que informaban principalmente sobre las etapas iniciales del sitio y de la cooperación de las armadas, en parte positiva, pero infortunada en su efecto total; ahora agregamos los informes oficiales sobre el ataque sangriento de Liprandi a los ejércitos aliados cerca de Balaklava20, junto con otros detalles del cursó de las operaciones, que conducen todas, como tenemos que admitir, a un resultado desfavorable para los aliados. Después de haber examinado con cuidado estos documentos, llegamos a la conclusión de que la situación, como ya hemos comprobado varias veces, sigue siendo difícil e insegura, pero ño tan peligrosa como lo dio a entender nuestro corresponsal en Liverpool. No creemos que se encuentren amenazados por algo peor que una retirada y un embarque involuntarios. Por otra parte, existe todavía la posibilidad de conquistar la ciudad en un asalto desesperado y sangriento. Sea lo que fuere, estamos convencidos de que este asunto se definirá mucho antes de que lleguen a Crimea los refuerzos de Francia e Inglaterra. La campaña está acercándose, como es notorio, a su momento crítico; los movimientos, errores y omisiones que determinaban su carácter y producían su resultado, están fijados; poseemos informaciones auténticas e irrefutables sobre los hechos más importantes. Por eso nos proponemos analizar sucinta y críticamente el curso de los sucesos. Se sabe ahora que en el momento en que los aliados desembarcaron cerca del fuerte Viejo, Ménshikov sólo contaba en el campo de batalla con 42 batallones y 2 regimientos de caballería, más algunos cosacos. La guarnición de Sebastopol se componía de marineros de la armada. Estos 42 batallones estaban formados por las divisiones de infantería número 12, 16 y 17; suponiendo que cada batallón tuviese su fuerza reglamentaria de 700 hombres, sus efectivos totales eran de 29.400 soldados de infantería; agregando 2.000 húsares, cosacos, artilleros, zapadores y minadores, se llega a 32.000 hombres en el campo. Ménshikov no pudo impedir el desembarco de los aliados mediante estas tropas, ya que las hubiera expuesto, sin disponer de reservas suficientes, al fuego de las armadas aliadas. Un ejército fuerte, en condiciones de sacrificar una parte de sus efectivos, habría podido destacar tropas para empezar una guerra de guerrillas por sorpresa y ataques nocturnos contra los invasores desembarcados, pero los rusos, en este caso, necesitaban todos sus hombres para la gran batalla inminente. Además, LA CAMPAÑA EN CRIMEA 78 FEDERICO ENGELS / TEMAS MILITARES el soldado de infantería ruso es el menos apto del mundo para sostener guerra de guerrillas. Su fuerza consiste en la lucha que realiza en columna cerrada. En cambio, el modo de combatir del cosaco es muy irregular, y sólo resulta aprovechable en la medida en que crece la esperanza de cobrar botín. Por otra parte,'la campaña en Crimea parece demostrar que el proceso desarrollado en los últimos 30 años a fin de trasformar a los cosacos en una tropa regular ha roto su espíritu emprendedor y los ha puesto en un estado de subordinación. Ahora dan la impresión de ser inservibles como irregulares, y poco útiles todavía para el servicio regular. Al parecer, ni siquiera son aptos para avanzadas o destacamentos, ni para atacar al enemigo en una carga de línea.21 Por eso los rusos tenían motivos para reservar cada sable y cada bayoneta para la batalla en la orilla del río Alma.

En las orillas de este río, los 32.000 rusos fueron atacados por 55.000 aliados; la superioridad era casi del ciento por ciento. Después de haber entrado en combate unos 30.000 aliados, Ménshikov ordenó la retirada. Los rusos sólo habían empleado hasta ese momento 20.000 hombres; si hubieran tratado de seguir en la defensa de sus posiciones, la retirada rusa se habría convertido en una derrota total, porque hubiese surgido la necesidad de lanzar al combate todas sus reservas. Cuando la superioridad numérica de los aliados produjo efectos indudables, Ménshikov levantó la batalla y cubrió su retirada con sus reservas. Logró vencer la confusión en su ala izquierda, causada por el movimiento de flanqueo del general Bosquet, se retiró del campo de batalla sin ser molestado o perseguido, en “magnífico orden”. Los aliados afirman que no contaban con suficiente caballería para perseguir a los rusos; pero como sabemos que éstos tenían sólo dos regimientos de húsares — menos que los aliados— , esta excusa no es válida. La infantería rusa se comportó como lo hizo en las batallas de Zorndorf, Eylau y Borodinó 229es decir, “no era capaz de caer en pánico” después de una derrota, frase del general Cutcart, quien mandó una división contra ellos.

