Karl Marx
Finanzas británicas
Del inglés.
["New-York Daily Tribune" núm. 4086 del 23 de mayo de 1854]
Londres, martes 9 de mayo de 1854

Aunque el bombardeo de Odesa, que por lo demás no parece haber sido un asunto de mucha monta, ha excitado en alto grado la opinión pública, hay en este momento otro bombardeo que la enardece aún mucho más: a saber, el bombardeo de la bolsa del Estado. Antes de pasar a analizar el informe financiero presentado por el señor Gladstone en la sesión de ayer de la Cámara de los Comunes, debemos echar una mirada retrospectiva a sus transacciones oficiales anteriores.

El señor Disraeli había rebajado durante su mandato el interés de los bonos del Tesoro al tipo más bajo registrado hasta entonces, a 1
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peniques por día; pero el señor Gladstone, ansioso por superar a su predecesor, fue aún más lejos y lo redujo a un penique, omitiendo sin embargo considerar las circunstancias: cuando el señor Disraeli rebajó el interés de los bonos del Tesoro el dinero abundaba y era barato, mientras que era escaso y caro cuando el señor Gladstone se dispuso a aventajar a su rival. En consecuencia, el gran hombre hubo de pagar tres millones por bonos del Tesoro que, de otro modo, habrían seguido en curso al tipo de interés vigente cuando él los encontró. Y esto no fue todo. Tan pronto como hubo rescatado los bonos del Tesoro con gran perjuicio para el Estado, tuvieron que ser emitidos de nuevo a un tipo de interés más alto. Esta fue la primera prueba del genio sublime del casuista de Oxford, de quien se suponía que reunía, por así decirlo, todos los talentos en su persona, después de que la coalición de todos los talentos hubiera puesto de patitas en la calle al gobierno tory por su plan financiero, proclamando con ello las finanzas como el centro de gravedad de su política.

El señor Gladstone no se contentó con ocuparse de la deuda flotante; hizo un experimento aún más singular con la deuda consolidada. En abril de 1853 se presentó en la Cámara de los Comunes con un plan bastante complicado para la conversión de las acciones del Mar del Sur y otros valores, con una disposición que podría obligarle a desembolsar, al cabo de seis y doce meses, nueve millones y medio. Se ha observado con razón que, cuando Gladstone hizo esto, tenía ante sí las informaciones secretas de sir Hamilton Seymour y las advertencias del coronel Rose y del cónsul Cunningham, comunicaciones que no podían dejar duda alguna sobre la intención hostil del gobierno ruso y sobre la inminencia de una guerra europea. Los lectores recordarán sin duda que, en el mismo momento en que el señor Gladstone presentaba su plan, predije que fracasaría y que, al final del año fiscal, el gobierno se vería obligado a contraer un empréstito de cinco o seis millones. <Véase el tomo 9, págs. 43-82> Hice esta afirmación sin tener para nada en cuenta la complicación en Oriente. Por otra parte, la apariencia escolástica del plan de Gladstone no es precisamente la más adecuada para seducir a la jauría de los agiotistas de la bolsa; no se necesitaba una gran perspicacia para predecir que habría una mala cosecha, porque a causa de la temporada de lluvias la superficie sembrada quedaría muy por debajo del promedio; que una mala cosecha provocaría asimismo una salida de oro; que una salida de oro no podría ciertamente contrarrestar la tendencia ya existente a un alza del tipo de interés en el mercado monetario, y que, en vista de la tensión general del mercado monetario, sería ridículo suponer que el acreedor del Estado iba a permitir una reducción del interés de su capital prestado y no iba a aferrarse ávidamente a la oportunidad que le brindaba el experimento del señor Gladstone, insistiendo en el reembolso de su participación en el empréstito a la par, para invertirla al día siguiente con un beneficio neto. En efecto, al final del año fiscal, el señor Gladstone se vio forzado a reembolsar a la par seis millones de las anualidades del Mar del Sur, que sin su intervención habrían encontrado colocación en la bolsa inmediatamente a razón de 85 libras esterlinas por cada 100 libras esterlinas de participación en el empréstito. De ese modo, no sólo despilfarró innecesariamente seis millones de fondos públicos; con esta brillante operación, el Estado sufrió una pérdida efectiva de por lo menos un millón, mientras que las existencias en la Tesorería, que en abril de 1853 ascendían a 7.800.000 libras esterlinas, quedaron reducidas en abril de 1854, durante la guerra, a sólo 2.778.000 libras esterlinas, lo que supone una merma de más de 5 millones de libras esterlinas. El fracasado esquema de conversión del señor Gladstone está en la base de todas las dificultades monetarias contra las que ahora tiene que luchar el gobierno. Aún 24 días antes de la declaración de guerra, el 6 de marzo, el señor Gladstone señaló como base de todas sus operaciones la obtención de los medios para pagar los gastos corrientes en el presente año fiscal, y declaró que había tomado medidas para sufragar las cargas de la guerra únicamente con los recursos disponibles, y que no cabría recurrir a un empréstito en el mercado monetario. Esta declaración la repitió el 21 de marzo, e incluso aún el 11 de abril. Pero el 21 de abril, cuando el Parlamento no estaba reunido, apareció un comunicado oficial según el cual se haría necesario un empréstito y, en consecuencia, se emitirían obligaciones del Tesoro por un importe de 6 millones. Como se recordará, las obligaciones del Tesoro son un invento del señor Gladstone, quien las introdujo al mismo tiempo que su esquema de conversión.

