Karl Marx

[Las potencias occidentales y Turquía –

La inminente crisis económica –

Construcción de ferrocarriles en la India]

[“New-York Daily Tribune” núm. 3889 del 4 de octubre de 1853]

Londres, martes 20 de septiembre de 1853

En mi artículo del 19 de julio decía:

“Las potencias occidentales, al principio, alientan siempre al sultán a resistir al zar, cuyas usurpaciones temen, para, al final, forzarlo a ceder, por miedo a una guerra general que podría desembocar en una revolución general.”

Ahora, en este momento, la fuerza de las flotas combinadas está destinada a actuar en favor de Rusia contra Turquía. Si la flota anglo-francesa entra en los Dardanelos, no es para bombardear Sebastopol, sino para someter a los musulmanes que podrían disuadir al sultán de aceptar sin condiciones la nota de Viena.

“El 13 de septiembre —dice D. Urquhart—, los cuatro ministros de Asuntos Exteriores se reunieron en silencio en Downing Street y decidieron enviar a Constantinopla una instrucción que obligue a la Puerta a retirar las modificaciones acordadas en la conferencia europea. Por si fuera poco, para el caso de que el sultán no pueda resistir la exasperación de su pueblo, han ordenado a la escuadra que avance hacia las aguas del Bósforo para asistirle contra sus súbditos. Y por si aún fuera poco, también han dado órdenes a Omer Pachá prohibiéndole trasladarse de una provincia a otra en el territorio de su soberano. Han contado, pues, con la rebelión como consecuencia de su despacho y han dispuesto los medios para aplastarla. Esos medios son la escuadra aliada.”

Fue la edición dominical del “Journal des Débats” la que informó al público inglés de estas noticias. El “Journal des Débats” relata que el señor Reeve, quien había salido de Londres el 13 del corriente con despachos para lord Stratford de Redcliffe, llegó a París en la mañana del 14, de donde partió al anochecer después de haber comunicado al gobierno francés el tenor de sus instrucciones; según esas instrucciones, el embajador inglés debe exigir el pleno consentimiento de la Puerta a las propuestas de Viena y la retirada de sus modificaciones del 19 de agosto. Debe amenazar a la Puerta con la retirada del apoyo de las cuatro potencias, si de su negativa a ceder surgiera una guerra, y ofrecerle el apoyo de las flotas francesa e inglesa para sofocar posibles insurrecciones que estallen en Constantinopla como respuesta a la aceptación de la nota de Viena por la Puerta y para proceder contra Omer Pachá si se atreviera a contravenir las órdenes de la Puerta. Antes de que llegara el “Journal des Débats” se nos informó de que la conferencia de Viena, tras recibir la negativa imperial, había propuesto al sultán que retirara sus palabras, firmara la nota que había rechazado firmar y se contentara con la seguridad de que la conferencia interpretaría la nota siempre en un sentido grato al sultán. El “Times” evita hablar de las revelaciones comprometedoras del “Journal des Débats”. Lo mismo hacen el “Morning Chronicle”, el “Morning Post” y toda la prensa londinense adicta al gobierno. Al mismo tiempo, el “Morning Post” acusa el fanatismo de la turba de Constantinopla. El “Morning Chronicle” excita a sus obtusos lectores con descripciones románticas de las hordas asiáticas, salvajes e indisciplinadas, que inundan la Turquía europea y engrosan el ejército de Omer Pachá; el honesto “Globe” publica día tras día extractos cuidadosamente escogidos de la prensa de la escuela de Manchester, que especula con la paz, y así las clases respetables de Inglaterra estarán preparadas, llegado el momento, para “exterminar el paganismo” y exclamar con el príncipe Gorchakov: “¡Viva el zar! ¡Larga vida al dios de los rusos!”

