Las perspectivas del ministerio de coalición, etc.

Karl Marx

["New-York Daily Tribune" Nº 3677 del 28 de enero de 1853]

Londres, martes 11 de enero de 1853

"Nos hallamos ahora en el comienzo del reino político milenario, en el cual ya no habrá discordia partidista sobre la tierra y donde el talento, la experiencia, la laboriosidad y el patriotismo serán los únicos títulos para ocupar un cargo. Tenemos ahora un ministerio que parece seguro de contar con el aplauso y el apoyo de todas las tendencias. Sus principios imponen la aprobación y el respaldo generales."

Con estas palabras saludaba el "Times", en el primer arrebato de su entusiasmo, al ministerio Aberdeen. De ello podría deducirse que Inglaterra se verá agraciada a partir de ahora con un ministerio compuesto exclusivamente por fuerzas nuevas, jóvenes y prometedoras. Por ello, el mundo no dejará de asombrarse al enterarse de que la nueva era en la historia de Gran Bretaña va a ser inaugurada por puros octogenarios bastante desgastados y decrépitos. Aberdeen, octogenario; Lansdowne tiene un pie en la tumba; Palmerston y Russell se acercan a ella a paso veloz. Graham, el burócrata, ha servido bajo casi todos los gobiernos desde fines del siglo pasado; otros miembros del gabinete ya habían muerto dos veces de decrepitud y agotamiento y ahora han sido devueltos a una vida artificial. En resumen, una docena de centenarios forma el núcleo, y el corresponsal del "Times" tal vez ha calculado el nuevo reino milenario mediante una simple suma.

En este reino milenario, se nos promete, no solo desaparecerá toda discordia partidista, sino que desaparecerán incluso los propios partidos. ¿Cree realmente eso el "Times"? Puesto que ciertos sectores de la aristocracia han gozado hasta ahora del privilegio de darse aires de partidos nacionales o parlamentarios, y han comprendido ahora que la farsa debe terminar; puesto que, sobre la base de esta convicción y como consecuencia de las duras experiencias recién sufridas, estas camarillas aristocráticas abandonan sus pequeñas escaramuzas y quieren unirse en una masa compacta para defender sus privilegios comunes, ¿por ello, a partir de ahora, van a dejar de existir todos los partidos? ¿O no es precisamente el hecho de que se forme semejante "coalición" el indicio más seguro de que ha llegado el momento en que las clases esenciales de la sociedad moderna, que han crecido entre tanto de hecho pero que en parte no están representadas, la burguesía industrial y la clase obrera, se disponen a reivindicar para sí el puesto de los únicos partidos políticos válidos de la nación?

Bajo el gobierno de Lord Derby, los tories renegaron de una vez por todas de su antigua posición proteccionista y se declararon partidarios del librecambio. Cuando Lord Derby anunció la dimisión de su gabinete, dijo:

"Milords, recuerdo, y también a vosotros, milords, os será recordable, que el noble lord (Aberdeen) declaró en más de una ocasión ante esta Cámara que, salvo la cuestión del librecambio, no había ninguna en la que discrepara en modo alguno del actual gobierno."

Y Lord Aberdeen, al confirmar esta afirmación, fue aún más lejos:

"Se sentía unido al noble lord (Derby) en el combate contra las intromisiones de la democracia, sólo que, con la mejor voluntad, no podía descubrir su existencia."

Ambas partes admiten que ya no hay diferencia alguna entre peelitas y tories. Pero no es suficiente. En lo que respecta a la política exterior, Lord Aberdeen observa:

"Aunque en la práctica se hayan producido pequeñas divergencias, en principio la política exterior del país ha sido siempre la misma desde hace treinta años."

