Friedrich Engels

La retirada de los rusos de Kalafat

Escrito el 13 de marzo de 1854.

Del inglés.

[“The People’s Paper” nº 98 del 18 de marzo de 1854, artículo de fondo]

Los rusos se han retirado de Kalafat y, según se dice, han cambiado todo su plan de campaña. He aquí el glorioso final de los esfuerzos y peligros de una campaña de tres meses que ha agotado por completo los últimos recursos de Valaquia. Es el fruto de aquella incomprensible marcha hacia la Pequeña Valaquia que, al parecer, se emprendió prescindiendo por completo de las más elementales reglas de la estrategia. Para tomar Kalafat, esa única cabeza de puente que los turcos mantenían ocupada en la orilla izquierda del Danubio, se concentró el grueso del ejército ruso en su extrema derecha; en una posición en la que el centro y la izquierda, ambos debilitados, quedaban completamente expuestos a cualquier ataque que el enemigo pudiera emprender; además, allí se mostró una indiferencia hacia todas las líneas de comunicación y retirada sin ejemplo en la historia del arte de la guerra. Que Omer Pachá no haya sacado ventaja de este error solo puede explicarse por la injerencia del enviado británico en Constantinopla. Cómo ha sucedido que los rusos, a pesar de todo, hayan tenido que retirarse vergonzosamente sin haber alcanzado su objetivo, es lo que vamos a mostrar ahora.

Calificamos esta retirada de vergonzosa porque un avance anunciado con jactancia, coronado por la ocupación de una posición meramente amenazadora y que concluyó con una retirada tranquila y modesta sin que se llegara siquiera al intento de un combate serio —porque una empresa que consistió en una serie ininterrumpida de errores y desaciertos, de la que no resulta otra cosa que la convicción del general de que se ha puesto en el más completo ridículo, ha alcanzado la cima de la ignominia.

Ahora, a la situación de las cosas.

Los rusos tenían hacia finales de 1853 las siguientes tropas en Valaquia, Moldavia y Besarabia:

1. El 4.º cuerpo de ejército (Dannenberg): tres divisiones de infantería, una división de caballería, cuatro brigadas de artillería; en total, deducidas las pérdidas, unos 45.000 hombres.

2. Del 5.º cuerpo de ejército (Lüders): una división de infantería, una división de caballería, dos brigadas de artillería; unos 15.000 hombres.

3. El 3.ºº cuerpo (Osten-Sacken): tres divisiones de infantería, una división de caballería, cuatro brigadas de artillería; unos 55.000 hombres.

Suma total: alrededor de 115.000 hombres, sin contar los no combatientes y una división del cuerpo de Lüders en los alrededores de Odesa, necesaria para el servicio de guarnición y que no puede contarse.

Hasta principios de diciembre, las tropas al mando de Dannenberg y Lüders eran las únicas fuerzas en los Principados. La aproximación del cuerpo de Osten-Sacken debía ser la señal para la gran concentración destinada al ataque a Kalafat. Su lugar en el Bug y el Prut debía ser cubierto por el 6.º cuerpo (Cheodáiev), que ya estaba en camino desde Moscú. Tras unirse a este cuerpo, el ejército del Danubio habría contado con unos 170.000 hombres, pero aún habría podido ser reforzado si los nuevos reclutas recién alistados de las provincias sudoccidentales hubiesen sido enviados directamente al teatro de operaciones.

Al comandante ruso, sin embargo, le parecieron suficientes 115.000 a 120.000 hombres para defender toda la línea del Danubio desde Braila hasta Nicópolis y tener aún un número suficiente en reserva para concentrarlos en la extrema derecha con vistas a un ataque sobre Kalafat.