En su número de hoy, el “Times” descubre que “la cuestión turca se ha convertido en una mera disputa de palabras”. La conclusión que se desprende de estas palabras es que el sultán, que por meras palabras quiere poner en peligro la paz del mundo, debe ser reducido a la razón por la fuerza, por los más sobriamente pensantes Palmerston y Aberdeen. El “Times” nos cuenta que el zar planteó al sultán exigencias injustificadas, que éste rechazó; a raíz de ello, el zar se apoderó de los Principados del Danubio; Inglaterra y Francia enviaron sus flotas a la bahía de Besika y los representantes de esas potencias se reunieron en Viena con representantes de Austria y Prusia.

¿Por qué se reunieron con ellos en Viena? En interés de Turquía, dice el “Times”.

“No sólo no podía existir deseo alguno de forzar al gobierno otomano, sino que tampoco había motivo para semejante proceder.”

Si ahora, en cambio, existe por parte de las cuatro potencias el deseo de forzar al gobierno otomano, es sencillamente porque “ahora” existe un motivo para “semejante proceder”. ¿No sería falso, pues, suponer que el único y principal objetivo de la conferencia de Viena y de la injerencia de Palmerston y Aberdeen ha sido el de hacer surgir un motivo así; que sólo han dado el espectáculo de la resistencia a Rusia para obtener un pretexto para obligar a Turquía a someterse a Rusia?

“Las exigencias de Rusia —prosigue el ‘Times’— fueron consideradas por las otras grandes potencias como injustificadas, incompatibles con los derechos soberanos del sultán”,

y por eso las grandes potencias redactaron una nota que el sultán debía entregar al zar y en la que todas las pretensiones del zar, y aún algo más, quedaban sancionadas.

“Las formulaciones de ese documento —dice el ‘Times’— podían dar lugar a malentendidos, pero dos puntos resultaban incuestionablemente claros: primero, que las cuatro potencias se proponían salvaguardar los derechos territoriales y administrativos de la Puerta, y segundo, que en caso de conflicto habrían quedado vinculadas a esos propósitos.”

¿Por qué no iba a firmar el sultán una nota que menoscaba sus derechos soberanos y entrega el protectorado sobre 12 millones de sus súbditos al control del autócrata ruso, cuando se siente respaldado por las buenas “intenciones” de las cuatro potencias y por la “vinculación” de éstas a esas ocultas “buenas intenciones” en caso de conflicto? El sultán ya había podido convencerse de que las cuatro potencias no se sienten vinculadas ni por el derecho internacional ni por tratados claros para defenderlo, a él, el sultán, en caso de conflicto con Rusia; ¿por qué iba entonces a confiar en su valor si surgiera un conflicto a causa de una nota que concede a Rusia pretensiones abiertas y a Turquía “propósitos ocultos”?

“Supongamos —dice el ‘Times’— el caso extremo de que, tras la aceptación pura y simple de la nota original de Viena, el zar se hubiera valido de aquellas posibilidades que ésta debía ofrecerle.”

¿Y entonces qué?

“El sultán habría protestado, y este caso se habría producido por la aplicación del arreglo del año 1853.”

¡Como si un caso así no se hubiera producido ya por la aplicación del arreglo de los años 1840 y 1841, por el tratado de Balta-Liman y por la violación del derecho internacional que el propio lord Clarendon había calificado de “acto de piratería”!

“La ambigüedad —dice el ‘Times’— tan sólo había inducido a error al emperador ruso.”

Exactamente igual que el tratado de 1841 lo “indujo a error”, manteniendo a las flotas combinadas alejadas de los Dardanelos mientras él penetraba en los Principados.

Sin embargo, el sultán es obstinado. Ha negado su consentimiento a una nota que sólo podía expresar sus buenas intenciones hacia Turquía entregando el país a Rusia. Propuso ciertas modificaciones de esa nota y, según dice el “Times”,

“las cuatro potencias demostraron, al aceptar las modificaciones turcas, que creían que éstas estaban de acuerdo con sus propias propuestas”.

