Karl Marx

[El bombardeo de Odesa - 
Grecia - 
La proclama del príncipe Danilo - 
El discurso de Manteuffel]

Del inglés.

["New-York Daily Tribune" Nº 4080 del 16 de mayo de 1854]

Londres, martes, 2 de mayo de 1854.

El bombardeo de Odesa, tantas veces realizado en arrogante fantasía, se ha convertido por fin en un hecho. Pero los despachos telegráficos recibidos hasta ahora son demasiado escasos y, en detalle, demasiado insuficientes como para merecer un comentario. Según las noticias más fidedignas, el bombardeo comenzó el 22, se interrumpió el 23 (cuando se transmitió al gobernador de la plaza una intimación de rendición) y recomenzó el 24 de abril. Por un lado se afirma que una gran parte de la ciudad ha sido destruida; por otro, que sólo los fuertes han sido aniquilados por cohetes y bombas. En algunos círculos se sostiene incluso que el bombardeo no ha surtido efecto alguno. Algunos despachos comunican la destrucción de ocho buques rusos —mercantes, naturalmente, ya que en Odesa no había buques de guerra rusos. El último despacho —fechado en Odesa el 26 de abril— informa de que la flota combinada al completo se alejó aquella mañana.

Para preparar a la opinión pública para este acontecimiento, el gobierno francés ha publicado en el "Moniteur" precisamente un extracto del último informe del almirante Hamelin al ministro de Marina, en el que declara:

"La fragata de vapor inglesa 'Furious' zarpó el 6 de abril hacia Odesa para requerir y embarcar a los cónsules y a aquellos súbditos franceses e ingleses que deseasen abandonar esa ciudad ante un inminente estallido de hostilidades... Aunque había izado la bandera de parlamento, que también llevaba su bote de desembarco, las baterías rusas hicieron fuego alevoso con siete disparos sobre ese bote, pocos instantes después de que este hubiese abandonado el muelle. El almirante Dundas y él mismo deliberarían sobre las medidas para vengar un proceder tan bárbaro."

Los rusos ofrecen otra versión del incidente. Afirman que la bandera de parlamento no fue más que un pretexto para reconocer sus obras de defensa. Que la "Retribution" entró hace algún tiempo en el puerto de Sebastopol con el pretexto de entregar despachos, pero con el verdadero objetivo de hacer dibujos de las baterías en el interior del puerto, lo cual había disgustado extremadamente al zar, tanto más cuanto que el ruido que la prensa inglesa armó en torno a esa hazaña había confirmado dicha sospecha. Se había dado, pues, la orden de recibir en adelante con cañonazos a todos los buques que se presentasen ante un puerto ruso. La "Indépendance Belge" publica una carta que explica estos hechos y que supuestamente ha sido escrita por un oficial ruso en Odesa, pero probablemente por nadie más que el señor von Kisselew mismo.

"El 27 de marzo (8 de abril) a las 6 de la mañana se aproximó la 'Furious', un vapor de la flota real inglesa, al muelle del puerto de cuarentena de Odesa, sin izar bandera de parlamento. Aunque el capitán del puerto tenía orden de disparar un cohete contra todo buque de guerra inglés, decidió no obstante abstenerse de la ejecución inmediata de esa orden, suponiendo que quizás el vapor no hubiese sido informado todavía de la declaración de guerra inglesa. La 'Furious' echó anclas, arrió su bote y lo envió a tierra con bandera de parlamento. El capitán del puerto despachó inmediatamente a su ayudante al oficial del bote. Este oficial declaró que venía con el encargo de recoger a bordo al cónsul francés y al inglés. Se le respondió que esos señores ya habían abandonado Odesa hace tiempo; se le rogó, por tanto, que se retirase inmediatamente, tras lo cual el bote fue recogido a bordo del vapor y se retiró la bandera de parlamento. Pero en vez de levar anclas, los oficiales del vapor comenzaron a hacer dibujos de las baterías. Para impedírselo a la 'Furious', se le hicieron entonces disparos de advertencia. Como la 'Furious' no hizo caso de ello, se disparó una bala contra una de sus ruedas. La 'Furious' se alejó inmediatamente."

Es desde luego ridículo que la flota inglesa y francesa tuvieran que esperar a que los rusos les suministrasen "razones" antes de poder iniciar las hostilidades actuales contra un puerto ruso, y que aun entonces no ocupasen el puerto, sino que simplemente le lanzaran algunas andanadas.

