New-York Daily Tribune.  
Nr.3757, 2. Mai 1853

Kossuth y el London Times.

El London Times, que durante la contienda húngara se distinguió por sus artículos austro-rusos, no ha interrumpido su malignidad hacia Kossuth, como se desprende del siguiente incidente señalado en nuestras columnas el viernes:

En su número del 15 de abril, el Times afirmaba que «la casa ocupada por el señor Kossuth» había sido registrada por las autoridades, en virtud de una orden del Ministro del Interior, y que se había encontrado una gran cantidad de armas, municiones y otros pertrechos bélicos. Y a renglón seguido, el Times se puso a leerle a Kossuth una larga homilía, incluyendo frases como esta: «Todo lo que hasta ahora hemos sabido del carácter del señor Kossuth, de sus conspiraciones y ridículas prestidigitaciones», etc., en un tono equivalente de burla y oprobio.

Ahora bien, resulta que tal casa ocupada por el señor Kossuth no existe en absoluto, sino que los hechos son los siguientes: El señor Hale, inventor de cierto cohete (empleado, dicho sea de paso, en nuestra guerra de México), en Rotherhithe, había recibido la visita de Kossuth antes y después de que este viniera a América. En su primera visita, había sugerido al señor Hale ciertas mejoras, y a su regreso a Inglaterra el señor Hale pasó a verlo y le dijo que su sugerencia se había aplicado con éxito. Posteriormente, según el Daily News,

«Un soldado húngaro, desertor del ejército austriaco, lo visitó pidiendo caridad. El señor Kossuth, tras comprobar que el hombre tenía alguna experiencia en la artillería austriaca, y posteriormente en el departamento químico del establecimiento sanitario, pensó que podría ser adecuado para el trabajo en la fábrica del señor Hale, y, en consecuencia, lo recomendó a ese caballero para que lo empleara. El hombre fue admitido, pero, ya fuera por descuido o mala conducta, fue despedido poco después; y es perfectamente posible que, por venganza, se precipitara al Ministerio del Interior y embaucara a su astuto jefe con el cuento chino de “la Vieja Casa de Rotherhithe” y la misteriosa fabricación y acumulación de proyectiles por parte del señor Kossuth. Hay que repetir que esto no es más que una conjetura y que tal vez implique una acusación injusta contra un húngaro de corazón leal.»

El señor Hale ha escrito una carta protestando por la entrada de la policía en sus locales, afirmando que «no se encontró pólvora ni arma alguna, salvo los cohetes; y que Lord Palmerston afirma audazmente que se hallaron armas y 500 libras de pólvora, lo que es una burda falsificación».

A pesar de estos hechos, el Times publica un segundo artículo con el mismo espíritu acusatorio que el primero, que comienza así:

«A pesar de los enérgicos y reiterados esfuerzos de Sir Joshua Walmsley, el señor Thomas Duncombe, el señor Bright, Lord Dudley Stuart y los amigos y protectores del señor Kossuth por arrancar de Lord Palmerston una desautorización o contradicción de la información publicada por este periódico el viernes pasado, el Ministro del Interior no ha dicho nada que, en ningún punto importante, cuestione la exactitud de nuestra información. Al emplear la expresión “una casa ocupada por el señor Kossuth”, nunca pretendimos describir su vivienda, pues sabíamos que esta incautación se había hecho en una fábrica situada en Rotherhithe o sus cercanías, mientras que el señor Kossuth reside en Bayswater... Cualquiera que sea lo que en el futuro se demuestre a favor del señor Kossuth, los hechos esenciales de este caso siguen sin explicación, y muy necesitados de ella. Es indudablemente cierto que, al entrar la policía en esos locales cercanos a Rotherhithe, encontró más de 70 cajas cuidadosamente embaladas, que contenían, al parecer dispuestas para su envío a distancia, varios miles de cohetes de guerra, además de un número considerable de cohetes en estado de preparación, 2.000 proyectiles aún no cargados y 500 libras de pólvora. Estas son las palabras textuales de Lord Palmerston al describir la incautación efectuada por la policía; y no se negará que estos pormenores demuestran la existencia de un caso extraordinario, que justifica plenamente la curiosidad del público y la intervención del Gobierno.»

Cuando el Times se disponía a dar su memorable e histórico salto mortal en la cuestión del librecambio, hubo una reunión de los propietarios, y se discutió cuál debía ser la razón o la disculpa que el periódico daría. Tras un torrente de discusiones, el principal propietario se levantó y dijo: El Times nunca se retracta ni da explicaciones; y, en consecuencia, al día siguiente apareció en el bando opuesto en política, sin una palabra de explicación. Así cuenta la historia. La persistencia en su punto de vista original sobre los cohetes está en consonancia con lo anterior.