ANALISIS DE LA ESTRATEGIA FRANCESA El folleto publicado por Jeróme Bonaparte (júnior) ha revelado que la campaña de Crimea fue una idea original de Luis Napoleón, que la había elaborado en todos¡ sus detalles sin la participación de terceros y la había enviado en una carta manuscrita a Constantinopla para evitar las objeciones del mariscal Vaillant. Para quien conoce todo esto, no es ya un secreto el motivo por el cual se cometieron tantas torpezas militares en esta campaña: fueron motivadas por la necesidad de su autor de favorecer su posición dinástica. En la reunión del Consejo de Guerra en Varna, el plan pudo ser impuesto a los generales y almirantes presentes sólo porque Saint-Arnaud recurrió a la autoridad del ‘emperador^. Por otra parte, este estigmatizó las opiniones opositoras como 'consejos medrosos . Cuando el cuerpo de la expedición se encontró en Crimea, Saint-Arnaud se apresuró a aceptar el consejo realmente medroso de Raglan, de marchar hacia Balaklava, pues esta marcha llevo al ejercito por lo menos hasta las puertas de Sebastopol, si bien no al interior de la ciudad. Los esfuerzos febriles por apresurar el sitio, a pesar de los recursos deficientes; la ambición de abrir fuego, que obligó a los franceses a menospreciar hasta tal punto la solidez de sus fortificaciones que el enemigo pudo silenciarlas en pocas horas; el esfuerzo excesivo de los soldados en las trincheras, que como se ha demostrado, contribuyo en igual medida a la destrucción del ejército británico como el comisariato *, el servicio de trasporte, el departamento de sanidad, etc.; el cañoneo descabellado e inútil del 17 de octubre hasta el 5 de noviembre y el descuido de las fortificaciones defensivas: todo eso es fácil de explicar ahora. La dinastía Bonaparte tema * Intendencia. (Ed.)

necesidad de conquistar Sebastópol en el más breve plazo, y el ejercito abado debía realizarlo. Si Canrobert triunfaba, llegaría a ser mariscal de Francia, conde, duque, príncipe, todo lo que eseara, con poderes ilimitados en asuntos financieros. Si fracasaba, su carrera tocaría a su fin. Raglan, con su carácter de omadre, cedió al deseo de su interesado colega. *fta,S110son la?consecuencias más importantes del plan penal de las operaciones. Nueve divisiones francesas y 81 batallones, están empeñados en esta empresa desesperada. Ya se ia reconoce como casi desesperada. Los esfuerzos más grandes los sacrificios mas terribles, no han surtido efecto alguno’ Sebastopol es mas fuerte que antes. Las trincheras francesas distan aun, como sabemos de fuentes auténticas, 400 vardas de las fortificaciones rusas; las británicas, dos veces más. El general Niel mandado por Bonaparte para inspeccionar los trabajos de los sitiadores, declara que no se puede pensar en un asalto. El general trasladó el punto principal del asalto de la_parte francesa a la británica, y con esto ocasionó no sólo una demora en las acciones del sitio, sino también un cambio en, dirección del ataque decisivo, que ahora apunta a un su urbio; y este, en caso de ser conquistado, quedaría aún aislado de la ciudad por el puerto interior. En una palabra un plan sigue a otro, una treta a otra treta, y siempre con el m de mantener, si no la esperanza misma, por lo menos la apariencia de una esperanza de victoria. Ahí han llegado las cosas, mientras se prepara una guerra universal en el continente y mientras se arma una nueva expedición aí Báltico que tiene que dar un resultado efectivo y, por lo tanto, debe englobar a muchas mas tropas de desembarco que en 1854. Yprecisamente en este momento Bonaparte está dirigiendo 5 nuevas divisiones de infantería al pantano de Crimea, donde, como por arte de magia, desaparecen hombres y regimientos enteros. Sí, se ha decidido a ir allí, e irá, a no ser que una paz no improbable o sucesos importantes en la frontera polaca decidan lo contrario. Esta es la situación de Bonaparte, quien procedió a intentar este experimento estratégico en interés de la Francia “Impef t i Z el/ uy°- No,Io im Pu]sa sól° su capricho, sino el instinto fatalista de que el destino del Imperio francés