Por la misma época en que la "Furious" fue enviada a su misión, cartas llegadas de Odesa a Constantinopla afirmaban que el gobierno ruso había confiscado todo el grano almacenado en los almacenes, sin tener en cuenta la propiedad privada de los comerciantes extranjeros. La cantidad confiscada ascendería a 800.000 chetverts <Medida rusa para áridos = 2,099 hl>. Además, el gobierno ruso había ordenado a los comerciantes extranjeros que proporcionaran 150.000 sacos y 15.000 carros para transportar el grano confiscado al interior del país. A todas las quejas respondió el gobernador con la declaración de que la política de las potencias occidentales había obligado al gobierno ruso a tomar medidas tan extremas y que, con la confiscación de su propiedad, esta solo quedaba protegida contra los pillajes de una población indignada. Ante la protesta de los cónsules de los Estados neutrales que habían permanecido en Odesa, el gobernador accedió por fin —no a pagar las mercancías confiscadas, pero sí a expedir simples recibos a los propietarios.

A continuación, un extracto de un periódico de Estocolmo:

"En toda la ciudad pululan refugiados de Finlandia; muchos vienen también de Aland" (que todavía parece estar ocupada por los rusos), "para escapar a la leva forzosa rusa. La flota rusa padece gran escasez de marineros, y las autoridades prenden a jóvenes y viejos. En plena noche, padres de familia son llevados precipitadamente sin que se les conceda aplazamiento alguno. Para salvarse de esta tiranía, familias enteras huyen con enseres y bártulos a Suecia."

El "Journal de Saint-Pétersbourg" del 23 del pasado contiene una proclama del zar a sus súbditos, en la que la guerra contra las potencias occidentales se presenta como una guerra de la Iglesia ortodoxa contra los herejes, para la liberación de sus hermanos oprimidos en el Imperio otomano.

La "Presse" de París de hoy trae el siguiente artículo:

"Uno de nuestros corresponsales en Constantinopla nos ha comunicado detalles importantes sobre el complot ruso que fue descubierto hace algún tiempo y cuya investigación acaba de concluir. Esta investigación prueba claramente que Rusia ha preparado desde hace tiempo la crisis que debía hacer morir al hombre enfermo directamente entre las manos de sus médicos. La investigación prueba que el barón Oelsner no entró al servicio de la policía turca sino para engañar mejor a sus surveillants <vigilantes>. Cobraba 1.000 piastras al mes. A pesar de su astucia, su doble juego fue descubierto de la siguiente manera: Había trabado relaciones con el señor Aspa, un médico al servicio de Turquía; y creyendo poder fiarse de él, le confesó que nunca había dejado de servir a Rusia, aunque la policía turca le pagara. Según el señor Oelsner, Rusia se proponía formar con los griegos y eslavos de Turquía un ejército de 60.000 conspiradores, dispuestos a sublevarse a una señal. El golpe decisivo debía darse en Constantinopla. El jefe del complot en esta ciudad sería un inglés, un tal Plantagenet Harrison. El señor Aspa fingió adherirse a las opiniones de Oelsner y dio un soplo a la policía turca. La policía, que ya sospechaba de Oelsner desde hacía tiempo, le hizo entonces vigilar con mayor cuidado y descubrió que solía enviar informes regularmente al príncipe Gortschakow. Finalmente consiguieron interceptar uno de esos informes. Oelsner, aunque por lo general sumamente precavido, había sido tan imprudente como para mostrar el citado informe al señor Aspa —quien informó inmediatamente al señor Palamari, agente secreto de la policía turca— y para entregarlo en su presencia a Radschic, un eslavonio austríaco, que estaba en contacto con Oelsner y sus cómplices. La carta fue confiscada a esta persona y constituye una de las piezas de convicción. También se comprobó que Oelsner se había puesto de acuerdo con Constantinos, capitán de un buque mercante griego, y que habían convenido en la incorporación de otros cuarenta capitanes de buques griegos, que debían llegar a Constantinopla en un día determinado, provistos de municiones y de todo lo necesario para encender la insurrección entre la población griega de la metrópoli. Constantinos estaba en comunicación permanente no sólo con Oelsner, sino también con el señor Metaxas, el enviado griego cerca de la Puerta. Bodinarow, un coronel ruso, se encargaba del enlace entre Oelsner y el príncipe Gortschakow."

En la "Augsburger Zeitung" ha aparecido una serie de artículos extraordinariamente hostiles contra Rusia, que han causado gran sensación en Alemania, ya que este periódico ha defendido hasta ahora con sumo celo los intereses rusos y, como es sabido además, recibe sus inspiraciones del gabinete austríaco. En esos artículos se declara que Austria, a consecuencia de las revelaciones contenidas en la correspondencia confidencial de Sir H. Seymour, ha quedado liberada de sus obligaciones para con Rusia. En uno de esos artículos se dice:

"Cuando la conducta de Rusia hizo necesarias representaciones austríacas en San Petersburgo, se respondió allí en un tono tan perentorio —se guardaron tan pocas consideraciones con el ministerio de Viena, que cada nuevo despacho de Constantinopla suscitaba amargos presentimientos. La misma sorprendente falta de miramientos llevó al conde Mensdorff a solicitar que se le permitiera volver a mandar una brigada, en vez de permanecer por más tiempo en San Petersburgo, aunque en lo personal no tenía más que elogios para su posición allí."

