Friedrich Engels

La guerra en el Danubio

Escrito el 6 de julio de 1854.

["New-York Daily Tribune" núm. 4139, del 25 de julio de 1854, artículo de fondo]

Hace unos ochenta años, cuando los victoriosos ejércitos de Catalina II arrancaron una provincia tras otra a Turquía, que luego fueron transformadas en lo que hoy se llama Rusia meridional, se encuentra, en uno de los arrebatos de entusiasmo lírico en que el poeta Dershauin solía ensalzar la gloria, si no las virtudes, de aquella emperatriz y la grandeza querida por Dios de su imperio, un verso memorable que condensa todavía hoy la audacia desafiante y la autoconciencia de la política zarista:

¿Y para qué necesitas, ¡oh Rusia!, aliado alguno?

¡Avanza, y el mundo entero será tuyo!

Eso seguiría siendo válido aún hoy si Rusia pudiese tan solo avanzar; pero a ese movimiento se le ha puesto un cerrojo bastante fuerte. De ahí que, por el momento al menos, se vea obligada a aplazar un poco más la toma de posesión del mundo entero. Pero lo que hiere especialmente su orgullo es que, en su retirada, no solo no puede llevarse consigo prenda alguna del dominio mundial, sino que incluso debe abandonar las llaves de la simple fortaleza de Silistria, a orillas del Danubio, cuya posesión había jurado. Y lo que es más doloroso aún, deja también atrás los restos de unos 50.000 de sus hermanos, solo en esta campaña caídos por enfermedad o en el combate.

Indudablemente, el sitio de Silistria es, desde el punto de vista militar, el acontecimiento más significativo desde el comienzo de la guerra. Puesto que ha fracasado la conquista de esta fortaleza, la campaña se convierte en un fracaso para los rusos, y a la retirada que ahora se produce hacia el Sereth se suman la ignominia

y la desgracia del zar. Las fases anteriores del sitio ya las hemos expuesto a nuestros lectores con exactitud y, según esperamos, de manera comprensible; ahora que, por fin, han llegado con el "Pacific" los informes oficiales rusos, podemos seguir todo el asunto hasta su conclusión sin hacer injusticia a ninguna de las dos partes. Junto a los informes rusos, que exponen de manera clara, precisa y sobria lo que relatan, pero presentan multitud de omisiones, contamos aún con el informe del teniente Nasmyth (de la artillería bengalí) al "London Times". Se trata de un diario completo del sitio, con interesantes detalles, pero redactado algo descuidadamente y, a veces, con fechas inexactas. Nuestras opiniones y conclusiones, emitidas anteriormente sobre el sitio, quedan —así lo podemos afirmar tranquilamente— plenamente confirmadas por estos informes posteriores y más detallados, salvo en el detalle de que los turcos no tuvieron que abandonar la defensa del fuerte Arab-Tabia, como supusimos en el curso del sitio. También es probable que los rusos procedieran en sus operaciones aún de manera más temeraria de lo que habíamos presupuesto. En un principio, atacaron la fortaleza formalmente por el lado oriental, en las tierras bajas del Danubio, y esperaban poder esquivar todos los fuertes destacados y abrir de inmediato una brecha en el recinto principal de la fortaleza. Este intento no tenía, ciertamente, otro mérito que el de la originalidad. Acaso ofrece el primer ejemplo de que se levanten atrincheramientos y aproches para el sitio de una fortaleza en un terreno no solo flanqueado por alturas fortificadas por el enemigo, sino dominado inmediatamente por la espalda. Pero luego se emprendió un segundo ataque, no formal, precisamente contra esas alturas, y de manera tan hábil que, tras catorce días de infructuosas tentativas de asalto y reconocimientos, en los que miles de rusos fueron muertos o puestos fuera de combate, hubo que iniciar también contra las alturas un sitio en toda regla. Hasta aquí sobre la habilidad de los rusos. Y pasemos ahora a los detalles durante el sitio.

