Karl Marx

Feargus O'Connor –

Derrota del Ministerio –

El Presupuesto

Del inglés.

[*New-York Daily Tribune*, N.º 3758, del 3 de mayo de 1853]

Londres, martes, 19 de abril de 1853

La comisión que se reunió la semana pasada para examinar el estado mental de Feargus O'Connor, ex diputado por Nottingham en la Cámara de los Comunes, emitió el siguiente dictamen:

«Hallamos que el Sr. Feargus O'Connor ha estado mentalmente enfermo desde el 10 de junio de 1852 y no ha tenido momentos de lucidez.»

Como personalidad política, O'Connor ya se había sobrevivido en 1848. Su fuerza estaba quebrada, su misión cumplida, e incapaz de dominar el movimiento proletario que él mismo había organizado, se convirtió casi en un obstáculo para él. Si la imparcialidad histórica me obliga a no ocultar este hecho, también me obliga a hacer justicia a este luchador caído y a dar a conocer al lector la valoración que Ernest Jones hizo de O'Connor en *The People's Paper*:

«Fue un hombre que renunció a rango, riqueza y profesión, que abandonó una práctica lucrativa y exitosa, que gastó una gran fortuna no en abnegación privada, sino en sacrificio político, que se convirtió en un eterno desterrado de su propio país, donde poseía vastas tierras y era representante de uno de los mayores condados, que fue odiado por su familia porque amaba a la humanidad, que dedicó todos sus actos al pueblo y que, tras una vida de trabajo sin parangón, termina casi en la indigencia… Esa es su vida. Ahora contemplad su obra: En una época de la más profunda humillación, desunión, duda y miseria, logró unir a millones de personas de este país como nunca antes se había logrado. O'Connell aglutinó a los irlandeses en torno suyo, pero lo hizo con la ayuda de los sacerdotes; Mazzini despertó

a los italianos, pero a su lado estaban los nobles y los comerciantes; Kossuth unió a los húngaros, pero detrás de él estaban los senadores y los ejércitos; en ambos casos —tanto en húngaros como en italianos— ardían la rabia y el odio contra el conquistador extranjero. Pero O'Connor logró, él solo, sin nobles, sacerdotes o comerciantes, unir a una clase pisoteada y conducirla a la lucha contra todos, ¡incluso sin poder explotar el sentimiento nacional para su unión! A La Fayette le seguían los comerciantes. Lamartine tenía a los tenderos, ¡O'Connor al pueblo! Pero en el siglo XIX, en la Inglaterra constitucional, el pueblo era el más débil de todos. Él le enseñó a convertirse en el más fuerte.»

La semana pasada fue una semana de derrotas para el gabinete de coalición. Por primera vez se enfrentó a una oposición de coalición. El martes 12 del corriente, el Sr. Butt presentó la moción de mantener el Hospital de Kilmainham como asilo para los soldados irlandeses. El Secretario de Guerra se opuso a la moción; no obstante, ésta fue aprobada a pesar de la resistencia del gobierno por 198 votos contra 131. En esta ocasión, el gobierno sufrió una derrota a manos de una coalición de la Brigada Irlandesa con la oposición conservadora. El jueves siguiente sucumbió ante una coalición de los conservadores y la Escuela de Manchester. Tras presentar el Sr. Milner Gibson su moción anual para la abolición de los «impuestos sobre el conocimiento», se aprobó la supresión del impuesto sobre anuncios, a pesar de las protestas de Gladstone, Russell y Sidney. Estos quedaron en minoría con 169 votos contra 200. Bright, Gibson y Mac Gregor votaron codo con codo con Disraeli, Pakington, etc., y el Sr. Cobden hizo la declaración formal de «que aceptaba de todo corazón la ayuda del Sr. Disraeli y de sus amigos». Pero la derrota de lejos mayor para el gobierno no fue provocada por una votación en la Cámara, sino por su propia conducta.

Los lectores de la *Tribune* ya habrán recibido detalles precisos sobre el
asunto de los cohetes de Kossuth
; pero para demostrar que todo ello fue una intriga premeditada entre Palmerston y las potencias extranjeras, basta con reproducir lo que su propio órgano oficial, el *Morning Post*, dice acerca de lo sucedido:

«La rapidez y prudencia con que el gobierno actuó en sus medidas infundirá confianza a las potencias extranjeras que dudaban de la eficacia de nuestras leyes para reprimir cualquier desorden entre nuestros huéspedes indeseables.»