Fue relevado, en consecuencia, por el conde Esterhazy. En otro artículo se encuentra el siguiente pasaje:

"Cuando el emperador de Rusia vino a Olmütz, su comportamiento para con el conde Buol-Schauenstein fue tan despegado, por no decir hiriente, que llamó la atención general y puso en aprietos a Nesselrode y a Meyendorff." (Séame permitido recordar a sus lectores que forma parte de las prácticas de Nesselrode provocar una conducta tan arrogante de su augusto soberano para lamentarla después.) "El joven emperador, testigo de estas cosas contra su ministro, no ha olvidado aquellos sucesos. Los informes de Seymour no pudieron sino confirmar la resolución adoptada por Su Majestad" (de hacer frente a las pretensiones de Rusia frente a Austria)... "Durante su estancia en Viena, el conde Orlow rehusó contraer en nombre de su soberano el compromiso de respetar en todas las circunstancias la integridad del Imperio otomano."

El corresponsal del "Times" en Constantinopla señala con especial énfasis que la insurrección griega conducirá inevitablemente a una revolución en Grecia, es decir, a una lucha entre el partido nacional y los partidarios de Rusia. Por otra parte, debido a las atrocidades de las tropas del pachá en Bulgaria, el estado de ánimo de la población parece inclinarse a favor de Rusia. Permítaseme aducir algunos hechos que caracterizan la relación de Grecia con las potencias occidentales. En el "Nouvelliste de Marseille" se lee desde Constantinopla, con fecha 17 de abril, lo siguiente:

Los habitantes europeos de Atenas tienen que soportar toda clase de insultos. Incluso son asaltados a palos, sin que la gendarmería griega intervenga en modo alguno. El 15 del mes pasado, el señor Gaspari, miembro de la legación francesa, hijo de un antiguo cónsul francés en Atenas, recibió golpes y fue derribado en presencia de tres gendarmes, que se mantuvieron indiferentes ante la escena. El mismo día, otros franceses recibieron avisos de que se había confeccionado una lista de noventa y seis «francos» destinados a recibir un «castigo». A raíz de estos desmanes, el representante francés y el inglés dirigieron una nota conjunta al gobierno del rey Otón, en la que le comunicaban que por cada acto de violencia contra súbditos franceses e ingleses se exigiría de inmediato una indemnización de 25.000 dracmas. El 12 de abril se envió al gobierno griego un nuevo ultimátum, en el que se concedía un aplazamiento de solo cinco días, es decir, hasta el 17 de abril. Este ultimátum exige del rey Otón la indemnización por la injusticia cometida contra los franceses, una actitud categórica frente a la insurrección y la reparación por los desmanes perpetrados y tolerados. No se esperaba una respuesta satisfactoria del rey. En caso de una respuesta negativa, los representantes estaban decididos a romper toda relación con el gobierno y, además, a presentarse en nombre de Francia e Inglaterra a la vez como los

Administradores de Grecia,

conforme al protocolo por el cual se fundó este reino.

El gobierno griego ha dirigido una circular a sus agentes en el extranjero, en la que disculpa su conducta durante su reciente disputa con la Puerta, cuyas últimas medidas contra los súbditos griegos, como observa el señor Paikos, provienen del resentimiento de Turquía por no gozar ya del privilegio de poder considerar a Grecia como una provincia turca; y ésa sola es también la causa de las intrigas de veinte años contra Grecia, para las cuales las insurrecciones de Tesalia y Epiro no sirvieron más que de pretexto.

La "Presse" de Viena del 28 de abril publica el siguiente llamamiento del príncipe Danilo a los capitanes de las tribus montenegrinas:

