Friedrich Engels

El ataque a las fortalezas rusas

Escrito el 7 de agosto de 1854.

["New-York Daily Tribune", Nr. 4162 del 21 de agosto de 1854, editorial]

Parece que los aliados franceses e ingleses quieren emprender por fin un ataque real contra Rusia. Las fortificaciones más avanzadas del imperio, situadas en las islas Aland y en Sebastopol, en el Mar Negro, serán atacadas sucesivamente, si no simultáneamente. En Europa occidental se murmura, ciertamente, que el primer punto ha sido ya tomado tras un breve bombardeo, pero la noticia necesita confirmación y es probable que sea prematura. En cuanto al ataque a Sebastopol, no tenemos comunicación oficial de que vaya a tener lugar, pero la "London Times" lo afirma decididamente y en esta ciudad se cree por lo general. Hasta ahora sólo se han embarcado en Varna unas pocas divisiones de tropas francesas e inglesas, y aunque se supone que pertenecen a las fuerzas expedicionarias destinadas a Crimea, también es posible que estén destinadas al asedio de la fortaleza rusa de Anapa, en Asia. En este aspecto, la llegada del próximo vapor despejará probablemente todas las dudas.

El ataque a Bomarsund será un acontecimiento de gran interés militar. Por primera vez se pondrán a prueba las fortificaciones urbanas acasamatadas de Montalembert. A juzgar por las opiniones y los planos del lugar, los fuertes de allí, aunque en escala mucho menor que los de Helsingfors, Kronstadt o Sebastopol, están protegidos tanto contra un ataque terrestre como contra un bombardeo desde los buques y están construidos exclusivamente según los principios de Montalembert. Un largo fuerte a prueba de bombas, con unos cien cañones, flanqueado por obras de tierra provisionales, constituye la defensa principal contra los buques; por la retaguardia queda

dominada y protegida por grandes torreones, uno de ellos artillado con treinta y el otro con diez cañones. Mientras que contra el fuerte principal se emplearían sobre todo los buques, el ataque a los torreones sería ejecutado por las fuerzas terrestres. Según nuestros últimos informes, la guarnición es mucho más débil de lo que habíamos supuesto; se compone de poco más de tres mil hombres. De las informaciones disponibles no resulta del todo claro hasta qué punto el ataque por mar y el ataque por tierra pueden no sólo coincidir en el tiempo, sino realizarse en combinación y apoyarse mutuamente, pues un ataque por mar es forzosamente un ataque de vive force <por asalto>, que debe decidirse en muy breve tiempo, mientras que todo ataque terrestre contra obra de fábrica presupone trabajos preparatorios, con al menos una paralela y baterías, y requiere, por tanto, cierto tiempo. Sin embargo, estas cuestiones sólo pueden decidirse sobre el terreno. En todo caso, la toma de Bomarsund será, desde el punto de vista militar, mucho más interesante que incluso la de Sebastopol, ya que contribuye a resolver una cuestión muy debatida, mientras que esta última hazaña no significaría más que la aplicación afortunada de viejas reglas militares.

El proyectado ataque a Sebastopol deberá ser ejecutado principalmente por fuerzas terrestres, mientras que la acción de la flota habrá de limitarse casi por completo al bloqueo total del puerto. Se reduce, pues, a un bloqueo por tierra y por mar de un puerto marítimo fortificado de manera incompleta por el lado de tierra. No podemos saber qué fortificaciones han erigido los rusos al sur de la ciudad y de la bahía; pero no cabe duda de que han construido reductos y líneas que exigirán un asedio en regla, a menos que se quieran aceptar grandes sacrificios. En cualquier caso, sabemos que un fuerte permanente y, al parecer, bien construido —un gran cuadrado con defensa de foso suficiente en todos sus lados y baterías de morteros en todos sus ángulos salientes— corona la colina al norte de la bahía, exactamente enfrente de la ciudad. Esta colina es la única posición en las cercanías de la ciudad que, al parecer, no está dominada por el alcance de los cañones de otras alturas, y que domina a su vez la bahía y sus laderas opuestas. Aquí se opondrá, pues, en todo caso la resistencia principal; pero puede dudarse de que la ciudad y el puerto puedan conservarse, aun cuando todos los fuertes de la costa sur hayan sido tomados

, mientras este fuerte no esté reducido. Allí serán necesarios, por lo menos, algunos trabajos regulares de asedio. Ahora bien, la extensión de la bahía desde el cabo Constantino hasta su extremo oriental es de unas ocho millas aproximadamente, y aun suponiendo una extensión limitada para la ciudad y los fuertes, las tropas aliadas tendrían que desplegarse en un semicírculo de veintidós a veinticuatro millas de circunferencia para asegurar el bloqueo por tierra. Deben ser en todos los puntos lo bastante fuertes para resistir las salidas de la guarnición y los ataques de cualesquiera tropas que pudieran concentrarse a su espalda. Aunque no tenemos medio de saber qué fuerzas pueden emplear los rusos, directa o indirectamente, para la defensa de su plaza fuerte del Mar Negro, estos pormenores muestran que para su toma se necesitan tropas considerables. Además, hay que hacer frente a un enemigo peligroso, el clima mortífero del sur de Crimea. Como en este ataque las baterías de costa apenas pueden ser de utilidad a los rusos, el ataque ha de perder buena parte de su interés militar, porque se reduce a un asedio en una escala muy grande, aunque en modo alguno sin precedentes. La fuerza destinada a esta operación no se cifra en ninguna parte en más de 100.000 hombres, incluido un destacamento de turcos. Teniendo en cuenta todas las circunstancias, este ejército no parece suficiente para alcanzar ese objetivo.