Cuando esta acción comenzó hacia finales de diciembre, Kalafat apenas podía albergar más de 10.000 a 12.000 defensores, además de otros 8.000 en Vidin, cuyo apoyo era dudoso, pues en la mala estación tendrían que cruzar un río impetuoso. La lentitud de los movimientos rusos, sin embargo, la irresolución del príncipe Gortschakow, pero sobre todo la energía y audacia de Ismail Pachá, el comandante de Kalafat, permitieron a los turcos reunir unos 40.000 hombres en el punto amenazado y convertir Kalafat de una simple cabeza de puente que habría sucumbido al embate de una fuerza doblemente superior, en una fortificación capaz de albergar al menos 30.000 hombres y resistir cualquier ataque que no fuera un asedio formal. Con razón se ha afirmado que es el mayor triunfo para el constructor de una fortificación de campaña cuando el enemigo tiene que abrir trincheras de aproximación contra ella. Si los rusos no lo hicieron, fue solo porque, incluso con el empleo de este medio extremo, no veían posibilidad alguna de tomar Kalafat en el tiempo que podían fijar para esta operación. Kalafat figurará de ahora en adelante al mismo nivel que el campamento de Bunzelwitz de Federico II, las líneas de Torres Vedras y las trincheras del archiduque Carlos detrás de Verona, como una de esas realizaciones de la fortificación de campaña que pasarán a la historia como ejemplos clásicos del arte de la guerra.

Consideremos ahora los medios de que disponían los rusos para el ataque. Que querían tomar Kalafat con toda seriedad lo demuestra el parque de artillería de sitio que transportaron hasta Craiova. Que Omer Pachá dejara ir y venir estos cañones sin molestarlos es, dicho sea de paso, una de las muchas inconcebibles militares de esta guerra, que solo pueden explicarse por influencias diplomáticas. Lo único que los rusos necesitaban ahora era una cantidad suficiente de tropas para rechazar a los turcos, proteger las paralelas y baterías y, una vez abiertas brechas, asaltarlas. También aquí Ismail Pachá actuó como un comandante enérgico y hábil. Su salida contra Cetate el 6 de enero, su vigoroso ataque que terminó con la derrota de una fuerza rusa superior, los repetidos ataques de género similar que continuó mientras la concentración rusa seguía en curso, hasta que fue bloqueado por completo en su pequeña península del Danubio por una fuerza superior —en suma, su sistema de defenderse mediante golpes ofensivos concentrados contra puntos aislados de la línea rusa, desgastando al enemigo en destacamentos sueltos en la medida de lo posible, fue exactamente lo que un comandante en su situación debía hacer, y constituye un contraste grato con la defensa pasiva de Omer Pachá en Oltenitza o con su perezosa inactividad durante todo el tiempo en el bajo Danubio. Pues aunque este emprendiera aquí y allá pequeños ataques que, al parecer, nunca fueron interrumpidos en el momento oportuno, sino que se continuaron durante varios días en el mismo punto con ciega obstinación, incluso cuando no prometían resultado alguno, estos pequeños ataques no cuentan, cuando lo que se habría necesitado era lanzar de 40.000 a 60.000 hombres al otro lado del Danubio.

Hacia finales de enero, los rusos completaron finalmente su concentración en torno a Kalafat. Eran evidentemente superiores en campo abierto; debían por tanto tener allí unos 30.000 o 40.000 hombres. Si ahora restamos estos de 115.000, y luego unos 20.000 o 25.000 para la defensa de la línea de Braila hasta el mar, quedan para toda la Gran Valaquia, incluidas las guarniciones, de 50.000 a 65.000 hombres, un ejército que ni con mucho basta para la defensa de una línea de ataque tan larga y para una línea de comunicación que corre paralela a la línea de ataque a corta distancia detrás de ella. Un ataque vigoroso en cualquier punto, aun con una fuerza inferior en conjunto a esos 65.000 hombres, no habría podido terminar sino con el aniquilamiento completo de todas esas tropas rusas dispersas en detalle, y con la conquista de todos los almacenes rusos. Omer Pachá tendrá que justificarse tarde o temprano, explicando por qué no aprovechó una oportunidad semejante.

Así pues, pese a todos sus esfuerzos, los rusos solo pudieron concentrar ante Kalafat las tropas suficientes para rechazar los puestos avanzados turcos, pero no para atacar el baluarte mismo. Incluso para este éxito momentáneo y engañoso necesitaron casi cinco semanas. El general Schilder, del arma de ingenieros, fue destacado a Kalafat con la orden expresa de tomarla. Llegó, vio y decidió no hacer nada hasta que la llegada de Cheodáiev permitiera atraer tropas frescas del centro y del ala izquierda.