será decidido en las trincheras de Sebastópol. Hasta ahora, ningún segundo Marengo ha justificado una segunda edición del 18 Brumario26 Puede considerarse una ironía de la historia el hecho de que el Imperio restaurado, que ansiosamente trata de imitar a su modelo, se vea obligado a hacer todo lo contrario de lo que hacía Napoleón. Éste atacó el corazón de los Estados con los cuales estaban en guerra. La Francia de hoy atacó al cul de sac * de Rusia. No so habían proyectado grandes operaciones militares, sino un coup de main **, un asalto sorpresivo, una aventura. Las dos intenciones distintas caracterizan perfectamente la diferencia entre el primero y el segundo Imperio francés, y sus respectivos representantes. Napoleón solía entrar como vencedor en las capitales de la Europa moderna. Su sucesor, empleando varios pretextos — protección del Papa, del sultán, del rey de Grecia—, colocó guarniciones francesas en las capitales de la Europa antigua, en Roma, Constantinopla y Atenas, una acción que no significó aumento, sino dispersión de fuerzas. El arte de Napoleón consistía en la concentración; el de su sucesor, en la dispersión. Cuando Napoleón se veía forzado a hacer la guerra en dos teatros distintos, como en sus guerras contra Austria, concentraba la mayor y mejor parte de sus fuerzas en la línea decisiva de las operaciones (en las guerras con Austria, la línea de Estrasburgo a Viena). En lo que se refiere al teatro secundario, ubicaba allí fuerzas mucho más débiles, sabiendo que también en caso de sufrir una derrota en esos lugares, sus victorias en la línea principal impedirían un avance del ejército enemigo con más seguridad que una resistencia directa. En cambio, su sucesor dispersa las fuerzas militares de Francia en muchos puntos y concentra una parte de ellas en un lugar donde hay que sacrificar una cantidad enorme de soldados para lograr muy pocos resultados, y a veces ni siquiera éstos. Además de las tropas que están en Roma, Atenas, Constantinopla y Crimea, dos ejércitos auxiliarás serían mandados a Austria, cerca de la frontera polaca, y el Báltico. De esta manera, las fuerzas francesas tendrían que actuar por lo menos en tres teatros distintos de guerra, distantes más de 1.000 millas entre sí. Siguiendo este plan, se habrían dispuesto ya de la totalidad de las fuerzas francesas antes de empezar una verdadera guerra en Europa. Cuando Napoleón opinaba, después de comenzar una operación, que ésta no se desarrollaba satisfactoriamente (como, por ejemplo, en la batalla de Aspern27), ■# En francés, en el original. (Ed.) ** Golpe de mano. (Ed.) no insistía en su plan y sabía, con una maniobra sorpresiva, dirigir sus tropas hacia un nuevo punto de ataque, y así con frecuencia, gracias a una operación brillante y eficaz, lograba convertir mra derrota momentánea en una victoria definitiva. Solo en los días de su decadencia, y después de haber perdido la confianza en sí mismo en 18122S, la energía de su voluntad se trasformo en obstinación obcecada y lo indujo a mantener posiciones (como en Leipzig29) que su propio juicio militar rechazaba. Pero su sucesor está obligado a comenzar con la táctica en que terminó su predecesor. Uno logró sus éxitos mediante derrotas inexplicables; el otro, los suyos mediante felices coincidencias también inexplicables. En uno el propio genio fue la estrella en que creía; en el otro, la fe en la estrella debió remplazar al genio. Uno venció una revolución verdadera, porque era el único hombre que podía realizarla; el otro venció la reminiscencia de una época revolucionaria del pasado, porque era portador del nombre de este único hombre, es decir, que él mismo era una reminiscencia. Sería fácil probar, cómo se refleja en la administración interior del II Imperio la^ mediocridad pretenciosa de su estrategia militar, cómo también aquí la apariencia remplaza a la esencia y las campañas ‘económicas” no tuvieron más éxito que las militares.

Escrito por F. Engels en alemán el 17 de marzo de 1855. Publicado por primera vez en Nene Oder Zeitung el 29 de marzo de 1855. C. Marx y F. Engels, Obras, t. X.