Toda la disputa que se prolongó de 1830 a 1850 entre Aberdeen y Palmerston, en la que el primero reclamaba la alianza con las potencias del Norte, el segundo la "entente cordiale" <el "cordial entendimiento"> con Francia, y en la que uno estaba a favor de Luis Felipe, el otro en contra, uno en contra de la intervención y el otro a favor; todas sus rencillas y diferencias de opinión, incluso su indignación común más reciente por la "vergonzosa" conducción de los asuntos exteriores por Lord Malmesbury, todo eso, pues, ha sido confesadamente mero "humbug". Y sin embargo: ¿qué habría cambiado más radicalmente en las circunstancias políticas de Inglaterra que su política exterior? Hasta 1830, alianza con las potencias del Norte; después de 1830, alianza con Francia (Cuádruple Alianza); después de 1848, completo aislamiento de Inglaterra respecto de todo el continente.

Después de que Lord Derby nos haya asegurado primero que no existen diferencias entre tories y peelitas, Lord Aberdeen nos asegura además que tampoco hay distinción entre peelitas y whigs, entre conservadores y liberales. Dice:

"El país está cansado de estas distinciones que no tienen sentido y por las que los verdaderos políticos no se dejan influir en sus principios. Otro gobierno que no sea conservador es imposible, pero es igualmente cierto que solo un gobierno liberal puede ser tomado en consideración."

"Estos términos no tendrían un significado demasiado preciso. El país está cansado de estas distinciones que no tienen sentido."

Así pues, los tres partidos de la aristocracia, tories, peelitas y whigs, están de acuerdo en que no presentan características realmente diferenciadoras. Y también coinciden en otra cosa. Disraeli había declarado estar dispuesto a realizar el principio del librecambio. Lord Aberdeen dice:

"El gran objetivo de los actuales ministros de Su Majestad y la gran característica de su gobierno sería el mantenimiento y la prudente extensión del librecambio. Esa sería la misión que les ha sido especialmente encomendada."

En una palabra, toda la aristocracia está de acuerdo en que el gobierno debe ser dirigido en beneficio e interés de la burguesía; pero al mismo tiempo está decidida a no dejar que la burguesía tome las cosas en sus propias manos. Y a este fin, todo lo que la vieja oligarquía posee en talento, influencia y autoridad se fusiona, en un último despliegue de fuerzas, en un ministerio cuya tarea consiste en mantener a la burguesía alejada el mayor tiempo posible del goce directo del poder sobre la nación. La aristocracia coaligada de Inglaterra se propone obrar con respecto a la burguesía según el mismo principio que Napoleón respecto al pueblo: "Tout pour le peuple, rien par le peuple." <"Todo para el pueblo, nada por el pueblo">.

Ernest Jones comenta al respecto en el "People's Paper":

"La intención manifiesta de excluir a la burguesía debe, ciertamente, ser disimulada en alguna medida, y ellos (los ministros) esperan lograrlo de la manera más fácil asignando ciertos cargos subordinados y sin influencia a liberales aristocráticos, como Sir William Molesworth, Bernal Osborne y otros. Pero que no se crean que este liberalismo de los petimetres de Mayfair <barrio elegante de Londres> satisfaga a los severos señores de la escuela de Manchester. Estos van a por el todo, y eso significa por el negocio. Quieren libras, chelines y peniques, quieren puestos y cargos, quieren las gigantescas rentas del mayor imperio del mundo, que, con todos sus recursos, debe estar sometido única y exclusivamente a su interés de clase."

En efecto, una mirada al "Daily News", al "Advertiser" y especialmente a la "Manchester Times", órgano especial de Bright, basta para convencer a cualquiera de que los hombres de la escuela de Manchester, con el apoyo provisionalmente prometido al gobierno de coalición, solo se proponen seguir la misma política que los whigs y los peelitas habían adoptado frente al reciente gabinete Derby: es decir, quieren hacer una prueba honrada con los ministros. Lo que pueda significar tal "prueba honrada" es algo que Disraeli ha tenido ocasión de saber hace muy poco.

