[Londres,] 30 de noviembre de 1854
28 Dean Street, Soho

Querido Engels:

Olvidaste devolverme la carta de Dana*, muy importante en vista de mis relaciones con esos individuos. Por algún descuido se omitieron las dos primeras páginas de tu espléndido artículo del martes. Sin embargo, la sustancia estaba contenida en las 5 siguientes, así que lo único que sufrió fue el estilo.

He recibido del estimable Dr. Freund una tercera carta de apremio que adjunto. ¿Cómo crees que debería contestar a ese sujeto? Me parece que ce bon ami tiene el propósito de tomar medidas extremas. Con la franca disminución de los ingresos de la Tribune, a resultas de la cual he caído por debajo del nivel del gran Dronke, las perspectivas para el noble Freund son más sombrías que nunca. Lo peor del caso es que pronto volveré a necesitarlo. Tucker me ha invitado, por mediación suya, a trabajar en una Retrospective Review que aparece aquí en Londres. Sin embargo, todavía no he recibido una respuesta detallada acerca del punctum puncti, los honorarios.

Anteayer recibí por fin los 2 volúmenes de Mexican War de Ripley, alrededor de 1.200 páginas, en gran formato. Como historiador militar, Ripley me parece —es decir, opinión estrictamente profana— haberse modelado plus ou moins a partir de Napier. El libro es sensato y, a mi juicio, no carece de sentido crítico. Dana ciertamente no lo ha leído. De otro modo habría visto que su héroe, el general Scott, NO aparece De NinGUNA MAnERa bajo una luz favorable, ni como comandante en jefe ni como gentleman. La cosa me interesa particularmente porque no hace mucho estaba leyendo sobre la campaña de Fernando Cortés en la Conquista de México de Antonio de Solís. Podrían trazarse comparaciones muy interesantes entre las dos conquistas. Por cierto, aunque los dos comandantes en jefe —Taylor lo mismo que Scott— me parecen muy mediocres, la guerra en su conjunto fue sin duda un digno preludio de la historia militar del gran país de los yanquis. Los vastos espacios en que se desarrolló la acción y el escaso número de hombres con que se llevó a cabo —más VOLUNTARIOS que ejército REGULAR, además— le confieren una originalidad «americana». En cuanto a Taylor y Scott, su único mérito parece haber consistido en la convicción de que los yanquis siempre serían capaces de salir del apuro, por grande que fuera el aprieto en que se vieran metidos. Te enviaré los 2 volúmenes a principios de la semana que viene. Escríbeme y dime —pues son voluminosos— si por correo (no tengo claras las nuevas disposiciones) o por la Parcer Co.

Addio.
Tu K. M.