Karl Marx

Jugadas políticas –

Escasez de pan en Europa

["New-York Daily Tribune" Nº 3886 del 30 de septiembre de 1853]

Londres, martes 13 de septiembre de 1853

El "Sunday Times" publicó en su último número un despacho que Lord Clarendon dirigió a Sir H. Seymour como respuesta a la nota del conde Nesselrode del 2 de julio. Dicho despacho lleva la fecha del 16 de julio. No es más que una copia de la respuesta del señor Drouyn de Lhuys. Un corresponsal del "Leader" del pasado sábado se expresa del siguiente modo ingenioso acerca del "antagonismo" entre Lord Aberdeen y Palmerston:

«Lord Aberdeen jamás pudo comprender la hipocresía de Lord Palmerston; jamás comprendió que
Lord Palmerston, en virtud de esa misma hipocresía, se hallaba siempre en situación de impulsar sin trabas la política rusófila, mejor incluso que el propio Lord Aberdeen
… Lord Palmerston encubre el cinismo mediante
el compromiso
… Lord Aberdeen hizo lo que Lord Palmerston no ha hecho: manifestó su convicción … Lord Palmerston ve la utilidad, pero Lord Aberdeen no ve la utilidad de hablar de intervención mientras se practica la no-intervención … Lord Aberdeen, familiarizado por su trato con las clases dominantes con el modo en que se obtienen escaños y se compran electores, no considera la constitución británica como la institución más perfecta de la sociedad humana, y como sospecha que la población del continente europeo no es más amable ni más odiosa que la población de Gran Bretaña, se abstiene de sugerir a los gobiernos continentales cuán deseable sería suprimir un despotismo paternal en favor de una autoadministración de las clases dominantes … Lord Aberdeen ve que Gran Bretaña es una potencia creada mediante el sometimiento de otras naciones, y aborrece una política exterior impulsada por sentimientos de amistad hacia nacionalidades en lucha … Lord Aberdeen no ve razón alguna para que Inglaterra, que ha conquistado y saqueado la India y oprime a la India en beneficio de la India, haya de presentarse como enemiga del zar Nicolás, el cual es un buen déspota en Rusia

y oprime a Polonia en beneficio manifiesto de Polonia. Lord Aberdeen no ve razón alguna para que Inglaterra, que ha reprimido diversas insurrecciones en Irlanda, haya de odiar fanáticamente a Austria porque ésta oprima Hungría. Y como sabe que a Irlanda le ha sido impuesta una Iglesia extranjera por Inglaterra, comprende el celo del Papa al nombrar al cardenal Wiseman en Westminster. Sabe que hemos tenido guerras cafres, y por tanto no considera a Nicolás un villano por haber empleado contra los cherqueses su ejército con grandes pérdidas. Sabe que de vez en cuando enviamos a Mitchells y O’Briens sublevados a la Tierra de Van Diemen, y no siente aversión porque Louis-Napoléon mantenga una Cayena. Y cuando ha de escribir al gobierno napolitano acerca de los asuntos sicilianos, no incurre en un liberalismo extático, pues tiene presente que Gran Bretaña tiene un vicecónsul en Corfú … Es un arreglo feliz: un gobierno de coalición con Lord Palmerston, destinado a representar la política de Bermondsey
de palabra
, mientras Lord Aberdeen ejerce la política rusófila
de hecho
.»

Como prueba de que no he subestimado el
heroísmo de Suiza
, me permito citar una carta que su Consejo Federal ha dirigido al gobierno del cantón del Tesino, en la cual se dice que

«la cuestión de los capuchinos es un asunto puramente cantonal y que, en consecuencia, corresponde al cantón del Tesino decidir si es mejor para él oponer resistencia y soportar por más tiempo las duras medidas de Austria, o bien hacer al gobierno propuestas para reanudar las negociaciones».

Resulta, pues, que el Consejo Federal Suizo intenta convertir su disputa con Austria en un simple asunto cantonal. El mismo Consejo acaba de ordenar la expulsión de los italianos Clementi, Cassola y Grillanzoni, después de que el jurado de Coira los hubiera absuelto del cargo de haber apoyado la insurrección de Milán mediante el transporte de armas a través de la frontera del Tesino.