El bono del Tesoro ordinario es un título-valor con un plazo de un año y, por lo general, al final de ese período se renueva o se reembolsa; su tipo de interés fluctúa en torno al tipo de interés del mercado. Por el contrario, las obligaciones del Tesoro devengan un tipo de interés fijo por años y son una anualidad temporal que puede transferirse mediante un simple endoso sin costo alguno para el comprador o el vendedor. En resumen, se las puede calificar como imitaciones de las obligaciones ferroviarias. Cuando el señor Gladstone las inventó por primera vez en 1853, se arrogó la emisión de 30 millones. Estaba tan orgulloso de su invento, que creía que los 30 millones no bastarían para satisfacer la demanda del público y que devengarían una prima elevada. Sin embargo, «el público ya quedó saciado con poco más de 400.000 libras esterlinas, o sea, aproximadamente una septuagésima parte de la suma que, según sus expectativas, sería necesaria». Para colocar su empréstito de 6 millones, el señor Gladstone emitió tres clases de obligaciones del Tesoro: una con un plazo de cuatro años, otra de cinco años y otra de seis años. Para hacerlas más aceptables en la bolsa, decidió conceder intereses sobre los plazos aún no pagados. Hizo como si las emitiera a la par con un tipo de interés del 3
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por ciento; en consideración a las ventajas extraordinarias de esta nueva clase de valores, eso equivale a un dividendo del 10 al 16 por ciento. Una vez realizadas las licitaciones, resultó que sólo se ofertaron 800.000 libras esterlinas por obligaciones del Tesoro de la primera serie, que deben ser reembolsadas en 1858, mientras que para las otras series de obligaciones del Tesoro de 1859 y 1860 no se hicieron ofertas en absoluto. Y esto no es todo. Gladstone se vio obligado a colocar su mercancía a precios rebajados; las vende a un mínimo de 98
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y encima concede algunos meses de intereses, de modo que simplemente está tomando un empréstito al cuatro por ciento a cambio de las acciones del Mar del Sur, que eran una anualidad al tres por ciento, con lo cual pierde un quince por ciento en el capital y un veinticinco por ciento en los intereses. A pesar de todas las concesiones, sufrió un fiasco completo; se vio obligado a prorrogar el plazo de licitación hasta el 8 del corriente y a rebajar su demanda de 6 millones a la «suma ridículamente exigua» de 2 millones. El fracaso era inevitable, porque su mercancía no se presta bien ni para una inversión permanente ni para el uso temporal, y porque el reembolso en los años 1858 y 1860 parece, en las circunstancias actuales, muy problemático, y, por último, porque en un mercado en tensión las obligaciones del Tesoro con un tipo de interés fijo por años no pueden ser tan aceptables como los bonos del Tesoro, cuyos intereses aumentan forzosamente con la subida del valor del dinero.

