Del inglés.

["New-York Daily Tribune" nº 3791 del 10 de junio de 1853]

Londres, viernes, 27 de mayo de 1853

Mediante una comunicación oficiosa de un periódico londinense vinculado a Mazzini, se confirma por fin que Mazzini se encuentra en Inglaterra.

El proceso judicial contra los señores Hale por la «conspiración de la pólvora» no se verá ahora ante los tribunales de justicia, sino que tendrá lugar en agosto del año próximo, ya que el gobierno de coalición se preocupa angustiosamente de que el tiempo y el olvido se interpongan entre sus «descubrimientos» y las investigaciones judiciales de su valor.

El conde Karnicky, chargé d’affaires <encargado de negocios> de Austria en Berna, ha recibido el 21 del corriente orden de su gobierno de abandonar inmediatamente su puesto y, tras informar al presidente de la Confederación Suiza de la ruptura de relaciones diplomáticas entre Austria y Suiza, regresar a Viena. El «Bund» del 23 del corriente informa sin embargo de que el representante diplomático austríaco ya había recibido anteriormente permiso para retirarse discretamente cuando lo considerase oportuno. El mismo periódico califica el ultimátum del conde Karnicky como la respuesta de Austria a la nota del Consejo Federal del 4 de mayo. Que el ultimátum contiene más que una mera respuesta se desprende del hecho de que el Consejo Federal ha hecho precisamente gestiones ante el gobierno de Friburgo para que explique sus medidas «extremas» adoptadas recientemente contra los rebeldes derrotados. Los periódicos ingleses publican el siguiente informe del 23 de mayo desde Berna:

«En respuesta a la nota del chargé d’affaires austríaco al presidente de la Confederación Suiza sobre la ruptura de relaciones diplomáticas entre Austria y Suiza, el Consejo Federal ha decidido poner fin inmediatamente a la actividad del representante diplomático suizo en Viena.»

No obstante, un artículo aparecido en «Le Suisse» del 24 de mayo desmiente lo esencial de ese informe.

«Nos encontramos aproximadamente en la misma situación que Piamonte. Las negociaciones entre los dos países están interrumpidas… La legación austríaca permanece en Berna para despachar los asuntos corrientes. El “Bund” dice que sería deseable que se retirase al chargé d’affaires suizo en Viena, ya que allí, de manera discreta, bajo el pretexto de atender los asuntos de la nación, no ha hecho más que ocuparse de sus propios negocios, pues se ha dedicado únicamente al comercio de la seda. El señor Steiger no es más que un diplomático de segunda fila, y sabemos casualmente que entiende mucho más de gusanos de seda que de sus asuntos oficiales. Por consiguiente, no sería necesario siquiera llamar a semejante diplomático, ya que nunca fue acreditado como tal, sino que ya se encontraba en Viena por asuntos propios.»

No se imagine nadie, por tanto, que los suizos hayan evocado el célebre lema con el que Loustalot adornaba en 1789 sus «Révolutions de Paris»:

Les grands ne nous paraissent grands  
Que parce que nous sommes à genoux  
– Levons nous! –  
<Los grandes nos parecen grandes  
sólo porque estamos de rodillas.  
– ¡Levantémonos! –>

El secreto del valor suizo queda suficientemente explicado por la presencia del duque de Génova en París y del rey de Bélgica <Leopoldo I> en Viena, y quizá no menos por un artículo del «Moniteur» francés del 25 de mayo.

«Ninguna otra nación debe jamás inmiscuirse en las relaciones entre Francia y Suiza; todas las demás razones han de ceder ante esta condición fundamental.»

Por ello, las esperanzas del rey de Prusia de recuperar Neuchâtel no resultan muy alentadas. Corre incluso el rumor de la formación de un cuerpo de observación francés en las fronteras de Suiza. Luis Napoleón, naturalmente, estaría encantado de tener ocasión de vengarse de los emperadores de Rusia y Austria y de los reyes de Prusia y Bélgica, que en los últimos meses le han tratado con desprecio y burla.

Las informaciones que les transmití en mi último artículo sobre el rechazo del ultimátum ruso y la formación de un gobierno antirruso en Constantinopla se han confirmado por completo desde entonces. Las últimas noticias de Constantinopla, del 17 de mayo, dicen lo siguiente:

«Al asumir su cargo, Reschid Pachá pidió al príncipe Ménshikov que concediera un aplazamiento de seis días. Ménshikov se negó y declaró rotas las relaciones diplomáticas; añadió que permanecería tres días más en Constantinopla para hacer los preparativos necesarios de su partida y exhortó a la Puerta a que reflexionara y aprovechara el breve tiempo que aún permanecería allí.»

Por un despacho del 19 de mayo desde Constantinopla nos enteramos además:

«El 17 se celebró una reunión del Diván que acordó de manera definitiva que las condiciones propuestas por el príncipe Ménshikov no pueden ser aceptadas. Sin embargo, según esta noticia, el príncipe Ménshikov no abandonó Constantinopla. Por el contrario, ha entablado nuevas negociaciones con Reschid Pachá. La fecha de partida de la embajada rusa ya no está fijada.»

En contra de este despacho, el periódico vespertino del gobierno francés, «La Patrie», declara expresamente que el gobierno ha recibido la noticia de que el príncipe Ménshikov ha partido hacia Odesa y que este asunto apenas ha causado sorpresa en Constantinopla. «Le Pays» corrobora esta afirmación, pero «La Presse» la contradice. Girardin añade, sin embargo, que la noticia, de ser cierta, se explicaría fácilmente.