El apoyo británico al templo de Yaganat parece no haber sido aún completamente suprimido. El 5 de mayo de 1852 se envió el siguiente despacho de la Dirección al gobernador de la India:

«Mantenemos nuestra opinión de que es deseable desvincular definitivamente al gobierno británico de toda conexión con el templo y, por tanto, le autorizamos a adoptar las medidas correspondientes mediante la supresión de todas las asignaciones periódicas, en cuyo lugar podría efectuarse un pago final en forma de indemnización a aquellas personas que, según una interpretación generosa

de los compromisos contraídos y los acuerdos alcanzados en el pasado, pudieran tener derecho a tales compensaciones.»

No obstante, el gobierno de la India no había hecho nada hasta el 11 de abril de 1853; en esa fecha, el asunto seguía todavía en estudio.

La investigación llevada a cabo por el gobierno acerca de las atrocidades cometidas contra los presos en la prisión de Birmingham, atrocidades que a unos empujaron al suicidio y a otros a intentos de suicidio, ha durado una semana. Mientras, por un lado, nos consternan las atrocidades sacadas a la luz, que no son superadas por las cometidas en el
carcere duro
<en la prisión de régimen severo> de Austria o Nápoles, por otro lado nos sorprende la dócil condescendencia de los funcionarios inspectores de la prisión ante las explicaciones que les fueron dadas por parte interesada, y su total indiferencia hacia las víctimas. Su solicitud por el bárbaro carcelero llegó al extremo de mantenerle regularmente informado de sus próximas visitas. El principal culpable, el teniente Austin, es la personificación de esos tipos que Carlyle calificó en sus «Model Prisons» como los verdaderos cabecillas de los parias y los criminales.

Uno de los temas de conversación del día es la
moralidad ferroviaria
. La dirección del Yorkshire and Lancashire Railway declara en sus billetes que,

«cualquiera que sea el accidente que ocurra, cualquiera que sea la lesión que sobrevenga por negligencia de los propios viajeros o de sus empleados, la dirección se considera eximida de toda responsabilidad legal».

A pesar de ello, los directores de la Birmingham and Shrewsbury Railway comparecieron el sábado ante el tribunal del Vicecanciller por haber defraudado a sus propios accionistas. Existe rivalidad entre el Great Western y el North-Western Railway acerca de cuál de ellos se anexionará la línea antes mencionada. Puesto que la mayoría de los accionistas es partidaria de la unión con el North-Western y los directores lo son de la fusión con el Great Western, estos últimos decidieron emplear cierto número de acciones de la compañía que les habían sido confiadas en depósito para obtener votos ficticios. A tal fin, las acciones fueron emitidas a nombre de una serie de accionistas nominales —en algunos casos, al parecer, sin conocimiento de las correspondientes personas, cuyos nombres fueron simplemente utilizados; en un caso se trataba incluso de un niño de

nueve años— que no habían pagado las acciones en absoluto, sino que las devolvieron a manos de los directores y, en virtud de su posesión nominal de acciones, proveyeron a éstos de cierto número adicional de votos para asegurar una mayoría favorable a la fusión con el Great Western. El docto juez observó que «difícilmente podría imaginarse algo más abominable o más repugnante, y el modo de llevar a cabo el plan resultaba aún más repugnante». Con esta observación de reprobación dejó en libertad a los culpables, como es costumbre entre los burgueses, mientras que un pobre diablo de proletario tiene la certeza de ser deportado por un robo de más de 5 libras.

Es curioso observar cómo el público británico dirige su indignación alternativamente contra la moralidad de los fabricantes, luego contra la de los propietarios de minas, luego contra la de los pequeños comerciantes que adulteran drogas, y ahora contra la de los propietarios de ferrocarriles, que han desplazado a los salteadores de caminos pasados de moda; en suma, contra la moralidad de toda clase de capitalistas. En conjunto, podría parecer que el capital posee una moralidad propia, peculiar suya, una especie de ley superior de la
raison d’état
<
razón de Estado
>, mientras que la moral ordinaria se considera algo bueno tan solo para la gente pobre.

