Karl Marx

Acontecimientos continentales e ingleses

Del inglés.

["New-York Daily Tribune" Nr. 3864 vom 5. September 1853]

Londres, martes 23 de agosto de 1853

Los periódicos alemanes y belgas confirman, basándose en los despachos telegráficos de Constantinopla del 13 del corriente, que la Puerta ha aceptado las propuestas de la Conferencia de Viena. Los periódicos franceses, sin embargo, que han recibido despachos de la misma fecha procedentes de Constantinopla, se limitan a constatar que el Diván ha mostrado disposición a acoger dichas propuestas. La respuesta definitiva difícilmente podría haber llegado a Viena antes del 20 de agosto. La cuestión aún pendiente y, por añadidura, muy grave, es si la Puerta enviará a su embajador a San Petersburgo antes o después de la evacuación de los Principados del Danubio por las tropas rusas.

Los últimos informes del Mar Negro indican que los vientos del nordeste han comenzado a perturbar la navegación normal. Diversos barcos que se hallaban anclados en Heraclea Póntica y otros puntos de la costa se vieron obligados a abandonar sus fondeaderos para no ser arrojados a tierra.

Como es sabido, el sultán <Abdulmeschid>, después de los sucesos en Moldavia y Valaquia, había ordenado a los hospodares <Ghika (príncipe de Moldavia) y Stirbey (príncipe de Valaquia)> que abandonaran los Principados del Danubio y se trasladaran a Constantinopla, pero los hospodares se habían negado a acatar las exigencias de su soberano. El sultán ha destituido ahora al hospodar de Valaquia por la acogida amistosa y el apoyo que dispensó a las tropas rusas. El 9 de agosto se leyó este firmán a la asamblea de los boyardos, la cual

acordó rogar al hospodar que, en las críticas circunstancias actuales, no abandonara el gobierno. El príncipe obró en consecuencia. Mano, el ministro de Asuntos Exteriores, y Joanidis, jefe de un departamento del Ministerio del Interior, han sido llamados también a Constantinopla; mas también ellos se negaron a obedecer el llamamiento, so pretexto de que se podría perturbar el orden público. Los cónsules francés y británico rompieron inmediatamente todas las relaciones con el gobierno rebelde.

Los asuntos en Serbia toman un giro complicado. El «Constitutionnel» de París del viernes pasado contenía la siguiente noticia procedente de Constantinopla: Austria, aprovechándose de las dificultades del sultán, ha impuesto a éste diversas exigencias.

Un cónsul general austríaco, que recientemente ha realizado un viaje de inspección por Bosnia y Serbia, declaró a Alejandro, príncipe de Serbia, que Austria estaba dispuesta a ocupar Serbia con sus tropas para reprimir cualquier movimiento peligroso entre la población. El príncipe, que rechazó la oferta del cónsul general, envió inmediatamente un mensajero especial a Constantinopla con un informe sobre esta proposición austríaca, y Reschid Bajá se dirigió al barón von Bruck en demanda de explicaciones. Éste dijo que el cónsul general se había puesto previamente en contacto con el príncipe, manifestando que Austria temía que sus súbditos de la frontera serbia se vieran envueltos en eventuales disturbios que pudieran estallar en aquellas regiones. La respuesta de Reschid Bajá vino a decir que toda ocupación de Serbia por tropas austríacas sería considerada por la Puerta, responsable ella misma de la tranquilidad de aquella provincia, como un acto de hostilidad; además, Reschid Bajá prometió enviar inmediatamente un comisario extraordinario que se informara de la situación en Serbia y lo comunicara.

Al día siguiente, varios periódicos londinenses anunciaron la entrada de tropas austríacas en Serbia, noticia que resultó infundada. Ayer, esos mismos periódicos informaron del estallido de una sublevación contrarrevolucionaria en Serbia. Mas tampoco esta noticia era fidedigna, pues surgió de una traducción errónea de la palabra alemana Auflauf; en realidad, tan sólo se produjo un tumulto insignificante. Hoy publican los periódicos alemanes despachos de Constantinopla del 9 de agosto, según los cuales el Diván se habría reunido en varias ocasiones para deliberar sobre los asuntos serbios. Se elogió mucho la conducta del príncipe Alejandro y se tomó la

decisión de que, si las tropas austríacas intentaban ocupar aquella provincia, serían expulsadas por la fuerza en caso necesario. De hecho, ya se ha puesto en marcha una división hacia las fronteras de Bosnia. Cartas privadas llegadas a Constantinopla el 8 de agosto transmiten la noticia de que el príncipe Alejandro, a causa de su conflicto con el cónsul austríaco, se ha dirigido a los cónsules de Francia e Inglaterra en demanda de opinión y que actualmente se mantiene alejado de Belgrado. Se dice que se ha trasladado a Nissa para esperar allí las disposiciones de la Puerta.