Aunque la infantería rusa conservara su sangre fría y serenidad, Ménshikov fue presa del pánico. Las importantes fuerzas de los aliados, y su decisión y vehemencia en el ataque — que no había esperado— , turbaron sus planes en el momento.

Abandonó su intención de retirarse al interior de Crimea, y marchó al sur de Sebastopol para defender la linea del no Chórnaia. Fue un error imperdonable. Como podía abarcar de una ojeada la posición aliada en su totalidad, desde las alturas a la orilla del río Alma, habría debido á*er capaz de conocer las fuerzas de sus enemigos hasta 5.000 hombres. Habría debido saber que, a pesar de la superioridad relativa de los aliados sobre su ejército, no eran lo bastante fuertes para separar una parte de sus tropas con el fin de observar a Sebastopol, y para seguirlo hacia el interior. Hubiera debido saber que, a pesar de la proporción de uno a dos en la costa, estaba en condiciones de oponerles una fuerza de dos a uno en Simferopol. Sin embargo, marchó, como él mismo lo admite, al sur de Sebastopol. Pero después de terminar su retirada sin ser molestado por los aliados, y después de un alto de sus tropas en las elevaciones detrás del río Chórnaia, Ménshikov se decidió a reparar su error. Llevó a cabo este plan mediante un peligroso movimiento de flanqueo desde el Chórnaia a Bajchisarai. Fue un acto en contradicción con las reglas elementales de la estrategia, pero prometía grandes resultados. Si se ha cometido una vez un error estratégico, es muy difícil contrarrestar sus efectos. Queda por saber sí es más práctico resignarse, o reparar el error con un segundo paso intencionalmente falso. Creemos que Ménshikov tuvo completa razón en arriesgar una marcha de flanqueo dentro del alcance del enemigo, para salir de su posición de Sebastopol, imprudentemente "concentrada”.