Los reformistas palmerstonianos de Manchester parecen hallarse en un bonito aprieto. Las revelaciones electorales de la última sesión parlamentaria afectaron casi exclusivamente a circunscripciones urbanas, incluso a las grandes como Hull, Liverpool, Cambridge y Canterbury. El agente electoral liberal, señor Coppock, confesó en un arrebato de amor a la verdad: «Lo que era St. Albans lo son hoy todas las demás circunscripciones urbanas». Ahora la oligarquía medita cómo puede explotar estas revelaciones para conseguir una reforma en favor de las circunscripciones rurales y a costa de las urbanas. Los reformistas de Manchester, que no desean una extensión general del derecho de voto, sino solo una dentro de los límites de las circunscripciones urbanas, están, naturalmente, perplejos ante semejante propuesta. Da lástima ver cómo su órgano, "The Daily News", se afana por hallar una salida a esta dificultad.

El 14 de enero de 1846 el tipo de interés del Banco de Inglaterra se elevó al 3
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% y el 21 de enero de 1846 al 4%; el tipo de interés no subió al 5% hasta abril de 1847; pero es sabido que en las tres últimas semanas de abril de 1847 casi todas las operaciones crediticias se habían paralizado. En 1853, el movimiento alcista del tipo de interés del Banco de Inglaterra ha sido mucho más

rápido. Del 2%, que era entonces, el 24 de abril de 1852, subió al 2
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% el 8 de enero de 1853, al 3% el 22 del mismo mes, al 3
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% el 4 de junio, al 4% el 1 de septiembre, y ya circulan ahora rumores en la City de que en breve subirá al 5%. En noviembre de 1846 el precio medio del trigo era de 56 chelines y 9 peniques por cuarterón; en las últimas semanas de agosto de 1853 había alcanzado los 65 a 66 chelines. El Banco de Inglaterra tenía en sus sótanos

en el mismo período del año anterior

21.852.000 libras esterlinas

ahora son sólo

16.500.068 libras esterlinas

la diferencia asciende a

5.351.932 libras esterlinas

La reserva de metales preciosos descendió en la semana antepasada en 208.875 libras esterlinas y en la semana pasada en 462.852 libras esterlinas. Esto tuvo un efecto inmediato sobre los precios en la Bolsa; todo tipo de títulos bajó de precio. En el artículo financiero del "Times" del pasado miércoles leemos:

«A pesar de la depresión en la Bolsa, los bonos del Tesoro se mantuvieron al 2% de descuento con un 1% de prima, pero prevalece la impresión de que el Canciller del Tesoro ha dispuesto su compra por cuenta del gobierno para sostener el precio, y como no había fondos disponibles de inmediato para tal fin, se vendieron títulos del tres por ciento que figuraban en las cuentas de cajas de ahorro.»

Esto sería un golpe maestro del señor Gladstone: vender consols a precios bajos y comprar bonos del Tesoro a precio elevado; causar una pérdida equivalente a la mitad del rendimiento de los títulos del tres por ciento al convertirlos en bonos del Tesoro que apenas devengan un 1
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% de interés.

¿Cómo podemos conciliar un tipo de cambio desfavorable o la salida de metales preciosos con el incremento inaudito de la exportación británica, que a fines de este año superará incluso en 16.000.000 de libras esterlinas a la exportación de 1852?

Puesto que concedemos créditos a todo el mundo para la exportación de nuestras mercancías y pagamos al contado nuestras importaciones, la inusitada expansión de nuestro comercio tiene que conducir inevitablemente, en algún momento, a una balanza de pagos desfavorable para nosotros; sin embargo, todo ese dinero contante regresará a nosotros cuando expire el crédito para nuestras exportaciones y deban efectuarse las remesas correspondientes.