El señor D. Urquhart, en una carta publicada hoy en el «Morning Advertiser», observa respecto a las complicaciones serbias:

«Rusia no abriga en estos momentos intenciones de hacer la guerra a Turquía; pues, en caso de proceder de común acuerdo con Austria, perdería a sus aliados greco-ortodoxos; pero arrastra a Austria a un conflicto en ciernes que pondrá a Serbia en una situación análoga a la de los Principados del Danubio. Sería esto el preludio de una contienda religiosa entre católicos y greco-ortodoxos... Mediante un súbito cambio de decorado, Rusia puede hacer aceptable a Turquía su propia ocupación de los Principados del Danubio como protección contra la ocupación austríaca de Serbia, y arrastrar así tanto a Austria como a Turquía a sus planes de desmembramiento, prestándose mutuo apoyo.»

El hospodar de Moldavia se propone concertar un empréstito con banqueros rusos para poder hacer frente a los insólitamente elevados costes de la ocupación.

En las fortalezas búlgaras, la escasez de víveres es tan grande que se ha de practicar la más rigurosa economía; las guarniciones padecen considerable penuria.

El «Journal de Constantinople» informa desde Alepo:

«Recientemente se ha descubierto a una banda de turcos malintencionados que, como en 1850, se disponían a asaltar a la población cristiana de aquella ciudad. Pero, gracias a la suma vigilancia del gobernador Suleiman Bajá y de Ali Asmi Bajá, comandante en jefe de las tropas de Alepo, se ha reprimido la tentativa y se ha preservado el orden público. Con este motivo, Demetrio, patriarca de la fe greco-católica, y Basilio, patriarca armenio, en nombre de sus respectivas comunidades, han dirigido conjuntamente una carta a Reschid Bajá, en la que le agradecen la protección que el gobierno del sultán ha dispensado a los cristianos.»

La «Petersburger Zeitung», en lengua alemana, contiene el siguiente artículo de fondo sobre los asuntos orientales:

«Lo que al comienzo del mes que acaba de transcurrir (julio) era sólo esperanza y deseo de los amigos de la paz mundial, se ha elevado en los últimos días a gozosa certidumbre: la obra de mediación entre Rusia y Turquía se halla ya definitivamente en manos de Austria; en Viena, por fin, ha de encontrarse la palabra que resuelva la cuestión de Oriente, la cual también el mes pasado ha mantenido en vilo a todo el mundo entre el Mar Negro y el Océano Atlántico y ha sido, por así decirlo, la única causa de que la política europea no se tomara unas semanas de vacaciones estivales.»

Nótese la estudiada hipocresía con que se presenta a Austria, en lugar de las cuatro potencias, como mediadora exclusiva, y con que, en genuino estilo ruso, las inquietudes de los pueblos se ponen simplemente al mismo nivel que unas vacaciones interrumpidas de los diplomáticos.

La «National-Zeitung» de Berlín publica una carta del 15 de julio procedente de Georgia, en la que se comunica que Rusia se propone emprender una nueva campaña contra los caucasianos a fines de este mes y que se ha equipado una flota en el Mar de Azov para apoyar las operaciones del ejército.

La sesión parlamentaria de 1853 se clausuró el sábado pasado; el Parlamento fue prorrogado hasta el 27 de octubre. Se leyó, en nombre de la reina, un discurso muy insulso y pobre, pretendido mensaje de la reina. En respuesta al señor Milnes, lord Palmerston aseguró al Parlamento que podía —en lo que respecta a la evacuación de los Principados del Danubio— disolverse tranquilo, si bien no podía ofrecer otra garantía que «su confianza en el honor y en el carácter del emperador de Rusia», que le moverían a retirar sus tropas
voluntariamente
de los Principados del Danubio. El gabinete de coalición se vengó del
discurso de Palmerston contra el señor Cobden
obligándole a hacer constar solemnemente en acta su «confianza en el carácter y el honor» del zar. El mismo Palmerston recibió ese mismo día a una diputación de la fracción aristocrática de la emigración polaca en París y de su asociación filial londinense, la cual entregó a su señoría un mensaje y medallones del príncipe Adam Czartoryski en oro, plata y bronce como muestra de su gratitud por haber permitido su señoría en 1846 la secuestración de Cracovia, así como por la simpatía demostrada en otras ocasiones a la causa de Polonia. El inevitable lord Dudley Stuart, protector de la filial londinense de la sociedad parisina, hizo naturalmente de maestro de ceremonias. Lord Palmerston aseguró a estos cándidos hombres «su profundo