Este asunto tendrá graves consecuencias para el ministerio de coalición. Ya ha desenmascarado, y esto es de la mayor importancia, la fatuidad revolucionaria del viejo Palmerston. Incluso su más crédulo, pero honesto, admirador, el *Morning Advertiser*, se aparta abiertamente de él. La estrella de Palmerston comenzó a palidecer cuando mostró sus simpatías por el héroe del 2 de diciembre y de la llanura de Satory; se apagó desde que se convirtió confesadamente en un «ministro austríaco». Pero la tarea del ministerio de coalición consiste precisamente en despojar del nimbo a todos los talentos y renombres existentes de la vieja oligarquía. Y resuelve este problema con una perseverancia admirable. Si el ministerio de Palmerston logra sobrevivir a esta catástrofe, entonces podrá, en verdad, con una pequeña variación, proclamar la jocosa frase de Francisco I: «Nada se ha perdido salvo el honor.»

Paso ahora al acontecimiento del día —el presupuesto del Sr. Gladstone— que presentó ayer a la Cámara de los Comunes en un discurso que duró nada menos que 5 horas. Es un presupuesto de coalición, elaborado de manera enciclopédica y que se presta de maravilla para un artículo en el voluminoso diccionario de artes y ciencias de Ersch & Gruber. Como saben, la era de los enciclopedistas llega siempre cuando los hechos se acumulan y el espíritu se queda rezagado en comparación.

En todo presupuesto, la cuestión principal es la relación entre ingresos y gastos, el balance en forma de superávit o déficit, que señala las condiciones generales que implican una reducción o un aumento de la carga fiscal del país. El Sr. Disraeli calculó los ingresos del año 1852/1853 en 52.325.000 libras esterlinas y los gastos en 51.163.000 libras. Ahora, el Sr. Gladstone nos informa de que los ingresos efectivos han sido 53.089.000 libras y los gastos reales sólo 50.782.000 libras. Estas cifras muestran un superávit real de los ingresos sobre los gastos de 2.460.000 libras. Hasta aquí, el Sr. Gladstone parece haber mejorado al Sr. Disraeli. Este último sólo pudo preciarse de un superávit de 1.600.000 libras. Gladstone, en cambio, se presenta con un ahorro de 2.460.000 libras. Desgraciadamente, el superávit de Gladstone, a diferencia del de Disraeli, se reduce, examinado de cerca, a la modesta suma de 700.000 libras. Los millones ya han salido de su bolsillo por diferentes votaciones de la Cámara de los Comunes y otros gastos extraordinarios. Y, añade el Sr. Gladstone precavidamente:

«Debe recordarse que de las 700.000 libras, 215.000 provienen de fuentes de ingresos ocasionales y no permanentes.»

Por consiguiente, la única base de operación que le queda al Sr. Gladstone es un superávit de 485.000 libras. En consecuencia, cualquier reducción propuesta de los antiguos impuestos por debajo de esa suma deberá ser compensada mediante la imposición de nuevos impuestos.

El Sr. Gladstone abrió su discurso con la *question brûlante* <cuestión candente>, el impuesto sobre la renta. Dijo que sería posible abandonar este impuesto de inmediato, pero que el gobierno no estaba preparado para recomendar su abolición inmediata. El punto al que primero dirigió la atención fue que «obtenemos de este impuesto 5.500.000 libras esterlinas». Luego intentó una «brillante» justificación de los resultados de este impuesto, exponiendo su historia con gran pompa retórica.

«El impuesto sobre la renta», señaló, «ha servido para permitiros, en una época de durísima lucha por la existencia, aumentar los ingresos del país por encima de sus gastos militares y civiles… Si no destruís la eficacia de este medio, os permitirá, si desgraciadamente estallaran de nuevo hostilidades, elevar inmediatamente nuestro ejército a 300.000 hombres y nuestra flota a 100.000, así como ampliar en consonancia todas las instituciones conexas.»

El Sr. Gladstone ha manifestado además que el impuesto sobre la renta no sólo sirvió para proseguir la guerra antijacobina, sino que también ha servido a la política librecambista de Sir Robert Peel. Después de esta introducción justificativa, nos sorprende de repente el anuncio de que «el impuesto sobre la renta está lleno de imperfecciones». De hecho, el Sr. Gladstone admite con ello que, si se quiere mantener el impuesto, habría que modificarlo de modo que elimine esas deficiencias, pero que para suprimir esas deficiencias sería necesario cambiar todo el sistema. De esta manera, por un lado, se refuta a sí mismo de modo singular y, por otro, se esfuerza por demostrar que no existen tales deficiencias y que son meras imaginaciones. Reduce la cuestión de los ingresos seguros e inseguros al problema de «la tierra y el comercio» y trata, mediante unos cálculos extraños, de hacer creer a la gente que la tierra rinde en realidad 9 peniques por libra, mientras que el comercio sólo rinde 7 peniques. Luego añade:

«que la tributación de la tierra y de las casas no depende de la cuantía de los ingresos anuales de los propietarios, mientras que en el comercio el cálculo de los ingresos lo hacen los propios capitalistas y, en muchos casos, de manera fraudulenta.»