Pero como el emperador ruso es de opinión contraria y el “Times” considera indudablemente acertado que “la conducta del zar en este conflicto no merece consideración alguna”, el “Times” llega a la conclusión de que, si Rusia no quiere acceder a las condiciones razonables de Turquía, Turquía debe ceder a las condiciones no razonables de Rusia, y de que

“un Estado tan impotente que, ante cualquier peligro de agresión exterior o de levantamiento interior, necesita la protección de Europa, al menos debe soportar, como castigo por su debilidad, el recibir la ayuda indispensable para su existencia en las condiciones menos gravosas para sus protectores”.

Las cuatro potencias deben naturalmente unirse a Rusia contra Turquía, ya que se supone que Turquía necesita su ayuda para poder resistir a Rusia. Turquía debe “soportar el castigo por su debilidad”, una debilidad que consistió en buscar refugio en las cuatro grandes potencias, a las que está obligada a apelar por tratados.

“No hay alternativa. O se aplica todo el rigor de las leyes de Inglaterra contra los cuatro personajes traidores (contra Aberdeen, Clarendon, Palmerston y Russell), o el zar ruso domina el mundo.”

Tales declamaciones, como las que profiere D. Urquhart en el “Morning Advertiser”, no valen nada. ¿Quién ha de juzgar a los cuatro traidores? El Parlamento. ¿Quién forma ese Parlamento? Los representantes de los banqueros, de los fabricantes y de los aristócratas. ¿Y qué política exterior defienden esos representantes? La del paix partout et toujours <paz en todas partes y siempre>. ¿Y quién ejecuta sus programas de política exterior? Precisamente los mismos cuatro hombres a los que, según la opinión del limitado “Morning Advertiser”, deben condenar como traidores. Una cosa al menos tendría que haber quedado clara: que son los especuladores de la Bolsa y los burgueses que especulan con la paz, representados en el gobierno por la oligarquía, quienes entregan Europa a Rusia, y que, para resistir las usurpaciones del zar, tenemos ante todo que derrocar el vergonzoso imperio de esos viles, rastreros y mezquinos adoradores del veau d’or <becerro de oro>.

Inmediatamente después de la llegada de la Nota de Viena a Constantinopla, la Puerta Otomana llamó a las armas a 80.000 redifs. Según un despacho telegráfico de Constantinopla del 5 de septiembre, el gobierno turco, tras una conferencia celebrada en casa del Gran Visir <Mustafá Pachá>, había decidido mantener su última nota aun a riesgo de guerra. El entusiasmo de la población musulmana alcanzó su punto culminante. Después de que el sultán hubiese inspeccionado las tropas egipcias y fuera recibido con un estruendoso aplauso, la multitud lo bajó del caballo y lo paseó en triunfo por las calles de Estambul. Ha reiterado enérgicamente su orden de abandonar los Principados a los hospodares de Moldavia y Valaquia. Habiéndose probado que los súbditos rusos residentes en Constantinopla intrigaban contra el gobierno turco, Reschid Pachá dirigió una advertencia al cónsul ruso por su causa. Un periódico de Constantinopla informa de que la comunidad judía de Constantinopla ha ofrecido al sultán un millón de piastras para contribuir a cubrir los gastos ocasionados por los preparativos militares del imperio. Dícese que también los judíos de Esmirna han llegado a una resolución semejante.

De una carta del diario vienés _Presse_ deducimos que en Galatz han sido detenidos varios boyardos por haber entablado correspondencia secreta con Omer Pachá y haberle informado detalladamente sobre el estado del ejército ruso en los Principados del Danubio. Se halló un escrito de Omer Pachá instando a esos boyardos a reclutar el mayor número posible de extranjeros para el servicio militar.

Acompañado de un secretario, el príncipe Menschikow ha llegado a Viena el 13 de septiembre. Trae consigo un nuevo manifiesto del emperador Nicolás dirigido a las potencias europeas, en el que explica los motivos que le han llevado a rechazar las modificaciones turcas. El propio emperador llegará a Olmütz el 21 de septiembre, acompañado del conde Nesselrode y del barón von Meyendorf. El rey de Prusia, invitado por él a la conferencia de Olmütz mediante el barón Lieven, se ha negado a acudir, alegando que un paso semejante por su parte causaría, en las circunstancias actuales, demasiado escándalo. En estos momentos, un cuerpo de ejército ruso, con una fuerza de 30.000 hombres, está estacionado en Krajowa, en la frontera búlgara. Hasta ahora, el Imperio Ruso sólo había contado con ocho intendencias de ejército. Actualmente se ha constituido en Bucarest una novena intendencia regular: señal segura de que los rusos no piensan en evacuar los Principados del Danubio.

