmentido por la prensa alemana.

La "Correspondenz" de Berlín informa de que se ha impartido a las autoridades la instrucción general de mantenerse preparadas para el caso de una movilización de la Landwehr.

San Petersburgo ha sometido al gabinete de Copenhague la propuesta de ceder la isla de Bornholm a Rusia.

«Bornholm podría», como observan con razón las "Daily News", «ser una Malta o un Gibraltar del mar Báltico. Está a un día de viaje en barco del Sund y de Copenhague, y se halla, por naturaleza, situada directamente a la entrada del Báltico».

En un escrito de lord Redcliffe al gobernador de Sebastopol, en el que le da a conocer la aparición de las flotas unidas en el mar Negro, se declara como único objetivo de esta maniobra «la protección del territorio otomano
contra todo ataque o acto hostil»,
pero no se hace mención alguna de la protección de la bandera otomana.

Puesto que todos los informes llegados de París, Viena, Berlín, Constantinopla y San Petersburgo apuntan a la probabilidad de una guerra, los precios han descendido de manera generalizada en todas las bolsas a ambos lados del Canal.

Karl Marx