«Deseo que también nosotros, los cernagorenses (montenegrinos), ahora como siempre, nos mostremos valientes y heroicos, al igual que los griegos y otras naciones, al igual que nuestros siempre victoriosos abuelos y bisabuelos, que nos legaron como herencia la libertad, de la que ahora estamos tan orgullosos ante el mundo. Por eso quiero saber quiénes son los soldados que fueron reclutados anteriormente, para saber si puedo contar con ellos, y os ordeno, capitanes, que cada uno reúna a su tribu. Que cada soldado diga voluntariamente si quiere luchar conmigo contra el turco, el enemigo común de nuestra fe y de nuestras leyes. Tú, capitán, anota a cada uno de esos voluntarios y envíame un informe por escrito a Cettinje. Pero a todos os digo de antemano: quien no esté dispuesto a afrontar la muerte, que se quede en casa. Quien quiera marchar conmigo, que olvide a su mujer, a sus hijos y todo lo que posee en este mundo. A ti te digo, mi valerosa nación, y a vosotros, mis queridos hermanos: quien no quiera morir conmigo, que se quede sin trabas en casa, pues bien sé que uno solo que venga al campo conmigo vale más que cincuenta que marchen temerosos ante mí. Por eso llamo a todo hombre valeroso, de corazón intrépido, que no vacile en derramar su sangre por la santa cruz, la iglesia ortodoxa y la patria, para que comparta conmigo la gloria y el honor. ¿Acaso no somos hijos de aquellos viejos montenegrinos que vencieron de una vez a tres visires turcos, que derrotaron a tropas francesas y tomaron por asalto las fortalezas del sultán? Si en algo no despreciamos a nuestra tierra, si no menospreciamos la gloria de nuestros antiguos héroes, reunámonos y ataquemos en el nombre de Dios.

Danilo

Cettinje, 16 de marzo de 1854.»

Leemos en la "Agramer Zeitung" que, en cumplimiento de este llamamiento a los piadosos filibusteros de Montenegro, los capitanes de cada una de las tribus montenegrinas convocaron a sus jóvenes guerreros y les comunicaron esta proclama, tras lo cual 4.000 hombres juraron ante el altar vencer o morir bajo la bandera de «Por la fe y la patria». Es imposible pasar por alto la interesante semejanza de este movimiento con las consignas y esperanzas de la guerra de independencia prusiana, que el general Dohna en Königsberg y el Treubund prusiano en general mantienen en tan sagrada memoria. El ataque de los montenegrinos a Herzegovina, vía Nikšić, será comandado por el propio príncipe Danilo. El ataque en el sur (en dirección a Albania), vía Žabljak, será dirigido por el voivoda Georgij Petrowitsch.

«Los montañeses —escribe la "Agramer Zeitung"— están bien provistos de municiones, y cada uno de los dos cuerpos dispondrá de doce piezas de a tres y media libras.»

La señal para la apertura de las hostilidades la dará el coronel Kowalewskij, que recibe sus instrucciones directamente de Petersburgo.

Después de que
el señor von Manteuffel
hubiera recibido sus 30.000.000 de táleros, envió las Cámaras a casa con un discurso del cual extraigo el siguiente pasaje sumamente característico:

«¡Señores! Ustedes han concedido el crédito y, con ello, han proporcionado al gobierno los medios para seguir avanzando por el camino que hasta ahora ha seguido, en plena unidad <"in voller Einigkeit" en alemán en la "N.-Y. D. T."> con Austria y toda Alemania, y en consonancia con las demás grandes potencias, y para salvaguardar a Prusia la posición que le corresponde en la solución de la gran cuestión europea del presente.»

Permítanme señalar que en el informe telegráfico de este discurso, que publican los periódicos ingleses, la frase «en consonancia con todas las demás grandes potencias» ha sido traducida erróneamente por «en consonancia con las potencias occidentales». Prusia se ha fijado un objetivo más elevado. Quiere concertar medidas de paz en consonancia con ambas partes, aparentemente en guerra... ¿con quién, si no?

El señor von Manteuffel tuvo la suerte, el mismo día en que despidió a las Cámaras, de pronunciar un segundo discurso en una reunión de su partido, un discurso mucho más preciso y revelador que la jerigonza oficial anterior. Este discurso es el producto prusiano más característico de nuestros días. Es, a su manera, la sabiduría de Estado prusiana in nuce <en su forma más condensada>:

«Señores —dijo—, hay una palabra de la que se ha abusado mucho: esa palabra se llama libertad. No reniego de esta palabra; pero mi divisa es otra, mi divisa es la palabra:
Servicio
<"Dienst" en alemán en la "N.-Y. D. T.">. Señores, todos los que estamos aquí reunidos tenemos el deber de servir a Dios y al Rey, y es mi orgullo poder servir a este Rey. La palabra
Servicio
mantiene unido al Estado prusiano, desgarrado en comarcas alemanas <"in deutsche Gaue" en alemán en la "N.-Y. D. T.">. Esta palabra debe unirnos a todos en las distintas posiciones que ocupamos. La palabra
Servicio del Rey
, ésa es mi bandera, es la bandera de todos los aquí reunidos, y en ello reside nuestra salvación en estos tiempos. ¡Señores, el servicio del Rey, viva!»

Manteuffel tiene razón: No hay otra Prusia que la que vive para el servicio del Rey.