interés por la historia de Polonia, que ha sido muy dolorosa». El noble lord no dejó de recordarles que no hablaba como miembro del gabinete, sino que los recibía tan sólo como persona privada.

La primera mitad de la muy prolongada sesión parlamentaria de 1853 estuvo ocupada por la agonía del ministerio Derby, por la formación y la victoria final del gabinete de coalición, así como por las vacaciones de Pascua del Parlamento. En cuanto al contenido real de la sesión, sus rasgos más notables fueron la disolución de todos los viejos partidos políticos, la corrupción de los miembros del Parlamento y la completa apatía de todos aquellos que poseen el privilegio de votar, que pusieron de manifiesto la singular manera de proceder de un gobierno que abarcaba todos los matices de opinión y todos los talentos del gran mundo, que proclamaba el aplazamiento como solución de todas las cuestiones, que trataba de apartar del camino toda dificultad sólo mediante medias medidas, que no escatimaba promesas cuyo cumplimiento declaraba como “una especie de última voluntad o testamento”, “lo cual revela una gran debilidad en la capacidad de juicio de quienes lo hacen”, que retiraba, modificaba y derogaba sus propios actos legislativos tan pronto como los había introducido, que vivía de la herencia de sus predecesores, a quienes había denunciado con furia, que dejaba la realización de sus propias medidas a la Cámara que pretendía dirigir, y que naufragó inevitablemente con los pocos actos cuya autoría indiscutible posee. De este modo, la reforma parlamentaria, la reforma de la educación popular y la reforma legislativa (prescindiendo de algunas minucias) han sido aplazadas. La ley de deportación, las leyes de navegación, etc., fueron tomadas del gabinete Derby. La Canada Clergy Reserves Bill <Ley sobre la secularización de los bienes eclesiásticos canadienses> fue horriblemente mutilada por el gobierno pocos días después de haberla introducido. En cuanto al presupuesto, el impuesto sobre las herencias fue propuesto por el Canciller del Exchequer solo después de haber votado en contra de él. El impuesto sobre los anuncios fue tolerado por él después de que su oposición al mismo hubiera sido desestimada dos veces por mayoría. La nueva regulación del sistema de licencias fue finalmente abandonada tras haber experimentado diversos cambios. Lo que el señor Gladstone introdujo arrogantemente como un plan grandioso, digno de todo el presupuesto, salió de la Cámara como un miserable remiendo, como una mera mezcla de pequeños puntos casuales, inconexos y contradictorios. El único elemento importante del proyecto de ley sobre la India, la no renovación de la

Carta de la Compañía de las Indias Orientales, fue presentado por el ministerio después de que éste hubiera anunciado su renovación por otros veinte años. Los dos proyectos de ley que pertenecen real y exclusivamente al “ministerio de todos los talentos”, a saber, la ley de carruajes de alquiler y la conversión de la deuda pública, apenas habían franqueado el umbral de la Cámara cuando ya fueron públicamente silbados como fracasos. La política exterior del “gobierno más fuerte que jamás haya tenido Inglaterra” es reconocida por sus propios partidarios como el non plus ultra <la más consumada> de la impotencia y la debilidad vacilante. Sin embargo, el acuerdo de Chesham Place, concertado entre los burócratas peelitas, los oligarcas whigs y los falsos radicales, se ha consolidado aún más por la situación amenazante de las cosas en el extranjero y por los síntomas aún más amenazadores del descontento general en el propio país, que se manifiesta en la intensidad y extensión sin precedentes de las huelgas y en el resurgimiento de la agitación cartista. Al juzgar la política exterior de las clases dominantes y del gabinete, no debemos perder de vista una guerra con Rusia, que provocaría un estallido revolucionario general en el continente y probablemente tendría hoy un eco fatal entre las masas populares de Gran Bretaña.