Pero en esta lucha entre la mediocridad estratégica y los generales rutinarios, los movimientos de las tropas de los dos ejércitos enemigos adquirieron formas desconocidas hasta ahora en la estrategia. Como el cólera, la pasión por las marchas de flanqueo se convirtió en una epidemia en las dos partes. Al mismo tiempo que Ménshikov resolvía esa marcha de flanqueo de Sebastopol a Bajchisarai, a Saint-Arnaud y Raglán se les había metido en la cabeza dirigirse de Kacha a Balaklava. La retaguardia de los rusos y la vanguardia de los ingleses chocaron cerca de la granja Mackenzie (así llamada por el apellido de un escocés, un almirante que había servido a los rusos), y por supuesto, la retaguardia fue derrotada por la vanguardia. Como ya se ha criticado en Tribune23 el carácter estratégico de la marcha de flanqueo de los aliados en sus aspectos generales, no hace falta volver aquí sobre la cuestión. El 2 ó 3 de octubre, Sebastopol estaba cercado, y los aliados fueron a ocupar la misma posición de la cual Ménshikov acababa de retirarse. Con ello empezó el memorable sitio de Sebastopol, y simultáneamente un nuevo período de la guerra. Hasta ese momento, los aliados, por su superioridad indudable, habían determinado el curso de las acciones bélicas. Las armadas, que dominaban el mar, aseguraban su desembarco. Después de éste, su superioridad numérica y, por cierto, también su capacidad superior en el ataque, les dieron la victoria en la orilla del río Alma. Pero ahora se establecía poco a poco el equilibrio de las fuerzas que siempre aparece en operaciones desarrolladas lejos de la posición de salida y en el territorio enemigo. Si bien el ejército de Ménshikov no podía ser avistado aún, se hizo necesario formar una reserva en el río Chórnaia, con un frente dirigido hacia el este. De tal manera, el propio ejército sitiador quedó seriamente debilitado y reducido a un número que no superaba en mucho el de la guarnición. La falta de energía y metodicidad, ante todo en la cooperación entre las distintas partes de las fuerzas armadas terrestres y navales británicas, las dificultades del terreno y principalmente el indestructible espíritu de rutina, quizás innato en las administraciones y círculos científicos ingleses, demoraron el comienzo del sitio propiamente dicho hasta el 4 de octubre. Por fin, este día, las trincheras fueron ocupadas en la distancia inmensa de 1.500 a 2,500 yardas de las fortificaciones rusas. No se conoce tal procedimiento en otros sitios, Esto demuestra — y los rusos ío afirmaron hasta el 17 de octubre— que ellos dominaban aún el terreno de la fortaleza en una milla a la redonda. Por la mañana de ese día, los trabajos de los sitiadores habían progresado a tal punto, que pudieron romper el fuego. Es muy probable que se hubiese esperado algunos días más, teniendo en cuenta que ese día los aliados no se hallaban en condiciones de lograr algún éxito, si no hubiera llegado la gloriosa noticia de que toda Inglaterra y Francia se encontraban en un arrebato de alegría por haber anunciado la caída de Sebastopol para el 25 de octubre. Por supuesto, esta noticia exasperó a las tropas, y hubo que abrir fuego para calmarlas. Pero resultó que los aliados poseían sólo 126 cañones contra 200 a 250 de los enemigos. Entonces los ingleses y franceses siguieron citando el gran principio de Vauban — muy útil para tranquilizar al público— , de que “un sitio es una operación que conduce a, un resultado favorable 80 FEDERICO ENGELS / TEMAS MILITARES LA CAMPAÑA EN CRIMEA 81 con seguridad matemática, y es cuestión de tiempo, si no hay perturbación exterior”. Este gran principio se basa en otro del mismo ingeniero, de que “el fuego de los sitiadores puede ser reforzado hasta superar el de los sitiados”. En lo que hace a Sabastópol, vemos lo contrario: el fuego de los atacantes era inferior al comienzo de la defensa. Faltó poco tiempo para ver las consecuencias.

