Del inglés.

[“New-York Daily Tribune” Nr. 3917 del 5 de noviembre de 1853]

Londres, viernes 21 de octubre de 1853

Entre las detenciones realizadas recientemente en París, la del señor Delescluze, secretario privado del señor Ledru-Rollin, es la más significativa. Había sido enviado a París en una misión secreta, y se dice que se le encontraron documentos comprometedores. No se comprende la confianza del señor Ledru-Rollin en un hombre que nunca pudo librarse de la sospecha de haber traicionado a la legión belga en el conocido asunto de Risquons-Tout en 1848.

En Copenhague parece ser inminente el fin del golpe de Estado, ya que el ministerio no quiere ceder, y el
Folketing
<la segunda cámara del Parlamento danés>

se ha pronunciado contra la abolición de la constitución existente, a menos que el gobierno le presente su propio proyecto de constitución para todo el reino danés. Han aparecido los dos proyectos separados para los ducados de Schleswig y Holstein. Son míseras imitaciones de las constituciones de las antiguas Dietas provinciales prusianas, que distribuyen la representación entre los diferentes “estamentos”, hacen depender el derecho de voto de la propiedad territorial y restringen su ejercicio mediante la “cláusula de residencia” a los respectivos distritos electorales. Dos artículos de estas constituciones son particularmente dignos de mención: uno despoja a los tribunales de su antiguo derecho a declarar nulas las disposiciones de las autoridades, y el otro excluye del derecho de voto a todas las personas que se hubieran comprometido por su participación en la lucha revolucionaria de 1848-1850, independientemente de que hayan sido amnistiadas desde entonces o no.

Ya expuse en mi último artículo que el decreto austriaco sobre la reducción del ejército perseguía únicamente el propósito de tender una trampa a los prestamistas; ahora que han desaparecido todas las posibilidades de obtener un empréstito, ahora que el gobierno declara que jamás tuvo la intención de concertar un empréstito, ahora que ha comenzado una nueva emisión de papel moneda, se nos comunica que

“no se toma disposición alguna para ejecutar el decreto imperial relativo a la reducción del ejército, y que, por el contrario, los generales que tienen el mando en Lombardía, en Hungría y en Croacia, basándose en el estado de ánimo general de esos países, han solicitado todos refuerzos”.

Un corresponsal parisino informa al “Morning Post” lo siguiente sobre la conducta del emperador de Rusia en sus recientes visitas a Berlín y Olmütz:

“El principal objetivo del zar consistía en concertar una nueva alianza entre las potencias del Norte … Para vencer la resistencia de Prusia, se valió de todos los argumentos —diría yo que de todo soborno—, pues ofreció, en caso de que se le permitiera penetrar en territorio turco y ocuparlo, ceder a Prusia la ocupación de Varsovia y el dominio militar sobre Polonia.”

En cuanto a las noticias sobre las victorias de los rusos sobre Schamyl, han llegado a París cartas que las presentan como meras invenciones, pues desde mayo, cuando Schamyl obtuvo la victoria en Mendoh y los ataques rusos al río Malka fueron rechazados, no ha habido en el Cáucaso acción militar alguna de importancia.

“Comprendemos perfectamente cuán popular sería una guerra contra Rusia en favor de los polacos o de los húngaros, incluso si no existiera para nuestra intervención otra razón que las simpatías políticas … Pero no comprendemos una guerra en favor de Turquía.”

Así escribía el “Times” el 12 de octubre. Una semana después leíamos en el mismo periódico:

“El primer choque entre los ejércitos británico y ruso sería la señal para una revolución en todo el continente, y no lo consideramos en modo alguno improbable, ni tampoco del todo censurable, que tal consideración haya podido pasar ocasionalmente por la cabeza de nuestros gobernantes aristocráticos, plutocráticos, despóticos y todo lo contrario de democráticos … Deberíamos reflexionar detenidamente antes de ir a la guerra en defensa de la soberanía nominal turca sobre ciertas provincias de hecho independientes contra Rusia, porque —si lo hacemos— provocaremos una rebelión en la Austria imperial.”

¡De modo que un día se dice que Inglaterra no debe ir a la guerra contra Rusia porque defendería a los turcos en lugar de a los polacos y húngaros, y al día siguiente no debe hacerlo porque toda guerra en favor de los turcos sería al mismo tiempo una guerra en favor de los polacos y húngaros!

Die Wiener “Presse” informa que el sultán ha solicitado a Abd el Kader que asuma un mando militar en caso de guerra con Rusia. Las negociaciones fueron llevadas por el jeque-ul-Islam, y el emir declaró su disposición a entrar al servicio turco, a condición de que previamente se obtenga la sanción de Bonaparte. Se le destina el mando del ejército turco en Asia.

Karl Marx