El señor Gladstone no se contentó con lanzar al mercado tres clases distintas de papeles de la Tesorería; se sintió también obligado a presentar a la Cámara de los Comunes no uno, sino dos, y quizás hasta tres o cuatro presupuestos. A diferencia de los anteriores cancilleres del Exchequer, presentó su informe financiero antes del cierre del año fiscal, el 6 de marzo, para que el país, según dijo, viera claramente su situación. En aquel momento se comunicó a la Cámara que existía un superávit de 3 millones de libras esterlinas, pero que, a causa de la peligrosa situación en que se hallaban, habría que asumir gastos incrementados por valor de 6 millones de libras esterlinas, de modo que este año habría que contar con un déficit de 3 millones. Apenas habían transcurrido ocho semanas, cuando solicitó al Parlamento unos siete millones más, aunque ciertamente en marzo debiera haber hecho presupuestos más exactos sobre la necesidad de fondos públicos.

Los nuevos presupuestos adicionales por él solicitados son los siguientes:

Armada

4.550.000 libras esterlinas

Ejército

300.000 libras esterlinas

Artillería

640.000 libras esterlinas

Milicia

500.000 libras esterlinas

Otros gastos

2.100.000 libras esterlinas

Suma

8.090.000 libras esterlinas

Los presupuestos para la Armada, el Ejército y la Artillería fueron aprobados por unanimidad el viernes por la tarde. A continuación doy un breve resumen de las distintas partidas para las cuales fueron solicitados, a saber: se concedieron 300.000 libras esterlinas para un refuerzo del Ejército de 14.799 hombres de todas las graduaciones, lo que elevaría las fuerzas terrestres en 40.493 hombres por encima de la cifra concedida el año pasado, es decir, a 142.000 hombres. Los presupuestos adicionales para el Departamento de Artillería ascienden en total a 742.132 libras esterlinas. Los presupuestos suplementarios para la Armada ascienden a 4.553.731 libras esterlinas e incluyen una parte del presupuesto adicional para la Artillería, que pueden clasificarse bajo los siguientes conceptos:

I.
1.
Gastos por la paga de 11.000 marineros e infantes de marina con los que se ha reforzado la flota —2.500 procedentes de la guarda costera y 8.500 mediante una leva de voluntarios
461.700 libras esterlinas

a)
por el pago de la paga en el año que termina el 31 de marzo de 1855 a 5.000 marineros que permanecen seis meses más en servicio
110.000 libras esterlinas

b)
por la paga extraordinaria, además de la paga de los marineros, a 2.500 miembros de la guarda costera y de la tripulación de cubierta, que ahora prestan servicio en el mar
51.700 libras esterlinas

e)
por la formación de 5.000 marineros de reserva
220.000 libras esterlinas

d)
[para los marineros de la expedición ártica de los buques "Erebus" y "Terror", ocho años de paga doble]
80.000 libras esterlinas

[2.
Para el suministro de víveres de los infantes de marina y marineros puestos adicionalmente en servicio
200.000 libras esterlinas]

a)
para el suministro de 5.000 hombres durante seis meses adicionales, hasta el 31 de marzo de 1855
[50.000 libras esterlinas]

b)
para el pago de los precios aumentados de varios tipos de mercancías y vituallas
50.000 libras esterlinas

c)
para vituallas, víveres, pertrechos, etc., destinados a 5.000 hombres adicionales que prestan servicio durante un año en la flota
100.000 libras esterlinas

3.
Para emplear personal adicional, que a consecuencia de la guerra se necesita en las oficinas de Whitehall y Somerset House
5.000 libras esterlinas

4.
para gastos adicionales en sueldos de los distintos establecimientos de la flota, de suministros y sanitarios en el país
2.000 libras esterlinas

[5.
para salarios de obreros militares, etc., empleados en los distintos establecimientos de la flota, de suministros y sanitarios del interior
47.000 libras esterlinas]

6.

para salarios adicionales a obreros militares, etc., en los establecimientos navales en el extranjero

160.000 libras esterlinas.

7.

para pertrechos navales

697.331 libras esterlinas.

a)

para la adquisición de carbón y otro material de calefacción para buques de vapor

160.000 libras esterlinas.

b)

para la adquisición de los pertrechos necesarios para reemplazar los entregados a la flota

40.000 libras esterlinas.

c)

para la adquisición y reparación de maquinaria de vapor, habiéndose decidido equipar la flota de reserva con vapor

252.674 libras esterlinas.

d)

para la adquisición de buques de vapor, cañoneros, etc.

244.657 libras esterlinas.

8.

para nuevas instalaciones, mejoras y reparaciones en los astilleros

7.000 libras esterlinas.

9.

para medicamentos y pertrechos sanitarios

30.000 libras esterlinas.