El 1 de junio, un nuevo tren de artillería de sitio cruzó desde la orilla izquierda del Danubio, y los rusos lo emplazaron como batería contra Arab-Tabia. Los turcos cavaban pozos y abrían minas bajo la contraescarpa y el glacis de este fuerte. El 2 de junio, Mussa Pachá, comandante de Silistria, fue muerto por una granada. Al caer la tarde, los rusos hicieron explotar una mina bajo uno de los baluartes de Arab-Tabia. Como a esa hora no podían haber alcanzado aún la cresta del glacis, la mina no estuvo, con seguridad, colocada con mucha precisión. Las distancias, así como la línea

de menor resistencia, debieron de estar mal calculadas, y ocurrió que la mina, en lugar de dañar las obras defensivas turcas, estalló hacia atrás y cubrió las trincheras rusas con una granizada de piedras y tierra. Pero allí estaban dispuestas para el ataque las columnas de asalto, y es fácil imaginarse el efecto de aquella granizada sobre ellas. Hasta qué punto, por lo demás, lograron los rusos cercar eficazmente la fortaleza se desprende del hecho de que aquel mismo día 5.000 irregulares turcos procedentes de Rasgrad, al oeste de Silistria, consiguieran abrirse paso hasta la ciudad sitiada.

Del 4 al 8 de junio continuaron los trabajos en las trincheras de aproximación contra Arab-Tabia. Los rusos alcanzaron el glacis y avanzaron audazmente una zapa hasta su cresta, aunque muy débilmente apoyados por el fuego de su artillería. Empezaron a colocar una mina por debajo del foso y se adentraron con ella hasta debajo de la escarpa del baluarte. Al mismo tiempo, el mariscal Paskiewitsch organizó el 9 de junio otra de sus incomprensibles exhibiciones armadas con un grandioso reconocimiento violento de la fortaleza, llevado a cabo con 31 batallones, 40 escuadrones y 144 cañones de campaña. Qué esperaba ganar con semejante exhibición es algo que no se puede decir. Parece como si se hubiera emprendido solo con la esperanza de que se presentase alguna ocasión de actuar en serio, o al menos para suscitar en el enemigo la impresión de irresistibilidad. Sobre los turcos, sin embargo, no produjo tal efecto. Por el contrario, destacaron 4.000 hombres de caballería, que, según el boletín ruso, fueron terriblemente batidos. Nasmyth asegura, en cambio, que capturaron 60 caballos rusos en la refriega. Y en lugar de reconocer algo en provecho propio, fue Paskiewitsch mismo quien, según el informe, resultó reconocido por una bala de cañón turca que lo puso hors de combat (fuera de combate), por lo que hubo de ser trasladado a Jassy.

El 10 de junio, el sitio alcanzó su punto culminante. La gran mina, última esperanza de Schilder, había sido hecha estallar. Y, en efecto, abrió una brecha asaltable en el baluarte de frente de Arab-Tabia. Las columnas rusas avanzaron al asalto; pero, como fácilmente se habrían podido imaginar, los turcos habían levantado ya, justo detrás del recinto principal, una coupure o segundo parapeto con su foso, y cuando los rusos se aproximaron, se vieron detenidos y expuestos a un fuego mortífero. Pero una vez que una columna de asalto es detenida,

está ya batida, pues el adversario, cubierto por el parapeto y apoyado por la artillería, hace fuego desde una distancia en la que cada disparo alcanza, y obliga a la columna a replegarse en pocos minutos. Los rusos tuvieron, por tanto, que emprender la retirada a través de la brecha lo más rápidamente posible; en ello, fueron perseguidos todavía por los turcos hasta las mismas trincheras rusas, que destruyeron una parte de las obras de sitio. Este ataque fue la última empresa seria de los rusos contra Silistria. Si el sitio continuó de manera ficticia y formal hasta que llegó la orden de levantarlo, ello se hizo solo para conservar las apariencias. El 12 de junio, del cerco quedaba tan poco que oficiales europeos pudieron llegar sin dificultad desde Schumla hasta la fortaleza.