Por lo que respecta a los tenedores de títulos del Estado, el Sr. Gladstone sostiene que un impuesto sobre el valor capitalizado de sus ingresos representaría una grave ruptura de la confianza pública. En resumen, cualquier distinción entre ingresos seguros e inseguros, como la propuesta por el Sr. Disraeli, es rechazada de plano por el Sr. Gladstone. Por otra parte, está dispuesto a extender el impuesto sobre la renta a Irlanda y a los ingresos anuales superiores a 100 libras, mientras que hasta ahora el límite estaba en 150 libras anuales. Sin embargo, en completa contradicción con la doctrina por él mismo proclamada de que «es imposible diferenciar entre sí los valores particulares de la inteligencia, el trabajo y la propiedad, y expresar numéricamente esas interrelaciones», propone que para los ingresos de 100 a 150 libras el impuesto se limite a un tipo de sólo 5 peniques por libra. Y, por último, para conciliar su admiración por el impuesto sobre la renta con el reconocimiento abierto de su necesaria abolición, el Sr. Gladstone propone

«prorrogar el impuesto durante dos años —a partir de abril de 1853— a razón de 7 peniques por libra, durante otros dos años —a partir de abril de 1855— a 6 peniques por libra, y durante tres años más —a partir de abril de 1857— a 5 peniques por libra; según esta propuesta, el impuesto desaparecería completamente a partir del 5 de abril de 1860.»

Después de haber otorgado, según su supone, un favor a la aristocracia terrateniente y a los poseedores de títulos de deuda pública con su negativa a distinguir por principio entre ingresos seguros e inseguros, el señor Gladstone, por otra parte, se cuida de ofrecer un cebo semejante a la escuela de Manchester mediante una modificación del impuesto sobre las herencias, extendiéndolo a todas las clases de propiedad, si bien rehúsa ocuparse del impuesto de timbre sobre las herencias.

«No abrigo duda alguna», observó, «de que este impuesto, si es aceptado por la Cámara en su forma modificada, añadirá a los recursos permanentes 500.000 libras esterlinas en 1853/1854, 700.000 libras esterlinas en 1854/1855, 400.000 libras esterlinas en 1855/1856 y otras 400.000 libras esterlinas en 1856/1857, lo que suma un total de 2.000.000 de libras esterlinas adicionales para los recursos permanentes del país.»

Con respecto a Escocia, el señor Gladstone propuso añadir 1 chelín al actual impuesto sobre las bebidas espirituosas de 3 chelines y 8 peniques (lo que reportaría 318.000 libras esterlinas adicionales), y elevar también los derechos por las licencias de los comerciantes de té, cerveceros, malteros, fabricantes y comerciantes de tabaco y jaboneros.

La suma total que estaría disponible para 1853/1854 gracias al aumento de los impuestos ascendería, por consiguiente, a

por el impuesto sobre la renta

295.000 libras esterlinas

por el impuesto sobre las herencias

500.000 libras esterlinas

por las bebidas espirituosas

436.000 libras esterlinas

por las licencias

113.000 libras esterlinas

Total

1.344.000 libras esterlinas

el excedente

805.000 libras esterlinas

darían en total para la reducción de impuestos

2.149.000 libras esterlinas

¿Cuáles son, pues, las propuestas del señor Gladstone con respecto a la rebaja de los viejos impuestos? Naturalmente, me guardaré de penetrar demasiado hondo en este laberinto, pues esta cuestión no se despacha en pocas palabras. Por eso me limitaré a tocar los siguientes puntos principales:

1. Abolición del impuesto sobre el jabón, cuyo rendimiento bruto asciende actualmente a 1.397.000 libras esterlinas.

2. Reducción gradual de los derechos sobre el té, cuyo rebaja de 2 chelines 2 1/4 peniques a 1 chelín deberá llevarse a cabo en aproximadamente tres años.

3. Rebaja de los derechos para un gran número de artículos menores.

4. Alivios respecto a los 40.000.000 de libras esterlinas de deudas de Irlanda en forma de anualidades consolidadas.

5. Reducción a la mitad de las tasas por los certificados de abogado, en relación con la moción de Lord R. Grosvenor, que apuntaba a la eliminación completa de dichas tasas.

6. Reducción del impuesto sobre los anuncios a 6 peniques conforme a la propuesta del señor Gibson (el Parlamento, sin embargo, ha decidido entretanto su completa abolición).

Por último:

7. Supresión del timbre para los suplementos de periódicos (un formidable *piece de réjouissance* <juego de palabras de difícil traducción; aquí: un enorme motivo de regocijo> para el *Times*, el único diario que publica suplementos).

Tales son, en resumen, los rasgos principales del presupuesto que el señor Gladstone ha incubado durante más de cuatro meses. El debate en la Cámara de los Comunes, fijado para el próximo lunes, me ofrecerá la posibilidad de hacer ulteriores comentarios sobre este producto de la coalición.

Karl Marx