En pocas horas, los rusos silenciaron el fuego de las baterías francesas y se batieron con los ingleses un día entero equilibradamente. Como maniobra de diversión se organizó un ataque naval, pero no fue mejor dirigido ni resultó más eficaz. Los barcos franceses bombardearon el fuerte de Cuarentena y el fuerte Alejandro, y de este modo apoyaron los ataques de las tropas terrestres. Sin tal apoyo, es indudable que los franceses habrían salido aun peor parados. Los barcos ingleses atacaron la parte norte del puerto, inclusive el fuerte Constantino, la batería de los Telégrafos y una batería recién establecida al nordeste de Constantino. El cauteloso almirante Dundas había hecho anclar sus barcos a 1.200 yardas del fuerte; sin duda le agrada el método de hacer fuego desde una gran distancia. Pero es un hecho comprobado hace tiempo que en una lucha entre barcos y baterías de costa, los primeros pierden en el combate si no pueden llegar a 200 yardas o menos de las baterías, a fin de dar en el blanco con la mayor eficacia. Por eso, los barcos de Dundas empezaron a ser averiados y habrían sufrido una derrota demoledora si sir Edmund Lyons, probablemente contrariando sus órdenes, no hubiera llevado tres navios de línea lo más cerca posible del fuerte Constantino y le hubiera causado, en desquite de sus propias pérdidas, algunos daños. Pero como en los partes de guerra de los almirantes británicos y franceses falta la mención de destrucciones reales ocasionadas a los fuertes, tenemos que suponer que los fuertes y las baterías colocadas en casamatas, lo mismo que en Bomarzund 24, en la “costa de Montalembert”, resistieron frente a un doble número de cañones navales. Esto es tanto más notable cuanto que ahora resulta evidente que la construcción expuesta de este fuerte —circunstancia que ya en parte fue confirmada en Bomarzund—no puede resistir más de 24 horas a un bombardeo de cañones navales pesados desde la costa misma. * En los días siguientes, los franceses permanecieron bastante tranquilos. En cambio los ingleses, habiendo colocado sus baterías a una distancia mayor de las líneas rusas y disponiendo de calibres más pesados que sus aliados, podían continuar el fuego y silenciar los cañones en los pisos superiores de los reductos construidos por albañiles. El ataque naval no fue repetido, lo que prueba el respeto que habían inspirado los fuertes con sus casamatas. La defensa rusa destruyó muchas ilusiones de los vencedores en la orilla del Alma. Cada cañón destruido fue remplazado por otro. Cada tronera destrozada durante el día por el fuego enemigo, fue reparada durante la noche. Los fortines estaban frente a frente, y la situación era casi equilibrada hasta que los aliados tomaron medidas para lograr la superioridad. La ridicula orden de lord Raglan, de que "la ciudad debía ser respetada”, fue revocada y comenzó un bombardeo que probablemente, por sus intensos efectos sobre las tropas concentradas y su carácter asolador, hizo estragos entre la guarnición. Además, en la zona neutral de las baterías, tiradores escogidos, desde posiciones seguras en todos los lugares posibles, tuvieron la tarea de eliminar artilleros rusos. Como en el bombardeo de Bomarzund, los fusiles "Minié” dieron buen resultado. Al cabo de pocos días, los artilleros rusos estaban completamente hors du combat, ya sea por los cañones pesados, o bien por los fusiles "Minié”. Eran en su mayoría marineros de la armada, y de esta manera la parte de la guarnición más familiarizada con la artillería pesada se encontró fuera de combate. Hubo que emplear el método conocido en las guarniciones sitiadas: la infantería recibió la orden de manejar los cañones bajo la dirección de los artilleros que quedaban. Pero es fácil imaginarse que su juego casi no tuvo efecto, y los sitiadores pudieron adelantar sus trincheras más y más hacia los fuertes. Tenemos noticias de que los aliados ocuparon su tercera Jínea a 300 yardas de las fortificaciones internas. No sabemos hasta ahora qué baterías han colocado en esta tercera línea; sólo podemos decir que en sitios verdaderos la tercera línea es construida siempre al pie del glacis de los fuertes atacados, es decir, a unas 50 a 60 yardas del foso de la fortaleza. Si esta distancia es más grande en Sebastopol, podemos ver en ello la confirmación de informes provenientes de varios diarios británicos, de que aquí las líneas de defensa irregulares confundieron a los oficiales británicos del cuerpo de ingenieros, en vez de darles nuevas posibilidades para desarrollar su capacidad crea82 FEDERICO ENGELS / TEMAS MILITARES dora. Estos distinguidos caballeros, que pueden destruir un frente de bastiones construido según las reglas, encuentran graves dificultades cuando el enemigo se aparta de las prescripciones contenidas en las obras de las autoridades reconocidas como tales.

