Karl Marx

Subida de los precios de los cereales —

Cólera —

Huelgas —

Movimiento de los marineros

Del inglés.

[«New-York Daily Tribune» nº 3873 del 15 de septiembre de 1853]

Londres, martes 30 de agosto de 1853

El «Breslauer Zeitung» informa de que la exportación de cereales desde Valaquia ha sido prohibida definitivamente.

Actualmente hay que resolver una cuestión algo más importante que la oriental, a saber, la cuestión del abastecimiento. Los precios de los cereales han subido en Königsberg, Stettin, Danzig, Rostock, Colonia, Hamburgo, Rotterdam, Amberes y, naturalmente, en todos los mercados de importación. En los principales mercados provinciales de Inglaterra, el trigo ha subido de 4 a 6 sh. por quarter. Los precios del trigo y del centeno, en constante aumento en Bélgica y Francia, y el encarecimiento del pan que de ello resulta, suscitan gran inquietud. El gobierno francés compra cereales en Inglaterra, Odesa y en los países del Báltico. Los informes definitivos sobre la cosecha en Inglaterra no se darán a conocer hasta la próxima semana. La enfermedad de la patata está aquí más extendida que en Irlanda. La exportación de cereales ha sido prohibida por todos los gobiernos de Italia, incluido el gobierno de Lombardía.

En la última semana se han producido en Londres algunos casos comprobados de cólera asiático. Según hemos sabido asimismo, el cólera ha llegado también ahora a Berlín.

La lucha entre el trabajo y el capital, entre los salarios y las ganancias, continúa. Ha habido en Londres nuevas huelgas de los cargadores de carbón, de los barberos, de los sastres, de los zapateros de botas y zapatos de señora, de los fabricantes de paraguas y sombrillas, de los camiseros, de las costureras de ropa interior en general y de otros trabajadores empleados por comerciantes de ropa y grandes casas exportadoras. Ayer, varios albañiles y los gabarreros del Támesis, que transportan las mercancías entre los muelles y los barcos en el río, anunciaron una huelga. La huelga de los mineros del carbón y de los obreros del hierro en Gales del Sur continúa. A esta lista se suma una nueva huelga de los mineros del carbón en Resolven, etc., etc.

Resultaría demasiado fatigoso continuar carta tras carta enumerando los muchos informes sobre las diversas huelgas que, semana tras semana, llegan a mis oídos. Por eso me ocuparé sólo de vez en cuando de las que presenten rasgos particularmente interesantes; entre ellas merece mención el conflicto en curso entre los agentes de policía y su jefe, sir Richard Mayne, aunque todavía no es una huelga propiamente dicha. Sir Richard Mayne, en la circular dirigida a las distintas secciones de la policía de Londres, ha prohibido que los policías celebren asambleas o se asocien, declarándose al mismo tiempo dispuesto a atender quejas individuales. Los policías le han respondido que consideran el derecho de reunión como un derecho del cual ningún inglés puede ser privado. Sir Mayne les recordó que su escala salarial se fijó en una época en que los alimentos eran mucho más caros que ahora. Los policías respondieron:

«su demanda no se apoya solamente en el precio de los víveres, sino que descansa en la convicción de que los hombres ya no son tan baratos como antes».

El incidente más significativo en esta historia de las huelgas es la declaración de la Seamen's United Friendly Association <asociación de marineros>, a la que se denomina la Bill of Rights <Carta de Derechos> de los marinos anglosajones. Esta declaración hace referencia a la Merchant Shipping Bill <Ley de navegación mercante>, la cual suprime la cláusula de las leyes de navegación que exige de los armadores británicos que por lo menos tres cuartas partes de la tripulación de sus barcos estén compuestas por súbditos británicos. Mediante esta ley se abre ahora la navegación de cabotaje a los marinos extranjeros incluso allí donde los barcos extranjeros no están admitidos. Las tripulaciones declaran que esta ley no es una ley de los marinos, sino una ley de los propietarios. La cláusula de tripulación había puesto en cierto modo un freno a los capitanes en lo relativo al trato y a la detención de las tripulaciones; la nueva ley entregaría a los marinos por completo al poder de cualquier mal oficial. La nueva ley parte del principio de que

«todos los 17 000 capitanes son personas muy amables, rebosantes de generosidad, caridad y amabilidad, mientras que todos los marineros son obstinados, irrazonables y malos por naturaleza».

Los marinos declaran que los armadores pueden enviar sus barcos a donde les plazca, mientras que ellos, en su trabajo, están limitados a su propio país, por cuanto el gobierno ha derogado las leyes de navegación sin haber asegurado previamente a los marinos trabajo correspondiente en barcos de otras naciones.

«Puesto que el Parlamento ha sacrificado a los marinos en aras de los armadores, nosotros, como clase, nos vemos obligados a unirnos y a tomar medidas para nuestra propia protección.»

Estas medidas consisten principalmente en la intención de los marinos de mantener, por su parte, la cláusula de tripulación, declarando al mismo tiempo

«que los marinos de los Estados Unidos de América serán considerados como británicos y que se les dirigirá un llamamiento para que apoyen a su asociación. Además, dado que después del 1 de octubre, cuando la ley arriba mencionada entre en vigor, ya no ofrecerá ventaja alguna navegar como súbdito británico en los barcos, sino que, por el contrario, el servicio como extranjero en barcos británicos en tiempos de paz ofrece la garantía de no ser leva forzosa ni obligado a servir en la marina de guerra de Su Majestad en tiempos de guerra, y dado que la posesión de los derechos de ciudadanía estadounidense proporciona mayor protección en tiempos de paz, los marinos se procurarán certificados de ciudadanía de los Estados Unidos cuando lleguen a un puerto de esta república».

Karl Marx