«Si el príncipe Ménshikov ha partido realmente de Bujukdere hacia Odesa, es un hecho que, tras el fracaso de su misión (manqué son effet), no le ha quedado más remedio que retirarse de un puerto a otro.»

Algunos periódicos afirman que la flota del almirante Delasusse ha franqueado los Dardanelos y se encuentra anclada ahora en el Cuerno de Oro, pero el «Morning Post» contradice esta afirmación. El «Triester Zeitung» asegura a sus lectores que la Puerta, antes de responder al príncipe Ménshikov, preguntó a lord Redcliffe y al señor Delacour si eventualmente podría contar con su apoyo. El «Times» desmiente esta noticia de manera formal.

Les ofrezco ahora una traducción literal del «Siècle» parisino, que contiene algunos detalles singulares sobre las negociaciones del 5 al 12 de mayo en Constantinopla, una descripción del ridículo comportamiento del príncipe Ménshikov, quien durante todos estos acontecimientos combinó del modo más abominable la barbarie nórdica con la doblez bizantina, logrando que Rusia se convirtiera en el hazmerreír de Europa. Este «grec du Bas-Empire» <«griego del Imperio Romano de Oriente», es decir, un estafador> se atrevió a conquistar el dominio sobre todo un imperio mediante el simple juego teatral. Rusia ya no necesita dar el paso de lo sublime a lo ridículo; un ridículo que sólo puede borrarse con sangre. Pero la época de la plutocracia que especula en la Bolsa no es la época de los torneos caballerescos. El artículo del «Siècle» reza así:

«El jueves 5 de mayo, día de la salida del vapor correo francés, la Sublime Puerta envió copias del firmán que explicaba la solución de la cuestión de los Santos Lugares al señor Delacour y al príncipe Ménshikov. La jornada transcurrió sin declamación alguna, sin gestión alguna por parte del príncipe Ménshikov, y todos los enviados, creyendo que la cuestión estaba resuelta, aprovecharon la salida del vapor francés para comunicar a sus respectivos gobiernos el giro feliz de los acontecimientos. Sin embargo, el príncipe Ménshikov, que acababa de recibir el firmán relativo a los Santos Lugares, envió hacia la medianoche a un simple kavas, es decir, un gendarme, al ministro de Asuntos Exteriores con un ultimátum en el que exigía un sened (tratado) que contuviera la solución de la cuestión del Santo Sepulcro y la garantía de los futuros privilegios e inmunidades de la Iglesia griega, esto es, el protectorado más extenso de dicha Iglesia en favor de Rusia, de manera que se instauraran dos soberanos distintos en Turquía: el sultán para los musulmanes y el zar para los cristianos. El príncipe concedió a la Puerta solo cuatro días para responder a este ultimátum, exigiendo además la confirmación inmediata de su recepción por un funcionario del gobierno. El ministro de Asuntos Exteriores le envió por medio de su agá, un oficial subalterno de la gendarmería, una especie de acuse de recibo. En el curso de la misma noche, el príncipe envió un vapor a Odesa. El viernes 6 de mayo, tras ser informado el sultán del ultimátum entregado de manera tan insólita, convocó al Diván e informó oficialmente a lord Redcliffe y al señor Delacour de lo ocurrido. Estos dos embajadores adoptaron de inmediato medidas para una política común, aconsejando a la Puerta que rechazara el ultimátum con la mayor moderación en el lenguaje y la forma. Se dice además que el señor Delacour declaró de manera muy formal que Francia se opondría a toda convención que menoscabara los derechos que le corresponden en virtud del tratado de 1740 en lo referente a los Santos Lugares. Entretanto, el príncipe Ménshikov se retiró a Bujukdere (como Aquiles a su tienda). El 9 de mayo, el señor Canning solicitó allí una entrevista con el príncipe con la intención de inducirlo a un comportamiento más moderado. Rechazada. El 10, los ministros de Guerra y de Asuntos Exteriores se presentaron ante el gran visir, quien había rogado al príncipe Ménshikov que lo visitara para tratar de alcanzar un arreglo razonable. De nuevo rechazado. No obstante, el príncipe Ménshikov comunicó a la Puerta que estaba dispuesto a conceder una nueva prórroga de tres días. Sin embargo, el sultán y sus ministros respondieron que ya habían tomado sus decisiones y que el tiempo no las modificaría. Esta respuesta negativa de la Puerta fue enviada a Bujukdere hacia la medianoche del 10, donde se hallaba reunida toda la embajada rusa y donde desde hacía varios días se había creado la apariencia de una partida inminente. El ministerio turco, informado de estas circunstancias, estuvo a punto de ceder, cuando el sultán lo disolvió y formó un nuevo gobierno.»

Cierro mi informe sobre los asuntos turcos con un extracto del «Constitutionnel» que muestra la conducta del clero greco-ortodoxo durante todas estas gestiones.

«El clero greco-ortodoxo, que tanto interés tiene en esta cuestión, se ha pronunciado en favor del statu quo, es decir, en favor de la Puerta. Protesta en masa contra el protectorado amenazante que el emperador de Rusia quiere imponerle. Hablando en general, la población greco-ortodoxa desea la ayuda de Rusia, pero solo a condición de no quedar sometida a su dominación directa. Es contrario a sus convicciones que la Iglesia oriental, que es la madre de la Iglesia rusa, deba quedar jamás sometida a esta última, algo que ocurriría inevitablemente si se aceptaran las exigencias del gabinete de Petersburgo.»

Karl Marx