Así lo dice el *Economist*. Según esta teoría, si las exportaciones de 1854 superan a las de 1853, el tipo de cambio tiene que continuar siendo desfavorable para Inglaterra, y una crisis comercial sería el único medio de compensación. El *Economist* cree que catástrofes como la de 1847 no entran en consideración, porque hoy no se han inmovilizado capitales tan grandes como entonces en ferrocarriles, etc. Olvida que los capitales se han invertido en fábricas, buques, etc. Por otra parte, el *Observer* lamenta las «insensatas inversiones en ferrocarriles extranjeros y en otras sociedades de carácter muy dudoso y sospechoso». El *Economist* cree que el elevado precio del trigo impondrá un saludable freno a las extendidas operaciones comerciales en lo que atañe a Europa, pero que América y Australia, etc., están aseguradas. Al mismo tiempo, el *Times* afirma que la tensión en el mercado monetario neoyorquino impondrá un saludable freno a las operaciones americanas.

«No podemos contar con el mismo volumen de pedidos de los Estados Unidos que hasta ahora», exclama el *Leader*.

Queda Australia. A este respecto observa el *Observer*:

«Las exportaciones se han impulsado de manera insensata. Para las 74.000 toneladas de cargamentos marítimos que se han declarado ahora en Londres con destino a las colonias meridionales, encontrarán confirmación las noticias desfavorables que hemos recibido de Adelaida, Melbourne, etc. No puede negarse que las perspectivas actuales no son prometedoras.»

En lo tocante al mercado chino, todos los informes coinciden en que existe una gran disposición a vender, pero una resistencia igualmente grande a comprar; en que los metales preciosos se atesoran y en que no cabe esperar un cambio de esta situación mientras el movimiento revolucionario en ese inmenso imperio no haya alcanzado su objetivo.

¿Y el mercado interior?

«Un gran número de tejedores mecánicos de Manchester y sus alrededores ha seguido el ejemplo de Stockport y se ha declarado en huelga por un aumento salarial del diez por ciento… Los obreros fabriles probablemente descubrirán antes del final del invierno que la cuestión no es si se concede un aumento del 10%, sino si los fabricantes permitirán que se reanude el trabajo a los tipos de salario vigentes hasta ahora.»

Con estas palabras inequívocas, el *Morning Chronicle* insinúa el próximo retroceso del mercado interior.

En repetidas ocasiones he señalado la enorme ampliación de las viejas fábricas y la rapidísima construcción, hasta ahora nunca vista, de nuevas instalaciones. Les he informado de algunos establecimientos recién erigidos que constituyen, por así decirlo, ciudades fabriles enteras. He explicado que en ninguna época anterior se ha invertido directamente con fines fabriles una proporción tan grande del capital líquido acumulado durante el período de prosperidad. Consideremos, pues, estos hechos por un lado y los síntomas de la saturación de los mercados interiores y extranjeros por otro; recordemos también que un tipo de cambio desfavorable es el medio más seguro para efectuar sobre-exportaciones irreflexivas hacia los mercados extranjeros.

Pero es la mala cosecha la que, ante todo, llevará al estallido los elementos acumulados desde hace tiempo de una gran crisis comercial e industrial. Cualquier otro producto, cuando se encarece, frena su propia demanda; en cambio, cuando su precio sube, el cereal es aún más ávidamente demandado y provoca al mismo tiempo una baja de los precios de todas las demás mercancías. El pueblo más civilizado, al igual que el salvaje más inculto, tiene que procurarse primero el alimento antes de poder pensar en procurarse cualquier otra cosa; y el aumento de la riqueza y el progreso de la civilización suelen ir a la par de la disminución del trabajo y de los costos para la producción de los medios de subsistencia. Una cosecha generalmente mala provoca por sí misma una contracción general de los mercados interiores y exteriores. Ahora bien, la cosecha actual en el sur de Europa, en Italia, Francia, Bélgica y Prusia renana, es por lo menos tan insuficiente como lo fue en los años 1846/1847; tampoco en el noroeste y en el nordeste es en modo alguno prometedora. En lo que respecta a Inglaterra, el *Mark Lane Express*, ese *Moniteur* de la lonja de cereales de Londres, declara en su número de la semana pasada:

«Que la cosecha de trigo del Reino Unido será la más exigua desde hace muchos años, es cosa fuera de duda. El rendimiento medio resultará considerablemente menor en casi todas las partes del Reino, debiendo considerarse además que, a causa del tiempo desfavorable durante la siembra, se ha cultivado por lo menos una cuarta parte menos de tierra que de costumbre.»