10.

para servicios diversos

6.000 libras esterlinas.

Suma

1.457.031 libras esterlinas.

II.

Partidas que, aunque contenidas en el presupuesto de la flota, se refieren más al ejército que a la flota

Gastos de flete

3.096.700 libras esterlinas.

Bajo este título caen, entre otras:

a)

para gastos de transporte pagaderos mensualmente, incluidos buques de vapor, para la adquisición de los mismos, incluida la soldada de 18 nuevos buques de vapor y 86 transportes de vela, de ellos 75 fragatas con caballería

2.610.200 libras esterlinas.

b)

flete por los buques fletados para el transporte de tropas, incluidas las asignaciones, por haber tomado el gobierno a su cargo 18 buques de vapor y 86 transportes de vela durante todo el año

108.000 libras esterlinas.

Suma total

4.553.731 libras esterlinas.

El señor Gladstone solicita la imposición de nuevos impuestos; así, el doble impuesto sobre la renta se mantendrá hasta el final de la guerra, el impuesto sobre la malta se elevará de 2 sh. 9 d. a 4 sh., el impuesto sobre las bebidas espirituosas se aumentará en 1 sh. por galón en Escocia y 8 d. por galón en Irlanda, y la rebaja del impuesto sobre el azúcar, que debía entrar en vigor el 5 del próximo julio, se aplazará. Las resoluciones relativas a las bebidas espirituosas, la malta y el azúcar se adoptaron de inmediato.

El impuesto sobre las bebidas espirituosas se anulará a sí mismo, pues reducirá considerablemente el consumo. El impuesto sobre la malta es un castigo impuesto a los taberneros autorizados y a sus clientes, porque su órgano oficial, el "Morning Advertiser", se había distinguido soplando la trompeta de guerra. El impuesto sobre el azúcar está concebido para hacer más amargos los escabeches y conservas de este año. En cuanto al impuesto sobre la renta, es bien sabido que el señor Gladstone anunció su término al cabo de siete años el 6 de marzo, justo tres días después de haber recibido las comunicaciones del coronel Rose y del cónsul Cunningham sobre los preparativos bélicos rusos. No menos conocida es su declaración del 18 de abril, según la cual bastaría duplicar el impuesto sobre la renta sólo por medio año. O bien el señor Gladstone es el canciller del Exchequer más despreocupado y miope que jamás haya existido, o bien fue su intención deliberada andar a tientas en la oscuridad para desorientar, confundir y engañar a la opinión pública.

El público británico no sólo tiene que pagar por la guerra contra Rusia y por la charlatanería y la sutileza capciosa del señor Gladstone, sino que además debe proveer al zar de los medios para hacer la guerra contra Inglaterra, ya que, como declaró lord John Russell el viernes por la noche, el gobierno británico continuaría pagando el capital y los intereses de la deuda denominada empréstito ruso-holandés, contenida en el tratado de Viena. Según uno de los acuerdos más esenciales de este tratado, Polonia seguirá siendo un reino independiente y constitucional, Cracovia recibirá protección como ciudad libre y la navegación por todos los ríos europeos, por tanto también por el Danubio, será libre.

La desconfianza en la lealtad irlandesa debe ser muy grande, puesto que lord Palmerston declaró que el gobierno de Su Majestad no se propone convocar este año a la milicia irlandesa; el mismo Palmerston había derribado al gabinete Russell con el pretexto de que lord John había irritado a Irlanda al excluirla de la ley de milicias. Los ministros han sufrido con su proyecto de ley ferroviaria una derrota de hecho. Sólo contenía algunas disposiciones recomendadas por una comisión parlamentaria que se había ocupado de este asunto. Estando la propiedad ferroviaria poderosamente organizada, el valeroso señor Cardwell, en nombre del ministerio, prefirió retirar su proyecto de ley original y sustituirlo por otro que los propios directores ferroviarios han redactado, que

ni impone nada ni añade nada a las prescripciones de las disposiciones ya existentes. Cuando se trató el proyecto de ley, fuera de los directores ferroviarios que son diputados, no había nadie presente en el parlamento.

«Parece —escribió un semanario— que ni los ministros ni el parlamento son lo bastante fuertes para proteger la propiedad de los accionistas y las bolsas de los viajeros, ni la vida y la salud del público contra las compañías ferroviarias, que se arrogan disponer de estos valores a su antojo.»

Karl Marx