El 15 de septiembre, el Banco de Inglaterra ha elevado su tipo de interés al 4 1/2%. El artículo financiero del _Times_ de hoy nos cuenta que «esta medida ha sido acogida con general satisfacción». En ese mismo artículo se constata, sin embargo, que

«hacia las dos de la tarde, los negocios en la Bolsa habían quedado prácticamente casi paralizados por completo y, poco después, cuando se anunció que el tipo de interés había subido al 4 1/2%, las cotizaciones cayeron al 95% al contado y al 95 1/2 hasta 95 1/4% para los pagos hasta el 13 de octubre. Predomina la opinión general de que, con una subida al 5% en vez de al 4 1/2%, el efecto sobre el mercado habría sido posiblemente menos desfavorable, porque entonces el público habría supuesto que no cabía esperar nuevas acciones… El comercio de acciones ferroviarias mostró un serio descenso tras terminar la reunión semanal de los directores del Banco, y todas las demás acciones tenían una tendencia extremadamente insegura.»

El autor de ese artículo del _Times_ felicita a los directores del Banco por haber seguido la política de la Bank Charter Act.

«En la medida en que la circulación se reducía por la salida de oro, los directores han exigido un precio más alto por la utilización del que quedaba, y han concedido al _Bank Charter Act_ de Sir Robert Peel ese _curso libre_ que es lo único que puede demostrar su fortaleza y que se vio impedido en 1847 por la torpe manera de proceder de los directores.»

Ahora bien, en un _artículo anterior_ he mostrado que la torpeza de los directores en 1847 consistió precisamente en su exacta observancia de la Bank Charter Act, cuyo “curso libre” tuvo que ser interrumpido por el gobierno para salvar al Departamento Bancario de la necesidad de suspender pagos. Leemos en el _Globe_:

«Es sumamente improbable que las causas que han provocado nuestra actual prosperidad continúen actuando en la misma medida. En Manchester se han manifestado ya consecuencias malsanas; algunas de las mayores firmas se han visto forzadas a reducir su volumen de producción… Todas las secciones de la Bolsa continuaron su actividad bajo una fuerte depresión. Respecto a las acciones ferroviarias reina un completo ambiente de pánico… La salida de oro hacia el continente prosigue, y cerca de medio millón sale con destino a San Petersburgo en uno o dos días en barco de vapor… Probablemente una de las causas que la llevan [al Banco] a ser tan parca con sus reservas en metálico sea el deseo de apoyar al Canciller del Exchequer con los 7 u 8 millones que necesitará para liquidar a los poseedores de acciones del Mar del Sur y a otros que no están de acuerdo con el procedimiento de conversión.»

El _Morning Post_ del 13 de septiembre informa desde Manchester:

«El mercado de tejidos e hilados está apático, y los precios de toda clase de artículos manufacturados apenas se sostienen. La falta de demanda en casi todos los mercados exteriores y la prevista estrechez monetaria en el país han contribuido principalmente a esta situación, que es altamente anómala en comparación con los informes corrientes sobre la prosperidad.»

El mismo periódico del 15 de septiembre cierra un editorial sobre los elementos que se acumulan para la inminente crisis con las siguientes palabras:

«Llamamos la atención del mundo comercial sobre el hecho de que nos encontramos en una fase en que la diligencia y una vigilancia constante son absolutamente necesarias para la concepción y dirección de los negocios. Además, a nuestro juicio, nuestra situación financiera está llena de peligros que son incluso más graves y más difíciles de evitar que los de nuestra situación comercial.»