Esta situación no se ve aliviada por la ilusión de que las conmociones comerciales, la sobreproducción industrial y las malas cosechas hayan sido eliminadas simultáneamente por el librecambio. Al contrario.

«Los agricultores —observa el mismo *Mark Lane Express*— aún no pueden imaginarse una escasez en el librecambio. Por eso, pocos están dispuestos a mantener grandes existencias almacenadas. Si, en consecuencia, nos viéramos obligados a efectuar grandes importaciones, existe la posibilidad de que tengamos que pagar caros los alimentos.»

El *Mark Lane Express* de ayer añade:

«Todavía hay una porción tan grande de la cosecha en el campo, que el estado del tiempo de las próximas semanas ejercerá una gran influencia sobre el comercio. La calidad del cereal expuesto a la intemperie en los campos ya ha sufrido a causa de las últimas lluvias, y la persistencia de la humedad podría causar grandes perjuicios… El resultado final de la cosecha amenaza con ser menos satisfactorio de lo que parecía hace una o dos semanas… Los informes sobre la papa que nos han llegado en los últimos días son más desfavorables que los recibidos anteriormente… A pesar de las enormes entregas del extranjero durante la última semana (88.833 quarters), el efecto sobre los precios fue escaso; la baja desde el máximo no fue mayor de 1 a 2 chelines por quarter… El probable resultado de la cosecha en los países del Báltico es, en conjunto, insatisfactorio… Según las últimas noticias, el trigo se cotizaba a 60 chelines franco en puerto en Danzig, a 56 chelines y 9 peniques en Königsberg, a 54 chelines en Stettin y a 58 chelines en Rostock.»

Al igual que en 1847, ya se dibujan en el horizonte político las consecuencias de la carestía. En Nápoles, la administración municipal no puede dar trabajo a los obreros mediante obras públicas, y la tesorería no puede pagar los sueldos a los funcionarios públicos. En los Estados Pontificios —en Tolentino, Terni, Rávena y Trastévere— han estallado motines de subsistencias que no han sido aplacados en modo alguno por las recientes detenciones, la invasión de los austríacos ni la amenaza del castigo de azotes. Las consecuencias políticas de la carestía y del estancamiento industrial en Lombardía no serán remediadas por el impuesto adicional de 6 1/2 kreuzer por florín que ha decretado el conde Strassoldo, pagadero el 20 de septiembre y el 10 de octubre de este año y que grava a todos los contribuyentes por impuestos directos, incluidos los de renta y sueldo. La situación general de penuria en Austria se pone de manifiesto en que busca un nuevo empréstito, que saca al mercado, como de costumbre, con la afirmación de que el dinero sólo se necesita para reducir su ejército. La febril inquietud del gobierno francés puede inferirse de sus falsos informes de cosecha, de la injusta sisa sobre el pan en París y de sus enormes compras de cereales en todos los mercados. Las provincias están descontentas porque Bonaparte alimenta a París a sus expensas; la burguesía está descontenta porque interviene en el comercio a favor de los proletarios; los proletarios están descontentos porque, en un momento en que los campesinos y los obreros se ven amenazados por la perspectiva de no tener pan en absoluto, da a los soldados pan blanco en lugar de pan negro; finalmente, los soldados están descontentos por la humillante y antinacional actitud de Francia en la cuestión oriental. En Bélgica, varios motines de subsistencias fueron el eco de las necias festividades que los Coburgo prodigaron a la archiduquesa austríaca. En Prusia, el temor del gobierno es tan grande que, para guardar las apariencias, se ha detenido a varios corredores de cereales y se ha convocado al resto ante el presidente de la policía, quien les «rogó» que vendieran a precios «honrados».

Concluyo expresando nuevamente mi opinión de que ni las declamaciones de los demagogos ni la cháchara de los diplomáticos empujarán las cosas hacia la crisis, sino que son la calamidad económica y las conmociones sociales que se avecinan los precursores seguros de la revolución europea. Desde 1849, la prosperidad comercial e industrial ha preparado a la contrarrevolución el lecho de reposo sobre el que ésta ha podido descansar sin ser perturbada.

Karl Marx