Puesto que la "brigada irlandesa" había sido decisiva para la derrota del gabinete tory, el nuevo ministerio de coalición ha considerado naturalmente necesario tomar medidas para asegurarse la ayuda de esta fracción en el Parlamento. El negociador de la brigada, Mr. Sadleir, fue rápidamente seducido con el puesto de lord del Tesoro. A Mr. Keogh se le ofreció el cargo de procurador general de Irlanda, y Mr. Monsell recibe un empleo en la Oficina de Artillería. "Comprando a estos tres", opina el "Morning-Herald", "se cree haber ganado a la brigada". Sin embargo, es muy dudoso que estos tres comprados sean suficientes para asegurar el seguimiento de toda la brigada. Y ya leemos en el "Freeman's Journal" irlandés:

"Ahora ha llegado el momento crítico en la lucha por la libertad religiosa y los derechos de los arrendatarios. El éxito o el fracaso de estos empeños ya no depende de ministro alguno, sino de la fracción irlandesa. El ministerio Derby fue derribado por 19 votos. Si diez hombres se hubieran pasado al otro lado, las cosas habrían sido distintas. Cuando el estado de los partidos es así, los diputados irlandeses son todopoderosos."

Al final de mi última carta expresé la opinión de que no había otra alternativa que un gobierno tory o una reforma parlamentaria. Interesará a sus lectores conocer la opinión de Lord Aberdeen sobre la misma cuestión. Dice:

"La mejora de la situación del pueblo no podía excluir una mejora del sistema representativo" (sic!), "pues los acontecimientos de las últimas elecciones fueron sin duda de tal índole que nadie debe haber tomado especialmente cariño a ese sistema."

Y en las elecciones que se hicieron necesarias a raíz de su aceptación del cargo, los colegas de Lord Aberdeen declararon unánimemente que eran necesarias reformas del sistema representativo. Sin embargo, dieron a entender siempre a sus oyentes que tales reformas debían ser "moderadas y razonables", y que no debían ser llevadas a cabo con precipitación, sino de manera bien meditada y prudente. Así pues, cuanto más se revela y se reconoce como corrompido el actual sistema representativo, tanto más hay que desear que no sea modificado ni rápida ni radicalmente.

Con motivo de la última reelección de los ministros, se puso a prueba por primera vez un nuevo invento que permite a los políticos conservar sus principios ante el público en cualquier circunstancia, tanto si están en el cargo como fuera de él. Este invento consiste en operar con el concepto de la "cuestión abierta" de una manera nunca antes vista. Osborne y Villiers se habían comprometido anteriormente a defender el voto secreto. Ahora declaran esa votación como cuestión abierta. Molesworth había prometido reformas coloniales: cuestión abierta. Keogh, Sadleir y otros habían abogado por el derecho de los arrendatarios: cuestión abierta. En una palabra, todos los puntos que hasta ahora, en su calidad de diputados, siempre habían tratado como ya decididos, se convierten ahora, siendo ministros, en discutibles para ellos.

Para terminar, debo mencionar aún otra curiosidad que surge de la coalición de peelitas, whigs, radicales e irlandeses. A cada uno de sus notables lo han echado justo de aquel departamento para el que supuestamente únicamente él estaba dotado o cualificado, y lo han colocado en un puesto para el que asombrosamente sirve muy poco. A Palmerston, el famoso ministro de Asuntos Exteriores, lo han llamado al Ministerio del Interior, del que se ha sacado a Russell, pese a haber envejecido en ese cargo, para encargarle los asuntos exteriores. Gladstone, el Escobar del puseyismo, se convierte en Canciller del Exchequer. A Molesworth, que se ganó cierta fama como imitador o partidario de la descabellada teoría sistemática de la colonización de Mr. Wakefield, lo hacen responsable de las obras públicas. Sir Charles Wood, que como Canciller del Exchequer gozaba del privilegio de tropezar ora con un déficit, ora con un superávit, es nombrado presidente de la Junta de Control para Asuntos de la India. A Monsell, que apenas sabe distinguir una escopeta de un fusil, lo han designado secretario del Departamento de Artillería. La única personalidad colocada en el sitio adecuado es ese Sir James Graham que, en su calidad de Primer Lord del Almirantazgo, ya en ocasiones anteriores se ganó gran prestigio introduciendo la carcoma en la marina británica.

Karl Marx