Los rusos habían abierto sus trincheras de aproximación en la tierra baja el 19 de mayo. El 22, sus baterías, siete en número, rompieron fuego sobre Arab-Tabia. Al día siguiente se emplearon unos quince cañones más contra este fuerte. Sin embargo, según el informe ruso, el ataque formal contra Arab-Tabia no tuvo lugar hasta el 31 de mayo. Esto parece indicar que las baterías levantadas el 21 y el 22 solo tenían la misión de una primera paralela y constaban únicamente de cañones pesados de campaña destinados a enhebrar el fuerte. Del 31 de mayo al 10 de junio, las baterías rusas se aproximaron al fuerte hasta cien yardas, es decir, desde la primera hasta la tercera paralela, al pie del glacis. Pero ni se coronó el glacis ni se erigieron baterías de trinchera, sino que, como ya se mencionó, se hizo avanzar una zapa por el talud del glacis para abrir allí el pozo de la mina. Puesto que de todos los informes se desprende que Arab-Tabia apenas era más que una fortificación de campaña, grande en extensión pero de escaso espesor, la conducta de sus defensores, que constaban solo de 4 batallones y 500 irregulares bajo Hussein Pachá, merece sin duda la mayor alabanza. Un cañoneo de nueve días, once días de trincheras abiertas, dos minas y cuatro o cinco asaltos, y todo ello concluyendo con la derrota del enemigo: en verdad, no recordamos en la historia de la guerra otro ejemplo en que una simple obra exterior del tipo de Arab-Tabia haya resistido tan bien. Lo más comparable es la defensa de Kolberg por los prusianos en 1807 y la de Danzig por los franceses en 1813.

Probablemente haya causado gran asombro que Omer Pachá no hiciera nada durante todo el sitio para apoyar o socorrer una fortaleza tan importante. Pero de su carta dirigida a Sami Pachá, el gobernador de Widdin, se desprende que, de hecho, ya estaba

haciendo preparativos para acudir en ayuda de Silistria cuando los rusos se retiraron a la orilla izquierda del Danubio.

"Usted sabe", se dice en esta carta, "que yo había concentrado todas nuestras tropas frente a Schumla y que estaba preparando la marcha para el socorro de la fortaleza. Seis regimientos de caballería y tres baterías habían salido ya de Schumla con este objetivo. Al tener los rusos conocimiento de este movimiento, se retiraron con toda su artillería, a gran prisa, a la orilla izquierda. Durante los cuarenta días que duró el sitio de la fortaleza tuvieron una pérdida de 25.000 muertos."

Lo que ahora harán los rusos es imposible de decidir. Algunos periódicos vieneses anuncian que quieren tomar posición detrás del Buseo, pero los mismos periódicos afirman que supuestamente es el miedo a Austria lo que los hace retroceder, y que el Buseo ha sido ya flanqueado por los austriacos. Si los rusos intentasen mantener Moldavia, serían flanqueados por los austriacos desde Galitzia y la Bukovina. Pero una reunión oportuna de las tropas rusas en Polonia con el antiguo ejército del Danubio en Podolia y Volinia volvería a flanquear a su vez a los austriacos y pondría en peligro la parte nororiental de Galitzia hasta el San y el Dniéster.

Si prescindimos por un momento de las consideraciones políticas y suponemos que Austria está dispuesta a unirse con las fuerzas aliadas para atacar a Rusia, la situación sería la siguiente: Austria podría enviar al campo de batalla de 200.000 a 250.000 hombres para unirse a los aliados, los cuales disponen por su parte de unos 160.000 hombres —de 100.000 a 120.000 turcos y alrededor de 60.000 efectivos anglo-franceses. A estas fuerzas podría Rusia oponer los cuatro cuerpos del ejército del Danubio con sus reservas, que, deduciendo una cifra razonable por pérdidas, ascienden a unos 200.000 hombres. El segundo cuerpo, comandado por Panjutin, y los tres cuerpos de reserva de caballería, junto con algunas reservas de infantería adicionales y los refuerzos procedentes de nuevas levas, sumarían en total unos 180.000 hombres, de modo que el poderío militar total de Rusia se elevaría a 350.000 hombres, de los cuales habría que descontar las guarniciones para la protección de Crimea y de una parte del sur de Rusia. Más allá de esto, quedarían aún disponibles las tropas de la guardia, los granaderos y el primer cuerpo de ejército para la defensa de Polonia y de las provincias bálticas —sin contar el cuerpo finlandés, de unos 15.000 hombres. Considerándolo todo, la diferencia entre ambas potencias beligerantes no sería tan grande como para que Rusia no pudiera contar con un éxito moderado, si se limitara a una hábil defensa.

Si Austria, como indican las más recientes noticias diplomáticas y su completa inactividad en la frontera de Moldavia, no tuviera otra intención que la de mediar entre las potencias beligerantes, entonces podemos suponer con seguridad que en el curso de este año no ocurrirá nada ni en Moldavia ni en Besarabia.