Cinco semanas permanecieron los rusos en esta peligrosa posición, con la espalda y el flanco desguarnecidos, como si provocaran formalmente el ataque al que no habrían podido resistir ni un instante; y cinco semanas estuvo Omer Pachá, amenazando su flanco y su espalda, en una posición desde la que, sin gafas ni catalejo, podía ver su debilidad —y no hizo nada. ¡Este sistema de guerra moderna bajo la protección de las potencias aliadas, que lo entienda quien pueda!

De repente llega a Londres la noticia de que los rusos están en plena retirada de Kalafat. ¡Oh! —exclama el “Times”—, es un éxito de nuestros aliados, los austriacos, que han concentrado un ejército en Transilvania, a espaldas de los rusos; es un éxito de la gloriosa alianza austriaca, que a su vez es un éxito de la gloriosa política de Aberdeen. ¡Tres vivas por Aberdeen! Pero al día siguiente, una declaración oficial austriaca muestra que no existe ninguna alianza austriaca y que los austriacos, hasta ahora, no han dicho nada y ni siquiera parecen saber para qué han enviado ese ejército allí. Y en consecuencia, reina una gran incertidumbre sobre la causa de la retirada rusa.

Se nos comunica ahora que los rusos quieren intentar cruzar el Danubio por el punto opuesto, entre Braila y Galatz, como en 1828/1829, y avanzar de ese modo sobre Adrianópolis. Si esto ocurriera sin un completo acuerdo entre los rusos, por un lado, y la escuadra anglo-francesa, por otro, esta marcha es estratégicamente imposible. Conocemos aún otra causa de esta retirada. Se dice que la marcha de Cheodáiev ha sido interrumpida para que establezca un campamento de 30.000 o 40.000 hombres aguas arriba de Odesa. Si esto es verdad, no podrá ayudar con tropas en el Prut y el Seret, ni reforzar a Gortschakow ante Kalafat. Por consiguiente, el príncipe Gortschakow tiene que retirarse con el mismo orden con que vino, y así terminaría la gran tragicomedia de la marcha rusa contra Kalafat.

Variantes del texto

En la “New-York Daily Tribune” núm. 4040 del 30 de marzo de 1854, el último párrafo del artículo dice lo siguiente:

“Y en consecuencia, nuestros contemporáneos británicos se encuentran en la más alta incertidumbre sobre la causa de la retirada rusa. Pero ¿cuál es su causa? Bien, simplemente esto: tropas francesas y británicas van a ir a Constantinopla. Nada más fácil o sencillo que enviarlas de allí a Odesa o Besarabia y cortar las comunicaciones de los rusos.”

Por inocuas que sean las verdaderas intenciones de la coalición, la presión exterior puede obligarla a obrar seriamente. Gortschakow evidentemente no se fía de la misión puramente diplomática de los ejércitos occidentales. Aunque estuviera completamente seguro de Inglaterra, no podría estarlo de Francia. Aunque estuviera seguro de todos los gabinetes, no podría estarlo de los generales. Podría arriesgarse a efectuar marchas de flanco mientras solo estén presentes los turcos; pero cree que el asunto se pondrá más serio tan pronto como lleguen tropas francesas y británicas y amenacen con caerle sobre el flanco. En consecuencia, se interrumpió la marcha de Tscheodajew a fin de que estableciera un campamento de 30.000 o 40.000 hombres más arriba de Odessa. En consecuencia, no puede enviar tropas al Pruth o al Sereth. En consecuencia, no puede llegar ninguna tropa para reforzar a Gortschakow ante Kalafat. En consecuencia, el ataque a esta plaza se torna imposible. En consecuencia, el príncipe Gortschakow debe retirarse con el mismo buen orden con que vino. Y así termina la gran tragicomedia de la marcha rusa contra Kalafat.