De las declaraciones coincidentes del _Globe_ y del _Morning Post_ se desprende que, mientras por un lado la demanda disminuye, por el otro se ha llevado la oferta a un extremo excesivo. Los fabricantes tratarán de ocultar su retiro recurriendo al conflicto existente con sus obreros. El corresponsal mercantil del _Morning Chronicle_ de ayer escribe desde Manchester:

«Los fabricantes se muestran muy indiferentes ante los compromisos que deban contraer, pues están convencidos de que primero ha de producirse una paralización extensa de las fábricas, cuando no una _paralización total_, antes de que pueda tener lugar algún arreglo en la cuestión de los salarios. Sobre este asunto, los fabricantes de diversas partes de los distritos han celebrado conferencias en los últimos días; y es manifiesto que las excesivas exigencias de los obreros fabriles, así como sus violentos intentos de dictado, fuerzan a los propietarios de fábricas a la unión general en legítima defensa.»

Leemos en el artículo financiero del _Times_:

«Los empresarios forman asociaciones de autodefensa en todos los distritos. En los últimos días, cerca de un centenar de firmas de Ashton, Stalybridge, Hyde y Glossop se han inscrito nominalmente en una asociación. En Preston, los fabricantes se han obligado bajo elevadas penas contractuales a cerrar sus fábricas durante tres meses, para resistir así a los obreros.»

Un despacho telegráfico de Marsella informa de que el trigo ha vuelto a subir 2 francos 25 céntimos por hectolitro. El aumento de los intereses de las letras del Tesoro, anunciado en el _Moniteur_, produjo en la Bolsa una impresión sumamente desfavorable, pues esa medida se considera generalmente como signo de que el gobierno anda escaso de dinero. Se ha hablado de un empréstito que el gobierno se ve forzado a contraer. El ministro de Hacienda <Jean-Martial Bineau> ha enviado una circular a un gran número de propietarios territoriales, rogándoles que, como muestra de gratitud por los grandes beneficios que el actual gobierno les ha dispensado y por haber conferido valor adicional a la propiedad territorial, paguen los impuestos por seis meses adelantados. «Esto», observa el _Observer_, «es el principio del fin.»

Como me he ocupado en un _artículo anterior_ de la importancia vital de los ferrocarriles para la India, considero oportuno transmitir ahora las últimas noticias publicadas sobre el desarrollo y las perspectivas de la red ferroviaria proyectada. La primera línea férrea india va de Bombay a Thana. Otra línea, de Calcuta a Radschmahal a orillas del Ganges, va a construirse ahora a lo largo de 180 millas y se prolongará más adelante por la margen derecha del río hasta Patna, Benarés y Allahabad. Desde Allahabad se la conducirá a través del Doab hasta Agra, y de allí a Delhi, abarcando así un espacio de 1.100 millas. Se proyecta instalar transbordadores a vapor sobre los ríos Son y Tunona y, finalmente, prolongar la línea de Calcuta desde Delhi hasta Lahore. En Madrás se va a iniciar de inmediato la construcción de una línea férrea que, 70 millas al oeste, se dividirá en dos ramales: un tramo seguirá los Ghates y terminará en Calicut, el otro pasará por Bellary y Puna hasta Bombay. Esta red de líneas férreas será completada por las compañías ferroviarias de Bombay-Baroda y de la India Central. Los trabajos preparatorios de agrimensura se están ejecutando ya con el permiso de la dirección. Esta línea irá de Bombay a través de Baroda hasta Agra, donde empalmará con la gran línea principal Calcuta-Delhi, enlazando así Bombay –capital de la India occidental y mejor puerto de comunicación de todo el Indostán con Europa–, por un lado, con Calcuta y, por otro, con el Pandschab y las provincias noroccidentales. Los iniciadores de este plan se proponen también tender líneas secundarias hacia los grandes distritos algodoneros del interior del país. Entre tanto se están tomando medidas para extender el telégrafo eléctrico por toda la India anterior.

Karl Marx