En cuanto a la Cámara de los Lores, su actividad permite un brevísimo resumen. Ha puesto de manifiesto su intolerancia al rechazar el proyecto de emancipación de los judíos; su hostilidad hacia la clase obrera al estrangular el proyecto de ley sobre las combinaciones obreras; su interesado odio contra el pueblo irlandés al aplazar sine die las leyes agrarias irlandesas y su estúpido prejuicio contra los abusos en la India al reintroducir el monopolio de la sal. Ha obrado en todo momento en connivencia secreta con el gobierno, para que toda medida progresista que pudiera ser adoptada por la Cámara de los Comunes sea anulada por los ilustrados lores.

Entre los documentos que fueron depositados sobre la mesa del Parlamento antes de su aplazamiento se encuentra una voluminosa correspondencia, mantenida entre los gobiernos británico y ruso acerca del obstáculo a la navegación en la desembocadura de Sulina del Danubio. La correspondencia comienza el 9 de febrero de 1849 y termina en julio de 1853, sin haber logrado absolutamente nada. Las cosas han llegado a tal extremo, que incluso el gobierno austriaco

se ve obligado a anunciar que la desembocadura del Danubio se ha vuelto innavegable y que en adelante su correspondencia para Constantinopla será expedida vía Trieste. Toda esta dificultad es fruto de la indulgencia británica frente a las usurpaciones moscovitas. En 1836, el gobierno inglés consintió tácitamente en la posesión ilegal de la desembocadura del Danubio por parte de Rusia, aunque con anterioridad había instruido a una firma comercial para que se opusiera a la injerencia de los funcionarios del gobierno ruso.

La así llamada paz concertada con Birmania, proclamada por una proclamación del gobernador general de la India el 30 de junio de 1853 y por la cual la reina felicitará al Parlamento, no es más que un simple armisticio. El rey de Ava <Menduhn-Men>, a quien se ha sometido por medio del hambre, ha expresado su deseo de poner fin a la guerra, ha puesto en libertad a los prisioneros británicos, ha solicitado el levantamiento del bloqueo fluvial y ha prohibido a sus tropas atacar los territorios de Meaday y Tong-ho, donde el gobierno británico tiene estacionadas guarniciones —de la misma manera en que el gobierno turco ha prohibido a sus tropas atacar a los rusos que se encuentran en los Principados danubianos—. Pero el rey de Ava no reconoce las pretensiones de Inglaterra sobre Pegu ni sobre ninguna otra parte del Imperio birmano. Todo lo que Inglaterra ha conseguido con la guerra contra Birmania es una frontera peligrosa y discutida, en lugar de una segura y reconocida. Se ha visto empujada más allá de la delimitación etnográfica, geográfica y política de sus dominios indios, y el propio Imperio Celestial <China> ya no constituye barrera natural alguna para su poder que avanza. Ha perdido su centro de gravedad en Asia y se ha lanzado a lo desconocido. Ya no es dueña de sus propios pasos; no hay parada sino donde la tierra alcanza el mar. De este modo, Inglaterra parece destinada a abrir el Extremo Oriente al tráfico con Occidente, pero no a disfrutar de su posesión ni a conservarla.

Las grandes huelgas de los mineros del carbón en Gales del Sur no sólo continúan, sino que de ellas han surgido nuevas huelgas de los obreros ocupados en las minas de hierro. Se espera una huelga general entre los marineros británicos en el momento en que entre en vigor la ley sobre la navegación mercantil, pues los extranjeros son admitidos —según dicen los marineros— sólo con el propósito de hacer bajar los salarios. La

importancia de las huelgas actuales, sobre las que he llamado repetidamente la atención de los lectores, empieza a ser comprendida ahora incluso por la prensa burguesa de Londres. Así, el “Weekly Times” del domingo pasado observa:

“Las relaciones entre patronos y obreros se han agudizado hasta el extremo. En todo el país, el obrero ha desafiado al capital, y puede afirmarse con seguridad que la lucha así desencadenada no ha hecho más que empezar. La clase obrera está firmemente decidida a probar su fuerza. El movimiento se limita por ahora a una serie de escaramuzas dispersas, pero hay indicios de que ya no está lejano el tiempo en que esta lucha sin plan se transforme en una campaña sistemática y unitaria contra el capital.”

Karl Marx