Después de haber resuelto definitivamente el ataque desde el sur, habrían debido dirigir la paralela * y sus baterías contra uno o, a lo sumo, dos frentes de defensa con extensiones estrictamente limitadas. Era necesario atacar con fuerzas concentradas dos de los fuertes exteriores situados a poca distancia uno del otro; cuando mucho, a tres de ellos. Una vez destruidos, todos los demás fuertes exteriores habrían resultado inútiles. Si los aliados hubiesen dirigido el bombardeo de sus cañones en su totalidad a un solo punto, habrían logrado así, con la mayor rapidez y facilidad, una superioridad de fuego y una abreviación notable del sitio. A juzgar por planos y mapas, el frente, desde el fuerte de Cuarentena hasta el extremo superior del puerto interno, o sea el frente contra el cual los franceses están ahora embistiendo, habría sido el más apropiado para el asalto, pues su destrucción hubiese abierto el acceso a la ciudad. Con los 130 cañones en este frente limitado, los aliados hubieran dado inmediatamente pruebas de su superioridad de fuego. En vez de esto, el deseo de dejar actuar a cada uno de los ejércitos aliados independientemente del otro, produjo este método increíble de tirar simultáneamente contra fortificaciones en una extensión de más de tres millas. Nunca se había visto tal cosa. ¿Cuándo sucedió que un ¿taque permitiese a las fuerzas sitiadas poner en juego la inmensa cantidad de 250 cañones al mismo tiempo, desde bastiones simples y lunetas? Un solo frente de bastiones apenas llega a poner 20 cañones en posición, y si se trata de un sitio normal, a lo sumo 3 ó 4 frentes pueden apoyar la defensa. Como los ingenieros aliados no están en condiciones de explicar convincentemente su singular procedimiento, tenemos que llegar a la conclusión de que fueron incapaces de descubrir los puntos más débiles de la defensa, y por lo tanto cañonearon toda la línea para no equivocarse. Mientras tanto, las dos partes recibieron refuerzos. Los ataques permanentes de Liprandi a, las vanguardias aliadas, en * Trinchera con parapeto. (Ed.)

84 FEDERICO ENGELS / TEMAS MILITARES parte llevados a cabo con éxito, demuestran que hubo más tropas en Sebastopol que las conducidas por Ménshikov a Bajchisarai. Pero no parecen hasta ahora tan fuertes como para levantar el sitio por una batalla. Si se tienen en cuenta los avances de los sitiadores; si se considera que el daño sufrido por los sitiados crece en progresión geométrica con el acercamiento de los aliados a las fortificaciones; si se tiene presente que si bien los fortines^exteriores resisten todavía, las defensas interiores parecen débiles, se puede suponer que entre el 9 y 15 de noviembre tendrán lugar sucesoá decisivos. O ya habrá caído el lado sur de la fortaleza,^ o los aliados habrán sufrido una derrota definitiva y tendrán que abandonar el sitio. Pero no hay que olvidar que tales pronósticos dependen de circunstancias difícilmente apreciables desde un lugar tan lejano del teatro de la guerra.

Escrito por Engels en inglés alrededor del 9 de noviembre de 1854. Publicado por primera vez en New York Daily Tribune el 27 de noviembre de 1854.

Marx y Engels, Obras, t. X, ed. cit.

SOBRE LA ORGANIZACIÓN MILITAR BRITANICA I ¿Quién es responsable por las condiciones del ejército inglés en Crimea? Dando un vistazo a la extraña maquinaria de la administración de guerra, podemos mostrar que la responsabilidad es compartida tan hábilmente entre las distintas autoridades, que cada una es rozada, pero ninguna cargada. El ejército británico en su totalidad tiene un general en jefe, llamado commander in chief, una especie de condestable *, rango suprimido en casi todos los ejércitos civilizados. De estos horseguards — así es el nombre de las oficinas de este general en jefe, porque se hallan en el cuartel de los horseguards—salen casi todos los nombramientos militares. Pero sería un error suponer que este comandante en jefe está autorizado a mandar realmente alguna cosa. Cuando mucho, posee cierto control sobre la infantería y caballería, mientras que la artillería, el cuerpo de ingenieros, los zapadores y minadores se encuentran fuera de la esfera de su influencia. Si tiene alguna voz en la cuestión de pantalones, sacos y corbatas, le está vedada toda ingerencia en el problema de los capotes. Puede fijar el número de los cartuchos que cada soldado debe tener en su cinto, pero no puede proveerlo de un solo mosquete. Puede hacer enjuiciar a todos sus hombres por un tribunal de guerra y hacerlos azotar de firme, pero no ponerlos en movimiento, ni siquiera en la distancia de una pulgada. Le sigue el master general of the ordnance, el superior general de artillería. Esta persona es una * Condestable: comandante en jefe en el ejército francés antes de la revolución burguesa de fines del s. xviii. (Ed.)