m«?nto ni la prensa, precisamente por ello sería el candidato indicado para caer como un pirata sobre Inglaterra, luego de haber agotado el erario de su propio país con sus extravagancias y despilfarras.

Mr. Disraeli aduce luego varios ejemplos para demostrar en qué medida la armónica coincidencia del último gobierno [inglés] con Bonaparte ha coadyuvado al mantenimiento de la paz: así, el amenazante conflicto entre Francia y Suiza2, la apertura de los ríos sudamericanos-*, el conflicto entre Prusia y Neuchâtel, la declaración de las tres potencias —por la cual los Estados Unidos, bajo presión, se sumaban a la renuncia de Cuba5—, la acción común en el Levante con respecto a Tanzimat5 en Egipto, la revisión del tratado de sucesión griego7, la armónica cooperación en lo tocante a la regencia tunecina, etc.,? Esto me recuerda cómo cierto miembro del partido del orden, en Francia, celebró en un discurso pronunciado a fines de noviembre de 1851 la armónica concordancia entre Napoleón y la mayoría de la Asamblea Nacional, concordancia que le había permitido a la segunda despachar con tanta facilidad asuntos relativos al derecho electoral, las coaliciones y la prensa. Dos días después se había ejecutado el coup d’état. f j ¡Del artículo “ El atentado contra Francisco José — La insurrección de Milán — Política británica -- E! discurso de Disraeli — Eí testamento de Napoleón” , lechado en -Londres el 22 de febrero de 1853 v publicado en 8Thdee New-York )ailv Tribüne ei marzo de ?«e año, Traducción basada en leaammelte Schriften 1852-1862.

••d rit., t L, p. 105-106, y MEW, L Vl'TT o. ñ-32-533.]

[ . ] Ahora bien, el tratado de Utrecht, renovado en 1782, había sido abrogado definitivamente por la guerra antijacobina y, en consecuencia, carecía de toda vigencia desde 1792. En la Cámara de los Comunes nadie lo sabía mejor que el noble lorda, quien en oportunidad de los debates sobre los bloqueos a México y Buenos Aires había declarado personalmente ante el cuerpo legislativo9 que “las disposiciones del tratado de Utrecht han caducado hace mucho tiempo por las vicisitudes de la guerra, salvo una única cláusula referente a los límites entre Brasil y la Guayana Francesa, y ello porque expresamente se incorporó esa cláusula al tratado de Viena” [Del tercer artículo de la serie Lord Palmerston, publicado el 5 de noviembre de 1853 en The People's Paper, Traducido del original inglés según Karl Marx, Secret Diplomatie History of the Eighteenth Century — The Story of the Life of Lord Palmerston, Laurence & Wishart, Londres, 1969, p. 190.]

a Palmerston.